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Inglaterra entre el conflicto y la rivalidad comercial

DECADENCIA Y AUGE EN LA EDAD MODERNA:

5. LECTURAS RECOMENDADAS 6 BIBLIOGRAFÍA

1.3. Inglaterra entre el conflicto y la rivalidad comercial

Hasta ahora hemos descrito la evolución económica de dos países que durante el siglo XVII

tomaron direcciones opuestas: España hacia el declive y la crisis malthusiana y Holanda hacia el desarrollo y el crecimiento ininterrumpido. El camino que emprendió Inglaterra en este siglo fue diferente al de los otros dos; por una parte no era una potencia como Holanda pero aspiraba a igualarla en el comercio y la manufactura, por otra parte, comenzó el siglo

con monarcas absolutos que –como los Austrias en España– no dudaron en financiarse a través de la confiscación impositiva. Dos movimientos antagónicos que llevaron a Inglaterra al conflicto civil pero que afortunadamente se zanjó con la victoria del poder parlamentario. Por todo ello y a diferencia de los casos estudiados de España y Holanda en el que ya en el mismo siglo XVIIexperimentaron la crisis y la bonanza económica respecti-

vamente, en el caso de Inglaterra este siglo puede considerarse en cierto sentido de transi- ción. No disfrutaron de los frutos de la especialización y del comercio internacional como los holandeses, pero tampoco se puede decir que padecieran los terribles males asociados a una crisis malthusiana. Fue por tanto un periodo de transición en el que se establecieron las bases para que, con el tiempo, Inglaterra se alzara a la cúspide económica mundial.

Uno de los aspectos dignos de mención en este siglo en Inglaterra tiene que ver con los constantes esfuerzos de la monarquía por obtener ingresos mediante el establecimiento de impuestos y la venta de privilegios. La controversia entre el Parlamento y los Estuardo es la disputa más conocida. La corona, que participaba en costosas luchas entre diversas naciones, necesitaba cada vez mayores ingresos que el Parlamento se resistía a conceder. Después de décadas de tensión, sobrevino una guerra civil entre la monarquía y el parla- mento entre 1642 y 1649 que acabó con el juicio, la condena y ejecución de Carlos I. No fue el final del periodo de turbulencias, a la posterior República de Cromwell, le siguió la Restauración de la dinastía de los Estuardo con Carlos II y no fue hasta la Revolución Gloriosa de 1688 que el poder del parlamento no se impuso sobre la monarquía. De todo ello se deduce las muchas similitudes en el punto de partida que existían entre España (y también Francia) con Inglaterra; las crisis fiscales por las guerras europeas forzaban a los monarcas de Europa a utilizar su control sobre la economía para obtener ingresos; las dife- rencias entre unos y otro es que en el caso inglés la corona se enfrentó a una cámara de representación lo suficientemente fuerte para coartar sus aspiraciones.

Un aspecto menos conocido en la historia de Inglaterra son los subterfugios creados por los súbditos para evitar la reglamentación pública de la actividad económica. Desde época de Isabel I existía el Statute of Artificiers –el Estatuto de los Artesanos– una estricta reglamentación en la manufactura que congelaba la estructura de la actividad económica e impedía la movilidad de factores. La reglamentación sin embargo pudo sortearse por tres vías. Primero, se trataba de una reglamentación válida sólo para las industrias existentes en aquel momento, no para las que pudieran aparecer. En segundo lugar, como veremos segui- damente, la manufactura huyó de la influencia de los gremios urbanos y se desplazó a la zona rural en lo que se conoce como protoindustrialización. Por último, la ejecución de la norma se dejó en manos de jueces de paz que no cobraban por hacer cumplir la ley y en consecuencia su diligencia en esta tarea no fue realmente estricta.

Otra de las legislaciones más importantes del siglo XVII inglés es el Statute of Monopolies aprobado en 1624 por el Parlamento. Esta ley, apoyada por un grupo de comer- ciantes e industriales a quienes les inquietaba las restricciones que limitaban sus activida- des, además de proscribir los monopolios reales incorporó un derecho de patentes como protección y estímulo a la innovación. Aunque la batalla política inglesa del XVIIno dejara ver los frutos de esta ley inmediatamente, con el transcurrir de los años iba a dejar huella en el desarrollo económico inglés (North y Thomas, 1991). Antes de que existiera esta

protección a la invención, las innovaciones podían copiarse sin ningún coste y sin que el innovador recibiera ninguna recompensa. De esta manera, Inglaterra, a comienzos del siglo

XVIII, poseía un sistema de derechos eficientes que favorecía la invención y, con ello, esta- blecía la base institucional para la primera revolución industrial (North, 1994).

Hasta ahora hemos visto como la incapacidad de ejercer el control económico de la corona influyó en la ineficacia de las antiguas reglamentaciones gremiales y alentó la iniciativa parlamentaria para crear leyes que fomentaran la innovación. Además del conflic- to político entre monarquía absoluta y el Parlamente existía una preocupación adicional en la mente de los ricos comerciantes, terratenientes y aristócratas que conformaban el Parlamento inglés y que, en este caso, era también compartida por la corona: cómo evitar la hegemonía holandesa en el comercio internacional. La legislación más famosa a este respecto que ha quedado en los anales de la historia económica como la quintaesencia de la política mercantilista son las Leyes de Navegación o Navegation Acts. Según estas leyes, aprobadas por el Parlamento en 1651 y renovadas en el periodo de la Restauración en 1660, todos los bienes importados que llegaban a Inglaterra debían ser transportados por barcos ingleses o por barcos del país de origen de las mercancías2. De ese modo se evitaba que las

ganancias por el transporte fuesen a parar a terceros, especialmente a los por entonces envi- diados y competitivos holandeses. Sin embargo, en muchas ocasiones los barcos de bande- ra inglesa habían salido de los armadores holandeses. Como era habitual las Leyes de Navegación inglesas también reservaron para la metrópoli el tráfico comercial con las colo- nias y se baraja como una de las razones por las que las prósperas colonias americanas pron- to consideraron la posibilidad de emanciparse y evitar la dependencia de la metrópoli.

Por último, aunque no guarda relación directa ni con los problemas políticos ni con las rivalidades comerciales, hemos de señalar que durante la centuria se continuó con el proceso de cercamientos de las tierras o enclousers que había comenzado en fechas tan tempranas como el siglo XIII. El aumento en el precio de la lana estimuló la parcelación de

los terrenos de pastos durante el siglo XVI. Durante el XVII, la demanda de productos agra- rios y el aumento relativo del valor de las cosechas, por su parte, presionó para que se cerca- ran las tierras de cultivo y poder poner en práctica las técnicas de la agricultura intensiva importadas de los Países Bajos. Más adelante, cuando abordemos la Revolución Industrial, veremos cómo la política de cercamientos de tierras favoreció el aumento en el rendimien- to de los cultivos con nuevas técnicas agrícolas.

En definitiva, con el Estatuto de Monopolios o con cercamientos de terrenos, duran- te el siglo XVII, Inglaterra al mismo tiempo que consolidaba su estructura política pudo

hacerse con una base institucional lo suficientemente sólida para que su economía con el tiempo creciera a un ritmo jamás conseguido por ninguna nación hasta entonces.

2. LAPROTOINDUSTRIALIZACIÓN

La producción de manufacturas que se desarrolló en diversas zonas rurales europeas duran- te los siglos XVIIy XVIIIes el proceso que se denomina Protoindustrialización. Como resul-

tado de la protoindustrialización, a principios del siglo XVIIIalgunas zonas de Europa occi-

dental ya contaban con concentraciones industriales de cierta importancia.

Los términos protoindustria y preindustria no son, sin embargo, sinónimos. No todas las formas de industrialización tuvieron su correspondiente protoindustria. Es más, la protoindustria significó una discontinuidad entre la preindustria – que se desarrolló en las zonas urbanas– y el capitalismo industrial, caracterizado por procesos fabriles y mecaniza- dos. El capitalismo industrial no sería la forma de producción hegemónica hasta los prime- ros decenios del siglo XIX.

La protoindustria está conectada con la nueva pañería3, ya que surgió precisamente

en las zonas donde se desarrolló ésta. Se trataba de industrias localizadas en la zona rural y dedicadas principalmente al sector textil, aunque el proceso protoindustrializador llegó a diversos tipos de manufacturas, como las imprentas, la cerámica, los curtidos de pieles o la fabricación de utensilios metálicos entre otras.