Capítulo II: De la teoría y el contexto
2. Consideraciones Conceptuales
2.2. Reestructuración productiva desde el territorio
2.2.1. Dinámica de la reestructuración
El conjunto de respuestas a la crisis del modelo de producción fordista iniciado en la década del 70’, es lo que denominamos “reestructuración” pero como se puede
observar las combinaciones de corrientes son variadas, debido a las particularidades espaciotemporales de cada territorio.
La estructura productiva31, como construcción dinámica y no como condición estática
de ahí el término (re)estructuración, y el territorio adquieren un significado dinámico en la actualidad ya que se encuentra en permanente mutación. En este sentido, la reestructuración productiva es entendida como concepto amplio que abarca modificaciones de aspectos económicos, políticos, sociales, culturales y espaciales; y que a su vez modifica las relaciones entre los aspectos mencionados. Es decir, no basta con hablar de reestructuración industrial y allí hacer referencia a un tipo de industria en particular sino que, es necesario traspasar el límite sectorial ya que la reestructuración es transversal a las relaciones socio-productivas porque además es una relación con y en el territorio.
Esta mirada de la reestructuración, con eje en el territorio como elemento condicionado pero a su vez condicionante, en donde su impronta entra en juego con las relaciones socio-productivas, implica ampliar el horizonte conceptual y tejer una red
31 Parte de las reflexiones de este capítulo fueron presentadas en el Coloquio de Transformaciones Territoriales – Curitiba Brasil 2008.
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de relaciones teóricas que expliquen y simultáneamente permitan un abordaje metodológico para interpretar el objeto de estudio. Avanzar, y dejar atrás el análisis sectorial para sumirnos en cuestiones más complejas, requiere de una retroalimentación continua de los marcos teóricos y de nuevas consideraciones teórico metodológicas. La realidad cambia y la ciencia geográfica en este caso, debe ir acompañando este proceso para estar a la altura de las circunstancias.
Así, se avanza en un enfoque particular sobre la problemática planteada. La realidad revela que no existe una circunscripción sectorial y en este sentido, el territorio va adquiriendo nuevas formas en función de las lógicas que subyacen a las estrategias (Tomadoni, 2009) que adopten los agentes en el marco de la reestructuración global del sistema capitalista y en este caso específico de la Ciudad de Córdoba en Argentina.
La reestructuración productiva no es un proceso nuevo, como concepto comienza a utilizarse a mediados de la década de los años ‘70 para referirse a los cambios en la estructura productiva e industrial de aquella época. Es la escuela francesa de la Regulación quien precisa la definición como fenómeno complejo que incluye cambios económicos y sociales que se retroalimentan entre sí. Refieren a aspectos económicos como crisis de determinadas actividades industriales, nueva división internacional del trabajo, transformación de las estructuras productivas (transición hacia un nuevo
“modelo de acumulación”) y aspectos sociales y de relaciones de poder que permiten
superar los obstáculos de la dinámica del propio proceso de acumulación (Coq Huelva, 2003).
Para comprender el modelo de producción, entendido como una visión de la realidad y contextualizado al caso argentino, es clave entender los conceptos de régimen de acumulación y modo de regulación, e incorporar la noción de dispositivo de regulación que permite sumar las características contextuales inestables y volátiles en países como Argentina.
La crisis del paradigma socio-productivo, comúnmente conocido como fordista, que comienza a agotarse en la década de los ’70 es un proceso de agotamiento originado en Europa bajo parámetros de producción contextualizados en una crisis de producción/consumo que difiere del contexto latinoamericano y argentino en particular. No obstante, este proceso comienza a visualizarse, lentamente y está acotado territorial y productivamente a mediados de los ´70 en Argentina. Es decir que, la
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reestructuración productiva no es un proceso homogéneo32 ya que cada territorio se reestructura productivamente a partir de características propias y, al mismo tiempo de demandas externas a él. Aquí se entrecruzan procesos de origen global con procesos de origen local ya que, el proceso de reestructuración productiva tiene fuertes aristas globales que mutan a partir del contacto con el territorio en cuestión, de ahí la importancia de considerar la multiescalaridad de este proceso. Los agentes locales, las prácticas que estos desarrollan, sus trayectorias particulares y sus estrategias, sumado a un contexto histórico y territorial particular son los que van a dar lugar a un proceso de reestructuración entendido solo en ese marco de referencia y como proceso de hibridación33.
En este sentido, el proceso de reestructuración productiva configura diferentes espacios de producción en determinados territorios y el problema objeto de estudio que aquí se plantea refleja en este contexto, la complejidad y dinámica de las relaciones socio-productivas en la industria metalmecánica en un espaciotiempo concreto: la Ciudad de Córdoba en la postconvertibilidad y, a su vez, en un contexto más amplio de globalización socio-económica. La actual reestructuración productiva en el marco de la globalización, es entendida como la transformación de los procesos productivos, en sus aspectos tecnológicos, organizacionales, de perfil de la fuerza de trabajo, de relaciones laborales y de cultura del trabajo y que, afecta también dimensiones externas a las empresas, como las relaciones cliente-proveedor, cadenas globales de producción, descentralización productiva, relocalización territorial (Tomadoni, Buffalo, y Berti, 2009).
Se puede afirmar entonces, que los cambios en el modo de regulación, que permite la permanencia del régimen de acumulación a escala mundial, conllevan cambios en la estructura y organización socio-productiva que incide en las relaciones de producción. Las alternativas sintetizadas, como respuesta la crisis socio-productiva, devela una reestructuración productiva que implica un mecanismo formal del proceso de concentración y centralización del capital, que conlleva a cambios en la organización territorial del trabajo (Bradbury citado por Ciccolella, 1992) y, en la organización de las empresas y su entorno territorial.
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“El postfordismo representa un sistema a diseñar, un sistema concreto de acción social a
través del cual las distintas comunidades locales organizan autónomamente sus recursos (en otros términos adquieren capacidad empresaria) para enfrentar los vínculos y aprovechar las
oportunidades de la globalización” (Rullani, 1998 referenciado en Coró , 2000: 310).
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Santos (2000: 86) para referir a la noción de híbrido afirma “la idea de forma –contenido une el proceso y el resultado, la función y la forma, el pasado y el futuro, el objeto y el sujeto, lo
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En este marco de definiciones adquiere sentido teórico metodológico el análisis de las prácticas de los distintos agentes de la sociedad (gobierno, empresas, trabajadores, sociedad civil, etc.) ya que es a partir de éstas que se busca el equilibrio entre producción y consumo.
2.2.2. Flexibilidad como anclaje de la reestructuración
Al profundizar las lecturas sobre las respuestas a la crisis y, tratar de explicitar el viraje territorial que implica entender la reestructuración productiva en un marco espaciotemporal, surge el concepto de flexibilidad. Referir a flexibilidad requiere de una atención especial ya que el término es utilizado indistintamente para cuestiones referidas a la producción como las relaciones laborales. Entender la reestructuración productiva como un proceso complejo y heterogéneo que se define espaciotemporalmente, es una mirada que no remite a generalizaciones del concepto de “flexibilidad” y admite un uso diferenciado.
Ahora, ¿Qué es la flexibilidad? En primer lugar es claramente contraponerse a la rigidez, y en este contexto, a la rigidez del modelo de producción fordista. Los avances tecnológicos (la mecanización que venía gestada en el modelo fordista sumado a la robotización de esta nueva etapa) asume nuevas formas de producir, tanto en el capital, en la mano de obra y en el consumo, así como en el tiempo y el espacio de producción y consumo.
El surgimiento de la flexibilidad en el régimen de acumulación, es una respuesta a la crisis del modelo fordista y a la necesidad de maximizar la ganancia en la relación productividad/costos de producción. Así una nueva organización social del trabajo con eje en la demanda diversificada, producción en series cortas y un mercado de consumo dinámico y cambiante, permite sostener este modelo de acumulación. Asimismo la eficiencia en las organizaciones pasa a primer plano en la disminución de costos a través del manejo y transmisión de información (software), el control de la producción y sus procesos y trabajo sin stocks. Estos cambios que permiten un esquema de producción flexible impactan directamente en la estructura de las empresas y en las formas de trabajo y los trabajadores. El proceso de trabajo asume también la condición de flexibilidad para insertarse en el modo de acumulación bajo esquemas normativos regulados que permiten la flexibilización del trabajador. No obstante, y por las características del proceso de reestructuración así como por el territorio, la flexibilidad adquiere particularidades que pueden ser analizadas en las
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prácticas de los agentes. Así encontramos un mix de procesos por los cuales en una
misma empresa se pueden encontrar procesos flexibles en determinadas etapas de la producción y procesos rígidos en otras, o empresas con esquemas flexibles en su totalidad.