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LAS INDUSTRIAS EUROPEAS

LA EXPANSIÓN ULTRAMARINA Y LAS ECONOMÍAS EUROPEAS

POSESIONES Portugueses

4. LAS INDUSTRIAS EUROPEAS

Al igual que la agricultura, el sector industrial incrementó su producción como respuesta a la creciente demanda y al estímulo de los precios en alza. En el siglo XVIla actividad indus-

trial se encontraba dispersa; no era frecuente la especialización regional para la exportación, sólo en algunas regiones existía una destacada industria especializada, como el sector textil en los Países Bajos. La mayor parte de la actividad industrial se concentraba en las ciuda- des, donde los artesanos ejercían su oficio en gremios. Excepto en los casos de ciertas industrias que requerían grandes inversiones de capital fijo, como la construcción naval o la minería, el taller familiar del artesano era la unidad de producción básica.

A lo largo del siglo XVIla industria siguió empleando las fuentes de energía tradicio-

nales, la energía hidráulica, la eólica y, sobre todo, el carbón vegetal. La demanda de madera creció por su utilización como material básico en la construcción de edificios y barcos y como combustible en la metalurgia y en la calefacción doméstica. Precisamente el uso intensivo de este recurso provocó la destrucción de gran parte de los bosques que rodeaban los centros de producción de las zonas más desarrolladas y provocó la integración de Noruega y Suecia en la economía de la Europa occidental como principales abastecedores de madera.

Durante el siglo XVIlos sectores industriales más destacados fueron el textil, la cons-

trucción de barcos, la metalurgia y la minería, que se analizan más detenidamente a conti- nuación. Desde el punto de vista del empleo industrial, el sector textil fue el más importante, seguido por las industrias relacionadas con la construcción.

La organización de la industria textil era prácticamente la misma que en la Baja Edad Media, basada en la industria doméstica, en los gremios y en la industria a domicilio. La mayor parte de la producción se llevaba a cabo en el seno de las familias campesinas, que elaboraban aquellos productos que necesitaban para su propio consumo o para mercados locales. En los gremios el artesano, por lo general, producía para el mercado, o bajo pedi- do y asumía un riesgo empresarial, aunque mínimo.

En la industria a domicilio o sistema de putting out, como veremos posterior- mente en el tema 6 cuando hablemos de la protoindustrialización, el comerciante-

empresario era el propietario de las materias primas y los instrumentos de trabajo, además del producto acabado; dependían de él diversos artesanos que trabajaban exclusivamente lo que se les suministraba y de la forma que les indicaba, sin autonomía económica. Estos artesanos (tejedores, hiladores) eran retribuidos a destajo, es decir, por obra realizada. La localización de la industria a domicilio pasó gradualmente a las zonas rurales, lo que permitió el incremento de la renta familiar, además de la posibilidad de abastecerse de bienes de primera necesidad a precios más bajos y de escapar a la fiscalidad de los centros urbanos y de las corporaciones. La estructura de la industria a domicilio se mantuvo, aunque incorporando mano de obra femenina y relajando los controles sobre la calidad de producción.

Las materias primas más utilizadas fueron la lana, el lino y la seda. La innovación más destacada en la industria de la lana fue obra de los fabricantes de tejidos flamencos y consistió en la elaboración de tejidos más ligeros y baratos (nouvelle draperie) que se extendieron en los mercados internacionales y desplazaron los tejidos medievales más bastos y pesados. La huida de un gran número de artesanos flamencos, tras la represión de la revuelta en los Países Bajos españoles, permitió que aparecieran en otras zonas europe- as, sobre todo en Inglaterra, industrias productoras del nuevo paño, y la industria de la lana, tradicionalmente controlada por los italianos, pasó gradualmente a manos de ingleses, holandeses y franceses.

La industria textil castellana experimentó durante la primera mitad del siglo XVIun

rápido crecimiento, lo que se tradujo en un importante volumen de exportaciones de paño de calidad, a la vez que mantenía sus tradicionales exportaciones de lana merina en bruto. Sin embargo, el aumento de la demanda nacional y, especialmente, de las colonias no fue seguido por un incremento paralelo de la oferta y los precios se elevaron. La desacertada intervención del gobierno que permitió la importación libre de impuestos de tejidos extran- jeros en 1548, y prohibió la exportación de paños castellanos, excepto a las colonias, en 1552, provocó el estancamiento y crisis posterior de esta industria. La prohibición de expor- tación se levantó en 1555, pero para entonces la pérdida de los mercados extranjeros y el aumento de los costes producidos por la inflación habían afectado profundamente a la industria textil castellana.

La producción sedera estaba localizada en la cuenca del Mediterráneo, de ahí que su industria textil se concentrase en esta zona, donde también podía aprovechar las importa- ciones de seda procedentes de Irán. La producción de lino se localizaba más al norte y en áreas más dispersas.

La construcción fue otro sector que junto con el textil destaca en lo referente a ocupa- ción durante este siglo, algo explicable si se tiene en cuenta que las necesidades básicas de la población en una economía preindustrial son el alimento, la vivienda y el vestido. En lo que se refiere a la construcción, gracias a la adopción de nuevas técnicas de proyección y de cálculos de estática, se llevó a cabo la construcción de edificios generalmente más gran- des, así como puentes y canales. Pero donde más evolucionaron las técnicas fue en la cons- trucción naval, sector que experimentó profundas transformaciones, especialmente en los Países Bajos holandeses.

En el siglo XVI había una gran variedad de embarcaciones, algunas de las cuales

seguían utilizando la fuerza de los remos, aunque estaban dotadas también de alguna vela que se usaba en los momentos de navegación tranquila (galeras mediterráneas, buques de guerra). Sin embargo, en los barcos mercantes predominaba la vela y los remos se utiliza- ban exclusivamente para las maniobras en el puerto y emergencias; la evolución de los barcos de vela fue rapidísima, y se experimentaron una gran variedad de quillas y veláme- nes diferentes. Se buscaba la seguridad en la navegación y la reducción en el coste de los transportes, de ahí que aumentase el volumen que desplazaban los buques y se redujese la relación tripulación/carga de las embarcaciones, así el tamaño de los barcos para el comer- cio en el Atlántico aumentó de 200 a 600 toneladas a lo largo del siglo XVI, y la relación

tripulación/carga pasó de ser de cuatro o cinco toneladas de arqueo por marinero en el siglo

XV, a siete toneladas a mediados del siglo XVI.

Los mayores constructores de barcos de guerra (galeón) fueron los portugueses, españoles e ingleses, sin embargo, fueron los holandeses quienes destacaron en la cons- trucción de barcos para el comercio. La flota mercante holandesa experimentó un creci- miento vertiginoso a lo largo de los siglos XVIy XVII, gracias a la rápida expansión de su

comercio. Los constructores holandeses respondieron al aumento de la demanda racionali- zando sus astilleros e introduciendo técnicas elementales de producción en masa. Gracias a su eficacia, abastecieron no sólo a la flota de su país, sino también a todas sus rivales. Su innovación más importante fue el fluyt, barco especialmente diseñado para cargas volumi- nosas de poco valor, como grano y madera, que funcionaba con menores tripulaciones que las de los barcos convencionales.

Aunque de una importancia relativamente menor en términos de empleo y produc- ción, las industrias metalúrgicas adquirieron un gran desarrollo gracias a la creciente demanda militar, ya que, tanto en la infantería como en la marina, se habían generalizado las armas de fuego. El hierro y el bronce fueron los más solicitados por los militares, aunque el estaño, plomo y cobre sirvieron como base de diversas aleaciones para uso doméstico e industrial, como el peltre utilizado en la fabricación de utensilios de cocina y en los tipos de imprenta.

El mayor número de innovaciones se produjo en el trabajo del hierro, tanto en el proce- so de fundido, como en otras operaciones secundarias. A comienzos del siglo XVIel sureste de los Países Bajos (Valonia) era el centro metalúrgico más avanzado de Europa en la produc- ción de hierro y en la aplicación de numerosas innovaciones; otros centros importantes esta- ban localizados en Alemania, norte de Italia, norte de España y Francia. A lo largo del siglo los altos hornos se extendieron por toda Europa, localizándose en las zonas donde había mine- ral de hierro y abundante combustible, ya fuera madera o energía hidráulica.

La explotación de las minas conoció un proceso de gran expansión, y bajo la presión de la creciente demanda, se mejoraron las técnicas, lo que dio lugar a pozos más profundos, mejor ventilación y maquinaria de bombeo. Las principales innovaciones fueron obra de mineros alemanes, especialmente sajones, que aplicaron las mejoras técnicas en la explota- ción de las minas de Europa central, y fueron contratados como expertos en Inglaterra, Hungría y América.

La mayor demanda de minerales, especialmente cobre, plata, hierro, mercurio y sal gema, impuso una compleja organización de instalaciones y trabajadores, que exigía recur- sos financieros de una entidad desconocida hasta entonces. La escala de las empresas creció y aparecieron las primeras grandes concentraciones de trabajadores. Muchas grandes casas bancarias, como los Fugger de Augsburgo, en Alemania, invirtieron en empresas del sector, garantizando no sólo la producción, sino también la distribución de los metales y de los productos derivados en cualquier parte del mundo.

Mención especial merece el carbón, cuya demanda comenzó a crecer en el siglo XVI, motivada por la gran escasez de madera, utilizada hasta el momento como material y combustible. El carbón, a pesar de las frecuentes leyes que prohibían su uso por sus carac- terísticas nocivas, se convirtió en el combustible doméstico más utilizado en Londres en el siglo XVI, y poco a poco fue penetrando en industrias de alto consumo de combustible.

Los descubrimientos en ultramar también tuvieron repercusión en este sector, ya que permitieron la aparición de nuevas industrias, como las refinerías de azúcar y las fábricas de tabaco. Algunas industrias tradicionales, cuya producción había estado muy localizada, se extendieron por toda Europa, como la fabricación de cristal fino, instrumentos ópticos y relojería. El principal productor de éstos y otros productos de lujo durante la Edad Media, había sido Italia, pero en el siglo XVIsurgieron otros países productores de objetos simila-

res, aunque de menor calidad y a menor precio, lo que provocó la progresiva decadencia industrial de Italia. El desarrollo de la imprenta condujo también a un crecimiento de la demanda de papel y a la aparición de imprentas en toda Europa que multiplicaron el núme- ro de títulos y ejemplares.