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Por el desarrollo regional

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Lecciones sobre

2.11. Por el desarrollo regional

debía. Aquí se educó, aquí se casó, aquí tuvo a sus tres amados hijos: José, Ignacio y Anita, y aquí hizo su Universidad, dedicada –como era su sueño– a la memoria de El Libertador Simón Bolívar. Tenía, pues, que entregarle su vida. Se la entregó por completo, en cuerpo y alma. ¡Era un cipote barranquillero, como el que más!

De otra parte, ese amor tenía que ver con sus hondas convicciones intelectuales y morales, según es fácil comprobarlo. En efecto, acá, en Barranquilla, encontraba auténticas expresiones culturales, de origen popular, encabezadas naturalmente por su carnaval, en el cual “la cultura popular arropa con un solo manto a toda la sociedad”, decía tras destacar ese espíritu democrático que “deja a un lado las jerarquías y pone de presente la igualdad social”. El carnaval –agregaba– “impone la democracia añorada por los soñadores y facilita el retorno a organizaciones comunitarias del pasado, de convivencias en un solo techo”.

Pero, también amaba su historia, su vieja arquitectura, sus años de gloria, su centro histórico y su barrio El Prado, sus personajes y leyendas, por lo cual invocaba a cada momento el civismo e incluso la urbanidad, las buenas maneras, para hacer la vida más amable. ¡Era un líder cívico, como pocos!

Sin embargo, había otras razones, muy personales, que explicaban sus afectos. En primer lugar, la pobreza imperante, metida en los tugurios, en barrios humildes, en calles

abandonadas, en los mendigos y niños hambrientos. A su modo de ver, esto era la consecuencia lógica del modelo económico sin justicia social, ahora con su globalización y neoliberalismo a cuestas, modelo impuesto igualmente –señalaba, con dedo acusador– a nivel nacional, incluso desde los lejanos tiempos de la Colonia, cuando el centralismo santafereño comenzó a hacer de las suyas y puso a ‘la provincia’, al resto del país, a su servicio. “Una de las principales causas de nuestro atraso es el centralismo”, concluía.

Veía, pues, una correspondencia total entre la dependencia de nuestros países, generador del subdesarrollo, con la de nuestras regiones y su atraso. El enfoque cepalino del centro y la periferia, que Prebisch y sus seguidores aplicaban para el análisis de la compleja situación latinoamericana, era válido asimismo –según él– a escala local, en los diversos municipios y departamentos, donde por cierto denunciaba otro tipo de centralismo por parte de cada capital, incluida Barranquilla.

“¡Esto hay que acabarlo!”, proclamaba en sus exaltados discursos, sin importarle siquiera que en la mesa principal estuviera acompañado por importantes personalidades bogotanas.

Rechazaba el centralismo, mejor dicho. El que lo obligó –recordaba– a irse de bachiller hacia Bogotá, como tantos otros costeños que abandonan con dolor su amado terruño

por falta de oportunidades en la patria chica, donde dejan a sus padres y abuelos; a comprender que era preciso brindar educación superior, con alta calidad, para ponerle término a tan terrible fenómeno que hundía más y más a la ciudad en el atraso; y fi nalmente a crear la Universidad Simón Bolívar, nacida por tanto como reacción al centralismo y, en particular, a las universidades bogotanas, elitistas en su mayoría.

¡La USB –nunca lo olvidemos– es enemiga declarada, confesa, radical, del centralismo! ¡Y es, por encima de todo, la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla! “¡La nuestra es universidad de la provincia y para la provincia!”, sentenciaba.

Por ende, a las fuertes arremetidas permanentes del centralismo respondía con su mejor estrategia defensiva frente a la dependencia y el subdesarrollo estructural: la educación universitaria, exaltando los valores culturales autóctonos en el marco de la descentralización, del desarrollo regional, de la autonomía de las provincias con relación al centro (similar a su reclamo constante por la autonomía universitaria), y de la correspondiente aplicación de las normas constitucionales en tal sentido, buscando el desarrollo integral y armónico de la nación.

No por otra cosa El Maestro es considerado el padre de la planeación regional en Colombia. Lo fue desde mediana edad, cuando estuvo al frente del departamento respectivo en Planeación Nacional, tras haber sido director económico

del Plan regulador de Barranquilla (el cual fue recomendado por la Cepal para aplicarse en las diversas ciudades latinoamericanas).

Desde tan importante cargo –en Bogotá, claro–, montó las correspondientes ofi cinas departamentales en todo el país, con tanto éxito que el presidente Guillermo León Valencia propuso su designación, acogida luego con entusiasmo por la Cámara de Representantes, en el Consejo Nacional de Política Económica y Planeación, que era el máximo órgano ofi cial de ese ramo en Colombia, donde varios ministros participaban, pero sin voto.

¿Cómo no seguir los pasos de Consuegra en la USB y, en general, las diferentes universidades nacionales y extranjeras, en el campo de la planifi cación? ¿Qué tanto podemos aprenderle acá, siguiendo sus enseñanzas? ¿Cómo desarrollar los planes universitarios, sean académicos, administrativos o fi nancieros? Más adelante volveremos sobre el tema.

Tras escuchar de nuevo estas lecciones de El Maestro sobre la universidad, las cuales creemos que son válidas –reiteramos‒ para cualquier centro educativo y no sólo para la USB, realicemos ahora un ejercicio, como si estuviéramos en el salón de clase: volvamos a las ideas principales, recapitulemos, hagamos la correspondiente refl exión en torno a nuestras propias actividades universitarias y, en general,

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