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Explicación de las Escrituras: iluminación transformadora del ser-en-sí

2.1. Conversión: Nueva relacionalidad del ser-en-sí

2.1.2. Explicación de las Escrituras: iluminación transformadora del ser-en-sí

Mientras Jesús les explica las Escrituras, los discípulos no le reconocen como el Señor Resucitado. Su incapacidad para reconocerle, según el relato lucano, no se centró en la apariencia física de Jesús, sino en los ojos de los discípulos que "estaban como incapacitados para reconocerle" (v.16): "Su aparente conocimiento es un des- conocimiento"67, el cual tienen que ir afinando, a medida que van caminando hasta el encuentro culmen en la fracción del pan.

Por lo tanto, lo que les impide ver al Señor, se ubica en la imagen de los ojos (cf. v.16) para dar a entender su falta de comprensión y entendimiento de los dos anuncios precedentes de la pasión (cf. Lc 9,44-45.28, 31-34). Era su incapacidad para aceptar la pasión del Señor lo que impedía que sus ojos se abrieran para reconocer al Señor Resucitado68. Conocerle significa establecer una relación que invita a rehacer la vida del hombre en la esperanza y el conocimiento de su Palabra. Sobre esto, Espinel considera que:

La palabra de Jesús sigue haciendo arder el corazón (Lc 24,32) y en la fracción del pan llegamos a percatarnos de quién fue Jesús (…). Se trata del conocer bíblico, del reconocerle como Señor aunque se hizo siervo. Tras el encuentro en la Eucaristía

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García, Ibid., 279.

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46 debemos rehacer nuestras vidas, enderezar cada vez más nuestras esperanzas de hombres que abandonábamos en Jerusalén69.

El verbo "reconocer" utilizado por el autor es epiginosko que, desde el principio de su evangelio (Lc 1,1), afirma la importancia de conocer "la solidez de las enseñanzas que has recibido" (v.4). Epiginosko significa tener un conocimiento seguro de las cosas, que en este contexto, conduce al conocimiento relacional:

En el relato de Emaús, 'reconocer' (epiginosko) tiene un significado parecido, pero el conocimiento pleno, seguro y penetrante no tiene por objeto un mensaje, sino una persona. Conocer a una persona es algo muy diferente de conocer la verdad de un mensaje (...). Conocer a una persona presupone la relación personal con ella. No se basa en la apariencia exterior de alguien, sino en la mutua revelación y en la sintonía íntima. Decir que los ojos de los discípulos estaban como incapacitados para reconocer a Jesús equivale a decir que algo impedía ya antes a los discípulos conocer realmente a Jesús. Y ésta es la razón de que no pudieran reconocerle ahora como el Señor Resucitado70.

Por lo tanto, el reconocimiento de Jesús como el Señor Resucitado, por medio de la explicación de las Escrituras, supone el establecimiento procesual de una nueva relacionalidad ontológica y personal en los caminantes de Emaús que va reorientando su conocimiento de los acontecimientos pasados a un reconocimiento de Jesús como el Resucitado que da plenitud a "lo que había sobre él en todas las Escrituras" (v.27).

En consecuencia, el primer momento de conversión del ser-en-sí de los discípulos se gesta a través de la explicación de las Escrituras, por parte del Resucitado. Él permitió una ilustración mayor en los discípulos y suscitó la nueva relacionalidad, a partir del reconocimiento de su nueva presencia resucitada: "Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras

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Espinel, La Eucaristía del Nuevo Testamento, 165.

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47 (v.27)". El Señor Resucitado ofrece su propia interpretación de las Escrituras para asegurar un conocimiento certero de Él, con el fin de comprender que el sufrimiento padecido en la pasión, era necesario para su glorificación, en cuanto Cristo (cf. v.26). Esta nueva relacionalidad marca el inicio de una conversión de los discípulos de Emaús al reconocerse ciegos y por consiguiente, en contravía al camino que Jesús les indicó durante toda su vida. Ni Cleofás ni el discípulo innominado han comprendido muy bien su mensaje, y, aún no alcanzan a reconocer a Aquél que se les acercó para conversar en el camino.

Así, se va dando un proceso de re-descubrimiento personal como discípulos, el cual va rehaciendo su nueva relacionalidad con el Señor Resucitado, mediante la catequesis de la Pascua, que ilumina su incredulidad y comunica a Jesús como vencedor de la muerte. La nueva relacionalidad personal, que Jesús funda en los discípulos, por medio de la ilustración de las Escrituras, presupone en ellos la iluminación transformadora de la fe71. Por eso, cada pregunta en el camino a Emaús, abre una posibilidad para comprender mejor la nueva presencia de Jesús y el ser-en-sí del hombre en una nueva relacionalidad personal.

La iluminación transformadora en la fe, conduce a una esperanza indeclinable de abandono en el Señor por parte de los discípulos. En este momento, no hay espacio para la duda, sino para la apertura del corazón de dos hombres que ya no se ven como fracasados ante los acontecimientos pasados, sino como dos discípulos, esperanzados en su llamado y convencidos de su fe, porque comprenden a Cristo como el que da plenitud a las Escrituras y sentido a la Historia de Salvación.

En suma, Jesús orienta el camino hacia una transformación de vida a nivel ontológico, de cara a una conversión y en consecuencia, a una nueva relacionalidad personal que afecta el ser-en-sí del discípulo en su esencia relacional, de manera que ya no siga caminando con desesperanza ni tristeza, sino que emprenda un nuevo camino donde brille la esperanza y la alegría, como frutos del conocimiento nuevo, ilustrado por las Escrituras y la fracción del pan. Por eso, una vez instruidos y después de una larga caminata, los discípulos están en

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48 capacidad de asumir una nueva relacionalidad e interpretar los nuevos signos de su presencia, pues han reaccionado ante su palabra y se sienten movidos a invitar al forastero a quedarse en su casa para que more en sus vidas para siempre72.