EL PENSAMIENTO DE SHAFTESBURY
LA ESTÉTICA: LA BELLEZA, EL ARTISTA Y EL VIRTUOSO
La belleza se basa en la simetría y el orden295: el hombre ama la belleza296. En esto difiere de Plotino, para quien la belleza era algo más que simetría.
Shaftesbury hace ligeramente referencia a un cierto ideal de belleza en el sentido de la Idea de Platón, una forma-patrón, norma, regla y medida que nadie aprende pero que todos confiesan poseer; un ideal inalcanzable por cualquier individuo de la especie297. En esto se
283 Ibid., II, 213, 347, 357, 371 y ss. 284 Ibid., II, 274. 285 Ibid., II, 290-291. 286 Ibid., II, 358, 369-370. 287 Ibid., I, 49; III, 36. 288 Ibid., II, 295, 372. 289 Ibid., II, 398. 290 Ibid., II, 399-400. 291 Ibid., II, 366, 369. 292 Ibid., 366, 368-370. 293
Dilthey, W., Wilhelm Diltheys Gesammelte Schriften, Verlag von B. G. Teubner, Leipzig und Berlin, 1923, 6 Vols., Vol. II, pp. 284, 342-343.
294 Ibid., Vol. V, p. 402. 295 Characteristics, 1714, III, 380. 296 Ibid., II, 414-415. Cfr. Philosophical Regimen, p. 179. 297 Characteristics, 1714, II, 416.
acercaría más a Plotino, para quien toda la belleza de este mundo resulta de la comunión con la forma ideal.
La Estética de Shaftesbury realiza un gran giro hacia la Ética. Afirma, así, que también existe belleza en los hechos y acciones298. Cuando define una figura o acción bellas, Shaftesbury diferencia entre lo que embellece y lo embellecido, siendo el elemento que embellece, y no el embellecido, el que es realmente bello299. Por consiguiente, lo bello no se encuentra en la materia, los pobres restos de la triste materia300, sino en la actividad de la mente que se muestra en el Arte y el Dibujo como poder formador301. La belleza interior y exterior del hombre depende, por tanto, de su mente302. Esta “belleza interior”, esta belleza de la mente, es absolutamente esencial para el hombre303, siendo fuente de placer y provecho304.
Shaftesbury afirma que toda belleza es verdad305, entendiendo por verdad, la verdad interior, parecida a la forma interior306. Pero la belleza no es sólo verdad, es también buena307, y buena significa aquí perfecta.
Desafiando de este modo la teoría de la imitación del Renacimiento, Shaftesbury llega a su ecuación haciendo resurgir la kalokagathía de los antiguos, esto es, lo que es bello es armonioso y proporcionado; lo armonioso y proporcionado es verdad; y lo que es a la vez bello y verdad es, consecuentemente, agradable y bueno308.
Toda la belleza se deriva de Dios, que es la causa embellecedora309. El alma que aspira puede alcanzar el grado máximo de belleza, y lucha por ese orden y perfección que ha de encontrarse en su país nativo superior310. Como en Platón, la comunidad de naciones perfecta existe en el Cielo y no en la Tierra.
298 Ibid., II, 414-415. 299 Ibid., II, 404. Philosophical Regimen, p. 180. 300 Characteristics, 1714, II, 297, 404. 301 Ibid., II, 405-406. 302 Ibid., I, 138; II, 245. 303 Ibid., I, 137-138. 304
Ibid., II, 211; III, 184-185.
305
Ibid., I, 142.
306
Ibid., I, 4, 142; III, 349.
307
Ibid., II, 29-30, 409, 416; III, 303.
308
Ibid., III, 182-3.
Cfr. Platón, Hipias Mayor, 297 B, y Filebo, 64 E.
309
Characteristics, 1714, II, 295.
310
Según Shaftesbury, la belleza es muy huidiza y profunda311; es una expresión misteriosa, y un tipo de sombra de algo interior que existe en el temperamento312. Cuando Shaftesbury habla de forma interior, números interiores, esto es, la gracia interior, debe entenderse como la perfección interna, armonía, simetría y equilibrio de las partes con respecto al todo313.
Shaftesbury distingue tres clases de belleza:
1. Las formas muertas: componen la clase inferior, y no tienen poder formador, ni acción ni inteligencia314.
2. Las formas formadoras: las mentes humanas bien organizadas y equilibradas que tienen acción e inteligencia315. Estas formas pueden producir formas bellas del primer tipo.
3. La belleza suprema y soberana: los hombres que logran purificarse y ennoblecerse pueden hacerse miembros de esta clase y producir “formas formadoras” en poesía, música, arquitectura y ética, inspirando así a otras mentes que guiarán hacia la belleza pura316.
Según Shaftesbury, la belleza puede apreciarse mediante la razón, la mente y los sentimientos, no tratándose simplemente de una cuestión de los sentidos externos de la visión o audición317.
El sentido de la belleza moral es algo innato en el hombre. Nada está, seguramente, más fuertemente impreso en nuestras mentes que la idea de orden y proporción318. El ser humano experimenta un deleite natural al advertir el orden, equilibrio, simetría, armonía y proporción que existen en las cosas319. El sentido moral-estético establece, igual que la
311
Ibid., II, 402.
312
Cfr. Sensus Communis: An Essay on the Freedom of Wit and Humour.
313
Characteristics, 1714, I, 338; II, 403, 406-407; III, 367.
314 Ibid., II, 406, 427. 315 Ibid., II, 403-407. 316 Ibid., II, 211-212; 407-408. 317 Ibid., II, 395, 402, 422-425. 318 Ibid., I, 283-5, 284; II, 411-413. 319 Ibid., II, 104-105.
conciencia, una norma a la que se recurre de modo inevitable320, haciendo del hombre un esteta moral perfecto321, un artista en moralidad.
Sin embargo, Shaftesbury afirma que el gusto, el sentido de lo que es agraciado y bello, no es innato322, sino algo que se adquiere, principalmente, en el medio ambiente en que se vive, produciendo así la educación y la crítica un gusto legítimo y justo323. El gusto es una necesidad absoluta, pues mueve más a los hombres de lo que lo hacen sus principios324 . El ensayo y experiencia de lo que creemos mejor325, y una crítica seria y valiente326 darán como resultado un gusto invariable, agradable y justo en lo que se refiere a la vida y las costumbres. El filósofo y el virtuoso, esto es, el hombre estético, son quienes especialmente lo necesitan327. Según Shaftesbury, somos nosotros mismos quienes creamos y formamos nuestro gusto328. Como indica B. S. Allen: “La desconfianza que el clasicista sentía hacia la relatividad, y su fe en el absoluto, hacía que existiera un gusto bueno y otro malo. El buen gusto se desarrollaba disciplinando constantemente las preferencias caprichosas, utilizando unos criterios derivados a partir de un extenso conocimiento de las grandes obras de los maestros conocidos. El mal gusto resultaba de la admiración del arte democrático de Holanda y Flandes, y del arte mal proporcionado del lejano Oriente”329.
Cuando habla del artista y de la creatividad, Shaftesbury afirma que el artista es un segundo creador, un justo Prometeo bajo Júpiter. Como el Artista Soberano, o naturaleza plástica universal, forma un todo coherente y proporcionado en sí mismo, con una debida sujeción y subordinación de las partes constituyentes330. El artista debe amar los números, la
320
Ibid., III, 214-216.
321
Ibid., II, 283; III, 161-162.
322 Ibid., I, 135. 323 Ibid., III, 164-165. 324 Ibid., III, 177. 325 Ibid., I, 10. 326
Ibid., III, 165-167; III, 304.
327
Ibid., III, 186-187; III, 304.
328
Ibid., III, 186.
Cfr. Aurelio, M., Meditaciones III y V.
329
Allen, B. S., Tides in english Taste (1619-1800). A Background for the Study of Literature, Harvard University Press, 1937, 2 Vols., Vol., I, pp. 238 y ss, 245.
Interesa señalar que las opiniones de Shaftesbury sobre el gusto pueden haber influido en los escritores clásicos alemanes a través de Kant. I. Knox afirma que la influencia de Shaftesbury puede observarse en
Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime (1764) de Kant, indicándonos así que “existe una
tendencia empírica en las Observaciones, intentándose fusionar moral y gusto” (The Aesthetic Theories of
Kant, Hegel and Schopenhauer, Columbia University Press, 1936, pp. 171-2). 330
decencia y la proporción, esto es, debe amar la armonía y proporción, y poseer un sentido de los números interiores331.
Respecto al genio, Shaftesbury afirma que, al poseer una presencia divina dentro de sí332, y con la familiaridad y favor de las Gracias morales333, puede ejercer un poder enorme, como sucede con Milton y su Paraíso Perdido334. Quien es un verdadero genio no “prostituirá nunca” el arte, ni descuidará sus reglas por mero interés335, sino que se autocriticará en soliloquio336; amará la soledad y evitará frecuentar demasiado a menudo la sociedad337. Después, mejorará y refinará a su público338.
En su obra Notion of the Historical Draught or Tablature of the Judgment of Hercules, Shaftesbury insiste en la necesidad de la “forma interior”, exponiendo sus opiniones sobre lo que es una obra de arte y ofreciendo un ejemplo: una “tabladura” es una obra única comprendida en un punto de vista con unidad de diseño; “un todo real” que posee una relación orgánica de todas sus partes con el todo339. Unidad de tiempo y unidad de acción son indispensables en una buena pintura340, debiendo existir simplicidad en la composición y claridad341, indicándonos, por tanto, que ningún detalle superfluo debe distraer nuestra atención342. Pero hay que recordar que la parte moral debe tratarse de modo diferente en Pintura a como se hace en Historia o en un Poema343.
Según Shaftesbury, toda obra de arte está sujeta a las reglas de verdad naturales y a la proporción344 y, si se tratan temas que sean puramente ficticios, sólo agradará si puede crear la ilusión de verdad345. La representación exacta de la realidad no es lo esencial del arte, sino la probabilidad interior: La probabilidad o verdad aparente es la verdad real del arte346. Todas
331 Ibid., I, 136, 338. 332 Ibid., I, 51-52. 333 Ibid., I, 338. 334 Ibid., I, 136, 276-277. 335 Ibid., I, 261. 336 Ibid., I, 161, 168. 337 Ibid., I, 159. 338 Ibid., I, 240, 263. 339 Ibid., III, 384. 340 Ibid., III, 354, 387. 341 Ibid., III, 356-357, 378, 383. Cfr. Philosophical Regimen, pp. 179 y ss. 342 Characteristics,1714, III, 356, 377. 343 Ibid., III, 338. 344 Ibid., I, 145. 345 Ibid., I, 4, 142. 346 Ibid., III, 349, 372.
las criaturas que salen del cerebro del artista deben ser una formación de la Naturaleza347. Los poetas y artistas deben ser como los filósofos, esto es, “imitadores de la naturaleza”.
En cuanto al virtuoso, Shaftesbury afirma que sólo se desarrolla por medio del arte y la belleza. El virtuoso lucha por lo sabio y noble, ansiando ser sabio y bueno, así como agradable y educado348. Shaftesbury alaba a los virtuosos e ingenios de la época. De este modo, en la denominación de virtuoso incluye a los caballeros refinados, amantes del arte y del ingenio, que han visto el mundo y se han informado de los modales y costumbres de las diversas naciones de Europa, estudiando sus antigüedades y archivos... contemplando sus artes principales, estudios... Arquitectura, Escultura, Pintura, Música, y su gusto en Poesía, Saber, Lengua y Conversación349. El virtuoso debe ser también filósofo, pues sólo la unión de virtuosismo y filosofía produce el hombre realmente grande, el “hombre bien educado”: Filosofar es hacer que la buena educación ascienda un peldaño más350. La Filosofía se entiende así como debió hacerse en sus orígenes, esto es, como la maestría en la vida y en las costumbres351.