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La variedad en el culto

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Es muy importante ser creativo al proporcionar variedad en la adoración. Si el director de adoración tiene un estilo muy ruti- nario, la congregación supone que sabe lo que viene ense- guida, pierde la atención, participa a medias y, como resul- tado, aprovecha poco o nada del culto.

Hay casi tantas formas diferentes de adoración en el Cuerpo de Cristo como hay iglesias. Sin tener en cuenta la forma que la iglesia adopte, todas tienen que luchar con la ten- dencia a convertir esa forma en rutina. Los de las iglesias libres acusan a las litúrgicas de que no solo están en una rutina de adoración sino que aun la aprueban. Los hermanos litúrgi- cos responden que la mayoría de las iglesias libres tienen su propia liturgia, solo que no la escriben para cada culto. Ya sea que se favorezca un culto de adoración litúrgico o no, todos tienen que afrontar el problema de las rutinas en la adoración.

Las rutinas hacen que la congregación pase sin esfuerzo a través del culto de adoración y no le exigen que permanezca

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7. ¿Son muy suaves los cultos? Las rutinas son suaves. Alguien ha dicho que los cultos suaves son por lo general los de más profundidad espiritual; pero ¿qué si están en rutina? A muchos directores de adoración y a los pastores les asusta cualquier cosa que no sea el culto suave, pero muchas iglesias navegan suavemente ¡y pasan de largo frente al Espíritu Santo! Algo impresionante y estridente debe tener lugar para que la congregación despierte a las realidades de la rutina. Y ¿a quién le gusta que lo despier- ten con ruidos estridentes el domingo por la mañana? 8. ¿Me incomodan los nuevos métodos en la adoración? Si

el cambio de estilo en la adoración parece asustar a los creyentes, puede ser que se aferren a patrones conocidos; permanecen en una rutina pero necesitan salir de ella. 9. ¿Se acorta cada vez más el tiempo dedicado a la adora-

ción? Este es un síndrome mortal: cada vez menos tiempo dirigido por Dios para permitir cada vez más tiempo dirigido por el hombre, hasta que al fin se saca a Dios de los cultos dirigidos en su nombre. Se podría jus- tificar ese síndrome sosteniendo que se ejerce una mayordomía mejor en el uso del tiempo del culto, cuando en realidad se trata de reducir al mínimo la cantidad de tiempo desperdiciado en lo que se ha vuelto una activi- dad sin sentido. Si se está en una rutina, a nadie parece importarle que se acorte la adoración.

10. ¿Tienen dificultad los visitantes en aceptar la manera como adora la iglesia? Las rutinas tienden a volverse individualistas e internas, «la manera que nosotros hacemos las cosas» y, por tanto, de poco interés para los de afuera. Es imperativo que los patrones de adoración les interesen a las visitas para permanecer como comu- nidad evangelística.

Con planeación creativa, se puede dar variedad a los cultos para mantener a la congregación alerta y su adoración fresca. alerta y contribuya al culto. He aquí diez preguntas para detec-

tar las rutinas. Son puntos de control útiles para diagnosticar un problema persistente de rutina:

1. Durante los tiempos de adoración, ¿he puesto mucha atención a lo que me rodea? El director no puede ni debe aislarse de lo que pasa a su derredor. Con todo, es posible absorberse tanto en la congregación que se distrae del verdadero objetivo de la adoración que es el Señor. El foco primordial de la adoración siempre debe ser Dios. 2. ¿Rara vez me toma Dios por sorpresa mientras adoro?

Dios tiene muchas sorpresas, pero las rutinas son cómo- damente fáciles de predecir. Nada inesperado ocurre en una rutina.

3. ¿Puedo cantar los cantos sin pensar? Si es así, se han usado tales cantos excesivamente. Tal vez haya que arrinconarlos por algún tiempo. Entonces cuando se saquen de nuevo, se pondrá nuevo énfasis en sus mensa- jes.

4. ¿Divago más de lo debido? Las rutinas no exigen mucha concentración mental. El problema principal en mucha parte de la adoración es la falta de aplicación mental. Jesús enseñó a adorar en verdad, lo cual requiere el ejer- cicio de la mente. Mientras más activa esté la mente en la adoración, tanto más significativa será esta.

5. ¿Me aburro en la adoración en la iglesia? Al mirar a la congregación, ¿veo a otros que no participan o se abu- rren en el tiempo de adoración? Si la adoración en la iglesia ya no es causa de entusiasmo, quizás se necesita ayuda para salir de la rutina.

6. ¿Me jacto de mi capacidad para predecir con precisión lo que pasará enseguida en el culto de adoración? Cuando la adoración se vuelve fácil de predecir, no es porque uno haya aprendido a «fluir en el Espíritu», sino porque uno se halla mera del verdadero flujo en el Espíritu.

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allá. Una vez visité una iglesia en la ciudad de Nueva York, en la cual no se veía a nadie en la plataforma al principio del culto, excepto el pianista y el organista. De repente, sin saberse de dónde, vino la voz del pastor cantando: «Él es todo para mí». Su voz se oía bien por el sistema de sonido, y la congregación la seguía con faci- lidad. Pasé la vista por el edificio, donde mil setecientas personas se habían reunido para el culto de adoración de entre semana, y al fin hallé al pastor de pie, en la hilera del frente, ante la plataforma y dirigiendo la adoración con el micrófono en la mano. Sabía que nadie lo miraba ni le ponía atención, porque los hermanos tenían las manos y el rostro levantados y su corazón centrado del todo en el Señor. Sin estar delante de la congregación, ni en la plataforma, el pastor pudo dirigir bien la adoración de una manera que daba gloria a Dios.

9. Haga planes para un culto de adoración sin cantos. El director podría estimular los cantos espontáneos de ala- banza libre, tiempos de adoración y meditación en silencio, y oración. ¿Quién dice que hay que cantar para adorar?

10. Use cantos con variedad de estilos, ritmos y modos. En ocasiones, añada un canto con tono menor. Salomón escribió: «¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites» (Proverbios 25:16). ¿Ha oído usted a alguien que describe la adoración de una iglesia como «dulce»? La adoración dulce es muy bonita, pero es posible tomar demasiado de algo dulce. Hay lugar para mucha diversidad en la adoración; desde la lucha espiritual a la espera, de los gritos al silencio y del júbilo a la exaltación.

La Cena del Señor es parte esencial de la adoración congre- gacional, y los directores no deben pasar por alto las muchas maneras de administrarla. Los participantes pueden pasar He aquí algunas ideas que se pueden usar como palancas para

las innovaciones individuales:

1. Piense en una apertura única para el culto de adoración. Pida que todos se pongan en pie y se den la mano. Haga una lectura bíblica. Comience con oración. No comience con oración. Sugiera un tema para la adora- ción. La apertura del culto es crucial para que haya éxito o no. ¿Ha estado usted en un culto de adoración que tuvo un mal principio, y usted supo que iba a ser un culto largo? Es importante que se piense con cuidado y oración en la apertura. Como director de adoración, evito ser fácil de predecir. Trato de tener un método un poco diferente cada vez para que los hermanos estén atentos y me sigan.

2. En ocasiones, haga que la congregación cante sin acom- pañamiento musical.

3. Con una señal preestablecida, pida que los músicos ele- ven la clave medio intervalo o un intervalo para cierta estrofa o coro. El tono más alto facilita cantar con más volumen, lo cual produce el efecto de mayor entu- siasmo y energía.

4. Que la mitad de la congregación le cante a la otra mitad. 5. Pida a la congregación que tararee la tonada mientras

los músicos tocan con suavidad la canción.

6. Dé posiciones variadas como de pie, de rodillas, toma- dos de la mano, etcétera.

7. Varíe o invierta el orden del culto. Un domingo, comience con el sermón y termine con la adoración. De esa manera, se puede responder en adoración al mensaje con el cual Dios ha estimulado a la congregación con su Palabra.

8. Dirija la adoración desde un lugar diferente. Si se tiene la costumbre de dirigir desde detrás del pulpito, consi- dere un cambio por algún tiempo. Quizás el director quiera estar junto al pianista y dirigir la adoración desde

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adelante y recibir el cuerpo y la sangre del Señor uno por uno; se les puede servir en sus puestos; pueden servirse unos a otros, y tiempos especiales de ministerio congregacional se pueden planear con relación a la Eucaristía. Los temas que rodean el partimiento del pan son infinitos. La Cena del Señor se puede usar para embellecer y reforzar casi todos los temas cristianos con cierta aplicación creativa.

Se puede aumentar la importancia del partimiento del pan al acomodarlo debidamente en el culto. Se puede planear un culto de adoración completo alrededor de la mesa del Señor con la Santa Cena como el enfoque central de la adoración. En ocasiones, el pastor y el director de adoración trabajan en equipo; el pastor supervisa la distribución de los elementos y el director guía el canto. A veces, el tiempo de distribución de la Cena del Señor puede estar a cargo del director quien lo puede incorporar en el culto cuando sea conveniente.

Otro aspecto en el que se puede innovar es en los cantos espirituales (véanse Efesios 5:19; Colosenses 3:16). Los can- tos espirituales son las expresiones espontáneas del espíritu que se improvisan, es decir, se cantan sin ensayo ni medita- ción previos; pueden ser en lenguas conocidas o desconoci- das. Aunque la mayoría de las iglesias tienen salmos e him- nos, muchas son renuentes en cuanto a los cantos espirituales. Sin embargo, esta puede ser la más emocionante de las tres categorías, y se puede explorar casi sin fin, si uno se atreve a ser creativo.

Se pueden incorporar los cánticos espirituales durante la alabanza libre (en el estilo típico entre los carismáticos, se cantan con un acorde constante). Se puede dirigir a los asis- tentes a que canten una expresión corriente de su alabanza a Dios, esto es, en vez de solo cantar frases trilladas como «ale- luya» o «gloria a Dios», se podría alabar a Dios por lo que ha hecho por el creyente en la semana pasada, o adorarlo por el aspecto de su carácter que tiene significado especial para la congregación en el día presente. La alabanza sería así: «Señor, te agradezco por mantenerme con buena salud, aunque otros

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en el trabajo estuvieron enfermos», o «Padre, tu fidelidad me infunde temor reverente, al darme cuenta de que tu mano guiadora estaba sobre mí ayer...»

Como algunas personas tienen dificultad en ser creativas en la adoración o en pensar en nuevas cosas para decirle al Señor, se les puede ayudar en eso. Una manera de hacerlo es decirles que abran la Biblia en un salmo favorito u otra cita bíblica. Durante el culto de adoración, pueden usar ese pasaje como base para la adoración creativa al Señor. Se puede hacer algo similar usando un himnario en vez de la Biblia.

Es importante que todos sean creativos en la adoración. Si le dijera a mi esposa todas las noches citas prosaicos de Sha- kespeare, ella tal vez me diría: «Eres muy amable al decirme cosas tan bonitas, pero quiero que me digas lo que sientes por mí». Es bueno y propio cantar salmos e himnos a Dios, pero ¿es posible que a veces Dios piense que el creyente solo le dice expresiones hechas? Dios a veces podría decir: «Me ale- gra que sientas así acerca de mí, pero he oído mucho esas pala- bras desde que Carlos Wesley las escribió. Ahora, dime ¿qué piensas de mí?» En tales ocasiones, es conveniente ofrecer un canto espiritual, directamente del corazón, en el idioma de uno, expresado de manera única al Señor.

La adoración, en esencia, es sencillamente la comunión con Dios. Las sugerencias para ser más creativos en la adora- ción no se proponen estorbar esa sencillez; pero muy a menudo la congregación no entra a la plenitud de la adoración porque es víctima de las rutinas espirituales y los ritos anqui- losados. Cuando se inicia un nuevo estilo o método, o se canta algo nuevo, no significa que lo nuevo sea superior a lo ante- rior, sino que los seres humanos son criaturas perezosas a quienes hay que estimular con algo nuevo, o si no se quedan cómodos con la complacencia. Mediante la creatividad, se puede encender de nuevo la mente y el corazón y hallar nue- vas energías para la adoración.

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Los directores debieran estar continuamente a la expecta- tiva de nuevos cantos que se puedan añadir a su repertorio de melodías de adoración. Muchas iglesias y organizaciones pro- ducen casetes con música de adoración que son un tesoro de cantos nuevos.

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