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RESPUESTA A LA PALABRA PROFÉTICA

In document La_Voz_De_Dios_-Cindy_Jacobs (página 52-54)

Una vez que tenga certeza clara de que el mensaje profético que le han dado viene de Dios, usted debe saber cómo interpretarlo adecuadamente (es decir, a discernir lo que Dios intenta comunicar mediante la profecía). Muchos han recibido profecías correctas pero se han metido en infinidad de problemas por malinterpretar o usar indebidamente los mensajes proféticos. He aquí algunos pasos sugeridos que usted podría seguir.

1. Si es posible, intente grabar (o escribir) el mensaje profético tal y como la persona se lo da. Personalmente intento grabar la mayoría de las profecía que doy, va que una grabación brinda mucha más confiabilidad. Encuentro también que me evita que se me cite equivocadamente o que se saque del contexto parte de la profecía.

En una ocasión estaba profetizando a una joven pareja en nuestros cultos de células familiares. Ellos habían estado luchando económicamente durante mucho tiempo. La profecía declaraba que Dios iba a darles una casa si el marido era diligente en su trabajo haciendo lo que le correspondía, y si era obediente a Dios en todos los aspectos de su vida. Más tarde oí que habían comprado a crédito una casa móvil. Aún después escuché que se la habían quitado, que estaban enojados conmigo y que me acusaban de dar falsas profecías. Sin embargo, ninguno de ellos salió a buscar trabajo sino que esperaron que el dinero les cayera del cielo. Fueron muy atrevidos al tomar la profecía de la casa fuera del contexto. Ni siquiera una vez intentaron contactarme para aclarar el mensaje. Desafortunadamente averigüé lo de la malinterpretación demasiado tarde para ayudarlos.

Creo que toda profecía está condicionada a nuestra obediencia a las leyes de Dios, inclusive si el mensaje en sí no especifica que es condicional.

2. Escriba la profecía y hable de ella con alguien a quien respete, que sea «anciano» en el Espíritu (esto es, más experimentado espiritualmente que usted) y que sepa algo acerca de probar las profecías. ¿Se cumplen todas las

condiciones para el mensaje profético? Veremos más sobre esta materia en el capítulo siete: «El protocolo espiritual».

3. Sea cuidadoso en no interpretar el mensaje a la luz de sus propios deseos. Ha habido muchos solteros que se me acercan y me dicen que Dios les ha prometido ciertos compañeros o compañeras porque se les dijo en profecía. Cuando los interrogo sobre lo que decía la profecía salen con algo como: «Dios dijo que daría los deseos de mi corazón, y por lo tanto ese es el deseo de mi corazón». Como escribí antes en este capítulo, ese puede ser el deseo de su carne pero tal vez Dios no tenga en absoluto nada que hacer con él.

Una pareja de conocidos me detuvo una vez en una reunión y me dijeron: « Estamos listos a mudarnos a (un lugar lejano)».

Estaba pasmada porque dudaba firmemente de que fuera la voluntad de Dios para sus vidas. Me miraron asombrados y dijeron: «¿ Por qué Cindy? ¿No recuerdas que nos diste el mensaje de que nos venía un cambio?» Cuando se da la frase «venir un cambio» es importante dejar que Dios brinde confirmación más específica acerca de lo que es y de lo que implica ese cambio.

Recuerdo un triste chiste acerca de una pareja que siguió una vaga profecía sin buscar una confirmación más específica del Señor. Un día habían estado mirando un mapa y decidieron que Dios los llamaba a ir a una isla remota en los mares del sur. No investigaron nada acerca de la isla ni pidieron a su pastor que orara con ellos por su decisión.

El tiempo pasó y la pareja vendió la casa y sus muebles. A cada paso del camino se mantenían diciendo: «Señor, ¿estaremos en lo correcto?»

Sin embargo, nunca fueron ante ninguna persona autorizada espi-ritualmente para probar lo que pensaron haber escuchado del Señor. Llegó el día de partir y subieron al avión diciendo lo mismo: « Señor, ¿estaremos en lo correcto?» Aun no habían hecho ninguna investigación acerca de la isla.

Al fin llegaron, después de un largo y difícil viaje. Tan pronto el avión aterrizó algo se hizo aparente de inmediato: estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. La nación sufría una guerra civil y los soldados dispararon contra el avion con artillería pesada. Su último pensamiento cuando morían fue: Señor, ¿estabamos en lo correcto? Ya en el cielo pensaron: No importa Señor, ahora estamos contigo.

4. ¿Cual es el momento del mensaje profético dado a usted? Por supuesto, esto puede ser difícil de averiguar, pero recuerde: si sigue el buen juicio y las instrucciones debidas, el momento del mensaje se le hará claro. Por desgracia, la gente corre

delante de Dios y sufre terribles consecuencias económicas o problemas familiares, debido sencillamente a que no esperaron el momento indicado. De modo triste, familias enteras sufren porque los padres piensan que han «oído a Dios». Una y otra vez he orado con niños a los que sus devotos padres movían en base a suposiciones, y entonces los niños se enojaban con Dios por la confusión.

En un momento u otro, la mayoría de la gente probablemente malinterpreta el tiempo de Dios en un área particular de sus vidas. Lo sé, estoy segura. Sin embargo, he tratado de aprender de mis disparates. Estoy consciente de que todos cometemos errores. Sólo oro porque los míos se minimicen en lugar de hacerse enormes.

Las siguientes preguntas le ayudarán a alejarse de las suposiciones y seguir el tiempo de Dios.

*¿Es esto congruente con todo lo que Dios ha dicho acerca de mi vida?

* ¿Cómo afectará esto mis responsabilidades corrientes? Por ejemplo, ¿podré cuidar económicamente a mi familia? ¿Qué clase de presiones traerá esto a mi familia? ¿Desean ellos sacrificar lo que se requiere si hago estos cambios en mi vida?

* ¿He alcanzado un nivel de madurez en mi vida que me capacite a llevar a cabo con integridad las nuevas tareas y/o cambios, o me desplomaré debido a que no estoy preparado adecuadamente? o ¿Testifican este mensaje los hermanos y hermanas en el Señor, especialmente quienes están en autoridad sobre mí?

5. Confíe en que Dios cumple la profecía a su manera y en su tiempo. Algunos dicen que toda profecía se debe colocar en un estante. Estoy de acuerdo en que esto se debe hacer con algunas profecías, pero no con todas. Por algunas se debe orar en completa guerra contra la oposición satánica para que no las aleje de su cumplimiento. Pablo sabía este principio y exhortó a Timoteo: «Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia» (1 Timoteo 1.18, cursivas añadidas).

UNA CONFIRMACIÓN DIVINA

Muchos han tenido profecías con respecto a sus hijos mientras estos están aún en rebelión. Los padres tienen que orar diligentemente por esas profecías ya que Satanás quiere destruir sus herencias. El mensaje es para animar a los padres a mantenerse en la lucha con oración y firmeza.

Otros intentarán dirigirlo a que crea que las profecías conciernen sólo a lo que usted ya sabe. En otras palabras, que sólo deberían ser confirmativas. Es verdad, la profecía confirma; no obstante, esa es sólo una parte de su cometido. A veces me han dado profecías tan descomunales que dejaban atónita mi mente. Ni siquiera nunca pensé en dejar de hacer lo que la persona me profetizaba. Una que recuerdo me la dio Bill Hamón en una reunión en 1984.

Mi esposo Mike y yo asistíamos a una conferencia sobre profecía en Phoenix, Arizona, cuando un hombre vino derechito a nosotros. «Dios tiene un mensaje para ti», dijo, después de presentarse como Bill Hamon, procediendo después a sostener mi mano en la suya. «Serás la unión de la muñeca que sostiene unida a la mano con el resto del cuerpo de Cristo en oración de intercesión. Los dedos son los más importantes líderes cristianos». Continuó dándome los nombres de cinco personas que eran cristianos muy conocidos, a ninguno de los cuales ni siquiera había conocido.

Cuando terminó, sencillamente permanecí de pie, pasmada por lo que acababa de oír. Miles de pensamientos revoloteaban en mi cerebro. ¿Cómo podría suceder eso? No conozco a ninguna de esas personas. Qué mensaje más extraño... ¡la unión de la

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