En 627 a.C. falleció Asurbanipal y los quince años que siguieron fueron fatales para el imperio asirio. Hubo una serie casi ininterrumpida de guerras civiles, causada por un problema sucesorio al que no se habían tenido que enfrentar antes los asirios, y contra enemigos externos. Dos hijos de Asurbanipal y un general alzaron sendos ejércitos que tomaban las ciudades con la misma facilidad que tenían que abandonarlas. El general desapareció pronto de la escena y se incorporó a la disputa un jefe caldeo, Nabopolasar, que se hizo con Uruk y se hizo reconocer como rey en Babilonia.
OTROS PUEBLOS – Los caldeos
La primera vez que se menciona este país del Próximo Oriente es en los anales de rey asirio Assurnasirpal II a mediados del siglo IX a.C., aunque textos anteriores se refieren a él como “el país del mar”. En sentido estricto Caldea es el territorio que bordea el Golfo Pérsico desde el desierto de Arabia hasta el delta del Éufrates. En el antiguo suelo de Sumer, un pueblo seminómada emparentado con los arameos se instaló hacia mediados del siglo IX a.C., creando principados (Bit-Dakkuri, Larak, Bit-Silani, Bit-Yakin, Bit-Amukkani) que en los siglos venideros habían de interferir en la política asiria, provocando inestabilidad, y en la babilónica, aportándole el vigor necesario para el restablecimiento de un imperio.
Salmanasar III atacó Caldea en 850 a.C. y llegó al que sus documentos llaman “mar de Kaldu”, convirtiéndolos en un país tributario. Sin embargo, los asirios nunca dominaron totalmente a este pueblo. Al tiempo que Sargón II subía al trono de Asiria un gobernador del distrito caldeo de Bit-Yakin, Marduk-apla- iddna II se hizo con el poder en Babilonia, manteniéndolo entre 721 y 710 a.C., aunque finalmente cayó en manos asirias.
En 625 a.C., cuando declinaba el poder asirio, el gobernador Nabopolasar ascendió al trono babilónico, inaugurando la dinastía caldea a la que perteneció Nabucodonosor II. Estos jefes caldeos asumieron las instituciones que en su día habían incorporado también los asirios. Tanta fama adquirieron los caldeos que todo lo babilonio pasó a denominarse caldeo, llegando a incluirse en una famosa referencia bíblica anacrónica de que Abraham procedía de Ur de los Caldeos. Para muchos autores antiguos todos los que habían sido educados en la literatura babilonia clásica, en la tradición astronómica y astrológica de esa civilización, fueron llamados caldeos.
Parece que Nabopolasar apoyó a Sin-shar-ishkun, quien no sin dificultades se hizo con Nínive y ocupó el trono. Pero en 621 a.C. Nabopolasar, que controlaba toda Babilonia, le retiró su apoyo y se dirigió contra el Éufrates medio.
Asiria era incapaz de controlar sus provincias occidentales y los egipcios aprovecharon para extender su control por la zona siriopalestina. Todo el sistema imperial se estaba desmoronando, los caldeos habían aportado un rasgo étnico nuevo a Babilonia, los medos liderados por Ciaxares aparecieron por la región del Tigris, atacando el centro del país asirio, y desde el norte lo hizo un pueblo escita, los umman-nanda, procedentes de las estepas del nordeste del Europa.
Mapa 50. El imperio asirio en el siglo VII a.C.
OTRAS FUENTES – La Crónica de Gadd
En 1923 D.J. Gadd estudió en el Museo Británico un fragmento de la crónica babilónica de los años 10 a 16 del reinado de Nabopolasar, es decir, 616-609 a.C., que demuestra cómo el imperio asirio fue perdiendo fuerza a causa de guerras anuales y cómo poco a poco los babilónicos fueron ganándoles territorio hasta que éste quedó reducido a su patria de origen.
La crónica no habla del modo en que se aliaron los egipcios con los asirios, pero menciona su acción conjunta para que Assur-Ubalit reconquistara Jarán. Nabopolasar se alió con Ciaxares. Cuando los medos asestaron el golpe final a Assur, la potencia asiria estaba agotada y era incapaz de reaccionar. En 612 a.C. los aliados babilonios y medos tomaron conjuntamente Nínive, cayó el rey Sin-shar-ishkun y la ciudad fue destruida.
Ya durante la campaña de 616 a.C. habían aparecido al lado de los asirios tropas egipcias. El antiguo adversario se convierte ahora en aliado. Debilitado el imperio asirio, al faraón Psamético I le preocupa el ascenso babilonio y la pujanza de los medos, por eso se hace con el control del puente siriopalestino y apoya a los asirios en el norte de Mesopotamia.
Sin embargo, el control de Palestina no lo consiguió fácilmente y conocemos algunos casos de fuerte resistencia, como el asedio de Ashdod. Además, los escitas aparecieron también por Siria y el norte de Palestina y Psamético tuvo que hacerles frente para asegurar que no progresaban hacia su país.
OTRAS FUENTES – El asedio de Ashdod según Heródoto
El historiador griego Heródoto cuenta en su segundo libro (II, 157) cómo los egipcios de Psamético I (664-610) sometieron a Ashdod a un largo asedio. La indicación de 29 años no es verosímil y podría referirse al vigésimo noveno año de su reinado, aunque sabemos que la presión en Palestina duró buena parte del reinado del primer faraón de la XXVI dinastía:
Psamético reinó en Egipto cincuenta y cuatro años, durante veintinueve de los cuales asedió con sus soldados Azoto, una gran ciudad de Siria, hasta que la tomó. Por cierto, la dicha Azoto es, de todas las ciudades que conocemos, la que por más tiempo resistió un asedio.
La debilidad de asiria era una ocasión única para intentar la emancipación en Judá y los dos frentes en los que actuó Josías fueron el político y el religioso. El poder en Asiria estaba en manos del rey y todo el aparato administrativo y militar se movía a su voluntad. El rey era el shangu de Assur, sacerdote y administrador del dios nacional, para quien tenía que ampliar los dominios. Este mandato primordial ponía en peligro a todos sus vecinos, que tarde o temprano habían ido cayendo bajo un dominio que se manifestaba en lo económico (pago de tributos) y en lo religioso (símbolos y cultos de los dioses que gobernaban todo el imperio).
Por todo ello, es comprensible que la llamada “reforma de Josías” fuera una de las políticas decisivas de su reinado y tuviera semejante carga religiosa. Los pasajes bíblicos que nos hablan de ella son 2R 23,4-7, 10-15, 19-20 y 2Cro 34,3-7).
Lo primero que hizo Josías fue purificar el templo de todos los objetos de culto, luego eliminó la prostitución cúltica, suprimió el sacerdocio extranjero en Jerusalén y en todas la ciudades de Judá. Pero al parecer su actividad no se redujo al reino judío, porque también se habla de la quema de una Asherá (figura en madera de la diosa cananea) en Betel y de acciones similares en otras ciudades de Samaria, llegándose a la ejecución de sacerdotes. Cabe la posibilidad de que con esta ampliación de su radio de acción, Josías quisiera extender su soberanía al extinto reino septentrional.
Mapa 51. El reinado de Josías
BIBLIA – El nombre de Israel
Tradicionalmente, el nombre de Israel estaba vinculado a las tribus centropalestinenses y, aunque David había unificado todo el territorio, quizá no llegara a usar el nombre de “reino de Israel” para no herir las susceptibilidades de las tribus meridionales y para ser coherente con su política de unión personal y distancia de ambos grupos de tribus.
Después de la caída del reino del norte en 722 a.C. se idealizó el nombre de Israel y se creó la idea de “todo Israel” en la literatura deuteronómica.
Las reformas que llevó a cabo Josías en 622 a.C. incluyeron el reconocimiento para Judá del nombre de Israel y esto se reflejó en el Deuteronomio, donde comienza la identificación de ‘israelitas’ para los oriundos de Judá, los que luego se llamarán ‘judíos’, acabando por utilizarse como sinónimos con el paso de los siglos.
Esta teminología unificadora del autor deuteronómico se añade a la idea del desarrollo de las doce tribus, que fue añadida por el escrito sacerdotal al Pentateuco y creó la idea de la unidad de todo el pueblo de Israel previa la disgregación en tribus.
Ignoramos cuándo se produjeron estos acontecimientos y su secuencia, pero es muy probable que tuvieran lugar a lo largo de años. La Biblia menciona un hecho que desencadenó todo el proceso de reforma. Se trata del hallazgo por parte de un funcionario real del “libro de la Ley” que fue llevado ante el monarca. La lectura del libro motivó las acciones de reforma mencionadas. Primero Josías consultó a la profetisa Jolda, que vaticinó males para el reino, pero venturas para el rey por haber prestado atención al libro sagrado. Después organizó una lectura pública de la ley en una asamblea de las personas más importantes de Judá y de la capital, donde estos líderes adoptaron compromiso con ese marco legal. Todo el evento adquiere el aspecto de una renovación de la alianza con la divinidad, como la del monte de Dios (Ex 24,6-8) y la que tuvo lugar en la asamblea de Siquén (Jos 24,25).
BIBLIA – El Deuteronomio
A principios del siglo XIX se formuló la teoría de que el libro que sirvió de base para la reforma de Josías era el Deuteronomio o un resumen con las tesis fundamentales de este libro del Antiguo Testamento.
Está descartada la antigua opinión de que el Deuteronomio fuera redactado en Jerusalén a petición de Josías y para atender a sus objetivos político-religiosos, porque se habrían manifestado más directamente los intereses del monarca. Además Josías no acató todos los preceptos que se encuentran en la recopilación deuteronómica, por ejemplo lo referente a los derechos exclusivos de los sacerdotes del templo de Jerusalén que contrasta con la distribución de las ciudades levíticas (Dt 18,1-8).
Por el contrario, está más generalmente aceptada la idea de que en la obra se conservan tradiciones muy antiguas de Israel, fruto de sucesivos esfuerzos de compendio en los que se pueden hallar diferentes tendencias unificadoras. Esas tradiciones eran básicamente las del Estado septentrional y de Samaria, y llegaron a Jerusalén a través de un proceso de transmisión que desconocemos, aunque resulta evidente que Josías lo aprovechó para consolidar sus aspiraciones a todo Israel, ya que en el Deuteronomio se hallaban los postulados adecuados para defender una idea de pueblo unificado no sólo en sus creencias, sino en su organización política.
En el Deuteronomio aparece el pueblo hebreo actuando de forma unitaria y ese fue el cimiento sobre el que Josías construyó la aceptación de un santuario único, Jerusalén, donde se preservaran las tradiciones ancestrales del pueblo de Israel. Esto suponía una revisión histórica en la que Moisés adquiría su dimensión de legislador y David su talla de unificador.
Josías convirtió el templo de Jerusalén en el santuario único de Yahvé, apoyándose en el mensaje unificador del ‘libro hallado’ y sin dudar en usar medidas violentas, como la eliminación de los sacerdotes rurales de cultos cananeos en la montaña samaritana y quizá incluso de sacerdotes de Yahvé (2R 23,19-20). En su decisión de unificación del culto, el rey seguramente cedió al deseo de los sacerdotes de Jerusalén de disfrutar de una posición de monopolio y los levitas quedaron relegados a funciones secundarias del templo, creándose las condiciones para la posterior evolución del sacerdocio levita.
El rey Josías transformó la tradición familiar de la fiesta de la pascua en una celebración religiosa. Esto implicaba el sacrificio del cordero pascual en el contexto del culto y según Dt. 16 sólo se podían hacer sacrificios en el templo de Jerusalén. Esto dio lugar a otro motivo para que Jerusalén fuera el centro de la actividad israelita y judaica, dando lugar a las peregrinaciones anuales con motivo de la pascua.
Sin embargo, todas estas acciones de reforma religiosa tuvieron lugar en la segunda parte del reinado de Josías, dado que el descubrimiento del libro se fecha en 622 a.C. (el decimoctavo año de su reinado). Por el contrario, la política de emancipación del poder asirio tuvo que empezar antes y ser constante, aunque en la visión del autor deuteronomista de 2R 22-23 quedó
relegada a segundo término, siendo subrayada la tarea de reformador desempeñada por el rey.
Los sucesores de Josías y el contexto político impuesto por los nuevos dominadores babilonios contribuyeron a que las acciones autonomistas del este rey cayeran en el olvido y sólo perviviera la idea de su obra reformadora. Es posible que los profetas Jeremías y Ezequiel fueran los únicos que mantuvieron viva la llama de ese ideal de Israel unido apoyado en sus tradiciones.
OTRAS FUENTES – Vuelta a las tradiciones
En época de Josías todo el Oriente Próximo volvía su mirada hacia las tradiciones y hacia el pasado. Lo habían hecho los judíos con el Deuteronomio, pero también los egipcios y los mesopotámicos.
Esa tendencia a rescatar el pasado se manifestó en Egipto en la recuperación de cultos antiguos, manifestaciones artísticas y textos. Las artes plásticas volvieron a un lenguaje formal que se remontaba al Imperio Antiguo, y se recuperaron y copiaron fielmente textos como una mitología de Menfis de la que se dice expresamente en la piedra Shabaka que era una copia de un texto más antiguo.
En Nínive Asurbanipal encargó una recopilación de textos cuneiformes antiguos. La conocida como biblioteca de Asurbanipal nos ha permitido conservar no sólo obras asirias, sino buena parte de la literatura sumerio- acadia y paleobabilónica. Por su parte, en Babilonia Nabucodonosor fue un gran restaurador de templos, a los que dotó de unas reglas cúlticas que mandó describir con extremo detalle.
En 609 a.C. el faraón Nekao II se encaminó a la zona de Karkemish atravesando Palestina. Hacía unos tres años que había caído Nínive y Assur- Ubalit II intentaba salvar el Estado asirio en Jarán. El faraón acudía en su ayuda para evitar el avance de otras potencias orientales, aunque en la Biblia (quizá por un error en la transmisión del texto) se dice que fue ‘contra’ el rey de Asiria, en lugar de ‘hacia’ o ‘al encuentro’ del rey de Asiria.
Karkemish era entonces una base de operaciones egipcia y hacia ella se dirigía Nekao cuando en Megido se produjo un enfrentamiento contra los judíos, en el que perdió la vida el rey Josías.
Ignoramos si Josías sabía las intenciones del faraón y no se sumó a él por rechazo al asirio o por falta de conocimiento de la nueva amenaza mesopotámica. Si hubiera creído que iba a enfrentarse al rey asirio, tampoco sabemos por qué no se sumó a la campaña. La única hipótesis que podemos considerar verosímil es que Josías considerara que la presencia de los egipcios, al margen del resultado de su campaña en el alto Éufrates, suponía una agresión y el peligro de otra dominación extranjera en su país.
Los egipcios no consiguieron devolver el trono de Jarán a Assur-Ubalit y el poder asirio, que había dominado durante más de un siglo en el creciente fértil, se eclipsó para siempre. Nekao se consideró entonces el soberano de Siria y Palestina.