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PELOS DE CAMELL0 Y ACACIAS SILVESTRES:

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Preparación para el don profético

CUÍDESE DE LOS FALSOS PROFETAS

Era el viernes en la noche en un gran congreso. Todos estábamos emocionados con la idea de tener como nuestro orador principal a un hombre al que llamaré «el Reverendo Simpson». Había «acertado» en varias profecías para nuestra organización. Mientras los líderes esperaban en la plataforma, yo meditaba sobre los buenos informes de este ministerio profético. Sin embargo, por alguna razón me sentía vagamente inquieta. No pondría el dedo en el fuego, pero algo no estaba bien. Comencé a hablar con el Señor acerca de cómo me sentía. A mi corazón vinieron las palabras: «Cuidado, este hombre tiene graves problemas personales. Vigila y ora».

En ese momento el orador entró al salón. Parecía, centímetro a centímetro, a la imagen que tengo de un profeta del Antiguo Testamento, excepto que usaba un traje moderno en vez de la suelta túnica. Era alto y delgado con ojos profundos y mejillas sombrías. Tenía unos dedos huesudos tan largos que le daría la impresión de que lo atravesaría si señalara hacia usted. Medité: Si este individuo fuera de la época neotestamentaria habría sido del tipo de Juan el Bautista (recién llegado del desierto, usando una camisa de pelo de camello y con acacias silvestres colgando de un extremo de su boca). Poniendo en orden mis pensamientos, me reprendí por mi irrespeto hacia nuestro orador. Sin embargo, el sentimiento de que había algo mal respecto a ese hombre aumentó dramáticamente en vez de disminuir.

Este podría ser un buen momento para interponer un comentario sobre los intercesores proféticos. Ellos tienen sistemas incorporados de alarma dados por Dios que van con sus dones espirituales. Es como un sistema de advertencia anticipada que detecta las minas y misiles del enemigo antes de que sean visibles al ojo natural. De mis años de experiencia he aprendido a poner atención a estas advertencias. Cada vez que las he desechado, como si fueran sencillamente un caso de indigestión, lo he lamentado después. Para tratar de explicarle estas advertencias le diré que casi siempre comienzan con lo que llamo una «espina en mi espíritu», o sea, una sensación de que algo malo sucede. Si trato de hacer caso omiso de estas señales, por lo general se intensifican como una honda Inquietud, agitación y necesidad profunda de interceder. Esto continúa hasta que la situación se aleje, cambie o disminuya. Algunas veces Dios me revela claramente lo que tengo que hacer en el reino físico para invalidar lo que va a suceder. En mi opinión, la mayoría de los cristianos reciben esta clase de advertencia del Espíritu Santo respecto a varias situaciones, pero no saben qué hacer con esas advertencias. Esto ocurre más frecuentemente con los vigilantes proféticos.

Volvamos ahora al reverendo Simpson. Mientras él subía a la plataforma, empecé a orar de todo corazón sin emitir sonidos. Además, silenciosamente dije: «Satanás, te ordeno en el nombre de Jesús que no des un mensaje falso a esta congregación a través de este hombre».

Era físicamente imposible para él escuchar lo que yo había susurrado. Lo que ocurrió después me sobresaltó. El reverendo Simpson se dirigió exactamente a mí, frente a la audiencia. Comenzó a gesticular salvajemente con sus manos y a dar pasos hacia adelante. ¡A cada paso que daba me obligaba a retroceder hasta que prácticamente estaba contra la pared!

Como si eso no fuera lo suficientemente peculiar, saltó muy confundido de la plataforma. Miró alrededor y entonces llamó al frente a la hija de uno de nuestros líderes para «profetizar» sobre ella. Me impactó cuando aparentemente tocó el pecho de ella, la agarró de las orejas y la pellizcó tan fuerte que la hizo sangrar. Ya en ese momento yo estaba enojada y oré de todo corazón para que eso terminara o lo pararía personalmente. ¡Entonces echó una mirada a la audiencia, murmuró algo como que no había profetas verdaderos en medio de nosotros y salió del salón! Yo no estaba en realidad a cargo de la reunión, si no hubiera hablado de lo que habíamos visto, lo que hice exactamente en privado en la reunión siguiente.

¿Qué pasó con el reverendo Simpson? Ya anteriormente habíamos sido bendecidos por su ministerio, por lo que supongo varias cosas que pudieron haber sucedido:

- Que tenía algunos asuntos pecaminosos que había mantenido ocultos hasta ese momento.

- Que el orgullo del poder ministerial había entrado en su vida. Su

comentario acerca de que «no había verdaderos profetas en medio de nosotros» parece indicar que él creía ser el «verdadero profeta».

- Que existe la posibilidad de que tuviera una clase de caída emocional que permitió a la «bestia en su interior» salirse de su control por sus asuntos pecaminosos.

- Que como prueba de lo que sucedió, parece que no tenía mucha responsabilidad espiritual en su vida.

Por desgracia la historia anterior no es rara ni aislada. El movimiento profético de la iglesia atrae a algunos personajes extraños. Esto es una vergüenza debido a que hay más líderes proféticos genuinos y equilibrados que excéntricos. Los que tienen graves problemas emocionales y personales han causado daño evidente al cuerpo de Cristo, y han creado una reacción violenta contra otros que son usados para profetizar. Aunque este perjuicio puede ocurrir, la Biblia es específica acerca de la necesidad de estar capacitados para recibir los dones proféticos en nuestro medio. En primer lugar, 1 Tesalonicenses 5.19, 20 lo señala de esta manera: « No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías». Dios nos exhorta a no devaluar la revelación profética ni a hacer a un lado las instrucciones, exhortaciones o advertencias inspiradas.

Puesto que la mayoría de los líderes cristianos tienen un profundo deseo de ser bíblicos, no quieren ser culpables de apagar al Espíritu Santo. Sin embargo, muchos que han tenido que tratar con los excesos se encuentran frustrados. Los pastores tienen una naturaleza protectora dada por Dios para sus ovejas, pero los profetas excéntricos pueden alborotar verdaderamente en sus iglesias. Además, muchas iglesias evangélicas empiezan a entender el don de la profecía, pero no tienen el conocimiento suficiente sobre los dones proféticos para juzgar lo que se dice. La guía que discutimos en el capítulo cuatro debería ayudar a tales líderes.

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