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68 EUROPA EN LA EDAD MEDIA

estrado y quitó un cojín de debajo de ella; allí debajo estaba la puerta de una trampa y un agujero bajo el estrado; hizo pasar a Odd, se instaló como antes, se sentó encima y dijo que no se encontraba bien. Cuando entraron Amkell y los demás en la sala no hubo saludos. Geirrid se quitó el manto y fue hacia Katla, tomó un saco de piel de foca que había lleva­ do consigo y lo puso sobre la cabeza de Katla; iuego sus compañeros ata­ ron el saco por abajo. Entonces Geirrid ordenó romper el estrado, se en­ contró allí a Odd y se le amarró. Después de lo cual, Katla y Odd fueron transportados hacia el interior hasta el promontorio de Buland y allí Odd fue colgado. Mientras se le ahorcaba, Amkell le dijo: «Mal te ha sobreve­ nido de tu madre; es probable también que ella sea mala.» Katla dijo: «Ciertamente puede ser que no haya tenido una buena madre, pero no porque yo lo haya querido le ha venido el mal de mí; mas lo que yo que­ rría es que el mal os tocase a todos a causa de mí; espero que así sea. Ya no se os ocultará que soy yo quien ha causado a Gunnlaug, hijo de Thorbjorn, los males de los que han resultado todas estas molestias; en cuanto a ti, Amkell, dijo, no te puede venir mal de tu madre puesto que ya no vive. Pero deseo que la suerte que yo te eche sea causa para ti de mayor mal por parte de tu padre que el que Odd ha recibido de la mía y tanto más cuanto que tú corres más riesgos que él; también espero que se diga antes de que esto acabe que tú tenías un mal padre.» Después de esto, lapidaron a Katla hasta la muerte allí, bajo el promontorio. Luego se fueron a Mavahlid. Se recibieron todas estas noticias juntas y nadie sintió pesar. Así se pasó el invierno.»

«La Saga de Snorri el Godh, hacia 1230 (invención literaria sobre acontecimientos de la historia islandesa en el siglo X )

«...Luego fueron franceses a Constantinopla para conquistar la tierra y encontraron a esta secta; al ser muchos, hicieron un obispo que fue llamado obispo de los latinos... luego los franceses que iban a Constanti­ nopla volvieron a su casa, predicaron y, llegando a ser muchos, instituyeron un obispo de Francia. Y porque los franceses fueron al principio sedu­ cidos en Constantinopla por búlgaros, por toda Francia se llama búlgaros a los herejes. Del mismo modo los provincianos que están en los confines de Francia, oyendo sus predicaciones y seducidos por los de Francia, llega­ ron a ser tantos que hicieron cuatro obispos, a saber el de Carcasona, de Albi, de Tolosa y de Agen.»

Anselmo de Alejandría «Tractaíus de hereticis», hacia 1260-1270

«Después de haberse reunido con nosotros en la iglesia de San Esteban, el obispo de Poitiers, el conde de Tolosa y alrededor de otros trescientos clérigos y seglares, les conminamos a exponemos su fe y abandonar la in­ famia que extienden por toda la tierra con su satánica predicación, para vol­

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ver a la verdad de la fe católica con una confesión saludable. Y ellos, en medio de sus palabras, presentaron una carta en la que habían escrito los artículos de su fe y se pusieron a leerlos. Como, entre las palabras que comprendíamos^ algunas que nos parecían sospechosas podían ocultar la herejía que predicaban, salvo más amplias explicaciones, les pedimos que defendieran su fe en latín, porque su lengua no nos era bastante cono­ cida, porque era sabido que los Evangelios y las Epístolas de que querían servirse para demostrar su fe estaban escritos en latín. Y como no osaron hacerlo.. ya que ignoraban en realidad el latín, tal como se vio por las pala­ bras que uno de los dos quiso pronunciar en latía, pudiendo apenas aso­ ciar dos palabras y perdiendo pie completamente tuvimos que condescen­ der a escuchar un discurso en lengua vulgar sobre los sacramentos de la Iglesia, a causa de su ignorancia, lo que es bastante absurdo...»

Pedro de San Crisógono

«Aquellos herejes a los que se llamaba creyentes se dedicaban a la usu­ ra, al robo, al homicidio, a todos los placeres de la carne, al perjuro y a todas las perversidades; pecaban con una seguridad y un frenesí tanto mayores cuanto pensaban que habían de salvarse sin restituir sus robos, sin confesarse y sin hacer penitencia, con tal de que en el artículo de la muerte pudiesen recitar el «Padre Nuestro» y recibir la imposición de manos de sus maestros... decían aún que no hay más pecado en dormir con su madre o su hermana que con cualquier otra mujer...»

«En cuanto al conde de Tolosa que parece haber hecho un pacto con la muerte y no soñar en la suya, si por azar el tormento le da inteligencia y si su rostro, cubierto de ignominia, empie2a a reclamar el nombre de Dios, continuad haciendo pesar sobre la amenaza hasta que dé satisfac­ ción a nosotros, a la Iglesia y a Dios. Expulsad a él y a sus cómplices de las tiendas del Señor, Despojadlos de sus tierras a fin de que habitantes católicos sustituyan a los herejes eliminados y, conforme a la disciplina de la fe ortodoxa que es la vuestra, sirvan en presencia de Dios dentro de la santidad y la justicia.»

«Hystoria albigensis», de Fierre des Vaux de Cernay

«El vizconde y los suyos han subido a los muros, Se lanzaron con ballestas flechas guarnecidas de plumas, Y de una- parte y otra muchos murieron.

Si el pueblo que se había juntado no hubiese sido tan grande, Pues de toda Ja tierra había entrado allí.

Jamás se habría podido tomarla y forzarla en menos de un año. Pues las torres eran altas y los muros almenados.

Pero- íes ha sido quitada el agua y los pozos están secos, A causa del gran calor y del pleno verano,

A causa de la infección que se extiende entre los hombres que han caído enfermos.