Luis XV de Francia (1710-1774) practicó una forma muy particular de Relaciones Públicas Creó condecoraciones y medallas
D ESDE LOS GRIEGOS
No hay nada permanente excepto el cambio
Heráclito La comunicación ha sido un tema investigado y teorizado por la humanidad desde muy remotos tiempos, abordándolo
como un tema medular. Hasta tal punto es así que en la actualidad puede decirse que el éxito se logra no tanto por la
habilidad para realizar una tarea o actividad, como por la eficacia para comprender a los demás y hacer que ellos nos comprendan; por las posibilidades y recursos para influir y ser influido positivamente.
Pensadores presocráticos ya habían iniciado la teorización que luego daría fundamentos a las posturas más modernas.
Heráclito (544-484 a.C., nativo de Efeso), planteó en sus “Fragmentos” el devenir. Cambio y fluir como condición de la
experiencia humana es el planteo más conocido de su obra, en contrario al pensamiento de Parménides, noble y rico discípulo de Anaximandro, el primero en demostrar que la Tierra era esférica, aunque la creía en el medio del Universo. Para explicarlo utilizó la metáfora del agua del río. Como las aguas, expresó, “entramos y no entramos en los mismos ríos: somos y no somos” (fragmento 49a); “diversas aguas fluyen para los que se bañan en los mismos ríos” (fragmento 12). La idea de proceso en constante devenir para explicar a la comunicación tuvo aquí sus raíces. Además, es interesante recordar a Heráclito en sus disquisiciones acerca de la armonía de los contrarios, rudimentarias, pero que pueden dar cabida al desarrollo de un pensamiento integrador: “Lo contrario se pone de acuerdo; y de lo diverso la más hermosa armonía, pues todas las cosas se originan en la discordia” (fragmento 8) “...lo divergente está de acuerdo consigo mismo. Es una armonía de tensiones opuestas...” (fragmento 51).
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Obviamente, este último aspecto puede ser criticado por mentes objetivistas que desconocen los estudios avanzados que realizaron varias universidades en países desarrollados, cuyos resultados prueban la existencia de fenómenos de transmisión de contenidos en forma no tradicional. Los porcentajes de probabilidad de coincidencias no pueden sostenerse, por ejemplo, en algo tan común para los humanos como saber quién está llamando sin haber levantado el teléfono, hecho que le ha ocurrido a gran cantidad de personas y no pocas veces. Además, como este canal sutil ha sido anulado día a día, son pocas las personas que lo tiene lo suficientemente potenciado como para dominarlo a voluntad.
Durante el siglo de oro griego (la época de Pericles) por las calles de las hermosas y culturales polis, los sofistas paseaban y se detenían a enseñar, cobrando por sus lecciones orales. Tanto con estrategias o en forma improvisada, los sofistas eran
expertos en elocuencia, de extraordinaria fluidez de palabra. Citemos algunos de los más famosos:
Gorgias, quizás el padre del sofismo, utilizó su palabra (de las más caras) para fomentar el nihilismo, el escepticismo y
la relatividad. De estilo viril y enérgico, fue el fundador del discurso improvisado: “Proponed un tema” decía al ingresar al teatro ateniense. Alcanzó la edad de 108 años.
Protágoras, noble discípulo de Demócrito, luego de estudiar con magos se especializó en hacer comprender el arte de
discutir con habilidad a favor o en contra de cualquier tesis. Fue el primero en cobrar honorarios por sus lecciones: “Aquello que nos cuesta dinero lo apreciamos más que lo que se nos ha regalado”.
Hipias, de prodigiosa memoria, fue famoso por ser maestro de mnemotecnia. Podía repetir cincuenta nombres en su
orden, habiéndolos escuchado sólo una vez. Su estilo era copioso y natural.
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R O N Í A Y M A Y É U T I C AEl propósito de todo conocimiento es éste y sólo éste: saber lo que eres. Puedes conocer el valor de todo, pero si no conoces tu propio valor, eres un ignorante
Sócrates
Pasado el tiempo, el ateniense Sócrates (470-399 a.C.) el encargado de demostrar la incoherencia sofista, erigiéndose como una de las figuras más decisivas en la historia de la civilización. El más sabio de los hombres (según el Oráculo de Delfos) no dejó nada escrito y lo que se sabe de él es a través de sus discípulos. Su vida fue consagrada a interrogar a los que se dicen sabios para corroborar la profecía de Apolo en el oráculo. Así comenzó a utilizar su famoso método mayéutico, llegando a comprender que una cosa es creer saber sin tener conciencia de su ignorancia, y otra es darse cuenta de la ausencia del saber. Como dijo Platón: “El más sabio entre vosotros es aquél que reconoce, como Sócrates, que su sabiduría no es nada”58. La enseñanza y método socrático no buscaba transmitir conocimientos sino hacer tomar conciencia de los problemas. La respuesta era para él más importante que la pregunta. “Conócete a ti mismo” era su admonición favorita. Filosofó mediante el diálogo, cuyo tono general es la ironía (del gr. eironéia: disimulo, interrogar fingiendo ignorancia), diciendo lo contrario de lo que en realidad se piensa, pero dejando ver que piensa lo contrario de lo que dice.
El primer momento del método socrático es la refutación (gr. élenjos), demostrando al receptor que las opiniones que cree verdaderas son, en realidad, falsas, contradictorias, ilógicas. El objetivo es la catarsis o purificación de las ideas o nociones erróneas a través del lenguaje, lo que además moraliza, ya que Sócrates creía que la maldad se daba por la ignorancia. El segundo momento es el de la mayéutica propiamente dicha (gr. maieutiké, arte de ayudar a dar a luz), cuya denominación fue seguramente inspirada en la profesión de su madre Fenareta: partera. No es el filósofo el que proporciona
conocimientos, sino el que ayuda a que nazcan de la otra persona. Le da más importancia a todo lo que sucede en el receptor más que en el emisor, cuya función es catalizadora. Por eso el maestro sólo puede servir de guía al discípulo. Para poder “sacar de uno”, deben existir los contenidos, aunque ocultos. Así aparece el concepto de preexistencia del alma, cuyos conocimientos ha olvidado y que recuerda por la mayéutica, aprendiendo por el recuerdo o reminiscencia (gr. anámnesis).
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O S D O S M U N D O SEl tiempo es una imagen móvil de la eternidad
Platón Platón (también ateniense, 427-347 a. C.) fue discípulo de Sócrates desde sus 20 años. Completó las teorías (gr. theoría,
contemplación) de su maestro. A él se deben las disquisiciones acerca de los dos mundos: el sensible, al que se accede por la opinión (gr. doxa) y el inteligible o de las ideas, al que se accede por el conocimiento absoluto (gr. episteme, ciencia). Un cuadro sinóptico de su pensamiento nos permite ver distintos conceptos relacionados59:
El estado de eikasía (de proyecciones, sueños o reflejos) considera la realidad a través de la imaginación, basada en la creencia que dan las cosas sensibles, según el entendimiento lógico-matemático que inteligimos de las ideas trascendentes. La comunicación, entonces, se hace más perfecta cuanto más responda, en este orden, a la imaginación, el sentido común, el entendimiento o la inteligencia.
Ahora bien, el método que permite llegar a la nóesis es la dialéctica (gr. dialektiké) o filosofía, también llamado diálogo, discurso razonado o comunicación intelectual, moviéndose la conversación dentro del mundo de las ideas universales. Platón escribía en forma de diálogo. Es interesante recordar que “dia-logo” refiere a un argumento o pensamiento conjunto, de libre flujo e isocrónico (al mismo tiempo) entre los integrantes de una comunidad. En cambio, “discusión” o debate se explica como un ida y vuelta competitiva de ideas, donde hay un ganador.
Si el orden del proceso va de una idea a las subordinadas se llamará dialéctica descendente o división, si es ascendente será
combinación. La dialéctica será el ir desde el devenir (gr. génesis) hacia el ser (gr. ousía), desde lo aparente hacia lo real,
superando las hipótesis o supuestos. Un viaje realizado por el amor (gr. eros) con impulso hacia lo ideal y perfecto a partir de lo imperfecto, deseando remediar una carencia.
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En la alegoría de la caverna60, Platón refleja con claridad universal el camino que ha de seguirse para alcanzar ideas
superiores a través de la educación (gr. paideia) o despliegue de las propias posibilidades, determinado por un modelo61 (gr. paradéigma) y que debe realizarse gradualmente. El hombre que ha alcanzado la sabiduría debe volver para comunicar su conocimiento a los que se han quedado en el mundo de sombras, siendo “filo-sofo” (impulsado a la sabiduría). Comunicación y paideia son conceptos íntimamente relacionados para el platonismo.
En el diálogo “Gorgias”, expresó Platón: “Hay que servirse de la retórica como de cualquier otro medio destinado a la lucha... No es culpable y vituperable el arte de la lucha, sino aquellos que no lo utilizan como deben. Y lo mismo ocurre con la oratoria”.
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L A R T E R E T Ó R I C O“El discurso oratorio es una trilogía: el que habla, aquello que habla y a quienes le habla”
Aristóteles
Los griegos hicieron de la comunicación una de sus armas políticas favoritas. Aristóteles (384-322 a.C.) planteó que la persuasión era el objetivo de la comunicación retórica, considerada por él como una de las dos formas primarias de
expresión; la otra era la poesía. Retórica proviene del griego rethor, que significa “el que habla en la asamblea”, con la misma raíz que rethós: “lo dicho o expresado”.
El arte de la retórica (a la que, en rigor de verdad, deberíamos sumar la elocuencia, conformantes ambas de la oratoria) busca traer a los demás hacia el punto de vista del orador. Convencer, persuadir, lograr lo que deseamos. Un enfoque que siguió en apogeo hasta después del medioevo, cuando se comenzó a poner mayor énfasis en el orador.
Para Aristóteles, entonces, la comunicación podía simplificarse en el esquema: orador-discurso-auditorio. El orador es aquél que posee el propósito de persuadir, el discurso es el instrumento por el cual el auditorio puede ser convencido y el auditorio aquél que debe ser persuadido acerca del punto de vista del orador.
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“La República”, Cap. VII, 514a-521b
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Entendermos a “modelo” como la especificación de un conjunto de variables y sus interrelaciones, cuyo fin es representar algún sistema o proceso real en todo o en parte.
Definió tres formas de oratoria persuasiva:
• forense o judicial (de las cortes, intenta probar la justicia o injusticia de una acción pasada) • deliberativa (de los foros públicos, intenta mover a una audiencia hacia la acción o no acción) • épica (de las ceremonias, intenta mostrar los sentimientos apropiados para realzar situaciones clave) También habló de tres significados de la persuasión:
• Logos, (del gr.: Argumento, razón, palabra) que apela a la razón • Pathos, (del gr.: Sentimiento, afección) que apela a la emoción • Ethos, (del gr.: Carácter, manera de ser) que apela al carácter
Según Aristóteles, el estudio de la retórica puede basarse en cinco etapas:
• Invención: El proceso por el cual se van buscando argumentos, buscando tópicos o líneas generales para incluir en el mensaje
• Ordenamiento: El proceso de organización del discurso. Posee tres etapas:
exordio o introducción,
narración o puesta de argumentos y perorata o conclusión.
• Estilo: El proceso semántico y sintáctico que pone en palabras los argumentos ordenados • Memoria: El proceso donde se aplican las técnicas de retención
• Expresión: El proceso donde se aplican las técnicas de manejo de voz y gestos.
Aristóteles también filosofó acerca del movimiento, explicando que el devenir se da en el permanente cambio o paso de la
potencia al acto. También escribió acerca del ser en sí y del ser en otro, y fundamentó la felicidad (gr. areté, otra traducción
es “virtud”) en una búsqueda de la excelencia.
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A B L A N D O D E O R A D O R E SLos hombres son como los vinos: la edad agría a los malos y mejora a los buenos
Cicerón
Un político y noble ateniense, Pericles (500?-429 a.C.), quizás el más grande gobernante constitucional de la antigüedad, se distinguió por su oratoria en los actos públicos. Fue el que estableció que los cargos públicos se cumplieran por sorteo, de modo que todos los ciudadanos tenían las mismas probabilidades de ejercerlos. Primer ciudadano de Atenas durante 30 años, se distinguió por su integridad, su dignidad y su nobleza.
Pero quien llevó a la práctica las teorías atenienses respecto de la comunicación fue uno de sus más grandes oradores y estadista: Demóstenes (nacido en Ática, 384-322 a. C.). Siendo huérfano desde los 7 años y tartamudo, practicó su oratoria frente al mar y con piedras en la boca, además de recibir enseñanzas de maestros atenienses en prosa. Cuenta la historia que siendo el último en hablar en la Asamblea de ciudadanos que decidía si la polis entraba o no en guerra, fue el único que logró convencer al auditorio, mientras sus antecesores sólo habían logrado aplausos por sus discursos bien estructurados pero faltos de persuasión. Muchas de sus piezas oratorias fueron guardadas, y finalizó su vida por la ingestión de veneno. En el 351a.C. Demóstenes pronunció su primera filípica, increpando a Filipo de Macedonia. A este discurso siguió el de las olínticas en defensa de Olinto, embajador enviado a Macedonia para conseguir la paz. Con las segunda y tercera filípicas consiguió que se anulara el tratado, se aumentara el ejército y se lograra la alianza con Tebas. La cuarta filípica fue una declaración de guerra a los macedonios, que condujo a otra derrota de Atenas. En el año 330 a.C. pronunció su discurso más famoso, Pro corona, en defensa de toda su actuación política. Exiliado por intrigas y fugitivo, se envenenó en la isla de Calauria para evitar su captura.
El orador, escritor y político latino Marco Tulio Cicerón (nacido en Arpino, 106-43 a.C.) perfeccionó la retórica y la elocuencia. Siendo líder político de la antigua Roma, realizó como Cónsul gran cantidad de piezas oratorias de alta calidad persuasiva. Insistía que el secreto de un gran orador estaba en una educación ampliamente libertaria. De regreso luego de un exilio, atacó despiadadamente a César y buscó refugio en la literatura. Escribió tratados de filosofía y retórica como “De oratore” (55 a.C.), “De re publica” (54 a.C.), y “De legibus” (52 a.C.) además de otros éticos como “De amicitia”, “De officiis”, “De finibus”, “De senectute”, “Tusculanae disputationes” y “De natura deorum”. Su pensamiento influyó grandemente al liberalismo del siglo XIX, y su estilo oratorio fue estudiado en todo el mundo occidental. Son famosas sus filípicas contra Marco Antonio, cuyos soldados le asesinaron durante el II Triunvirato.
Marco Fabio Quintiliano (calahorrano, 30-96 d.C.) contribuyó aportando el concepto de oratoria corpórea o retórica
somática (gr. “sooma”, cuerpo), en su obra “Instituciones Oratorias” (notable por su pureza de lenguaje) y estableciendo en
Roma una escuela de retórica. Según él, la utilización de todos los recursos físicos, tanto visuales como auditivos aumenta las posibilidades persuasivas. El lenguaje corpóreo debe acompañarse de la declamación correcta o pronuntiatio. “No hay regla fija respecto de la vestimenta del orador -expresó-, pero debe tratar más que ninguna otra persona, vestir como la gente
honrada, pues el demasiado esmero en la toga, calzado y cabello, es tan digno de reprensión como el no cuidarse en nada en estas cosas”.