A medida que el énfasis y la comprensión de las personas proféticas cobran importancia, podemos ver que Dios establece a estos siervos en regiones geográficas específicas para que oren proféticamente por sus áreas asignadas contra los poderes de las tinieblas. Esto está empezando a suceder y tiene resultados extraordinarios. Donde se está utilizando la intercesión profética, están llegando a Cristo grandes cantidades de cautivos de las prisiones espirituales de Satanás.
A través de mis viajes he conversado con muchas personas que Dios utiliza en la guerra espiritual y la profecía. Cuando comparamos apuntes, se hace evidente que hay temporadas fértiles y años en los que Dios habla tanto de los acontecimientos venideros como de los planes que tiene para las naciones.
Rolland Smith narra una extraordinaria visitación de Dios en 1984. Este fue uno de esos años proféticos en que Dios habló con firmeza a muchos líderes y les reveló aspectos clave importantes para la sanidad de las naciones por medio de la intercesión profética. Mientras se dictaba una conferencia profética en Suiza, Smith estaba en el hogar de Kjell Sjoberg, un hombre de Dios que tiene un ministerio de intercesión profética en todo el mundo. La visitación fue muy parecida a la que tuvo Daniel.
Algo pavoroso me aconteció mientras intercedíamos por el ministerio de Kjell, y mientras en su casa y oficina él pasaba mucho tiempo comunicándose con el Señor y con los vigilantes de todo el mundo. La presencia del Señor descendió sobre mí de manera tan fuerte, que me derribó de bruces sobre el piso. Estaba tan abrumada por su gloria, que no
podía ver ni abrir los ojos. Estaba agudamente consciente de que tres seres angelicales se encontraban de pie en el cuarto.
Estos ángeles hablaron de las batallas que hombro a hombro habían peleado con Josué y David. En sus rostros noté una fatiga similar a la de los devastados veteranos de guerra. Al fin pude susurrar la persistente pregunta: « ¿Por qué no hemos ganado la guerra contra las fuerzas de Satanás en la tierra?» La respuesta que me dieron quedó para siempre arraigada en mi mente: «Hemos ayudado a los hijos de Dios a ganar los mismos territorios, muchas veces sólo para que los perdieran ante al diablo y sus fuerzas».
Después de este tiempo de visitación viajé a Zagreb, Yugoslavia, donde encontré algunos amigos. Viajamos juntos en automóvil a nuestro próximo destino. En el camino nos perdimos completamente en las carreteras del campo. Empezamos a alabar al Señor, cuando de repente se presentó ante mí una enorme hueste de ángeles. El Señor Jesús estaba en el centro. Su apariencia era tan impresionante que lo dominaba todo.
Jesús se sentó detrás de un gran escritorio en el que habían libros muy viejos empastados en cuero. Una por una, empezó a tomar las páginas de los libros. Cuando tomaba una, se escuchaba el soplo de una trompeta, y una banda de poderosos ángeles llegaba y se paraba ante el Señor en embelesada atención. El Señor Jesucristo presentaba con gran solemnidad a cada banda con una página del libro.
Cuando abrió las páginas al último libro, estas se hicieron visibles para mí. Cerca de la mitad de la página estaba cubierta con notas escritas a mano, y el resto con mapas geográficos de una enorme región, con ríos, montañas, carreteras y otras señales dibujadas sobre ellos. También había símbolos y flechas que identificaban varias localidades y direcciones. Estos dibujos eran como los de un recinto de guerra en los cuarteles militares en que los oficiales comandan las operaciones directas de guerra. No entendí la interpretación de la visión, hasta más tarde durante una cesión de comunión cuando el Señor Jesús me habló suavemente al corazón: « Lo que has visto no eran los ángeles que iban solos a la batalla. Los enviaba a mis siervos en todo el mundo. Hoy día he encontrado hombres y mujeres fieles y confiables por todo el mundo».
De la misma manera en que los militares someten a los soldados a pruebas muy severas para verificar su confiabilidad con los secretos de guerra, defensa, armamento y planes de batalla, así mismo también he sometido a mis servidores a las más severas pruebas de fidelidad. Ahora, por primera vez en la historia, encuentro a personas como estas asentadas en cada región del globo.
Jesús continuó hablando a mi corazón: « Los mapas que viste eran las asignaciones para mis siervos. Los ángeles fueron enviados a entregarlas. Está incluida cada área geo- gráfica del mundo. Allí están mis oficiales listos a asumir el comando de mi ejército por toda la tierra».
La pieza final vino más tarde, en vísperas de año nuevo. Jesús habló de nuevo: «Aquellos a quienes se les dieron esas asignaciones empezarán a desarrollar estrategias de oración y evangelización por las naciones enteras, regiones multinacionales y continentes enteros. Se formarán cadenas entre vastos números de servidores de Dios y se extenderán por toda la tierra con poderoso alcance. Hasta se darán estrategias globales.
Esta visión ha demostrado ser increíblemente exacta. Hoy las estrategias globales están patrocinadas a través de los auspicios de « Camino Unido de Oración» del Movimiento AD 2000, conducido por el doctor C. Peter Wagner. Las personas proféticas abarcan el planeta orando contra el poder de Satanás y en pro de la evangelización mundial.
UNA VISIÓN DE SANIDAD
Rolland Smith tuvo su visión de los ángeles. Uno fue una visión interna y la otra una manifiesta. La primera me llegó estando sola en un hotel de Temple, Texas. Era la primera ocasión en que me encontraba sola en el cuarto de un hotel de una ciudad extraña, y estaba un poco nerviosa. Al fin pude dormir ligeramente. A las seis de la mañana me despertó un golpe en la puerta. En mi semiaturdida condición mi corazón comenzó a latir salvajemente y mis pensamientos se aceleraron. Me pregunté: ¿Quién podrá ser a esta hora?
Después de unos instantes, me llené de valor y atisbé por el ojo mágico. (¡Qué gran mujer de fe y de poder soy!) No había nadie. Me acosté preguntándome si había imaginado el toque en la puerta, cuando se me ocurrió que tal vez fue el Señor quien me despertó. «Señor», pregunté, «¿hay algo que quieras mostrarme?»
Cerré los ojos y de inmediato tuve una visión. Era acerca de un río, uno muy hermoso. Pensé: Qué maravilla Señor, gracias por despertarme para que vea tu río. La visión era gloriosa. Es más, la disfrutaba cuando de repente vi algo terrible. ¡Las personas entraban en el río y vomitaban! También lanzaban la basura de sus casas dentro del río de Dios. Sabía lo que seguía, saltaban dentro del río y actuaban con mucha religiosidad. «¡Aleluya!», gritaban. «¿No es esta agua maravillosa?» Sabía que representaban al cuerpo de Cristo. Hasta habían colocado en todo el frente un enorme cartel que decía: « Río de agua viva». Pregunté al Señor qué había contaminado el río, y Él me dijo en el corazón: «Las actitudes sentenciosas, las críticas, el sectarismo, las luchas y las divisiones. Todo esto ha contaminado mi río».
Después de un momento, vi algunas personas que llegaban a la orilla. Tuve la sensación de que representaban al mundo incrédulo. Miraban el cartel y a los que estaban en el río que parecían divertirse, y decidieron probar el agua. Arrodillados, empezaron a beber. Tomaban solamente un trago y enojados escupían el agua de la boca y se marchaban. Mientras tanto la Iglesia difícilmente notaba lo que sucedía. Nadie podía decir que el agua estaba contaminada porque no la habían probado, por lo tanto pensaban que era pura. Nadie podía hablar de la diferencia entre el agua pura y el agua contaminada.
Después, salieron del río y se tendieron a dormir en cada orilla. Al poco rato el ejército de Dios estaba dormido y a nadie le importaba lo que le sucediera al río del Señor. A medida que pasaba el tiempo, una pareja despertó de entre los durmientes, miraron atónitos al río e intentaron de manera infructuosa despertar a los demás. (Creo que representan a los profetas y profetisas en la Iglesia.) Al fin, dos ángeles descendieron del cielo y pusieron