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EL PENSAMIENTO ECONÓMICO ANTERIOR A ADAM SMTIH

PENSAMIENTO ECONÓMICO EN LOS SIGLOS XVII Y X

6. EL PENSAMIENTO ECONÓMICO ANTERIOR A ADAM SMTIH

Como hemos visto en la introducción al capítulo, el mérito de la teoría cuantitativa consis- tió en demostrar que el dinero, como tal, no constituye riqueza. En este sentido se puede afirmar que la etapa previa a la publicación de la obra de Adam Smtih, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), se considera como un intento por superar los errores del mercantilismo. Destacan en este periodo los trabajos de Ricardo Cantillon (1680?-1734) y su Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general (1755); los Discursos políticos de David Hume (1711-1776), y el Ensayo sobre dinero y monedas 1757-1758, de Joseph Harris (1702-1764).

Cantillon en su Ensayo estudia la economía real, la economía monetaria, el comer- cio internacional, los intercambios y la banca. Con relación a su análisis monetario, cabe señalar que aplica al dinero una teoría del valor con ayuda de la teoría cuantitativa modifi- cada mediante una teoría de los costes de producción.

Era consciente, por un lado, de que las variaciones en la cantidad de dinero implica- ban variaciones en el nivel general de precios, y, por otro, que dichas variaciones también tenían efectos sobre los precios relativos, entre otras cosas porque la variación de la canti- dad de dinero no afectaba a todos los precios de la misma forma, en el mismo grado o al mismo tiempo. Este es el denominado efecto Cantillon, y partía del supuesto de que se descubrían nuevas minas de oro y de plata de tal forma que la oferta adicional de metales preciosos incrementaba inicialmente las rentas de todas las personas vinculadas a su producción. El incremento del gasto de estas personas hacía elevar el precio de los bienes que adquirían en mayores cantidades, lo que a su vez incrementaba el gasto y así sucesiva- mente. La conclusión es que sólo aquellos cuyas rentas aumentan primero se benefician del incremento en la cantidad de dinero, mientras que para aquellos cuyas rentas suben más tarde ese incremento de la cantidad de dinero resulta perjudicial.

Más conocida es la exposición que de esta idea realiza David Hume en sus Discursos políticos. Aclara Hume que el incremento de la cantidad de oro y de plata es favorable para la industria en el periodo intermedio entre la adquisición de dinero y la subida de precios.

Hay que destacar la crítica que realiza Hume a la doctrina de la balanza comercial favorable de los mercantilistas. Esta crítica, bautizada por Jacob Viner con el nombre de “teoría del mecanismo autorregulador de la distribución internacional del numerario” o mecanismo de flujo de especie, señala la incoherencia que implica el intentar conseguir por todos los medios una balanza comercial favorable. El argumento de Hume surge al aplicar la teoría cuantitativa del dinero al comercio exterior. En este sentido, el incremento de moneda en circulación en un país que tuviera superávit comercial haría aumentar los precios, mientras que en los países con déficit lo haría descender. La consiguiente pérdida de competitividad reequilibraría antes o después la balanza de pagos, interrumpiendo la afluencia de metales preciosos. De este modo, las políticas comerciales mercantilistas eran efímeras quimeras.

De esta idea podemos deducir, a diferencia de los autores mercantilistas, que el comer- cio exterior no es un juego de suma cero en el que sólo se puede conseguir la expansión de las

exportaciones de un país a costa de la disminución de las exportaciones de otro. En vez de considerar que la ganancia de un país lleva consigo necesariamente el empobrecimiento de sus vecinos, Hume sostiene el criterio exactamente contrario. Ni los individuos ni las naciones tienen por qué temer la prosperidad de sus vecinos, pues el mero hecho de pertenecer a una comunidad próspera no puede por menos de redundar en beneficio de todos.

En definitiva, Hume se adhiere a la teoría cuantitativa del dinero, y la utiliza como pretexto para exponer sus ideas acerca de la importancia de las variaciones de las institu- ciones económicas:

“La cantidad absoluta de metales preciosos –afirma–, es un asunto casi indiferente. Hay sólo dos circunstancias que tienen una cierta importancia y son su incremento gradual y su cabal difusión y circulación por todo el estado”

Por consiguiente, es una falacia atribuir a los factores monetarios consecuencias que son realmente el resultado de «variaciones en las formas y costumbres de las gentes». La teoría monetaria del interés mantenida por los mercantilistas, que afirma que el tipo de inte- rés es inversamente proporcional a la oferta de dinero, es un ejemplo de dicho tipo de falacia. En lugar de ello, el tipo de interés reflejará primordialmente la oferta y la demanda de capital real, factores éstos, a su vez, que dependen de los «hábitos y formas de vida de la gente».

Así, en una nación agrícola, el tipo de interés será alto debido a que la demanda –ociosa, y buscadora de placer– de préstamos de los señores, encontrará sólo una débil ofer- ta. No hay una clase ahorradora o capitalista y no hay fondos acumulados para ser presta- dos, porque todo el dinero que entra «es disipado por los pródigos señores con tanta rapidez como lo reciben y la mísera clase campesina no tiene ni medios ni perspectivas ni ambición para obtener algo más que su simple manutención». El tipo de interés bajará conforme vaya avanzando el desarrollo económico, debido a que surgirá una nueva clase de comerciantes e industriales que adquirirá «pasión» por los beneficios y practicará la frugalidad, haciendo que “el amor por las ganancias prevalezca sobre el amor por el placer”. Al irse acumulan- do capital, su «abundancia hará disminuir el precio del mismo» y descenderán tanto los beneficios, como el interés.

La relación entre el tipo de interés y el tanto por ciento de beneficio no es una rela- ción causal en el sentido de que un bajo tipo de interés sea la causa de unos beneficios bajos o viceversa. Ambos reflejan el nivel de desarrollo económico y su relación es de mutua interdependencia, si bien ésta es más bien funcional que causal.

En este sentido, también hay que señalar el trabajo de Joseph Harris, Ensayo sobre dinero y monedas (1757-1758), en donde hace gala de un buen entendimiento, por un lado, del funcionamiento del comercio internacional y, por otro, de los pagos internacionales.

Se opuso enérgicamente a la idea del envilecimiento monetario y defendió de forma razonada la necesidad de un patrón monetario único. Pone de manifiesto los males de la inflación, que no duda en calificar como un robo para los acreedores. Entendía y expuso correctamente la teoría cuantitativa del dinero, poniendo de manifiesto los efec- tos negativos, aunque transitorios, de los cambios en el nivel de precios sobre la actividad económica.