Miramos a la potestad de la reina del cielo. Parecía que la economía de la ciudad se iba a pique dondequiera que encontrábamos esta clase de adoración idólatra. Esto había sucedido en San Nicolás. Antes hubo una enorme fábrica que producía ingresos en gran cantidad. La pobreza golpeó la ciudad después de la aparición de la virgen; la fábrica quebró y muchos quedaron desempleados. Esto se correlaciona directamente con Deuteronomio 28 que enumera las maldiciones que acarrea la idolatría.
Es irresponsabilidad llevar al pueblo a una batalla espiritual sin asegurarse en lo posible de que los «huecos en su armadura» estén cerrados. Tales «huecos» son puntos débiles ocasionados por los asuntos pecaminosos como falta de perdón, problemas de relaciones
entre las iglesias, etc.; en los que Satanás tiene derecho legal de golpear. Ese día, temprano, nos habíamos encargado de estos asuntos al tener un tiempo de arrepentimiento, durante el cual los pastores se arrodillaron y lloraron por sus contiendas y divisiones. Nunca olvidaré al pastor que oró: « Tal vez la razón por la que el fuego se ha extinguido en mi corazón es porque he estado hablando en contra de mis hermanos». Otra área que cubrimos fue el pecado generacional. Se necesitaba arrepentimiento de quienes habían participado en la adoración de ídolos, tanto por sí mismos como por parte de sus antepasados. Teníamos que cerrar la puerta a lo que Satanás trataría de hacer para «contragolpearlos» después que oráramos. Esta fue una importantísima batalla espiritual, y con el temor de Dios sobre mí los conduje a la guerra.
Ese día los líderes se arrepintieron de varios pecados generacionales: hechicería, contacto con senadores ocultos, lectura de adivinaciones astrológicas, participación en sociedades secretas como la masonería, adoración a la reina del cielo y otros ídolos, etc. Luego oramos que Dios rompiera las maldiciones de pobreza, locura, padecimientos y otras que trae tal tipo de adoración. (Refiérase de nuevo a Deuteronomio 28.)
El paso final fue pedir a los pastores que pasaran al frente a arrepentirse del pecado de adoración a la reina del cielo en su ciudad. Muchos llegaron hasta la plataforma. No oré debido a que no era mi posición de autoridad hacerlo. Quienes viven en la ciudad son los responsables del pecado. Además, los pastores y líderes espirituales son los «porteros espirituales» de su ciudad, y tienen gran poder en el Espíritu Santo para lidiar con las potestades que se han levantado allí. Los pastores se arrodillaron, y así lo hicieron todos en la iglesia. Esta clase de humillación es importante porque es parte del patrón de 2 Crónicas 7.14. Una calma sagrada inundó el teatro. Muchos empezaron a llorar a medida que los pastores escogían quién debería orar y representarlos.
Después que los líderes se arrepintieron del pecado de idolatría y adoración a la reina del cielo, ¡se pusieron de pie y con gritos de victoria entraron en su destino redentor como vencedores! Proclamaron ante las huestes celestiales, ante los demonios del infierno y ante la congregación que Jesucristo era el Señor de San Nicolás. Pronunciaron que era una ciudad de Dios y que no pertenecía a la reina del cielo. Para usar la terminología de Neil Anderson, renunciaron a la influencia de la reina del cielo y anunciaron el Señorío de Cristo en la ciudad. Quitaron las llaves y derechos legales que el príncipe de las tinieblas había usado para esclavizar espiritualmente a su ciudad. Esa noche me recorrió un escalofrío por la espalda cuando estas personas arrepentidas se levantaron en el poder y autoridad que les confirió el Rey de reyes.
Mientras miraba alrededor de la iglesia, mi espíritu discernía miríadas de ángeles con brillantes espadas batallando sobre la ciudad. Huestes y huestes de poderosos ángeles guerreros peleaban contra los ángeles de las tinieblas, acorralando al hombre fuerte hasta que al fin se fue derrotado.
Al final del culto, el Espíritu Santo me dio el mensaje profético de que un comerciante que asistía a la reunión iba a empezar a colocar vallas en toda la ciudad que declararían: «¡San Nicolás, donde Jesús es el Señor!» Exhorté al pueblo a colocar esta declaración en las paredes exteriores de sus casas, y por tanto dar la bienvenida al Rey dentro de su ciudad. Después, un joven líder se me acercó y me dijo que sentía que era quien dirigiría la campaña para llenar la ciudad con letreros que declararan el señorío de Cristo. Ahora podría decir que la unción del vencedor estaba colmando su corazón.
Después del culto, algunos de los líderes me preguntaron: «Cindy, ¿cómo sabemos que está destruido el poder de esta potestad demoníaca?
«Ya nadie más aquí la adorará», contesté. «Ya se fue».
Una semana más tarde, el 25 de noviembre de 1994, un titular del periódico decía: «La virgen se mudó a Tucumán». Tucumán está casi a mil kilómetros de San Nicolás. Evidentemente, se dijo que apareció en el congelador de un pobre campesino. Dan Jue, uno de los misioneros de Harvest, escribió su informe de esta manera:
El demonio que estaba detrás de la virgen encontró las cosas tan calientes en San Nicolás, que literalmente se fue y se metió en un congelador. ¡El significado espiritual es que se había echado abajo a la fortaleza demoníaca en San Nicolás! ¡Se había roto el dominio de las fuerzas de las tinieblas! ¡Este es en realidad un nuevo amanecer para esta área! ¡Gloria a Dios! La ciudad está en el proceso de transformación de ciudad de María (reina de los cielos) a ciudad de Jesucristo. Usted podría encontrar extraño que un bautista hablara extasiado, de forma mística, respecto a lo que había ocurrido en San Nicolás en las semanas anteriores. Sin embargo, no tengo otra explicación a no ser que Dios haya hecho algo sobrenatural en esta área. ¡Aleluya al Rey de reyes!
Ese mismo mes los pastores de San Nicolás se reunieron. Por lo general, era difícil encontrar a más de tres pastores asistiendo a una reunión de esta clase. Esta vez fue diferente. Veintiún pastores asistieron, oraron unos por otros y bendijeron la obra de Dios en las iglesias de cada uno. Pastores que habían sido enemigos amargados se recon- ciliaron por medio de abrazos y oraciones.
¿Recuerda a Lucas 11.22? El más fuerte (la Iglesia de Jesucristo) venció al hombre fuerte, le quitó la armadura en que confiaba y dividió a sus despojadores. La ciudad de San Nicolás está cumpliendo su destino y convirtiéndose en una ciudad de Dios.