La unidad del pueblo hebreo a su llegada a la tierra prometida se rompe con el período de los jueces, en el que cada tribu intenta afirmarse en su tierra con mayor o menor éxito, para resistirse a la influencia de la religión cananea. La Biblia interpreta la desunión y los enfrentamientos como consecuencia de la apostasía y las derrotas como castigos de una divinidad que, sin embargo, se ocupará repetidamente de conducir al pueblo a la victoria contra sus enemigos terrenales. En realidad, lo más probable es que esa unidad no se hubiera alcanzado nunca y que por tanto no se perdiera, siendo el tiempo de los jueces una explicación del período que faltaba para conseguir la unificación monárquica. De hecho, ninguno de los jueces consigue la unidad del pueblo, sino que ejerce un control sólo en su zona de actuación.
Parece que la organización tribal impedía cualquier gobierno en tiempo de paz y que sólo ante dificultades por enfrentamientos con los vecinos surgían las figuras aglutinadoras y salvadoras. Además la idea de un santuario central en Silo con una clase sacerdotal unificada bajo códigos comunes no tiene fundamento, porque sabemos que existían otros santuarios locales.
La fragmentación del país queda de manifiesto especialmente en el enfrentamiento entre Efraím y Galaad (Jc 12,6) y no sólo por la sangrienta batalla, sino por el detalle de la diferencia de pronunciación de una palabra, que servía para identificar la procedencia de un individuo.
Juez Jc Tribu Enemigo Años de
opresión / paz Otoniel 3,8-11 Judá rey de Aram 8 / 40
Aod 3,12-30 Benjamín rey de Moab 18 / 80 Samgar 3,31 quizá hurrita filisteos - / - Débora 4,1 - 5,31 Isacar / Efraím (?) cananeos 20 / - Barac 6,1 - 8,31 Neftalí cananeos 7 / 40 Gedeón 6,1 - 8,27 Manasés medianitas/amalecitas - / - Tola (*) 10,1-2 Isacar - - / 22 Jair (*) 10,3-5 Manasés oriental (?) - 18 / - Jeftá 10,6 - 12,7 Manasés oriental (?) amonitas/filisteos - / - Abesán (*) 12,8-10 Judá (de Belén) - - / - Elón (*) 12,11-12 Zabulón - - / - Abdón (*) 12,13-15 Efraím - - / - Sansón 13-16 Dan filisteos 40 / - (*) jueces menores
El hecho de que los jueces sean doce (Débora y Barac pertenecen al mismo relato, y Abimelec es considerado un usurpador), como las tribus, nos indica el carácter simbólico de esta recopilación de leyendas de victorias del pasado. Sin embargo no hay una correspondencia de un juez por tribu, dado que éstos surgen en las zonas del país más expuestas a peligros.
OTROS PUEBLOS – Los medianitas
Se trata de un pueblo sobre el que se cierne la oscuridad de las fuentes, dado que sólo nos habla de ellos la Biblia y no disponemos de restos arqueológicos que puedan atribuírseles. Sólo en las inscripciones asirias de Tiglatpileser III y Sargón II se menciona a Efá, una de las tribus medianitas.
En el Antiguo Testamento no hay referencia a pueblos árabes (aunque alguna vez se menciona el territorio como “Arabia”), sino que se hace alusión al origen étnico o geográfico de los pueblos que surgían del desierto arábigo, y con los medianitas se menciona a los amalecitas e ismaelitas.
En la Biblia los medianitas aparecen como seminómadas y nómadas, pastores de ovejas y comerciantes que habitaban la zona de la costa sur del Golfo de
Áqaba en la Península Arábiga, aunque también este particular está sujeto a debate entre los estudiosos.
En los libros del Génesis, Números, Josué y Jueces aparecen por el sur de Palestina, por el Sinaí y el sur de Transjordania, lo que nos da idea de la amplitud de sus desplazamientos migratorios.
En la época previa a la ocupación del territorio palestinense por parte de los hebreos, su relación con los medianitas no es conflictiva. El juez Gedeón aparece enfrentándose a ellos, pero después da la impresión de que dejaron de suponer una amenaza para Judá y desde luego para Israel, si bien se mantuvieron activos en el comercio de oro y especias que procedía de Arabia (Is 60,6).
Uno de los pasajes en los que son vistos con más simpatía es en el contexto de la vida de Moisés. Habitó con ellos, desposó a la hija de un sacerdote medianita y en su territorio se le manifestó Yahvé. Esta primera aparición de la divinidad yahvista en territorio medianita ha sido considerada por algunos una referencia al origen de esta religión (un dios de montaña de origen árabe), aunque no ha podido ser confirmada con ningún otro indicio.
El período de los jueces es especialmente difícil de interpretar porque buena parte de lo narrado tiene que ver con tradiciones populares que proceden de las colinas del centro del país y que describen sólo episodios concretos que no dan información del contexto (por ejemplo, no hay ninguna mención de la presencia egipcia en la zona). Se nos habla de victorias, incluso contra todo pronóstico, pero no se mencionan las derrotas, dado que las historias se centran en los momentos de orgullo para la tribu. Las personas mencionadas no las conocemos por otras fuentes y la cronología es muy difusa (se narran como consecutivos jueces que bien pudieron ser contemporáneos).
Mapa 25. Los jueces en su territorio
Las relaciones entre las tribus eran ocasionales e inconsistentes, pero Israel necesitaba una organización para defender las zonas que habitaban y requería instituciones adecuadas para la vida sedentaria. En momentos críticos la tradición nos dice que surgían figuras rectoras que movilizaban a su tribu y alguna otra para enfrentarse al peligro. Si exceptuamos a Jefté y Adbón todos proceden de Cisjordania (Sansón pertenece a la tribu de Dan antes de su migración al norte) y dirigen su hostilidad contra los habitantes de la llanura costera y los que proceden de Transjordania.
Tampoco el papel de los jueces es de sencilla interpretación, pero parece que el ejercicio del poder se veía circunscrito al cumplimiento de una determinada misión, aunque también cabe la posibilidad de que fuera su liderazgo en el momento crítico lo que les diera el prestigio en su tribu para obtener el reconocimiento general en las funciones arbitrales.
El término hebreo schft (“juez”) se ha puesto en relación con los “sufetes” cartagineses (término de la misma raíz semítica), que ejercían plenos poderes de gobierno y no sólo funciones judiciales.
En algunos casos el acceso a la función de juez se vincula a un momento de vocación, como ocurre con Gedeón, y en el caso de Sansón hay una predestinación desde el nacimiento.
La crítica ha distinguido siempre entre jueces mayores y jueces menores, no sólo porque a los primeros se les dedique un relato más o menos extenso y a los segundos sólo una breve mención, sino porque se supone que éstos desempeñaban una autoridad judicial y administrativa en la época premonárquica.
BIBLIA - El cántico de Débora
Este cántico de victoria (Jc 5) es uno de los fragmentos más primitivos de la redacción del Antiguo Testamento y está puesto en labios de una mujer, como había ocurrido con el cántico del Mar de la Cañas, pronunciado por María en el éxodo. Aunque el cántico de Débora parece que se refiere a los mismos hechos que narra en prosa Jc 4, sin duda lo hace basándose en una fuente diferente.
La antigüedad del texto se refleja también en la referencia a Yahvé subiendo desde el monte Seir para participar en la batalla en los campos de Edom. Esto indica que todavía había una relación entre la divinidad y el territorio, ubicado en el sur, fuera del país que está ayudando a consolidar.
El estilo poético utilizado tiene una gran fuerza persuasiva, pero no siempre es fácil de interpretar. Utiliza imágenes de gran plasticidad y efectismo emocional. El cántico ha sido considerado un documento esencial de la incipiente identidad nacional israelita: se trata de la alianza de las tribus del norte contra los cananeos. El texto no sólo hace mención de la coalición de Isacar, Efraím, Maquir (no todo Manasés), Benjamín, Neftalí y Zabulón, sino que se refiere a los que se quedan fuera de ella: la ciudad de Meroz, de población mayoritariamente cananea, recibe una maldición, y se dice expresamente que no tomaron parte Rubén, Galaad, Dan y Aser. La alianza está formada por las tribus que están en torno a la llanura de Megido y, por tanto, quedan muy lejos de su radio de acción Judá y Simeón.
El grupo que actúa en el cántico de Débora se autodenomina “Israel”, denotando una identidad que se traducirá después en la constitución del reino del norte, cuya la historia independiente de Judá se fragua desde la época de la conquista.
Otro rasgo significativo del cántico de Débora es el concepto de “guerra santa” que, lejos de ser exclusivo del pueblo israelita, está presente en todo Oriente, en forma de participación de la divinidad en los conflictos no sólo defensivos sino también en acciones ofensivas de sus creyentes.
En algunos relatos, como el de Gedeón, se narran hechos bélicos con gran riqueza de detalle. Así ocurre con la persecución de los madianitas hasta el otro lado del Jordán, que implica un gran conocimiento de los vados del río por parte de la tribu de Efraím, la que más los utilizaba.
El relato de Débora y Barac demuestra que en ese momento los israelitas se habían hecho lo bastante fuertes como para enfrentarse a los reyes cananeos del corredor de ciudades entre el monte Carmelo y el río Jordán. A pesar de la victoria en campo abierto sobre los potentes carros cananeos, las ciudades fortificadas siguieron sin caer en manos de los israelitas.
Hacia mediados del siglo XI a.C. los filisteos derrotaron a los hebreos en Ebenezer, se apoderaron del Arca y destruyeron el santuario de Silo. Devastaron parte de Palestina occidental accediendo a la zona de las colinas, mientras los amonitas diezmaban a los israelitas en Transjordania.
En torno a 1030 a.C., Saúl encabezó una rebelión y se convirtió en el jefe de toda una región levantada en armas. Pero a su muerte en Gelboé, los filisteos recuperaron el dominio del país y lo mantuvieron hasta bien entrado el reinado de David (hacia 990 a.C.).
Esta situación condujo a los israelitas hacia un liderazgo más sólido, una monarquía que les permitiera hacer frente con eficacia a los ataques enemigos y que diera continuidad a los esfuerzos de construcción de una organización social ya sendarizada y necesitada de nuevas normas.