Lecciones sobre
2.12. A manera de repaso
repasemos cuanto hemos dicho a lo largo del presente capítulo, por medio de preguntas que cada uno debe responder con toda sinceridad. Entremos en materia.
Recordemos que la universidad debe ser popular, abierta, democrática, no elitista o excluyente. ¿Lo es, en verdad? ¿O esto sigue siendo apenas un sueño, una utopía, algo irrealizable, imposible, no sostenible en la práctica? ¿Qué tal abrir las puertas a todos los aspirantes, al margen de sus capacidades y no sólo de sus condiciones económicas? ¿O algo sí se ha hecho al respecto, permitiendo el acceso cada vez mayor de estudiantes pobres, con becas por ejemplo, en nombre de la equidad en la educación superior? ¿Qué está haciendo usted, en particular, para avanzar en tal sentido?
Veamos ahora el espíritu bolivariano que según Consuegra debe tener la USB y, por ende, las universidades latinoamericanas e incluso del Tercer Mundo. ¿Qué tanto al menos se le conoce, se estudia siquiera el pensamiento de El Libertador, se le valora y se le tiene en cuenta? ¿En las aulas, verbigracia, se dan las libertades que él reclamaba en su intensa lucha que le costó la vida? ¿Hay libertad de cátedra? ¿Hay verdadera autonomía universitaria? ¿Y nuestros pueblos, con el debido liderazgo académico, están avanzando cada vez más hacia su integración, como si fueran hermanos? ¿O cada cual echa por su lado, gracias al individualismo en boga?
como el factor determinante para la lucha contra la pobreza, parece no haber discusión. Pero, ¿nuestros docentes –sí, ustedes– aman la noble tarea de enseñar o la ven como simple rutina, de la que ya están cansados, y que sólo cumplen por razones económicas, aunque a todo momento protesten por ser muy mal pagos? ¿Creen que están prestando un gran servicio a la sociedad, acaso con la mayor responsabilidad, o esto por el contrario les tiene sin cuidado? ¿Qué dicen ustedes, los profesores?
Hablemos un poco de la cultura en la universidad. ¿También la valoramos o, por el contrario, merece nuestro rechazo? ¿Promovemos las actividades culturales en nuestros centros educativos o consideramos que eso carece de importancia, es pérdida de tiempo y dinero, simple entretenimiento? Si somos directivos, ¿destinamos cuantiosos recursos presupuestales para la cultura en sus múltiples manifestaciones o aprobamos apenas cifras irrisorias, siguiendo el ejemplo de altos organismos ofi ciales? Para ustedes, ¿la universidad es cultura, como debe ser? ¿O no lo es? ¿Y el cuento de la identidad cultural les importa un comino?
Pregúntese, por un momento, si su modelo de enseñanza y aprendizaje es repetitivo, como si maestros y alumnos –al decir de Consuegra– sólo fueran loros. ¿Repite usted, querido profesor, los manuales de clase, traídos por lo general de países extranjeros (Estados Unidos, Francia, Alemania, España…),
cualquiera sea la disciplina en que se encuentra? ¿Y usted, querido alumno, cree todavía que aprender es memorizar, sin juicio crítico, sin análisis previo, tragando entero? ¿Ambos, pues, están sometidos a la dependencia cultural o hacen grandes esfuerzos, en ocasiones con buenos resultados, por desarrollar una teoría propia, auténtica?
¿Van más allá de la docencia a la investigación? ¿Qué tan importante es la investigación en ‘la U’, en su universidad? ¿Le destinan también el presupuesto necesario o más bien es ínfi mo, irrisorio, por considerar además que esas actividades son de largo plazo, muy costosas y sin mayor rentabilidad, con mínimas excepciones? ¿Qué tantas investigaciones se hacen sobre temas sociales? ¿O no se fi nancian sino las de carácter técnico, las únicas que importan a su modo de ver? ¿Usted investiga, en realidad? ¿O le da pereza?
Sobre la responsabilidad social universitaria, la hoy célebre RSU, ¿qué le parece? ¿Una moda pasajera, como tantas otras? ¿O considera, en cambio, que es un modelo adecuado de gestión para su universidad? ¿Cuáles son, a propósito, los programas sociales hacia los estudiantes y sus familias, profesores o personal administrativo, y hacia sus otros grupos de interés (comunidad, gobierno, empresas, etc.)? ¿Hay transparencia, ética y hasta rendición de cuentas sobre sus actos o todo lo esconde en nombre de la sagrada autonomía universitaria que ordenan las normas constitucionales? ¿Cuál es la verdadera situación?
Por último, ¿sí hay humanismo en la universidad? ¿Se valoran las ciencias humanas y sociales, desde la ética y la fi losofía hasta la historia y la economía, o son vistas como algo sin importancia? ¿Se ofrecen, de otra parte, programas interdisciplinarios, no de mera especialización en las áreas de pregrado? ¿Y existe el debido respeto a las personas, dada la dignidad del ser humano? ¿O todas son vistas como mercancías, por su capacidad de compra, por su nivel de ingresos?
¿Qué opina sobre la globalización y el neoliberalismo? ¿Son objetos de estudio, en especial por sus implicaciones políticas, económicas y sociales, sobre la vida colectiva, familiar y personal? ¿Qué puede decir, en especial, sobre los tratados de libre comercio? ¿Y sobre el desarrollo regional? ¿Le interesan la historia local y la cultura autóctona o no tiene sino ojos para la última moda que viene del exterior? ¿Propugna por la descentralización, en contra del centralismo sea a nivel departamental, nacional o mundial? ¿Tiene usted un espíritu cívico y acata las normas básicas de convivencia, comenzando por las de urbanidad?...
Como se ve, las preguntas podrían multiplicarse hasta el infi nito. Por lo pronto, basten las que hemos formulado y prosigamos el camino, donde nos dirigimos hacia el presente y el futuro de la Universidad Simón Bolívar, siempre a la sombra de El Maestro. Será la última etapa de nuestro ya largo recorrido.