LA EXPANSIÓN ULTRAMARINA Y LAS ECONOMÍAS EUROPEAS
POSESIONES Portugueses
2. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN
Durante el siglo XVI la población europea recuperó e, incluso, superó el nivel que había
alcanzado antes de la peste del siglo XIV. Se estima que la población de Europa era de unos 45 o 50 millones a mediados del siglo XV, de 80 a 85 millones alrededor de 1500, de 100 a
110 millones alrededor de 1600 y de 110 a 120 millones alrededor de 1700. Por tanto el siglo XVIfue un periodo de expansión demográfica, en tanto que en el siglo XVIIel incre-
mento de la población fue muy moderado.
Sin embargo, la tasa de crecimiento demográfico no fue uniforme a lo largo del siglo. En términos generales, fue mayor en la primera mitad de la centuria y tendió a la desacele- ración durante la segunda mitad. Tampoco el proceso de crecimiento fue homogéneo en toda Europa, invirtiéndose los términos en algunas regiones como Italia, que sufrió un serio declive demográfico y económico en la primera mitad del siglo debido al estado de guerra en que se encontraba sumida.
Este crecimiento se debió a múltiples factores, entre los que puede citarse la dismi- nución gradual en la incidencia de la peste y de otras enfermedades epidémicas, probable- mente como resultado de la creciente inmunización natural y de los cambios ecológicos que afectaron a los portadores. Las mejoras salariales experimentadas durante el siglo XVproba-
blemente estimularon matrimonios más tempranos y, por tanto, una tasa de natalidad más alta. Así mismo, se produjo cierta mejora en la alimentación y la aparición de las primeras normas sobre intervenciones sanitarias. En todo caso, gracias a una reducción de las tasas de mortalidad y a una elevación de las de natalidad, la población de Europa experimentó un crecimiento sostenido que continuó a lo largo del siglo XVI, incluso después de que hubie-
ran cambiado las condiciones favorables iniciales.
Sin embargo, el crecimiento de la población, aunque general, no fue uniforme, varian- do su densidad en las distintas regiones europeas, generalmente en función de la productivi- dad de la agricultura. No obstante, en términos generales, se puede hablar de superpoblación en la segunda mitad del siglo XVI, incluso en las regiones montañosas y poco fértiles, prueba
ricas pero también superpobladas, lo que condujo a un mayor fraccionamiento de las tierras cultivables, y a una importante migración hacia las ciudades.
Así pues, la población urbana, especialmente en el norte de Europa, creció más rápi- damente que el total, gracias a las migraciones interiores. Las oportunidades laborales que ofrecían las ciudades atraían a los habitantes de las zonas rurales circundantes. Se estima que se produjo una variación del porcentaje de la población urbana en Inglaterra del 3,1 al 5,8 por 100, en España del 6,1 al 11,4, en Portugal del 3 al 14,1, y en los Países Bajos septentrionales del 15,8 al 24,3. El aumento de tamaño más notable ocurrió en ciudades que se beneficiaron del desarrollo de nuevas actividades y del cambio de las vías del comercio, como Londres, Ámsterdam, Berlín, Viena, Moscú o Madrid.
No obstante, la Europa de este período era una Europa rural, puesto que de cada diez europeos, siete vivían en el campo y otros dos en pequeñas ciudades campesinas. Así mismo, la distribución de los centros urbanos importantes era muy desigual; la mayor parte de estos se sitúan en la Italia meridional y la llanura costera del mar del Norte.
Estrechamente relacionado con el fenómeno de las corrientes migratorias hacia las ciudades está el problema del aprovisionamiento de cereales. A lo largo del siglo XVI se
produjo una sucesión de épocas de carestía que obligaron a las ciudades a dotarse de orga- nizaciones estables para gestionar los problemas de abastecimiento y los Estados promul- garon gradualmente normas encaminadas a garantizar la disponibilidad de cereales, alternando prohibiciones de exportación e iniciativas de aprovisionamiento.
Las guerras también contribuyeron notablemente a los desplazamientos de la pobla- ción, debido a la destrucción de las cosechas o a la desaparición de las provisiones que se producían al paso de los ejércitos que se abastecían de los recursos del territorio en el que se encontraban, sin importar que fueran amigos o enemigos.
Así mismo, durante los siglos XVIy XVII, las medidas de expulsión colectiva como la de los judíos y moriscos en España, la emigración de los protestantes de los Países Bajos españoles y la salida de los hugonotes de Francia tras la revocación del edicto de Nantes, provocaron el desplazamiento de un gran volumen de población, parte de la cual estaba compuesta por técnicos y especialistas de diversos oficios y producciones.
Aquellos países que contaban con imperios coloniales, como Portugal y España, pudieron canalizar el exceso de población mediante la migración a las colonias, aunque la emigración a ultramar durante los siglos XVIy XVIIfue casi insignificante para el conjunto de Europa. La emigración hacia América se nutrió sobre todo de individuos que buscaban realizar negocio con el comercio de ultramar, explotando los recursos que gradualmente ofrecían las exploraciones en el interior del continente. Así pues el núcleo fundamental de la emigración europea estuvo formado por marinos, comerciantes y funcionarios de las monarquías que poseían colonias, muchos de los cuales volvieron después a sus lugares de origen.
Entre las migraciones hacia América a lo largo del siglo XVI hay que destacar la protagonizada por población no europea, los esclavos, procedentes por lo general de Áfri- ca, que, como veremos, fueron llevados al nuevo continente para satisfacer las exigencias de mano de obra en las nuevas plantaciones.
También hubo flujos de población hacia Asia y África, aunque no puede considerar- se como auténtica emigración, ya que se produjo el desplazamiento de los individuos indis- pensables para la gestión de las bases comerciales y militares que los países europeos, sobre todo Portugal, organizaron como puntos de referencia de su comercio.
3. LA AGRICULTURA
La expansión agrícola se vio estimulada por una serie de factores entre los que sobresale el crecimiento demográfico. Crecimiento que, a su vez, provocó una mayor demanda de alimentos y materias primas para la transformación industrial, así como una mayor fuerza de trabajo utilizada en la agricultura. Otro factor destacable fue el incremento de los precios, que afectó a los costes de los productos agrícolas y, en especial, al de los cereales para elaborar pan.
Los nuevos productos descubiertos en las colonias no tuvieron un papel significati- vo en la expansión de la agricultura europea en el siglo XVI, ya que en aquella época cons-
tituían más un objeto de curiosidad que de interés económico. Esta situación no comenzó a cambiar hasta finales de siglo, debido sobre todo a la extensión del cultivo del maíz.
El panorama de la agricultura europea durante el siglo XVIes muy variado, no sólo
por la diversidad en los cultivos, sino, sobre todo, por las transformaciones que se produje- ron en la estructura legal y social de la propiedad de la tierra y en los métodos de adminis- tración de la explotación agraria.
Existe una gran variedad de formas de propiedad de la tierra y modos de organiza- ción de la explotación agraria. No obstante, pueden señalarse dos zonas claramente dife- renciadas en cuanto a sus características y proceso de desarrollo.
En las regiones de Europa oriental los propietarios de la tierra (nobles o eclesiásticos) ampliaron sus posesiones haciendo valer unos derechos seculares. Los elevados beneficios obtenidos por la exportación de cereales permitieron a los propietarios aumentar sus explota- ciones. En estos territorios se impuso la administración directa por parte del señor de toda la propiedad. Este proceso tuvo como consecuencia la disminución del número de campesinos arrendatarios que disfrutaban de mejores condiciones, y el aumento considerable de los que disponían de explotaciones diminutas y estaban obligados a realizar trabajo obligatorio para el señor. Así mismo, se redujo gradualmente el tiempo de duración de los contratos y se endure- cieron sus términos, con el resultado de que el arrendatario perdió su derecho a dejar la tierra y se convirtió prácticamente en siervo. Este proceso fue acompañado de frecuentes protestas y revueltas campesinas que no consiguieron frenar la instauración de la servidumbre.
Por el contrario, en las regiones occidentales de Europa se aceleró el proceso de diso- lución de las viejas propiedades señoriales. El empobrecimiento de la aristocracia terrate- niente motivado por la devaluación monetaria, las guerras y las revueltas campesinas contribuyeron a erosionar los derechos y prerrogativas feudales y a facilitar la transferencia de la propiedad de la tierra.
Hasta finales del siglo XVI los derechos señoriales sufrieron un continuo debilita-
su propia administración, por lo que el trabajo obligatorio de los campesinos prácticamen- te desapareció o fue sustituido por pagos en dinero o en especie. Las tierras no explotadas directamente por el señor quedaron en manos de campesinos mediante contratos de arren- damiento o aparcería e, incluso, en algunas zonas fueron expropiadas por ley, dando lugar a la extensión de la pequeña y mediana propiedad campesina, especialmente en Francia y Alemania. Los campesinos que poseían parcelas de tierra podían disponer libremente de ellas, dividirlas, venderlas o transmitirlas a sus herederos.
Ahora bien, a la vez que aumentaban las pequeñas explotaciones también se expan- dían las propiedades señoriales a costa de las tierras comunales de los pueblos, donde se ejercían tradicionalmente derechos de pasto, aprovechamiento de bosques, etc. Basándose en supuestos derechos de propiedad, los señores expropiaron un tercio de la propiedad comunal (de ahí el término triade), proceso en el que se vieron favorecidos por el fuerte endeudamiento de las comunidades rurales con respecto a su señor.
Mención aparte merece Gran Bretaña y España, donde se produjo un aumento de la extensión de las grandes propiedades. En Gran Bretaña el pequeño propietario fue desapa- reciendo progresivamente y la sociedad rural tendió a una estructura de tres niveles: los terratenientes propietarios de su tierra, los agricultores arrendatarios que cultivaban tierras sin poseerlas y los trabajadores agrícolas que no tenían tierra.
En España se produjo un reforzamiento de la propiedad feudal, tanto laica como ecle- siástica. La situación de prosperidad económica que se produjo en el siglo XVIindujo a los gran-
des propietarios a ampliar aún más sus explotaciones. La usurpación de bienes comunales y de pastos y las reclamaciones de tierras trabajadas por los campesinos fueron los sistemas que se pusieron en práctica y que aceleraron la concentración de la propiedad agraria.
Aunque procedente de épocas anteriores, el mayorazgo se extendió desde comien- zos del siglo XVI, convirtiéndose entre los nobles españoles en la forma dominante de la
propiedad. El mayorazgo agrupaba una serie de bienes, sobre todo tierras y derechos seño- riales, que debían heredarse indivisos dentro de una familia, primando el varón primogéni- to. El heredero del título nobiliario recibía estos bienes y sus rentas correspondientes, pero no podía disponer de ellos libremente (no podía venderlos, repartirlos entre sus hijos o hipo- tecarlos) ya que tenía que mantenerlos intactos para transmitirlos, a su vez, al primogénito. Inicialmente, esta institución garantizaba la perpetuación de la nobleza, pero posteriormen- te se extendió también entre burgueses enriquecidos y medianos propietarios rurales, que la utilizaban como un medio de acceder a la nobleza. La proliferación de los mayorazgos hizo disminuir sensiblemente la proporción de tierras que salían al mercado.
Otro problema que afectó a la agricultura española de la época fue la rivalidad exis- tente entre agricultores y propietarios de ganado ovino. El Honrado Concejo de la Mesta, asociación de propietarios de ganado lanar, fue una institución nacida probablemente en el siglo XIIIcon el apoyo de la Monarquía castellana y cuya función era proteger el desarrollo
de la actividad trashumante en los territorios de la Corona de Castilla. La Mesta disfrutaba de un gran número de privilegios, en detrimento de la agricultura, que fueron aumentando con el paso de los siglos y que iban desde la libertad de paso y la conservación de las caña- das al mantenimiento de pastos abundantes y baratos para el ganado. La protección de la
Monarquía sobre la Mesta se debió a razones tributarias, ya que los ganaderos pagaban altos impuestos y la lana merina, muy demandada en los Países Bajos y otros centros de la indus- tria textil, reportaba a la Corona castellana altos ingresos en concepto de aranceles de expor- tación.
En cuanto a los sistemas de cultivo practicados en España, no se produjeron cambios sustanciales con respecto a épocas anteriores, los útiles de labranza apenas evolucionaron y el crecimiento de la producción dependía en su mayor parte de la extensión de la superficie cultivada. Las reglamentaciones de las comunidades rurales tenían un gran peso, ya que gestionaban los recursos comunales (pastos, bosques e incluso tierras de labor) y regulaban la actividad productiva fijando las fechas de las labores y las especies cultivadas. Durante el primer tercio del siglo XVIse expandió el cultivo del cereal, especialmente en la meseta,
como respuesta a la creciente demanda. Las múltiples quejas por la subida de los precios llevaron al gobierno a implantar la tasa del grano en 1539 y, posteriormente, a importar grano extranjero sin aranceles. Estas medidas desincentivaron a los agricultores que redu- jeron la extensión dedicada a este producto, y España se convirtió en un importador habi- tual de grano.
En algunas áreas de Murcia, Granada, Valencia y Aragón se había desarrollado el rega- dío, y cobraron importancia actividades alternativas orientadas a la producción de materias primas para la industria, como la producción de seda o azúcar. Los impulsores de estas acti- vidades fueron los moriscos que permanecieron en el reino hasta su expulsión en 1609.
Un proceso radicalmente diferente se dio en los Países Bajos, donde hubo notables innovaciones, especialmente después de su independencia en 1579. Se suprimieron los derechos señoriales y se produjo una amplia parcelación de las tierras, gran parte de las cuales fueron a parar a manos de la burguesía. Esto dio como resultado la introducción de modernos métodos de explotación, más remuneradores, en las propiedades agrarias, que eran arrendadas preferentemente por períodos cortos, con objeto de facilitar la adaptación a las cambiantes condiciones económicas. También aparecieron alrededor de las ciudades numerosos huertos, y aumentaron las inversiones en la ampliación de nuevas tierras mediante el drenaje de zonas pantanosas y tierras de estuario.
Los Países Bajos se convirtieron en la zona agrícola europea más avanzada, en espe- cial Holanda. El rápido desarrollo urbano, la expansión de su industria textil, así como su superioridad comercial sirvieron como acicate para que se desarrollase una agricultura basa- da en la especialización. En lugar de intentar producir lo máximo posible para el propio consu- mo, como hacían la mayoría de los campesinos en el resto de Europa, los granjeros holandeses producían para el mercado, comprando también en éste bienes de consumo, intermedios y de capital. Los agricultores holandeses se especializaron en productos de valor relativamente alto, especialmente ganado y productos lácteos, que orientaron hacia la exportación. También practicaron la horticultura en las zonas cercanas a las ciudades, así como una gran diversidad de cultivos para uso industrial, como el lino, el glasto, la rubia, etc.
Por lo que se refiere a las técnicas y productividad agrícolas en la mayor parte de Europa, no hubo apenas innovaciones. Se emplea el sistema de dos hojas y el barbecho trie- nal, con unos rendimientos bajos y una producción orientada principalmente al abasteci-
miento local, excepto en algunas zonas, como las regiones próximas al Mar Báltico, donde la producción, principalmente de cereales, se orientó a la exportación.
El incremento de la producción agrícola en Europa fue el resultado de habilitar para el cultivo tierras que hasta la fecha no habían sido explotadas y que tenían una menor capa- cidad de rendimiento. Las nuevas tierras fueron destinadas, sobre todo, al cultivo de cerea- les panificables, para satisfacer la demanda de alimentos de primera necesidad de las ciudades, por lo que su precio se incrementó en mayor medida que el del resto de produc- tos agrícolas. La expansión de los cultivos entró al final en conflicto con la ganadería, excepto en ciertas zonas que tradicionalmente se habían especializado en la cría de ganado, como Dinamarca. Sin embargo, la expansión de la superficie cultivada no fue suficiente, por lo que fue necesario importar cereales de Europa oriental. Estas importaciones se desti- naron principalmente a los Países Bajos, islas Británicas, norte de Francia y, en la segunda mitad del siglo también a los países del sur de Europa.