por abuso sexual incestuoso
B. Familia de origen
6. Síntesis y conclusiones
A partir del análisis estructural de las familias nucleares de los cinco abusadores sexuales estudiados, es posible afirmar que en ellas existe tanto una tendencia hacia la difusión de límites jerárquicos, como a la rigidización de los mismos. Este hallazgo contrasta con la postura teórica, en gran medida unánime de los investi- gadores, que asocia la difusión de límites jerárquicos a la ocurrencia del incesto. Sin embargo, el hallazgo es concordante con la descripción que realiza Barudy (1998) de las alteraciones en los lazos de familiaridad en los sistemas abusivos. Según el autor, un excesivo apego o un distanciamiento en los lazos, facilita en igual medida el comportamiento abusivo, puesto que en ambos casos se altera el “freno sexual” implícito en los vínculos familiares. En las familias con límites
rígidos entre los holones (específicamente en el holón que compromete al padre abusivo y a la hija abusada) el distanciamiento en el vínculo facilitaba la usurpa- ción del cuerpo de la niña, sin sentimientos de culpa. Por otra parte, en las fami- lias en que los límites jerárquicos eran difusos, las menores expresaban intimidad con las figuras paternas. Cuando éstos vieron frustradas sus necesidades sexuales y afectivas con sus parejas, acentuaron la intimidad, erotizaron la relación y abu- saron de sus hijas/astras.
En cuanto a la constatación de una tendencia mayoritaria a la apertura de las fronteras familiares y a una invasión del medio en sus pautas de funcionamiento interno, esta información también resulta contradictoria de los postulados teóri- cos, que compatibilizan el cierre del sistema con la necesidad de mantener el secreto incestuoso. En los casos estudiados, pese a que existía una intervención punitiva del medio (sistema judicial o de salud) o que la red informal (vecinos o miembros de la familia extensa) estaban en antecedentes de los hechos, el abuso podía ser llevado a cabo.
Respecto de los patrones conyugales desarrollados entre el abusador y su pa- reja, las observaciones confirman, en gran medida, los prototipos teóricos. El patrón más observado es el de la interacción con características simétricas, vio- lentas, recíprocamente infiel y con bajos niveles de satisfacción marital. Otros patrones de relaciones de pareja con manifiesto desequilibrio de poder en desme- dro de la esposa o de distanciamiento físico y emocional entre la pareja también habían sido descritos en la literatura.
Un antecedente aportador de la presente investigación deriva de la observa- ción del momento en que se produce el incesto en las relaciones de características simétricas. En los tres casos estudiados el fenómeno ocurre cuando el abusador se enfrenta a una pérdida progresiva del poder dentro del equilibrio simétrico. Esta situación podría vincularse a las distinciones que llevan a cabo autores como Barudy (1991) y Sanz y Molina (1999) en relación a los abusadores regresivos y pedófilos. Según estos autores, en los primeros el abuso sería una respuesta compensatoria a una situación de tensión vivida por los sujetos, la que bien pu- diera estar representada por una crisis conyugal.
En cuanto a las pautas parentales observadas, se confirman también los plan- teamientos de triangulación de la hija/astra abusada, a través de un proceso de intensificación de los lazos de intimidad y como compensación a las frustraciones conyugales. El inverso de esta situación está representado también en la muestra por los sujetos que presentaban un distanciamiento ostensible con las menores, ya sea por circunstancias vitales o por alteraciones en su capacidad de vincula- ción afectiva.
Otro hallazgo del estudio que corrobora enunciados teóricos actuales, centra- dos específicamente en la figura del abusador, tiene relación con las alteraciones
en el ámbito de la sexualidad, observadas en todos los sujetos de la muestra. Dichas alteraciones involucraban tanto un hipersexualismo, asociado a trastor- nos en la elección de un objeto diferenciado, como una disminución de la poten- cia sexual. En ambos casos, la pedofilización de las menores se transformaba en una vía de descarga de tensión sexual insatisfactoriamente canalizada. Los sujetos que manifestaban temores de impotencia, veían facilitados sus procesos de exci- tación sexual ante sus hijas, ya sea porque las consideraban objetos cautivos o porque éstas les habían expresado en otros ámbitos aceptación incondicional. Aquellos que, por el contrario, mostraban pautas de excesiva excitación sexual, no establecían distinciones que respetaran las características infantiles de sus hi- jas, homologándolas a objetos sexuales adultos.
Al contrastar estos antecedentes con el tipo de socialización sexual que habían vivido los sujetos en su infancia, se constata que los tres abusadores que presenta- ban una genitalidad exacerbada habían tenido una relación infantil de característi- cas simbióticas con la madre, a la que cabía atribuir distintos grados de sexualización. Por otra parte, los dos sujetos con experiencias o temores de impotencia sexual habían perdido tempranamente a la figura materna. Uno de ellos no había recibido ningún tipo de socialización implícita o explícita de las relaciones heterosexuales. Otro había crecido en un ambiente violento y abusivo hacia los hijos y las mujeres, y en su caso, cabe hipotetizar experiencias de abuso sexual infantil.
En cuanto a los sujetos con pautas hipersexualizadas e historias vinculares simbióticas con la madre, el análisis de sus relatos permite deducir que, en distin- tas medidas, estos sujetos desarrollaron fantasías incestuosas durante la niñez, que no fueron actualizadas, fundamentalmente, por variables asociadas a género. Todos ellos interrumpieron abruptamente el vínculo privilegiado con la madre y buscaron objetos sustitutos o recurrieron a la distancia física para facilitar la sepa- ración, cuando vieron interferidas (por la llegada del padre) o tomaron concien- cia (a partir de prohibiciones internas) del excesivo apego materno. La inadecua- da resolución del conflicto quedó de manifiesto por la persistencia de los lazos simbióticos en la adultez y por la idealización compartida de la figura materna.
El desarrollo de estas fantasías tenía un fundamento relacional real. Incluía aspectos como compartir hasta tardíamente la cama con la madre o desempeñar en todas las áreas el rol de sustituto paterno. Estas circunstancias han sido homologadas a la creación de un “ambiente incestuoso” que facilita en la adultez la confusión de límites sexuales generacionales.
Pese al carácter provisorio de estas deducciones, antecedentes en esta línea habían sido anteriormente reportados por autores de corrientes analíticas.
La caracterización del vínculo materno expuesta anteriormente contrasta en forma significativa con otra realidad relacional madre-hijo abusador, también observada en la historia de vida de los sujetos de la muestra. En ella fue posible
observar carencias de recursos maternales (en términos de Barudy, 1998) que incidieron en sentimientos crónicos de deprivación afectiva y que se tradujeron en comportamientos de búsqueda ciega e indiferenciada de objetos que pudieran compensar los vacíos afectivos. De este modo, tanto el debilitamiento o la ausen- cia materna, como la sobre involucración se asociaban, en los sujetos estudiados, a pautas de conducta sexual abusiva intrafamiliar.
El hallazgo de mayor consistencia en esta investigación está referido a la natu- raleza negativa del vínculo que los abusadores desarrollaron con las figuras pater- nas. En cada una de las historias narradas es posible observar dificultades relacionales que adquirían la forma de conflictos abiertos y sostenidos, distancia- miento severo, maltrato grave o dualismo de modelos incoherentes. Tal como lo afirma Barudy (1998), las experiencias de los abusadores con sus padres no per- mitieron el desarrollo de pautas estructurantes, relativas a los principios de auto- ridad. Se resintió el proceso de internalización de normas y prohibiciones, entre las cuales se cuenta la prohibición incestuosa. Las deficiencias normativas que- dan también de manifiesto en la conducta antisocial presentada por los sujetos en otros ámbitos: cuatro de ellos habían sido procesados por otros delitos.
Finalmente, la hipótesis que postulaba la presencia de abusos sexuales duran- te la niñez de los abusadores no fue corroborada en los sujetos de la muestra. En uno solo de ellos se dedujo una probabilidad en tal sentido. Para estos resultados pueden aducirse deficiencias metodológicas en la investigación o pueden tenerse en cuenta datos estadísticos que apuntan a una menor incidencia de abuso sexual masculino. También, es posible considerar la hipótesis de que el “ambiente inces- tuoso” presente en la relación madre-hijo abusivo constituye una variante materna del acto incestuoso, que no se traduce en manifestaciones sexuales explícitas.
En contraste con los datos anteriores, se constataron experiencias incestuosas o de actos abusivos en las parejas de los sujetos estudiados. Tres de ellas habían sufrido abusos sexuales durante su infancia y una había quedado embarazada tempranamente, situación que, de acuerdo a Sanz y Molina (1999), motivaría sospechas de abuso.
Estos antecedentes permiten plantear la probabilidad de que los patrones transgeneracionales de abuso sexual encuentren también su fundamento en la línea familiar materna, y que en la repetición del circuito, intervengan patrones revictimizantes de las madres. Claro está que a estos patrones se asocian las carac- terísticas de los perpetradores, sus desviaciones sexuales y normativas, así como sus historias de límites confusamente delineados.
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