Lecciones sobre
2.3. El espíritu bolivariano
del conservatismo colombiano, no de su partido, el liberal, en especial del liberalismo socialista al que entregó por completo su vida. Por eso hemos dicho que la USB encarna ante todo el espíritu bolivariano de El Maestro, como deben encarnarlo sus directivos, profesores y alumnos, quienes a su vez tienen que sentirse orgullosos por ser bolivarianos, fi eles a los ideales del Padre de la Patria.
Consuegra fue fi el a dicho legado, como pocos. Tanto que en su primera idea de crear una universidad ya aseguraba que su nombre sería el de Simón Bolívar, según le confesó a su esposa Anita en Cartagena; la USB se levantó en honor a El Libertador, “nuestro patrono” como él decía con insistencia; y por ello no es de extrañar que la sede académica, cerca a la entrada principal, esté presidida por su estatua solemne, imponente, desafi ante, mientras sus frases cubren paredes y muros junto a las de otros libertadores de Indoamérica: Martí y Neruda, como acabamos de señalar.
“Llevamos un nombre que es un reto diario: Simón Bolívar”, dijo precisamente al inaugurar, en agosto de 1982, la sede académica. Es el reto –anotaba– de conocer su obra, valorarla y divulgarla, cumplirla y, en defi nitiva, llevar a la realidad sus ideales no sólo de libertad sino de integración, de unión y de hermandad entre nuestros pueblos, cuya historia y cultura son comunes.
al citar la máxima sentencia bolivariana; propugnaba, pues, por una integración regional efectiva, como reviviendo La Gran Colombia desde México hasta La Patagonia, y a cada momento rememoraba las palabras fi nales de El Libertador en su lecho de muerte: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.
Sin integración, a su modo de ver, no es posible el desarrollo, ni tampoco se alcanza la libertad, ni por tanto la democracia fundada igualmente en los principios de igualdad y confraternidad que inspiraron a la Revolución Francesa, fuente del espíritu bolivariano.
Y claro, la unión latinoamericana es indispensable –concluía el fundador de la USB‒ como estrategia defensiva frente a las fuerzas dominantes de Estados Unidos, cuya cultura es diferente a la nuestra, cuyos afanes imperiales fueron rechazados por el mismo Bolívar con visión profética, y cuyas nuevas formas de poder, paradójicamente en nombre de la democracia y las libertades económicas, generan una dependencia mayor que la padecida en América Latina desde la conquista española hasta la feliz culminación de la época colonial.
En síntesis, Consuegra vio en Bolívar a un pionero de la Teoría propia en América Latina, contra la dependencia y el subdesarrollo estructural, tanto a la luz del pensamiento
jurídico (que reclamaba formular nuestras leyes –siguiendo las enseñanzas de Montesquieu– con base en nuestra realidad particular), como en el plano económico (pensemos en su libro sobre Las ideas económicas de Simón Bolívar) y en el social, siempre opuesto a los modelos extranjeros.
“El Libertador fue brillante exponente de un pensamiento jurídico, económico y social auténtico”, dijo El Maestro durante algún acto de graduación de abogados, economistas, sociólogos y trabajadores sociales de la USB, mensaje que ciertamente compromete a todos los egresados con la teoría propia, único medio posible para alcanzar la autenticidad.
Digamos, para cerrar esta sección, que las ideas bolivarianas aquí resumidas continúan vigentes. Son útiles para abordar los problemas actuales, repetimos. Ni la dependencia, ni el subdesarrollo, ni el imperialismo, ni la desigualdad social, están pasados de moda, vencidos por el paso del tiempo. No. Como la democracia plena, económica y social, o la lucha por la libertad y, en general, por los derechos humanos, tampoco son temas obsoletos, ni mucho menos. Al contrario, están más vigentes que nunca. Basta abrir los ojos para comprobarlo.
Sería imperdonable, en tales circunstancias, que seamos inferiores al reto trazado por El Maestro, quien a propósito rindió un nuevo homenaje a El Libertador, en la propia Universidad Simón Bolívar, con la apertura del Museo Bibliográfi co Bolivariano, el mejor de su género en el mundo,
cuyos varios miles de libros especializados en diferentes salas (Santander, San Martín, Sucre, Urdaneta…) esperan ansiosos a los investigadores, profesores y estudiantes, para darles la sabiduría que tanto anhelan.
Ahí está el Museo, en la hermosa Casa de la Cultura, donde cada mes se reúnen la Sociedad Bolivariana del Atlántico y la Academia de Historia, sirviendo además como escenario de los actos solemnes de entrega del título de Doctorado Honoris Causa a reconocidas personalidades nacionales y extranjeras.
“Un hombre sin estudios es un ser incompleto”, decía Bolívar, quien explicaba: “La instrucción es felicidad de la vida. El ignorante, que siempre está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción, se precipita luego infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre”. “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su destrucción”, concluía.
La cita es de El Maestro, según consta en algún aparte de sus Obras Completas. Por lo visto hasta ahora, es fácil explicar por qué: el conocimiento es la razón de vivir, la felicidad plena; quien no conoce, está condenado a la servidumbre y la corrupción, a ser esclavo y caer en el peor estado de degradación como ser humano, mientras un pueblo ignorante, sin educación, va rumbo a su extinción, a la aniquilación total, defi nitiva.