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Evaluación de adolescentes con conductas de desadaptación social

de evaluación en adolescentes

2. Evaluación de adolescentes con conductas de desadaptación social

La evaluación de adolescentes con problemas de adaptación social, particular- mente aquellos que infringen la ley, constituye un especial desafío para los proce- dimientos de evaluación psicológica forense. Melton, Petrila, Poythess y Slobogin (1997) proponen una evaluación multidimensional, ya que generalmente las es- trategias de intervención comprometen también esfuerzos provenientes desde diferentes áreas y perspectivas disciplinarias.

Estos autores proponen las siguientes variables a considerar: (a) dimensión familiar, (b) relación con pares, (c) personalidad, (d) habilidades académicas y vocacionales, y (e) evaluación de la comunidad.

La dimensión familiar aporta en la comprensión de las causas de los delitos, particularmente los miembros de la familia pueden informar acerca de antece- dentes del desarrollo e historia de problemas de conducta, niveles de agresión, de conflicto y las estrategias utilizadas para resolver los conflictos, el tipo de supervi- sión de los padres, y el grado de apego afectivo al joven, entre otros factores que se asocian al tratamiento y a su vez a la reincidencia.

La relación con pares es una de las variables de mayor peso predictivo en relación con la reincidencia. Conocer el grado de contacto del adolescente con amigos con conductas delictivas, su adaptación al medio escolar y laboral, y su historia de consumo de drogas, permite conocer el grado de su desadaptación al entorno, probablemente más valorado por el adolescente.

La inclusión de la variable personalidad se apoya en la necesidad de conocer los estilos de funcionamiento que se asocian con mayor probabilidad a la conducta antisocial, y que a su vez, permiten orientar las estrategias de intervención. Por otra parte, la evaluación de las habilidades académicas y vocacionales del adolescente, permite conocer los factores asociados al fracaso escolar, así como las habilidades y motivaciones del joven. Dicha evaluación ayuda a orientar la intervención así como también a estimar la probabilidad de su continuación en la vía delictiva.

La evaluación de la comunidad permite explorar las fuentes de apoyo externas a la familia, desde el medio escolar u otras organizaciones, y permitirá también

conocer el grado de adherencia del adolescente a su comunidad, transformando este factor en una dimensión de la futura intervención y rehabilitación del joven.

Sin duda, esta evaluación multidimensional constituye un desafío para el área forense y, aun más, en países latinoamericanos donde dicha especialización está en vías de desarrollo y la práctica actual de los procedimientos judiciales suelen alejarse de lo descrito por estos autores. Sin embargo, una mirada multidimensional resulta coherente con los hallazgos empíricos y las propuestas teóricas más actua- les, por cuanto permiten describir el proceso de desadaptación social, no sólo como un problema circunscrito al ámbito judicial, o al comportamiento social, o al ámbito de la psicología y de salud mental, sino porque implican un avance hacia interesantes áreas para la integración de la evaluación psicológica en el contexto judicial.

Recientes esfuerzos de este tipo, como la integración en los Estados Unidos y Canadá, han dado origen a instrumentos o escalas de evaluación de riesgo en adolescentes con problemas delictivos, los que contemplan el registro de la seve- ridad del delito; la edad y el tipo de primera causa; la primera intervención, ya sea preventiva o de sanción penal; además de otros indicadores psico-sociales de riesgo que se asocian a reincidencia (Andrews y Bonta, 1994; Hoge, 1999).

Las ventajas del uso de instrumentos de evaluación de riesgo residen en que: (a) permiten evaluar la efectividad de la intervención previa; (b) permiten cono- cer el grado de supervisión al que ha estado expuesto el joven; (c) permiten focalizar la intervención desde el entorno hacia el adolescente; (d) obligan al evaluador a contactarse con la familia, la escuela, y la comunidad del joven y (d) permiten estimar una probabilidad de reiteración de las conductas.

Se han descrito tres escalas de evaluación de riesgos aplicables a jóvenes con desadaptación social. La primera, The Child and Adolescent Functional assessment

Scale (CAFAS) surge desde una aproximación en salud pública, pero ha mostrado adecuados niveles de predicción de reincidencia en adolescentes. Los autores optaron por analizar los datos de reincidencia como variable dicotómica, y tam- bién como variable continua, encontrando que predice la reincidencia. El estudio muestra que los indicadores de la escala adquieren valor predictivo, tanto para la dicotomización de los grupos, alta reincidencia y baja reincidencia, como para la reincidencia como valor continuo (Quist y Matshazi, 2000).

Una segunda escala en proceso de validación es la First Offender Risk Assessment

Index (FORAI) la que explora siete índices de riesgo: historia familiar, funciona- miento escolar, abuso de sustancia, asociación a grupo de pares, supervisión de los padres, edad de primera referencia en el juzgado o corte, y gravedad de la ofensa. El FORAI, cuatro años después de su aplicación, predice correctamente la reinci- dencia en el 70 % de los casos, siendo cuatro de las siete variables estadísticamente significativas para predecir reincidencia. Estas son: historia familiar que se relacio-

na a conducta delictiva, adaptación escolar, edad de inicio y gravedad de la ofensa o delito. Sin embargo, para la muestra estudiada, no se encontraron niveles de significancia estadística para las variables: el abuso de alcohol y drogas, supervisión parental, y asociación con grupo de pares (Risler, Stuphen y Shields, 2000).

Una tercera escala, la Ministry Risk/Need Assessment Form MRNAF, ha sido des- crita por un equipo canadiense, que la aplicó a 250 adolescentes con problemas de adaptación social (Hoge y Andrews, 1994). La escala consta de ocho factores: tipos de desadaptación, eventos familiares y parentales, educación y empleo, re- lación de pares, abuso de sustancias, intereses y recreación, personalidad, con- ducta y actitudes manifiestas. Se evaluó la reincidencia durante los seis meses siguientes, dicotomizando la variable en reincidentes y no reincidentes. Estos autores encontraron diferencias significativas en la puntuación de la escala para los ocho factores evaluados ( Jung y Rawana, 1999).

En Chile, particularmente en la Novena Región, se encuentra en desarrollo un registro sistemático de los riesgos en historia de vida y escalada delictiva de ado- lescentes con diversas conductas de desadaptación social, que permitirá construir un índice de eventos de riesgo (IER), dividido en indicadores delictivos e indicadores de riesgo psicosocial desarrollado por Alarcón (Alarcón, 2001). Se consideró la variable desadaptación social como continua y se han realizado aná- lisis de regresión múltiple para estimar la predictibilidad de reincidencia en 8 factores de riesgo psicosocial y 5 de conductas delictivas. Los resultados prelimi- nares muestran un modelo que predice el 30% de la varianza, donde los índices de ‘abuso de sustancias’ y ‘dinámica familiar alterada’ lideran este modelo, junto con ‘edad de inicio’ y ‘años de desadaptación’ (Alarcón, Vinet y Salvo, 2003).

3. Instrumentos de evaluación de la personalidad estudiados y