LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS EN LA EUROPA MEDIEVAL
MOVIMIENTO DE UNA LETRA DE CAMBIO
2.5. La gran depresión medieval
El último periodo de este largo milenio estuvo marcado por una fuerte depresión económica y una importante crisis demográfica. Se ha escrito mucho sobre la influencia de la peste negra en la precaria situación de la crisis global del siglo XIV, pero no se debe exagerar la impor- tancia de ese desafortunado suceso, puesto que desde finales del siglo XIIIse habían mostra-
do claros signos de estancamiento en todos los sectores: demográfico, social y económico.
2.5.1. Estancamiento e inflación
La presión demográfica persistía sobre una economía agotada e insegura. Los precios se elevaron desmesuradamente. Las manipulaciones monetarias intentaron paliar la desespe- rada situación del tesoro real y la compleja sociedad medieval monetarizada entró en una
crisis sistémica13, según G. BOIS (2003). Un análisis malthusiano sugiere que la expansión
demográfica de los siglos anteriores a la epidemia creó una situación donde el crecimiento de la población superó los recursos en alimentos dando como resultado unas crisis de subsistencia más graves, en particular la gran hambruna de 1315-17. También la fiscalidad contribuyó al debilitamiento de la economía rural, pues para el campesino era una espuela. En el sector industrial la situación era más compleja y contradictoria, pero los arte- sanos se quejaban del hundimiento de la demanda, incluso en los paños. A su vez la deslo- calización de las actividades textiles fue otro rasgo de la crisis. Esto respondía a la voluntad de escapar de las obligaciones de los reglamentos gremiales y además, en Inglaterra influ- yó la pesada fiscalidad sobre la lana, junto a la defensa de los salarios por parte de los teje- dores. Pero ninguna actividad industrial escapó al retroceso de conjunto, visible también en la construcción, en la minería, en las salinas, etc., porque el dinero escaseaba.
Por otra parte, la violencia se volvió un fenómeno endémico alimentado por las frus- traciones sociales. La generalización de la guerra (por ejemplo, la de los “Cien Años” comenzó en 1337 entre Inglaterra y Francia y no acabó hasta 1453, devastándose gran parte del territorio francés) constituyó la última expresión de las disfunciones de una sociedad enfrentada con problemas, que ya no podía dominar. Europa en su conjunto fue sacudida por la tormenta militar. Pero, además, hay que prestar atención a las “compañías” de fora- jidos, testimonios vivos de la descomposición social que acompañó y prolongó la guerra, puesto que ya no se pagaban sueldos a los hombres en armas. Estas compañías estaban formadas por nobles desclasados o bastardos, campesinos liberados de sus ataduras, etc. de todos los confines de Europa. En suma, guerra y peste, asociadas al hambre fueron consi- deradas como los tres azotes de Dios, responsables de la mayoría de sus males.
2.5.2. La Peste Negra
La aparición y rápida propagación de la epidemia en Europa se facilitó por las numerosas rutas comerciales que habían establecido los mercaderes entre Europa y Asia Central. Tras afectar a los comerciantes genoveses del puerto de Caffa (estaba asediada por los mongoles que lanza- ban por las murallas cadáveres apestados) en Crimea en 1347, llegó casi inmediatamente a Constantinopla y, de ahí, se extendió por el Mediterráneo. A finales de 1348 afectaba a la mayo- ría de Europa meridional y occidental, con casos registrados ya en el verano en Inglaterra. Durante los dos años siguientes se expandió por el resto de las Islas Británicas, Alemania y Escandinavia. Le peste bubónica era una enfermedad de las ratas negras, que afectaba a los humanos cuando el bacilo de Yersin era trasmitido a través de las pulgas (la pulga Xenopsylla Cheopis, que va en las ratas, propagó la peste más deprisa en verano, porque los bacilos no se multiplican con temperaturas frías).
La peste pulmonar producía una mortalidad mayor y era una variedad más contagio- sa de la misma enfermedad, porque se propagaba al respirar los bacilos de las personas infectadas. Aunque no se puede precisar con exactitud el número de personas que perecie-
13 Es sistémica porque los orígenes del estancamiento se hallan en las estructuras del feudalismo, porque no
puede encontrar salida en una autorregulación a corto plazo y porque desborda la esfera económica y pene- tra en la esfera social y política.
ron por esta epidemia, se considera que sucumbió aproximadamente una tercera parte de la población de Europa occidental, aunque con grandes diferencias entre las ciudades portua- rias y el interior. Por ejemplo, Albi y Florencia perdieron la mitad de la población; Génova y Hamburgo, dos tercios y Bremen hasta tres cuartas partes; en cambio, el interior de Europa: Polonia, Hungría y la meseta castellana se vieron menos afectadas. Por tanto, la peste no fue un simple factor exógeno de la crisis, fue un cataclismo.
2.5.3. Consecuencias económicas de la crisis
Desde mediados del siglo XIVhasta mediados del siglo XVse propagaron una serie de epide-
mias, que ya habían causado estragos anteriormente, pero que se manifestaron con mayor virulencia: sarampión, tifus, tuberculosis y, sobre todo, la viruela que diezmaba a los niños y jóvenes. Los efectos inmediatos fueron una brutal caída de la producción, del consumo y de los intercambios comerciales, aunque el choque fue portador de rápidas capacidades de recu- peración. En el orden demográfico, teniendo en cuenta la extrema sobrepoblación anterior, la sangría fue un alivio. Permitió el establecimiento de nuevas familias en tierras disponibles, con mejores salarios, se produjo cierta concentración de las explotaciones y se abandonaron tierras marginales, que fueron ocupadas de nuevo por el ganado, con lo que mejoró la dieta proteica y se obtuvieron rendimientos crecientes en la agricultura, es decir, se revitalizó el sector agrario. La excepción la marcó Inglaterra, que en plena epidemia de peste congeló los salarios y dos años después inició una verdadera reacción feudal, la cual presionó fuertemen- te al campesinado inglés. En 1381 se produjo un levantamiento popular4, que anuncia a la vez
la extinción de la servidumbre y los primeros pasos del capitalismo agrario.
En definitiva, se produjeron dos hechos indiscutibles: el descenso del precio de los productos agrarios y las distorsiones entre precios industriales y agrícolas, por un lado, y entre salarios y precios, por otro. Además, el impacto del descenso será mayor o menor, según el grado de apertura de las explotaciones señoriales o campesinas al mercado; asimis- mo el impacto de la evolución de precios y salarios variará en función de la mano de obra asalariada, indispensable para su funcionamiento, pero es innegable el impacto coyuntural que sufrieron las explotaciones rurales en el conjunto de la gran depresión. Por su parte, los monetaristas intentan demostrar que la contracción de la masa monetaria fue la causante del descenso de los precios; otros afirman que se debió a una disminución de la demanda, pero la oferta también se vio afectada. Por tanto, el problema es mucho más complejo.
La sombría serie de desastres que desbarató a Europa acabó a mediados del siglo XV.
Francia reconstruyó su economía después de la guerra de los Cien Años. Las coronas de Castilla y Aragón sentaban las bases del futuro poderío español, mediante la unión perso- nal de Isabel y Fernando. Portugal prosiguió sus avances por la costa africana. El sur de Alemania entraba en un excepcional desarrollo por los descubrimientos de las minas de plata y cobre del Tirol y de la zona de Sajonia-Bohemia. Los pequeños estados italianos gozaban de un formidable bienestar cultural y económico. En suma, a lo largo de los últi- mos siglos se habían ido asentando las bases del naciente Renacimiento.
4 En Francia la explosión campesina, profundamente antiseñorial se había producido en 1358: la Jacquerie de