EL PENSAMIENTO DE SHAFTESBURY
OPINIONES SOBRE LA FILOSOFÍA
Shaftesbury afirma su postura filosófica declarando lo que no es: no es un escéptico en el sentido vulgar de la palabra, esto es, duda, pero no sólo por el mero hecho de dudar, ni tampoco por el placer de estar en la oposición, sino porque aspira a la verdad. No es tampoco ni un epicúreo, ni un ateo201.
El lema introductorio que incorporó a su Inquiry demuestra que Shaftesbury tampoco es un utilitarista: Así, pues, consideramos honesto lo que, quitada toda utilidad, sin ningún premio ni fruto, puede alabarse por sí mismo con razón.
Shaftesbury cree que la filosofía es una tarea práctica de naturaleza eudemonista: su objetivo es lograr una vida feliz, pero no en sentido hedonista, esto es, una vida que contenga gran cantidad de placer, sino la que pueda considerarse con cierto deleite. De este modo, la filosofía es el estudio de la felicidad202.
200 Characteristics, 1714, I, 290. 201 Ibid., III, 70. 202 Ibid., II, 438.
La eudemonía de Shaftesbury no significa felicidad en el sentido que comúnmente se le da a esta palabra, sino que, como Aristóteles, Shaftesbury afirma que la felicidad consiste en la actividad virtuosa, en la perfección de la función. La ética de Shaftesbury es la de un perfeccionismo idealista.
El estudio de la felicidad puede apreciarse mejor a través de su esfuerzo por comprender la belleza de la naturaleza y el orden del universo; esta comprensión hace que nuestra alma pueda compartir la armonía que existe en la naturaleza y el universo, acercándose así al objetivo de todo esfuerzo: la felicidad. La filosofía puede resumirse entonces como el aprendizaje de lo justo en sociedad; de lo bello en la Naturaleza y del orden existente en el Mundo203. Filosofía significa maestría en la vida y las costumbres, esto es, el arte de vivir.
Según Shaftesbury, un hombre puede filosofar “con destreza o sin destreza”; la destreza necesaria puede adquirirse a través de una práctica regular, reflexionando sobre la esencia de la felicidad y los modos y medios para realizarla204.
Refiriéndose al problema de la abstracción, Shaftesbury rechaza la mera sutileza y delicadeza de la especulación205. Todas las enseñanzas de la filosofía deben concentrarse en esta vida de aquí en la Tierra. La vida del más allá no debe ocupar nuestro interés principal ni exclusivo206. A Teocles (en The Moralists) se le reprende para que no vuele de modo extravagante hacia la Luna, sino que se mantenga cerca de esta órbita de la Tierra207. La especulación no nos enseña, por tanto, el verdadero camino de la felicidad; ésta sólo puede conocerse investigando empíricamente los datos que nos ofrece la naturaleza de esa excelente escuela que llamamos Mundo208. Ser un virtuoso significa dar un paso hacia delante para convertirse en un hombre de bien y buen sentido más que en ser un erudito209. Los pintores y poetas deben prestar gran atención a la realidad, pero el filósofo debe hacerlo mucho más. Como el poeta, debe “imitar la naturaleza” porque las cosas son muy duras, y no serán como nos las imaginamos210.
Shaftesbury se decide por un escepticismo filosófico-científico, rechazando la tutela autoritaria de la Iglesia y del dogma. Un escepticismo sano y honesto que pretenda lograr un 203 Ibid., III, 161. 204 Ibid., II, 438-439. 205 Ibid., I, 297. 206 Ibid., II, 236. 207 Ibid., II, 382. 208 Ibid., I, 334-335. 209 Ibid., I, 333. 210 Ibid., I, 354.
conocimiento real es la mejor protección contra el fraude y engaño que representa el dogma211. El escepticismo es para Shaftesbury ese estado o marco mental en el que todos se quedan cuando no se está seguro del tema en cuestión212.
La fe, no sólo en religión, sino en otras doctrinas, significa renunciar determinadamente a la duda causada por el miedo a perder esa fe213. La fe significa no querer saber, y puede retrotraerse a la cobardía y al miedo a la verdad214. Creer simplemente en algo, esto es, “no saber”, significa rendirse, es decir, entregar nuestra independencia intelectual y autonomía215. De este modo, Shaftesbury concluye axiomáticamente: nada puede considerarse demostrado, si antes no se ha dudado de ello: Lo que nunca ha sido cuestionado, nunca se ha demostrado; del mismo modo, cualquier tema que en cualquier momento no haya sido examinado con una perfecta indiferencia, puede considerarse que nunca se examinó ni se creyó en ello de modo adecuado216.
Pero la duda por sí sola no es suficiente; se requiere la conciencia y realizar un trabajo completo, recordando que para salvaguardarnos de las superficialidades de la vida, debemos emplear la piedra de toque del ridículo217. Samuel Johnson se equivocaba cuando criticó la tonta afirmación de Shaftesbury acerca de la eficacia del ridículo para descubrir la verdad218. Shaftesbury pensaba que el ridículo era algo específico contra la superstición, no que fuera la prueba para lograr la verdad219.
En lo que se refiere a las costumbres, una nación que se considere libre debe insistir en la censura imparcial y libre de las costumbres y desenmascarar el engaño. No debe permitirse que ningún Estado, ni ningún personaje poderoso, repriman la libertad de censura220. Shaftesbury considera que la exactitud de pensamiento y de estilo, el refinamiento de las costumbres, la buena educación y la delicadeza de todo tipo sólo puede provenir del juicio y experiencia de lo que es mejor221, y por eso cualquier país que con sus leyes impida que de una forma natural se logre este objetivo debe ser criticado para desenmascarar el engaño que sus leyes ocultan. Según él, sólo en una nación libre, como la nuestra, no tiene ningún 211 Ibid., III, 65-76. 212 Ibid., III, 71. 213 Ibid., III, 73. 214 Ibid., II, 189-190. 215 Ibid., II, 191. 216 Ibid., II, 265. 217 Ibid., I, 11-12. 218
Johnson, S., Works, Londres, 1823, Vol. VIII, p. 359.
219
Cfr. History of English Literature, Cambridge, Vol. IX, p. 300.
220
Characteristics, 1714, I, 9.
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privilegio el engaño; y ni el crédito de una corte, el poder de una nobleza, ni lo espantoso de una Iglesia puede darle protección, ni ocultarlo tras cualquier tipo de configuración o apariencia222. Es evidente que Shaftesbury estaba comparando la democracia inglesa con las monarquías absolutas del continente europeo.
El filósofo debe ser, así, un hombre de valor, de buena educación, no ser unilateral en sus juicios, ingenioso, de temperamento disciplinado, interesado en la humanidad y con conciencia de su rango223. Cuando el filósofo posee estas cualidades y adopta un escepticismo honesto y justificable, realiza su gran misión, convirtiéndose entonces la filosofía en un arma con la que combatir los fraudes, la vanidad de los teólogos y los filósofos poco profundos224, esto es, los simuladores de la filosofía225.
La filosofía, vitae dux, virtutis indagatrix, es superior a la teología y a la autoridad de la Iglesia, debiendo presidir el resto de las ramas del conocimiento humano, pues enseña la medida del resto de las ciencias, y asigna el justo valor que todo tiene en la vida226.
Shaftesbury cree en la Revelación, pero el ser humano no puede comprenderla completamente, pues su razón no está equipada para dicha tarea. Critica a todos aquellos que presumen haber tenido alguna experiencia mística en la que divinidad les comunicara algún tipo de mensaje, convirtiéndose así en profetas. Shaftesbury afirma que no experimentó nunca ninguna comunicación divina227. Sin embargo, la “credulidad e incredulidad” son sólo “defectos en el juicio”, lo que significa que la persona mejor intencionada del mundo podría equivocarse al defender cualquiera de estas posturas228. Por consiguiente, como nadie puede atribuirse un saber absoluto, en cuestiones de fe, el filósofo es la autoridad máxima, ocupando la teología y la Iglesia un segundo lugar229.
En todas las cuestiones religiosas debe existir libertad de discusión. Shaftesbury considera que los milagros han cesado, y no son prueba de la divinidad230. Los problemas religiosos no pueden resolverse por la fuerza, pues la fuerza carece de razón: El poder no puede servir nunca como prueba de la bondad, pues la bondad es la única garantía de la
222 Ibid., I, 9. 223 Ibid., III, 161-162. 224 Ibid., I, 297. 225 Ibid., III, 162. 226 Ibid., I, 297-299. 227 Ibid., III, 70. 228 Ibid., II, 326-327. 229 Ibid., I, 101-102; 297-298. 230 Ibid., II, 328-334.
verdad231. Contra el espíritu de persecución que quiere subyugar a la humanidad232, se alza el espíritu de burla233; ese espíritu luchará, y un sano escepticismo socavará el sistema de fuerza, desembarazándose el hombre de sus cadenas234. Rand considera que estos pasajes son la “clave” del Philosophical Regimen de Shaftesbury: “uno de los intentos más consistentes y completos que se han realizado para transformar una filosofía en vida235.
Todo lo que ha sido indicado anteriormente son condiciones para lograr la felicidad. Sin embargo, la primera y principal condición es la de ¡Conócete a ti mismo! Para conseguirlo, debemos estudiar nuestra constitución moral y física236, y disciplinar nuestro conocimiento237.
Un método especialmente efectivo para lograr esta autoinvestigación personal y de otros hombres es el soliloquio, mediante el cual un hombre se divide en dos personas diferentes, alumno y profesor238. La inscripción délfica “¡Conócete a ti mismo!” significa ¡Divídete o sé dos!”239. Ésta es la única manera de poder mantener un diálogo perfecto con el propio yo en solitario.