• No se han encontrado resultados

LA LIBERACIÓN DEL DON PROFÉTICO

In document La_Voz_De_Dios_-Cindy_Jacobs (página 113-115)

Muchas personas me han preguntado, a través de los años: «Cindy, ¿cómo puedo empezar a profetizar? ¿Cuándo hablo del mensaje profético que estoy recibiendo? ¿Cómo lograste comenzar todo esto? ¿Estabas siempre nerviosa?» En este capítulo he tratado de pensar en las miles de preguntas con las que frecuentemente me han bombardeado. Debido a la falta de tiempo y contacto personal, nunca iré a conocer a muchos de los lectores ni a adorar con ellos. Por eso ofrezco las siguientes ideas que han probado ser verdades prácticas y que yo desearía haber sabido hace mucho tiempo. No sé si usted alguna vez ha orado algo tan radical como: «Señor, ¡haré lo que quieras que haga, en todo tiempo y ocasión! Este es un tipo de oración realmente peligroso. Hace mucho tiempo empecé a darme completamente al Señor, a dar cada parte de mí, todo lo que tenía, decía, hacía y dondequiera que fuera.

¿Conoce la Escritura: «Es necesario que El crezca, pero que yo mengüe » (Juan 3.30)? Estaba haciendo lo mejor para vivir. ¡Lo cómico de esa clase de oraciones es que el Señor las toma en serio! Muy en serio.

Durante esta época de oraciones y compromisos radicales sobresalía una oración particular que lucha conmigo hoy día: «Señor, seré incondicional para ti. Sólo pídeme que haga cualquier cosa por estúpida que parezca». En el culto vespertino del domingo siguiente sentí esa fuerte presencia del Señor que mencioné antes en este libro.

¡Cielos!, pensé, ¡seguramente el Señor no quiere que profetice en voz alta en esta congregación! El temor golpeó mi cuerpo como si hubiera sido un camión con remolque. Como ya sabe, soy famosa por negociar en situaciones como esta. «Señor, aquí tengo conmigo una amiga que viene de una iglesia en la que no usan esta clase de cosas. La desconcertaré Señor. Nunca va a querer regresar aquí. Ya cree que estamos bastante locos». Hubo silencio desde el cielo; sólo la fuerte presencia de Dios. «Señor», continué con desesperación, «hay nueve mil miembros en esta iglesia. ¿Puedes usar a uno de ellos?»

La iglesia a la que Mike y yo asistíamos en ese entonces no tenía protocolo oficial para profetizar, y quien tenía un mensaje sencillamente « lo lanzaba». No tuve valor para decir uno esa noche. Más tarde hablé con el pastor acerca de esto. «Cindy », me dijo amablemente, «esta es tu familia. Si no captas la profecía que el Señor te está dando, nosotros te ayudaremos».

Al alejarme, murmuré para mis adentros: «Si no la captas, ¡te ayudaremos! Pastor, hay nueve mil personas aquí, cuéntelos... nueve mil» .

No sabía si me reprenderían frente a tanta gente y no estaba segura de si Dios me había tocado para profetizar o no.

La experiencia con el Señor durante ese culto nunca volvió y pasó cerca de un año. Al fin decidí que Él quizás me estaba esperando. «Padre», oré, « te confieso que fallé realmente. Por favor, dame otra oportunidad. Seré incondicional para ti como te lo prometí». Eso era lo que Él esperaba! Para ese entonces nos habíamos mudado a otra

ciudad y estábamos asistiendo a una iglesia de sólo mil doscientos miembros de asistencia el domingo en la mañana. (¡Sólo mil doscientos! ¡El grupo de personas era menor aquí!)

El domingo siguiente, en la mañana, me encontraba adorando al Señor a mi manera cuando su presencia me invadió de la misma forma que el año anterior. Pensé: Ah no, Él seguramente no quiere desperdiciar el tiempo. Además la iglesia no había establecido protocolo, por lo que me tendría que poner de pie durante un momento de calma en el culto. Lo que realmente me alarmaba era que no estaba recibiendo palabras en mi lenguaje. Reflexioné: Sólo puede significar una cosa: lenguas. Pensé alarmada: El quiere que anuncie un mensaje en lenguas! El pánico inundó mi cuerpo. Como lo describí en el capítulo anterior, si se le anuncia una profecía, esta no se tiene que interpretar; pero un mensaje en lenguas sí se tiene que interpretar. A menos que fuera «en adoración», sabía que estaría fuera de lugar si anunciaba el mensaje en lenguas y nadie lo interpretaba (1 Corintios 14.5, 6, 13).

Después que me levanté, nadie me dio reconocimiento o hizo algo, por lo tanto me senté sin saber qué hacer, enormemente liberada, podría agregar. «Bien Señor, fui una estúpida. Hice lo que me pediste». El pastor se levantó por el mensaje y sentí correr la sangre por todo el cuerpo. Pensé: El espíritu de los profetas está sujeto a los profetas. Dios no se interrumpiría a sí mismo.

Justo en ese momento, el pastor me miró y dijo sonriendo: «Nunca queremos perdernos lo que el Señor tiene que decirnos. Por lo tanto, si nadie tiene un mensaje, yo les voy a anunciar uno.

El corazón saltaba en mi pecho y sentía que mi boca estaba llena de algodón. Sabía que esta era la oportunidad que Dios me abría. Él me estaba llamando en mis oraciones. Si no anunciaba ahora el mensaje, estaría en directa rebeldía con Dios.

Cautelosamente me puse de pie y abrí la boca para hablar y que llegara un mensaje en lenguas. Fluyó durante cerca de un minuto, y entonces me senté y miré esperanzadoramente al pastor. Él estaba mirando alrededor de la congregación en busca de la interpretación. Oh no, pensé llena de pánico, ¡él no tiene la interpretación! Nadie habló durante un interminable minuto. Mi esposo Mike estaba orando ansiosamente: «Por favor Señor, dímelo a mí, yo lo interpretaré. ¿Qué dijo ella?» Ninguno de los dos habíamos hecho esto antes.

De repente supe lo que había dicho. Inundaba mi alma por completo. Rápidamente me paré y comencé a hablar. Recuerdo hasta hoy la esencia de la interpretación:

Algunos de vosotros me decís que estáis contra la pared. Que estáis en un cuarto sin puertas ni ventanas y no hay una vía de escape por ninguna parte. Yo os digo hijos míos, que estáis mirando en la dirección equivocada. Por tanto os digo: «Levantad la mirada y empezad a alabarme». Porque mientras me alabáis yo os tocaré con mi poderoso brazo derecho y os sacaré de las circunstancias para las cuales no hay salida.

¡Todavía hoy me bendice como lo hizo entonces! Los miembros de la congregación comenzaron a aplaudir. A unos cuantos les rodaban las lágrimas por los rostros. Me senté con gran alivio y una sensación profunda de satisfacción, y me dije suspirando: Valió la pena el temor, el algodón en la boca y el pánico. Qué bendición puede ser para su pueblo el mensaje del Señor.

No es extraño el temor con el que tuve que lidiar antes de anunciar el mensaje en lenguas y la interpretación, como me di cuenta después de hablar con otros. Algunos enormes baluartes en mi vida habían sido el temor humano y el temor de malinterpretar a Dios. Tanto el uno como el otro desaparecieron tan pronto anuncié el mensaje y la interpretación. Podría ser también que Satanás estuviera arrojando algunos de sus fieros dardos de temor en mi camino, porque seguramente no le gusta que el pueblo de Dios reciba bendiciones a través de la profecía.

In document La_Voz_De_Dios_-Cindy_Jacobs (página 113-115)