La cultura del Bronce Antiguo se expandió a partir de 3000 a.C. por Anatolia de forma violenta. El primer asentamiento de Troya fue destruido y surgían fortificaciones por toda la región minorasiática. Lejos de traducirse en decadencia, la prosperidad aumentó en Asia Menor porque se convirtió en el proveedor principal de metales del Próximo Oriente, tanto hacia el Egeo como hacia Siria y Mesopotamia. La riqueza se aprecia en las tumbas de los reyes de Alaça, Alishar y Kültepe. Cilicia se transformó en la intermediaria entre la meseta anatolia y Siria. En la zona oriental apareció una civilización que fabricaba cerámica pulimentada, roja y negra, con decoración en espiral, a veces acanalada. En Palestina se ha encontrado en Hirbet-Kerak y en Siria en el valle del Amuq. Su aparición en Ras-Shamra corresponde con una destrucción.
CRONOLOGÍA - Egipto y Palestina en el Bronce Antiguo
Años Egipto Palestina
3300-3000 último período predinástico Bronce Antiguo I 3000-2600 dinastías I y II Bronce Antiguo II
2600-2300 dinastías III a V Bronce Antiguo III época de las pirámides
2300-1900 primer período intermedio Bronce Antiguo IV- Medio I
Egipto se había convertido en una nación próspera. Desde los enfrentamientos de caciques locales hasta la construcción de las pirámides, Egipto había recorrido un largo camino. Un ambicioso rey del sur, que la tradición llama Nemer, conquistó el norte y fundó una dinastía con capital en Menfis. A pesar de algunas tensiones internas, Egipto permaneció unido durante las dos primeras dinastías, gracias a su concepto de monarquía regida por principios divinos de justicia, verdad y orden natural. El carácter divino del faraón era un rasgo esencial en la civilización egipcia.
Mapa 9. Yacimientos de la Edad del Bronce en Palestina
Mientras, al norte de Palestina se disfrutaba de un período de florecimiento que no compartían los asentamientos del centro y del sur, muy poco poblados. Las ciudades, muy modestas y con poco cobre y bronce, estaban rodeadas de tierras agrícolas con pequeños pueblos que dependían de ellas. Sin embargo, ningún gobernante llegó a ser suficientemente poderoso como para imponer una hegemonía en una amplia zona.
La influencia del Egipto tinita era intensa en Palestina y Siria, al final del Bronce Antiguo II, momento en que los egipcios usaban la región como ruta de conexión del valle del Nilo con el resto del mundo civilizado. Los faraones no ejercieron nunca un control del país, pero mantenían guarniciones como la de Beisán y atraían a los líderes locales a una relación de vasallaje.
Durante el Imperio Antiguo en Egipto se construyeron las pirámides más monumentales, reflejo del poder faraónico, un poder que se extendía a Palestina como demuestra la cerámica palestinense hallada en Gizeh. En ese momento las ciudades y fortalezas de Palestina estaban muy distribuidas y destacaba una ciudad septentrional, Beth-Yerá. Junto a ella, estaban habitadas Beisán, Jericó y Ai (con un templo rectangular de esa época).
El Bronce Antiguo IV es una fase suplementaria de la anterior, sin tipos cerámicos nuevos, que duró menos de doscientos años. Sin embargo, aumentó el número de colinas que eran ocupadas por primera vez (Tell Beit Mirsim, Bet Shemesh) y creció la densidad de población en Transjordania. En el centro de la región, Jericó, a pesar de los terremotos que la sacudían periódicamente, era una ciudad amurallada y con una estructura urbana estable. Tell el-Farah pasó de una población protourbana a convertirse en una ciudad estratégica, dado que dominaba el único paso ancho que comunica el valle del Jordán con el centro de Palestina. En la zona meridional de Palestina parece que duró mucho más la cultura del calcolítico gasuliense.
OTROS PUEBLOS - Los acadios
Habitantes del centro y norte de Mesopotamia, los acadios coexistieron con los sumerios durante siglos, hasta que en 2371 a.C. surgió un líder que consiguió el control de Kish y derrotó al gobernante Lugalzagesi de Uruk, se trataba de Sargón, que sometió bajo su poder a la mayoría de las ciudades de la región mesopotámica enfrentándose a todas ellas y destruyendo sus murallas.
Los acadios eran de raza y lengua semita, pero en su enfrentamiento con los sumerios no hay ningún componente racial. Se impusieron como antes lo habían hecho otros sumerios, pero de una forma que dejó marca en la Historia: un solo gobernante de un gran imperio.
Es el primer intento de superar la estructura de la ciudad-templo sumeria y abordar un estado universal, que se abre a amplios horizontes sin pretender la anexión sistemática, sino asegurando la circulación en las rutas de las caravanas y las vías de comunicación hacia la Baja Mesopotamia. Para ello, los acadios organizaron una administración civil con numerosos funcionarios e hicieron a su ejército mucho más numeroso, más ligero y con gran capacidad de maniobra.
Otra gran aportación de los acadios fue su lengua, que se mantuvo hasta el final del primer milenio antes de Cristo como idioma común para la diplomacia, la economía y la literatura. Una de las causas de este éxito fue la adaptación de la escritura cuneiforme sumeria a su lengua, la primera de tronco semita que se expresó por escrito.
La capital de su imperio, Agade, fundada por el propio Sargón, sigue sin ser localizada, pero las principales sedes de su imperio fueron las anteriores ciudades de la zona, donde mantuvieron las tradiciones gubernativas, limitándose a poner acadios al frente y manteniendo guarniciones militares. Su religión de dioses semitas, cósmicos, luminosos y de gran personalidad, tenía una rica mitología que se fue fusionando con las tradiciones sumerias en
un sincretismo característico del mundo mesopotámico. En las artes figurativas aportaron naturalismo y expresividad.
Durante 160 años los acadios rigieron el destino del Próximo Oriente, hasta que hacia 2230 a.C., muerto el nieto de Sargón, Naram-Sin, su dominio se eclipsó, terminando la dinastía con el asesinato de Sharkalisharri. Las causas de su declive no están del todo claras, pero fueron sustituidos en el poder por unas tribus de las montañas denominadas guti, que arrasaron el país llevándolo a un período de declive cultural.
Al parecer, en el Bronce Antiguo se realizó una tala intensiva de árboles por dos motivos: para obtener material de construcción en esa expansión urbana y para despejar campos para la agricultura, de cuyas cosechas dependía una creciente población en torno a las ciudades. Esta tala provocó una erosión del terreno de la que Palestina no se ha recuperado nunca.
Entre tanto, reaparece con pujanza la civilización en el sur de Mesopotamia con la segunda dinastía de Lagash y la tercera de Ur (2112 y 2004 a.C.), lo que se ha llamado el “renacimiento sumerio”. En Lagash, el rey Gudea consiguió una prosperidad económica gracias a una política inteligente basada en el pacifismo. Poco después Ur-Nammu, el fundador de la tercera dinastía de Ur, consiguió la reconstrucción y reorganización de su ciudad, creando las bases de una recuperación del esplendor sumerio (reacondiciona el sistema de drenaje de los canales y reconstruye y amplía los templos).
El último siglo del Bronce Antiguo presenció una decadencia de la vida urbana. Se aprecian abandonos de ciudades y reducciones de la zona habitada. Puede que algunos pueblos emigraran a Transjordania, porque la ocupación creció y se han encontrado tipos de cerámica que no se dan en Cisjordania en la parte final de la Edad del Bronce. En toda Palestina se encuentra esa interrupción, provocada por oleadas de nómadas que no estaban interesados por la vida ciudadana y que expulsaron o absorbieron una población que estaba ya en decadencia.
Esa destrucción, que atravesó en diagonal toda Anatolia y alcanzó Cilicia y Siria, llegando a Palestina, coincide con el período intermedio de Egipto, hacia 2300 a.C. Se produce entonces la invasión de un grupo con un sistema de vida diferente, con distinta cultura material (cerámica, armas), otras costumbres funerarias (hasta cinco tipos de enterramientos individuales) y organización social.
ARQUEOLOGÍA - Lo que nos cuenta la cerámica
En las épocas oscuras de la historia, aquéllas en las que las fuentes callan, hay que sacar el mayor provecho de los datos arqueológicos. El tipo de cerámica de un estrato determinado puede darnos las pistas para interpretar lo que ocurrió.
Hacia 2300 a.C. en muchos asentamientos palestinenses se produce la aparición súbita de un tipo nuevo de cerámica. Su forma predominante es de jarro alto, ovoide, de base plana y borde abocinado con oreja en el cuello. Junto a ellos aparecen boles con forma de barril y talle suave. La decoración es
incisa y combina líneas rectas y onduladas. En ningún caso se encuentra el acabado pulimentado de las vasijas del Bronce Antiguo ni su decoración pintada. Son de baja calidad, frágiles, fruto de una cocción deficiente y hechas a mano, salvo los rebordes que se preparaban con torno rápido. Las paredes son delgadas, lo que demuestra habilidad, a pesar de la pobre técnica.
Esta es la cerámica característica de la invasión amorrita, imposible de confundir con las precedentes ni con la que se encuentra en estratos posteriores y que domina todo el período que lleva al Bronce Medio.
Estos invasores destruyeron las ciudades existentes, pero no crearon otras nuevas. Su ocupación es seminómada y prestan más atención a la edificación de sepulcros que a la de viviendas. En Jericó se aprecia con claridad ese uso como campamento del tell y sus laderas. Cuando aparecen las primeras casas son totalmente distintas a las precedentes y muy endebles: paredes con una sola hilera de ladrillos rectangulares bastante blandos y con planta pequeña e irregular.
OTROS PUEBLOS - Los amorritas
La destrucción de la civilización sumeria a finales del tercer milenio antes de Cristo proporciona información sobre la convulsión que sacudió a todo el Oriente Próximo. Desde la periferia semiárida del Creciente Fértil surgieron los amorritas, un pueblo de lengua semita, tribal y seminómada, aunque su más probable origen sea la península arábica.
A ellos se hace referencia en los textos de execración egipcios, demostrándose su temprana aparición en Palestina. En la Biblia queda el recuerdo de este pueblo, cuando se dice que a su llegada a Palestina, los israelitas encontraron a los cananeos en la costa y las llanuras, y a los amorritas en las zonas montañosas (Nm 13, 29; Jos 5,1; 10,6).
No parece que los amorritas o amorreos aportaran nada al período que siguió a su ocupación de Palestina. La nueva cultura urbana cananea del Bronce Medio (ca. 1900 a.C.) absorbió a los grupos amorritas, que permanecieron en la zona ocupados en su actividad pastoril.
Bien en una segunda oleada procedente de Arabia o desde Palestina, los amorritas (los martu, en sumerio) llegaron a Mesopotamia y fueron la causa de la caída de la tercera dinastía de Ur. Allí dieron lugar a dinastías locales y pronto asumieron la cultura sumeroacadia. El propio Hammurabi de Babilonia era amorrita, al igual que los reyes de Mari.
La lengua de los amorritas, emparentada con el cananeo, es una de las más antiguas del semítico arcaico. Entre 1660 y 1100 a.C. la lengua de los amorritas fue desapareciendo de Babilonia, pero en Siria y Palestina siguió predominando.