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66 EUROPA EN LA EDAD MEDIA

Cuando el emperador Morchuflo supo que venían así, no se atrevió a esperar, sino que huyó siempre dos o tres jomadas por delante; y así se fue hasta Messínopla, donde estaba el emperador Alexis. Y le envió sus mensajeros y le mandó que le ayudara e hiciera toda su voluntad. Y el emperador Alexis respondió que fuera bienvenido como su hijo, pues que­ ría que tuviera a su hija por esposa y haría de él un hijo suyo. El empera­ dor Morchuflo se alojó así ante Messínopla y armó sus tiendas y sus pabe­ llones; y el otro estaba alojado en la ciudad. Y entonces hablaron juntos

y ¡Alexis! *e su y se aliaron y dijeron que no serían más que uno. Estuvieron así no cuántos días, unos en el campo y otros en la ciu­ dad. Y entonces el emperador Alexis invitó al emperador Morchuflo a ve­ nir a comer en su casa, diciéndoie que irían juntos a los baños. Tal como fue convenido se hizo. El emperador Morchuflo, tal como el otro le rogó, vino sencillamente y con poca gente; y cuando estuvo en su casa, el emperador Alexis le hizo venir a una cámara y lo hizo tirar a tierra y le hizo arran­ car los ojos de la cabeza por la traición que habéis oído. Mirad sí tales gentes habían de tener una tierra o perderla, cuando cometían tan gran­ des crueldades unos contra otros. Y cuando los del emperador Morchuflo supieron esto se desbandaron y emprendieron la fuga, unos por aquí y otros por allá; y los hubo que fueron al emperador Alexis y a su obedien­ cia como a su señor y permanecieron junto a él. j...j

En aquel tiempo, ocurrió que el emperador Morchuflo, que tenía los ojos arrancados, el que había matado a su señor el emperador Alexis (el hijo del emperador Sursac, aquel que los peregrinos habían llevado al país), huyó más allá del Bras secretamente y con poca gente, Y Thieriy de Los lo supo porque le fue denunciado y lo apresó y lo llevó al emperador Bal- duino en Constantinopla. Y el emperador Balduino estuvo muy contento y tuvo consejo con sus hombres sobre lo que haría de un hombre que había cometido tal asesinato en su señor.

El consejo concluyó en esto: había una columna en Constantinopla, hacia el centro de la ciudad, que era una de las más altas y mejor esculpi­ das en mármol que jamás hubiese visto mirada de hombre; se le haría llevar allí y se le haría saltar abajo a la vista de todo el pueblo, pues todo el mundo debía ver bien tan alta justicia. El emperador Morchuflo fue así llevado a la columna y fue puesto en lo alto y todo el pueblo de la ciudad acudió para ver la maravilla. Entonces se le empujó abajo y cayó de tan alto que cuando llegó a tierra quedó triturado.»

De l c a s t ig o de l ab r u j a Ka t l a y de s u h i j o Odd

«Geirrid, el ama de casa de Mavahlid, envió a decir a Bolstaa que estaba segura de que era Odd, hijo de Katla, quien había cortado la mano de Aud. Declaró que le constaba por las propias palabras de Aud y también porque Odd se había jactado de ello ante sus amigos. Cuando Thorarin y Amkeil oyeron esto, abandonaron la casa con diez hombres,, fueron, hasta Mavahlid y pasaron allí la noche. Al día siguiente por la mañana fueron a Holt, de donde se observó su expedición. Allí no se hallaba otro hombre que Odd. Katla estaba sentada en el estrado e talaba; dijo a Odd que se sentara junto a ella, «cállate y estáte tranquilo». Pidió a las mujeres que se

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sentaran en sus sitios. «Permaneced silenciosas, dijo, soy yo quien habla­ rá.» Cuando llegaron Amkell y los suyos entraron en seguida y cuando penetraron en la estancia, Katla saludó a Amkell y le pidió noticias. Am­ kell dijo que no tenía ninguna que contar y preguntó dónde estaba Odd. Katla dijo que había ido al sur, a Breidavik, «y si estuviera en la casa, no te evitaría, pues tenemos confianza en tu magnanimidad». «Puede ser eso, <njo Arnkell, pero queremos indagar aquí.» «Será como gustéis», dijo Katla y pidió al intendente que trajera una luz ante ellos y abriese la despensa, pues «es el único lugar cerrado con llave en la granja». Vieron que hilaba en una rueca. Buscaron pues por la casa, no encontraron a Odd y después de esto se fueron.

Cuando llegaron a corta distancia del recinto, Amkell se paró y dijo: «¿Acaso Katla no habrá engañado nuestras miradas? Odd su hijo, estaba donde nosotros hemos creído ver una rueca.» «No es incapaz de ello, dijo Thorarin, retrocedamos.» Esto es lo que hicieron. Cuando desde Holt se vio que volvían, Katla dijo a las mujeres: «Vais a sentaros de nuevo en vuestros sitios; Odd y yo vamos a salir a su encuentro.» Cuando ella y Odd llegaron a las puertas, ella entró en el vestíbulo, ante las puertas exterio­ res, peinó a su hijo Odd y le cortó los cabellos. Amkell y los suyos corrie­ ron a las puertas y vieron dónde estaba Katla: se ocupaba de un macho cabrío, igualaba su lana y su barba y desenmarañaba sus pelos. Amkell y los demás entraron en la estancia y no vieron a Odd por ninguna parte; la rueca de Katla se hallaba sobre el banco; entonces se dijeron que Odd no debía encontrarse allí; luego salieron y se marcharon.

Pero cuando hubieron llegado cerca del lugar desde donde habían de­ sandado el camino anteriormente, Amkell dijo: «¿No creéis que Odd ha­ bría tomado la apariencia de un macho cabrío?» «No se puede saber, dijo Thorarin, pero si volvemos ahora nos apoderaremos de Katla.» «Intente­ mos otra vez, dijo Amkell, y veamos lo que pasa.» Y rehicieron el camino una vez más. Cuando los vio aproximarse, Katla dijo a Odd que la acompa­ ñara y cuando hubieron salido, ella fue hasta un montón de cenizas y ordenó a Odd que se echase junto a él, «y permanece ahí, ocurra lo que ocurra». En cuanto Amkell y los suyos llegaron a la granja, corrieron al interior y entraron en la estancia. Katla estaba sentada en el estrado e hilaba. Los saludó y dijo que hacían visitas frecuentes. Arnkel asintió. Sus compañeros tomaron la rueca y la hicieron pedazos. Entonces Katla dijo: «No podréis decir, cuando estéis esta noche en vuestra casa, que habéis venido a Holt para nada, puesto que habéis roto mi rueca.» En seguida, Amkell y los demás, se pusieron a buscar a Odd dentro y fuera y no vieron a ningún ser viviente aparte de un verraco criado en el cercado, que per­ tenecía a Katla y que estaba echado cerca del montón de cenizas. Después de esto se marcharon.

Llegado a medio camino de Mavahlid, Geirrid vino a su encuentro con ano de sus obreros y preguntó cómo lo habían pasado. Thorarin se lo dijo. Ella les dijo que no habían buscado bien a Odd «y quiero que rehagáis el camino una vez más y yo iré con vosotros; no hay que tomar las cosas a la libera cuando se trata de Katla». En seguida dieron media vuelta. Geirrid Iteraba un manto azul. Cuando los vieron acercarse desde Holt, dijeron a Katla que. había ahora catorce personas en total, una de ellas con traje de colores. Entonces Kaíla. dijo: «Eso significa que viene Geirrid la maga y las solas ilusiones de los sentidos no podrán ya bastar.» Se levantó del