EL PENSAMIENTO DE SHAFTESBURY
VIRTUD, RELIGIÓN Y DIOS
En todo hombre existe un impulso irreprimible hacia la virtud, un fuerte principio de virtud yace en el fondo437. La virtud, cuando se da en toda su amplitud, significa la felicidad438. El término innato, que antes hemos mencionado, se sustituye en otro pasaje439 por el término diferente de ideas connaturales, esto es, secundum naturam. El problema no es, entonces, si algo es innato o no, sino el de si, en un momento determinado de su evolución, este concepto o facultad surge de forma necesaria, esto es, si es connatural a su existencia.
El concepto de virtud que Shaftesbury defiende es cuádruple: virtud estética, moral, social y religiosa: 430 Ibid., I, 10. 431 Ibid., II, 252, 253. 432 Ibid., II, 87-88. 433 Ibid., II, 165-167. 434
Ibid., II, 110; III, 222-223.
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Ibid., II, 163-171.
M. Aurelio, op. cit., V, 10.
436
Characteristics,1714, II, 163-164. M. Aurelio, op. cit., V, 33.
437
Characteristics, 1714, II, 37.
438
Ibid., II, 176.
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1. Estética, en lo que concierne a la “forma interior”, porque la virtud es la belleza más natural del mundo440.
2. Moral, porque el “sentido moral”, contrapartida ética de la “forma interior” en estética, considera que la “verdad moral” y la “honradez” son la naturaleza de la vida441, reaccionando así ambas dificultades, ética y estética, del mismo modo entre sí.
3. Social, porque la naturaleza de la virtud implica poseer las nociones correctas del bien y del mal, no siendo posible amar realmente la virtud si no se conoce el bien público442.
4. Religiosa, porque para que la virtud sea perfecta debe serlo por la creencia en un Dios443.
Shaftesbury, siguiendo el Menon y el Gorgias de Platón, establece también la doctrina de que el conocimiento del bien es algo latente en nuestras mentes. Adopta, así, la noción de los antiguos, según la cual el hombre será virtuoso si conoce completamente lo que es la felicidad, pues toda la inmoralidad y atrocidad que se comete en la vida tiene su origen en una opinión parcial y estrecha de la felicidad y del bien444.
El hombre pesimista no posee el ingenio y el juicio verdadero para ver las cosas en su verdadera luz, porque se lo impiden sus amargas opiniones que consideran que el universo está “en confusión”. El poder de la virtud aumenta a través de nuestra fe en la armonía del universo creada por Dios445. Por tanto, la virtud es el bien y el vicio, el mal de todo446. Resistir los encantos de la vida es algo necesario para que pueda existir la virtud, pues el valor y la resistencia en todas las pruebas son esenciales447.
El hombre que contemple el orden del universo creerá con optimismo en la existencia de una deidad448. Sin embargo, la creencia unilateral en un “estado futuro” distraerá el valor que un 440 Characteristics, 1714, I, 142. 441 Ibidem. 442 Ibid., I, 107; II, 40, 76. 443 Ibid., II, 8, 50-51, 333. 444
Ibid., II, 427, 437; III, 304.
445
Ibid., I, 208; II, 70-71.
446
Ibid.., II, 272-273.
Spinoza, B., op. cit., Parte Segunda, Prop. XLIX; IV, Prop. XXIV y XLIII; V, Prop. XIX y XLII.
447
Characteristics, 1714, II, 276.
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hombre tiene como miembro del Estado449. Hay que recordar siempre que el ideal de la verdadera religión no es la ascesis, sino el buen humor y el deleite de la vida450: “El fin de la religión es hacernos más perfectos, y lograr nuestra realización en todos nuestros deberes y actuaciones morales451.”
Aunque aliadas, religión y virtud son independientes entre sí. A menudo, hombres que no son nada religiosos son hombres morales452, mientras que algunos hombres que son religiosos carecen de una verdadera virtud453. La virtud es pionera de la verdadera religión454: “No puede haber virtud si no se cree en Dios; y sin virtud no hay felicidad. Éstas son las dos proposiciones del ilustre filósofo cuyas ideas voy a exponer”455.
El amor a Dios debe ser voluntario y debe basarse en la estima o el amor, y en un sentido del deber o gratitud456. Dios, dice Teocles, es el Yo principal y original, y yo “intento ser realmente Uno con ello”. Esta unión de nuestro yo “real” con el “Gran Uno del mundo” es posible si nuestro yo, nuestra “mente particular” coopera con “la mente general... para lograr el bien general, y se esfuerza a voluntad de acuerdo con la mejor de las voluntades. Esta mente particular debe intentar conseguir que su felicidad esté de acuerdo con el Uno-general, esforzándose por parecérsele en su mayor simplicidad y excelencia457.”
Shaftesbury exige, como Bayle, que exista dentro del Estado una libertad absoluta de religión y una tolerancia mutua: “Quien se impacienta y no puede soportar el mundo tal como es no se da cuenta de lo intolerable que a menudo resulta458.”
En resumen, Shaftesbury considera que la tarea de la Filosofía es lograr una vida feliz, constituyendo así un arte de vivir. Rechazando la tutela de la Iglesia, se decide por un escepticismo filosófico-científico, y establece que la condición para lograr la felicidad es conocerse a sí mismo por medio del método del soliloquio.
Respecto al Universo, la Naturaleza y Dios, piensa que todo está ordenado y planeado con un propósito. La perfección del Todo es absoluta, y la de las partes, relativa. El sistema
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Ibid., II, 277.
450
Ibid., I, 22-23; III, 98-99. M. Aurelio, op. cit., V, 9.
451 Characteristics, 1714, II, 89. 452 Ibid., II, 6. 453 Ibid., II, 76, 256. 454 Ibid., II, 266, 268. 455
Diderot, D., Philosophie morale réduite á ses principes, traducción al francés del Inquiry Concerning Virtue
or Merit de Shaftesbury, Amsterdam, 1745, p. xv. 456 Characteristics¸ 1714, II, 272. 457 Ibid., II, 358-359. 458 Ibid., II, 256. Philosophical Regimen, pp. 70-89.
del mundo es un orden deliberado y una obra de arte consumada, llenándonos de noble entusiasmo su armonía y arte. La jerarquía del gobierno cósmico es tripartita: Dios, Naturaleza y Mundo, siendo la Providencia una deidad subordinada a la Naturaleza. Las leyes de la Naturaleza son siempre buenas, no muriendo nunca la forma. La prueba de la existencia de Dios es la experiencia de la belleza y armonía que existen en el mundo. Nada que vaya contra la razón debe creerse de Dios.
En lo referente a la Estética, Shaftesbury afirma que la belleza se basa en la simetría y el orden. Lo importante es la belleza interior, pues belleza exterior e interior dependen de la mente. Toda belleza se deriva de Dios, y ésta puede apreciarse por medio de la razón, la mente y los sentimientos, y no sólo por los sentidos externos de la visión o audición. En Shaftesbury, la Estética da un giro hacia la Ética: el sentido de la belleza moral es algo innato en el hombre. Sin embargo, el gusto se adquiere, y éste mueve más que los principios. El artista es un segundo creador, y como el Artista Soberano o naturaleza plástica universal forma un todo coherente subordinando las partes. El genio posee una presencia divina dentro de sí, y la utilizará para mejorar y refinar a su público. El virtuoso sólo se desarrolla por medio del arte y la belleza. La unión de virtuosismo y filosofía produce el hombre realmente grande y bien educado.
En lo concerniente al hombre como sistema moral, Shaftesbury nos indica que el hombre es una arquitectura viva, pero que cualquier pasión errónea puede destruir el todo. Dios y la Naturaleza han establecido las normas por las que se rige el sistema moral. Por consiguiente, hay que obrar de acuerdo con la naturaleza por encima de la religión y las leyes humanas. El sentido moral es un sentido del bien y del mal, como un “ojo interior” y, como el instinto de los animales, es algo innato. El mal equilibrio de los deseos incontrolados origina la ruina del hombre. Shaftesbury, como Platón, considera que los placeres de la mente son superiores a los placeres corporales, y piensa que la templanza es la virtud superior, pues se necesita de una disciplina normativa para realizar el bien.
En cuanto al individuo y su lugar en la comunidad, Shaftesbury opina, frente a Hobbes, que el estado natural fue un estado de comunidad o sociedad. El sentimiento social o sentido común (sensus communis) es la norma máxima de vida, y la amistad se valora como algo sin lo que un hombre no podrá considerarse tal.
De este modo, frente a la ética utilitarista y supranaturalista que defienden Locke y Clarke, Shaftesbury desarrolló una moral completamente autónoma del instinto ético de la razón que debe dirigir al individuo y a la sociedad hacia una autoperfección armónica. Otorgó, así, a esta moral estética el fondo de un panteísmo estético-optimista.
CAPITULO IV