El movimiento de los Macabeos condujo a la reinstauración de un nuevo Estado judío. El hermano de Jonatán, Simón, consiguió una independencia casi total para Jerusalén, conquistando su acrópolis, y para Judea, instaurando una dinastía que se mantuvo hasta el siglo I a.C. Los miembros de esa dinastía se centraron en asuntos estratégicos de Estado y en la política internacional, dejando en segundo plano la problemática religiosa que tanto había condicionado el devenir histórico del período postexílico.
Detrás de la proclamación de Antíoco VI como rey seléucida estaba la ambición de Diodoto Trifón de hacerse con la soberanía del reino, lo que quedó patente cuando él mismo eliminó a Antíoco en 141 a.C. Demetrio II consiguió mantenerse en el trono, pero tuvo que hacer frente a los ataques de los partos, lo que le indujo a conseguir una situación estable en su frontera meridional. Esto supuso el reconocimiento de Simón como “sumo sacerdote, general y jefe de los judíos”, según 1M 13,42, y éste consideró 141 a.C. como el comienzo de su reinado. Durante su primer año de gobierno conquistó la acrópolis de Jerusalén y al año siguiente fue nombrado oficialmente etnarca de Judea. La dignidad de príncipe sacerdote que reconocieron jefes y dignatarios religiosos judíos a Simón conllevaba el derecho de sucesión (1M 14,25-41), lo que le permitió la instauración de la dinastía asmonea. Mientras que a los hijos de Matatías se les conoce como Macabeos, a los miembros de la familia que se sucedieron dinásticamente se les denominó Asmoneos, por el nombre del abuelo o bisabuelo de Matatías, Asmón. Los Asmoneos consiguieron consolidar un Estado gracias a la debilidad de los poderes vecinos, el ptolemaico y el seléucida, que estaban sumidos en conflictos internos y que veían con temor el creciente dominio romano en Oriente.
Simón amplió el territorio de Judea hacia el norte adueñándose de la región al suroeste de Siquén y consiguió una salida directa al mar tomando la ciudad y el puerto de Jafa. Además conquistó Bet-Shur y Gazara, según un curioso pasaje del libro de los Macabeos. El texto de 1M 14,6-15 es un himno que describe las bondades del reinado de Simón en la línea de la tradición ideológica egipcia, cuyo culto al monarca impregnó todo el período helenístico.
En 139 a.C. Demetrio II fue capturado por los partos y se hizo cargo del reino seléucida su hermano Antíoco VII Sidetes, que combatió a Diodoto Trifón en el
sur de Siria, consiguiendo sitiarlo en Dora. Trifón huyó por mar, pero acabó muriendo en Apamea poco después.
OTROS PUEBLOS – Los partos
En las estepas entre los mares Caspio y Aral vivían los partos, una tribu que pertenecía al grupo de los parni, de etnia escita y, por tanto, pueblo indoiranio. Eran guerreros y excelente jinetes, tanto que, a diferencia de otros iranios, comían y negociaban sin bajar de su caballo. Ningún hombre libre iba a pie. Aunque los persas se sentían ajenos a los partos y los consideraban extranjeros, éstos se sitieron continuadores de la política de los aqueménidas. A mediados del siglo III a.C. los hermanos Arsaces y Tiridates ocuparon el territorio de Bactria, la satrapía más oriental del imperio seléucida. El gobernador Diodoto trató de rechazarlos, pero ellos mismos se dirigieron a la provincia de Partia y asesinaron al sátrapa local. Didoto se proclamó rey en 239 a.C., aprovechando los enfrentamientos entre Seleuco II y Antíoco Hiérax. Tras la muerte de su hermano, Tiridates erigió una ciudad con el nombre de Arsak y fundó una dinastía. Seleuco II trató de castigar con rapidez la defección, pero tuvo que regresar a Antioquía para hacer frente a los disturbios en la capital y Tiridates aprovechó para apoderarse de Hircania, en la costa sudoriental del mar Caspio. A partir de ese territorio entre el reino greco- bactriano y el seléucida, los partos fueron ampliando sus dominios. A mediados del siglo I a.C. los partos controlaban ya toda Media y Mesopotamia y amenzaban Armenia.
Roma estaba muy intersada en controlar ese territorio, dado que lo cosideraba un tapón contra el empuje de los partos. El rey armenio Tigranes logró controlar su país y hacerse con el gobierno en el territorio seléucida, manteniendo a raya a los partos, gracias al apoyo de Pompeyo. Sin embargo, Tigranes fue asesinado por los partos y los romanos tuvieron que hacerles frente. En 55 a.C. M. Licinio Craso sufrió la primera gran derrota de Roma en Oriente, en la batalla de Carras. Los partos y sus sucesores los sasánidas fueron el rival más fuerte de Roma, a quienes no pudieron doblegar en toda su historia (Imperio Sasánida 224-641 d.C.).
Los partos arsácidas imitaron e incorporaron todas las costumbres y la organización de los persas aqueménidas. Los centros de población más importantes de los partos no eran realmente ciudades. Ctesifonte, su capital, era descrita como una aldea comparada con la colonia griega Seleucia. El arte que encontramos en Dura-Europos, Hatra y Palmira es una combinación del que encontraron de los pueblos que les había precedido con el arte escita que influía en el desarrollo artístico de Asia Central. De todas formas, la caracterización del arte parto es un problema difícil de la Historia del Arte. Antíoco VII exigió la devolución de Judea, haciendo hincapié en la recuperación de Jafa y Jerusalén. Ante la negativa de Simón, fue enviado el general Cendebeo, que atacó desde la llanura costera. Los hijos de Simón, Judas y Juan, derrotaron al militar sirio cerca de Modín y le hicieron retirarse de nuevo a la costa.
Judea estaba asegurada respecto al dominio extranjero, pero el reino de Simón no se había consolidado internamente. Su yerno Ptolomeo aprovechó una
visita de Simón en 134 a.C. a la fortaleza de Dok, al noroeste de Jericó, para darle muerte a él y a sus hijos Matatías y Judas. Ptolomeo fue a Gazara en busca de Juan, otro hijo de Simón, pero éste fue avisado a tiempo y se dirigió a Jerusalén, donde fue aclamado como heredero de los derechos de Simón. Ptolomeo fue rechazado y huyó a Dok donde fue asediado. Allí asesinó a la madre y hermanos de Juan antes de huir a Transjordania y refugiarse en Filadelfia.
Gráfico 25. Cronología de Ptolomeos, Seléucidas y Asmoneos (180-31 a.C.)
BIBLIA - Apocalipsis e historia judía
El contexto histórico en el que surgen los apocalipsis es el de tiempos de crisis percibida como extrema. Los primeros apocalipsis, entre los que se cuenta el
Libro de Daniel, son de la época de Antíoco Epífanes (175-164 a.C.) y de la
sublevación judía de los Macabeos (166-160 a.C.). Es la época de la helenización intensiva de Jerusalén y de los territorios judíos. Antíoco Epífanes profana el templo y se produce una gran escisión entre los judíos: los que aceptan las prácticas helenísticas y los que forman una resistencia político- religiosa organizada en torno a los Macabeos.
Otro momento de gran crisis para el mundo judío se vive en el siglo I a.C. En 63 a.C. Pompeyo conquista Jerusalén, los romanos ocupan Palestina y el poder real y sacerdotal de Jerusalén queda bajo la tutela romana. Conviven muchas facciones político-religiosas (fariseos, saduceos, asideos, zelotes, esenios) y se experimentan grandes esperanzas mesiánicas.
Un tercer momento de gran crisis se vive en el siglo I d.C.: en los años 60 tienen lugar las grandes persecuciones de cristianos por Nerón; en el 70-73 se aplasta la sublevación judía, se toma Jerusalén y se destruye el templo. Después del 73 aumentan los conflictos entre judíos y cristianos hasta la casi total ruptura en los años 90. Entre 81 y 96 a.C. Domiciano impone el culto al emperador y se producen más persecuciones de cristianos.
El cuarto período de crisis que influye en los apocalipsis se vive en el siglo II d.C., cuando se mantienen las persecuciones de cristianos y los judíos se sublevan por segunda vez contra Roma (la sublevación encabezada por el líder político-religioso Bar Kokba en 132-135 d.C.) y sufren una aplastante derrota. Ante estos momentos, el cuadro trazado por los apocalipsis es tenebrista y atribulado. Se habla del presente como período de corrupción, transgresión y opresión por parte de un poder blasfemo y arrogante, todo lo cual se denuncia. La historia de Israel y las bases de sus esperanzas para el futuro han estado desde siempre unidas a sus pretensiones políticas. Ahora bien, los grandes momentos de la apocalíptica son precisamente aquellos en los que a los judíos les son arrebatadas estas aspiraciones por otros poderes dominantes. Los judíos de los últimos siglos antes de Cristo creían que los cielos "se habían cerrado" y que el Espíritu de Dios "no se había apoderado de nadie" (no había inspirado a nadie) desde los tiempos de los últimos profetas Ageo, Zacarías y Malaquías. Sin el Espíritu de Dios la Historia no era posible. La apocalíptica permitió mantener como real la historia de Israel gracias a la doctrina de la
inspiración bíblica: la historiografía sólo era posible por medio del autor inspirado y su obra escrita. Los grandes agentes históricos de la humanidad (Adán, Moisés, Elías) intervienen de nuevo en la historia en virtud del carácter pseudónimo de las obras apocalípticas y así el pasado se hace presente y no se interrumpe la continuidad.
La apocalíptica se convierte en una especie de ciencia de la Historia, teniendo en cuenta que ésta no es una sucesión de acontecimientos, sino un todo, un proceso unificado que comienza con Adán y los imperios nacidos del caos primordial y que finaliza en un acto que retornará el mundo a sus orígenes. Se trata de la concepción mítica en la que principio y fin se unen en un lugar hipotético en el que todo comienza. Hay en la apocalíptica huellas de concepciones míticas babilónicas, persas y griegas (por ejemplo, todo lo relativo a la angelología y la demonología), unidas a la escatología judía.
Mapa 67. Expansión judía durante la dinastía asmonea
Juan quiso reinar con el nombre de Juan Hircano I y consiguió mantenerse en el trono hasta su muerte en 104 a.C., no sin dificultades. Incitado por Ptolomeo desde Filadelfia, Antíoco VII Sidetes volvió a reclamar su autoridad sobre Judea. Esta vez recuperó buena parte del territorio y sitió a Juan Hircano en Jerusalén. Sin embargo, la ciudad no cayó y Antíoco tuvo que retirarse y reconocer la autonomía de Judea, pero con condiciones. Destruyó las fortificaciones de Jerusalén y exigió el pago de tributos por los territorios de oeste y noroeste, en especial por Jafa. Otra concesión que tuvo que hacer Juan fue la entrega de armas y rehenes, entre los que se encontraba su hermano Hircano.
El poder seléucida se volvió a ver sacudido cuando los partos liberaron a Demetrio II para que luchara contra su hermano. Antíoco VII encontró la muerte luchando contra los partos en 129 a.C. y Demetrio volvió a ocupar el trono. Las intrigas por el poder que tuvieron lugar en Siria durante la siguiente década permitieron a Juan Hircano reconstruir las fortalezas de la zona norte de Jerusalén y gobernar Judea en plena autonomía, manteniendo buenas relaciones con el senado de Roma. Con tropas mercenarias se anexionó territorios al sur de sus dominios. Conquistó Adora y Marisá, incorporando a la observancia de la Ley a los habitantes de Idumea. En el norte destruyó el santuario samaritano del monte Garizim y atacó la ciudad de Samaria, cuyos habitantes pidieron ayuda a los seléucidas. Juan Hircano asedió la ciudad durante un año y, cuando la tomó en 107 a.C., la destruyó. Al final de su reinado consiguió recuperar la ciudad de Jafa.
ARQUEOLOGÍA – Las monedas de Hircano
Durante su largo reinado, Juan Hircano I dio muestras de su ambición, no sólo con su política expansiva, sino por las leyendas de algunas monedas acuñadas por él: sumo sacerdote Juan y la comunidad de los judíos.
Esta denominación de sumo sacerdote en un personaje volcado en el gobierno y la acción militar no parece que gustara a los fariseos, quienes según Flavio Josefo (Antigüedades Judaicas, XIII, 10,5.6) opinaban que debía contentarse con gobernar al pueblo. Es probable que Hircano estuviera más próximo a la facción saducea.
De todas formas, se trata de las primeras acuñaciones asmoneas, que seguramente datan de la fase final del reinado de Hircano y son monedas de poco valor dado que todas son de bronce.
Antes de morir, Juan Hircano designó sucesora a su esposa, pero su primogénito, Aristóbulo, se hizo con el poder, dejó morir de hambre a su madre en una prisión y arrestó también a sus hermanos. Al principio dejó en libertad sólo a Antígono, por su habilidad guerrera, pero finalmente también lo encerró, quizá por recelo de sus éxitos militares.
En su año de reinado Antígono I extendió el territorio de Judea al norte en lucha contra los itureos, amplió su zona de influencia más allá de Samaria y Escitópolis, e impuso el culto hierosolimitano a los habitantes de Galilea.
A la repentina muerte del primer asmoneo que se hizo llamar rey, su esposa Salomé Alejandra liberó a sus cuñados, nombró a uno rey y se casó con él. Se trataba de Jonatán, que gobernó entre 103 y 76 a.C. como Alejandro Janneo, con la forma abreviada de su nombre hebreo (Jannai) y la adición de un nombre griego.
Alejandro Janneo no era una personalidad fuerte con un claro proyecto político y su esposa ejerció una importante influencia sobre sus acciones. En casi tres décadas de reinado consiguió restituir a la provincia de Judea la práctica totalidad del territorio de los antiguos reinos de Israel y Judá. Primero se dirigió a la costa norte y asedió Ptolemaida, aprovechando que los seléucidas seguían con enfrentamientos internos. En esta ocasión eran Antíoco Gripo y Antíoco Ciciceno los que se disputaban el poder en Antioquía. Los habitantes de Ptolemaida pidieron ayuda a Ptolomeo IX Látiro, que estaba exiliado en Chipre. Éste ataco desde el mar y Alejandro Janneo tuvo que levantar el sitio y retirarse hacia el centro del valle del Jordán. Sin embargo, Ptolomeo no prosiguió su avance, porque en Egipto se consideraba una amenaza provocadora su presencia en Palestina, y regresó a Chipre.
Alejandro Janneo aprovechó para conquistar el norte y centro de Transjordania, tomando ciudades como Gadara. En la costa sudoeste del país se hizo con Gaza y Rafia. Como sus conquistas transjordanas no estaban consolidadas, volvió a atacar la zona coincidiendo con la campaña que contra Damasco había emprendido el rey nabateo Obodat. Alejandró consiguió evitar el enfrentamiento con él y regresó a Jerusalén donde se encontró con una seria oposición. Sus interminables campañas, su desinterés por los asuntos religiosos y su actitud despótica habían creado un malestar que él no supo afrontar más que con asesinatos y persecuciones que empeoraron la situación.
OTRAS FUENTES – Una confrontación jurídica
Las conquistas de los Asmoneos causaron la indignación de los habitantes de Celesiria, que se veían privados de sus posesiones. Los gentiles veían al nuevo Estado judío como un avasallador de sus propiedades sin ningún derecho.
Lo que se produjo en ese momento fue un enfrentamiento entre dos concepciones jurídicas contrapuestas. Los propietarios de la tierra se veían obligados a acatar una ley que consideraban ajena a ellos y veían a los judíos como meros ladrones, mientras que éstos consideraban las tierras como el
legado de sus padres, que habían recibido unas tierras cuya única propiedad era de Yahvé. Estas posturas legales enfrentadas se aprecian en 1M 15,18-33 y 33-35 y podemos encontrarla en la literatura midrásica, donde se reproducen los argumentos aducidos por los demandantes gentiles y la defensa de los judíos acusados:
¿Por qué Dios reveló a Israel lo que fue creado en el primer día y en el segundo día? Para que los gentiles no puedan escarnecer a Israel y decir: “Sois un pueblo de ladrones”, y para que Israel pueda contestarles: “El mundo y lo que hay en él es de Dios. Por su voluntad os fue entregada la tierra, y por Su voluntad os ha sido arrebatada y entregada a nosotros”. Ese es el significado de las palabras de las Escrituras: “Él ha revelado el poder de Sus creaciones a Su pueblo, para otorgarle el legado de los gentiles”.
Con todo, hay que observar que en el caso de ciudades de la costa como Gaza, los Asmoneos no tenían ningún derecho histórico sobre las tierras, ya que nunca antes habían sido ocupadas por los hebreos.
Los habitantes de la ciudad acabaron pidiendo ayuda al rey seléucida Demetrio III Eucairo, cuyo ejército derrotó en Siquén a Alejandro, pero éste consiguió escapar, ganarse adeptos y emprender una sangrienta venganza contra los judíos que le habían hecho frente.
Gráfico 26. Genealogía de los asmoneos
A los fariseos no les faltaba razón cuando acusaban a los Asmoneos de haberse servido de la capacidad de liderazgo religioso que habían puesto al servicio de la rebelión macabea para asumir el control del Estado y que después los Asmoneos se hubieran convertido en príncipes de estilo helenístico, en emuladores de los griegos seléucidas.
Al tiempo que hacía frente a sus adversarios internos con la violencia y el terror, Alejandro Janneo tuvo que afrontar el peligro que suponían los nabateos, cuyo rey Aretas marchó desde el Negev hasta Cisjordania y derrotó a Alejandro en la zona de Lydda. Después de firmar la paz con el rey nabateo, Alejandro Janneo se dirigió hacia Transjordania y volvió a tomar Gerasa, entre otras ciudades. Para defenderse de los nabateos Alejandro reconstruyó las fortalezas macabeas y asmoneas de Alexandreion, Maqueronte y quizá Masada.
Alejandro Janneo murió en 76 a.C. durante el sitio de un fortín transjordano y Salomé Alejandra sucedió a su marido nueve años durante los cuales hubo armonía con los fariseos y el pueblo disfrutó de un período de paz. Para conseguirlo tuvo que controlar a sus dos hijos. Al mayor, Hircano, le hizo sumo sacerdote, dado que ella no podía asumir tal dignidad; mientras el menor, Aristóbulo, se quería apoyar en los descontentos saduceos para enfrentarse a su hermano.
Salomé Alejandra supo mantener el Estado en paz, pero a su muerte los dos hermanos se disputaron el poder. Era un momento difícil, porque los nabateos amenazaban Judea desde el sur y los romanos llegaban por el norte y por el oeste. Hircano II asumió el trono, pero Aristóbulo con la ayuda de los saduceos asedió Jerusalén y su hermano abandonó la ciudad. Sin embargo, Hircano no dio por perdido el reino y buscó el apoyo de los nabateos prometiendo a
cambio al rey Aretas III toda la zona moabita. Al igual que su hermano, Hircano quiso atraerse el favor de los romanos. Ambos acudieron a Scauro, el legado romano de Pompeyo en Damasco.
Con los nabateos Hircano asedió Jerusalén y los habitantes se pusieron de su parte, pero cuando todo parecía ganado, Scauro decidió tomar partido por Aristóbulo y los nabateos se retiraron. Subió al trono Aristóbulo II, pero el asmoneo ya no era el único señor de Judea, su poder dependía de Roma y esto iba a tener graves consecuencias para el pueblo judío.
A causa de la política independentista de los asmoneos, el mundo helenístico incrementó su visión negativa del judaísmo. Arreciaron las acusaciones de