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Espacio y configuración territorial: el territorio en tiempos de cambio

Capítulo II: De la teoría y el contexto

1. Estado del Arte

1.2. Espacio y configuración territorial: el territorio en tiempos de cambio

En este contexto de reestructuración es importante considerar el rol de la instancia espacial en tanto los agentes sociales toman decisiones, no circunscriptas únicamente a cuestiones económicas o de mercado, sino en las cuales el espacio permea las decisiones y prácticas de los agentes. Santos (2000) plantea el concepto de espacio como una instancia de la sociedad, al mismo nivel que la instancia económica y la instancia cultural-ideológica. Esto significa que el espacio contiene y esta contenido por las demás instancias. La esencia del espacio es social. El espacio no puede estar formado únicamente por las cosas, los objetos geográficos, naturales o artificiales, cuyo conjunto nos ofrece la naturaleza. El espacio es todo eso mas la sociedad (Santos, 1986). Cicolella (2006) reconoce una nueva relación entre economía-espacio

haciendo un recorrido por las distintas interpretaciones hasta llegar a la “sociedad informacional” (Castells, 1999), marcando el rol de los nuevos actores en este proceso

y a la selectividad territorial de los procesos que generan desigualdades.

La acumulación capitalista, y los cambios promovidos más recientemente por la reestructuración productiva, tienen implicancias territoriales diferenciadas que se traducen en desigualdades24, emergen conceptos como “zonas luminosas y opacas”

24 Cicolella (2006: 1-2) platea las transformaciones que han sufrido los estudios y

conocimientos territoriales en el contexto de los últimos treinta años desde una doble mirada: por un lado en relación al pensamiento geográfico, las políticas de ordenamiento territorial, la planificación urbana y el desarrollo regional; por el otro, a la transformación de la propia realidad geográfica, de la agenda, del temario y del propio objeto de estudio de las disciplinas

territoriales. Afirma que la existencia de “territorios inestables”, cambiantes, “mutantes” en un

contexto de aceleración de los procesos promueven estos cambios. Esto plantea una dificultad cada vez mayor para entenderlos, aprehenderlos, construirlos intelectualmente y actuar sobre ellos a través de la planificación y el ordenamiento territorial.

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(Santos, 1996), “regiones ganadoras” (Benko y Lipietz, 1994), “archipiélagos urbanos”

(Mattos, 1997), asentamientos humanos articulados en red (Veltz, 1996), dualismo entre “mercado emergente para las empresas trasnacionales y un mercado sumergente para la sociedad” (Tomadoni, 2009) entre otros, para referirse a los cambios socio-territoriales y al nuevo contexto, o lo que Lacour llama “tectónica de los territorios” (Lacour 1996 citado en Caravaca, 1998: 49). Al mismo tiempo diversos autores reconocen que la economía ya no se caracteriza por el dinamismo al interior de los sectores productivos sino por la interacción entre ellos (agricultura, industria y servicios) a través de procesos de tecnología, gestión, comercialización, entre otros, basados en la información (Mendez, 2007, Caravaca Barroso, 2009). En este contexto, las grandes ciudades ganan espacio, en particular las áreas metropolitanas (Sassen, 1997; Mattelart, 1991, Castells, 1990; Garcia Canclini, 1995). Méndez (2007) refiere a las transformaciones recientes en las regiones metropolitanas y los cambios en las pautas de localización de las empresas, el dinamismo y la organización espacial de las diferentes actividades y el empleo con efectos en la forma urbana. En el mismo sentido, Cicolella (2006) señala las tendencias territoriales en los años 90’ marcando el

escenario temporal del regreso de las grandes ciudades al rol protagónico en términos de crecimiento, inversiones y concentración económica. Se intensifica e incrementa la velocidad de rotación y acumulación del capital en todas sus formas. “La fluidez

parece junto a la flexibilidad (y a propósito de ella) uno de los pilares del nuevo esquema productivo y económico. Los procesos de privatización y desregulación de la economía en general, van en esa dirección y expresan jurídicamente la necesidad de mayor fluidez (menos obstáculos) que tiene el capital. Aumentan los flujos y aumenta la velocidad de los mismos, como condición sine qua non de la eficiencia, la productividad, la flexibilidad y el éxito empresarial”. El autor marca también la

tendencia hacia la especialización territorial de la producción, la formación de bloques

económicos y nuevas formas de cooperación en el espacio. “La información y la

producción del conocimiento aparecen como los factores emergentes de localización. El desarrollo territorial pasa así, por la densidad y calidad de los contenidos

territoriales” (Cicolella, 2006: 9).

Los cambios territoriales en un caso concreto pueden verse en la investigación sobre transformaciones productivas y territorio de Adriani, Papalardo, Pintos y Suárez (2011). La misma aporta un análisis sobre la dinámica productiva y las estrategias de los actores en el contexto de convertibilidad, crisis y posterior crecimiento del país en

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el Gran La Plata. Los autores abordan las estrategias de los actores e identifican a partir de allí la reconfiguración de espacios preexistentes y la configuración de nuevas espacialidades en el territorio a distintas escalas (barrio, ciudad, región). Refieren a estrategias de actores, “entendidas como sistemas complejos de relaciones entre los

actores, las actividades económicas y los sectores sociales de pertenencia, las modalidades organizativas internas, las dinámicas de poder y las políticas públicas, los niveles de participación y gestión y las particularidades de su inserción en el territorio”

(Adriani, Papalardo, Pintos y Suárez, 2011: 18). Cabe destacar en esta investigación los trabajos sobre el sector industrial y los cambios acontecidos en la estructura productiva, las pymes industriales como actores relevantes, las formas organizativas de los actores frente a la crisis y la gestión de las políticas públicas sobre el sector productivo. Desde estos temas, la articulación entre las estrategias de los actores y el territorio, se plasma en la identificación de las materialidades espaciales en el comportamiento de los actores, entre los cuales el Estado adquiere un rol destacado. En este sentido, el territorio, en tanto construcción social resultante del proceso de apropiación del espacio geográfico por agentes sociales, puede ser abordado por la categoría que Santos (2000) define de configuración territorial. Este concepto permite confluir en la relación entre la materialidad de los objetos localizados en el espacio y las acciones que le dan sentido a través de una producción histórica. Santos (2000: 54) afirma que “la configuración territorial está determinada por el conjunto formado

por los sistemas naturales existentes en un país determinado o en un área dada y por

los agregados que los hombres han sobrepuesto a esos sistemas naturales” y agrega “su existencia real, solamente le viene dada por el hecho de las relaciones sociales”. El autor menciona, en relación al contexto, que la configuración territorial tiende a negar la naturaleza originaria y convertirse en una totalmente humanizada, en donde fijos y flujos, es decir, objetos y acciones interactúan permanentemente (Santos, 2000). “Hoy los fijos son cada vez mas artificiales y están más fijados al suelo, y los

flujos son cada vez más diversos, más amplios, más numerosos, más rápidos”

(Santos, 2000: 53)

Ya Durkheim (1895,1962 citado por Santos, 2000: 65) planteaba la idea de que las formas sociales no geográficas como la ley, la familia, la costumbre se vuelven en algún momento formas geográficas. Estas formas surgen como condición de una acción25. Es decir; los objetos, las forman, cobran sentido a partir de las acciones,

25A partir de esta idea Durkheim propone la Morfología social como disciplina dentro de la sociología.

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prácticas y valoraciones sociales en un momento histórico determinado que, en otro momento se re valora a partir de otra acción. Estos objetos solo se pueden explicar por las acciones y en este sentido se refiere a configuración territorial como producción histórica (Santos, 2000).

Las acciones surgen de la intención o propósito del agente social y, en el contexto de reestructuración productiva, es necesario definir estos agentes ya que las acciones muchas veces vienen desde fuera del territorio que les da sentido. Las prácticas sociales, como acciones, se entienden en el marco de relaciones entre agentes y, en palabras de Bourdieu (1995), a partir de su historia y su experiencia, del habitus y de la posición en el campo.