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2.3. Jesús y la Comunidad: Nueva relacionalidad pascual

2.3.3. Nueva relacionalidad pascual en la comunidad

La nueva relacionalidad pascual mueve a los comensales de la mesa a tener iniciativa y a ser agentes responsables de la comunidad. Es la misma iniciativa de Jesús quien, siendo el invitado del día, rompe con las normas de cortesía y no espera a que le sirvan la comida, sino que "tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando" (v.30). El relato de Emaús es, en último término, la posibilidad de los discípulos de valorar la experiencia de fe, no de manera individual, sino en el orden de la comunidad eclesial. Esto se logra en la medida que reconocen a Jesús como el prototipo relacional de la experiencia pascual y el anfitrión de la comunidad de fe: "Somos, pues, comunidad porque somos hermanos, porque somos fraternidad. Y ello es posible no sólo gracias al Hermano Mayor, Jesucristo, sino también gracias a la koinonía del Espíritu, que nos permite el acceso al amor del Padre y a la filiación del Hijo primogénito"127.

La nueva relacionalidad pascual es, en suma, el resultado procesual del paso de la muerte y la desesperanza del camino, a la vida y la esperanza del encuentro con el Resucitado, en la casa de Emaús128. Esta nueva relacionalidad reviste una profunda experiencia de conversión 125 Ibid., 101. 126 Cf. Pikaza, Ibid., 228. 127 Maldonado, Ibid., 199. 128 Cf. Ibid., 208.

67 en la fe y transformación del ser-en-sí-para-con-el-otro, además de la apertura activa a la comunidad por medio de la celebración eucarística. De esta forma, se establece una nueva relacionalidad pascual y "sugestiva correlación entre la Eucaristía que edifica a la Iglesia y la Iglesia que hace a su vez la Eucaristía"129. En este orden, la nueva relacionalidad pascual instaurada entre el Resucitado y los dos discípulos de Emaús representa la unión de Cristo con su Iglesia, de modo que "La Eucaristía es, pues, constitutiva del ser y del actuar de la Iglesia"130 y de esto dan fe los relatos fundacionales de la fracción del pan presentes en los evangelios. Emaús constituye un relato fundacional sobre la eucaristía en el cual se evidencia un componente eminentemente comunitario y eclesial.

En consecuencia, la nueva relacionalidad pascual encuentra sentido auténtico en la celebración eucarística, cuya finalidad es la koinonía o bien, la transformación de los creyentes "como sacramento de otra realidad más profunda: nuestra conversión en el cuerpo de Cristo, en la Iglesia"131. En este sentido, se establece una nueva relacionalidad pascual expresada en términos eclesiales y sacramentales, en referencia a Cristo como cabeza del cuerpo y la Iglesia que "es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano"132.

La Iglesia, o bien, la comunidad, es el lugar propicio para la participación de sus miembros, en la medida que se vincula a Cristo y ejerce, en su nombre, la hospitalidad como expresión de la transformación personal y comunitaria133. Estos son los signos de la nueva relacionalidad pascual, cuyo prototipo es Jesús crucificado, muerto y resucitado en la autodonación absoluta de sí mismo para-con-el-otro por medio de la fracción del pan. Del mismo modo, el Resucitado invita a la comunidad eclesial a encarnar este ser-para-con-el- otro, y trascender las coordenadas espacio-temporales, con el fin de recuperar y situar la

129

Benedicto XVI, Exhortación Apostólica: Sacramentum Caritatis, ibid., 14.

130

Ibid., 26.

131

Cf. Borobio., Ibid., 306-307.

132

Constitución Dogmática: Lumen Gentium, Sobre la Iglesia, 1.

133

68 nueva relacionalidad pascual en contextos tan disímiles, pluralmente religiosos y culturalmente alternativos como los actuales.

Dadas estas consideraciones, es posible afirmar que la nueva relacionalidad pascual rompe con el orden establecido de la tradición judía de la época de Jesús e impone un nuevo orden relacional, en torno a la comunidad creyente, llamada a actualizar el Misterio Pascual a través del sacramento de la eucaristía. Esta forma excepcional de entender la nueva relacionalidad pascual, representa a la comunidad de fe, que vuelve a Jerusalén como Iglesia peregrina, convertida y comprometida.

Con la nueva experiencia pascual se emprende, ahora, un camino nuevo para los discípulos y fieles en la fe, en el cual deben reconocer a Jesús presente en su nueva realidad como el Señor Resucitado, a través del sacramento eucarístico del pan y del vino. En adelante, los creyentes en Cristo, estamos llamados, al igual que los discípulos de Emaús, a transformar nuestro ser-en-sí en función del otro, por medio de la escucha atenta de la Palabra y del encuentro sacramental con Jesús Resucitado en la fracción del pan.

En definitiva, el hecho que la comunidad de fe celebre el Misterio Pascual, no obedece a un impulso de los primeros discípulos que quedó en el pasado, sino que hoy, más que nunca, responde a una convicción de fe que debe hacerse presente y actualizarse en medio de las fronteras humanas y globales del mundo contemporáneo en donde nos encontramos. En estos términos, al igual que los discípulos de Emaús, estamos llamados, como comunidad eclesial, a recuperar los rasgos característicos y originales de la nueva comensalidad propuesta por Jesús, para comprender y vivir el sentido que hoy sigue teniendo la celebración eucarística. Esto nos conduce a repensar nuestras relacionalidades desde la nueva relacionalidad pascual que alimenta y renueva el encuentro comunitario de la Eucaristía.

69 CAPÍTULO III

3. LA NUEVA RELACIONALIDAD PASCUAL ACTUALIZADA EN LA

CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA HOY

La nueva relacionalidad pascual es un tema de reflexión teológica que, en los capítulos precedentes, ha vendido desarrollándose desde la antropología teológica. Para recapitular, una de las categorías que aportan a esta reflexión teológica es la comensalidad, la cual, se comprende como un acto humano, por antonomasia, que supone el ejercicio de comer y beber juntos en torno a una mesa. La particularidad de dicha comensalidad estriba en el modo como en los relatos lucanos sobre las comidas, se desentraña un nuevo modo de relación que Jesús establece con diversas personas, sin distinción, a saber: pecadores, fariseos, publicanos, parientes o discípulos. Con todos ellos, Él propone una nueva relacionalidad que, en términos pascuales, implica, una transformación de vida a nivel personal y comunitario.

En primer lugar, la nueva relacionalidad pascual, implica una transformación del ser-en-sí de los discípulos. El encuentro con el Resucitado, en el camino de Emaús, revela, en los dos peregrinos, una honda experiencia interior de conversión en la fe. En el relato de Lucas, se identifica el proceso de transformación del corazón de los discípulos, que va desde la desesperanza del principio del camino a la esperanza que nace de la palabra explicada y el pan compartido. Se trata, pues, de un proceso de conversión del ser-en-sí, que mueve a los discípulos a ver la vida de un modo nuevo y esperanzador, propio de dos creyentes que han vivido la experiencia pascual.

En segundo lugar, la nueva relacionalidad pascual, además de tener consecuencias en la vida personal de los discípulos, suscita a un compromiso para-con-el-otro, mediante la hospitalidad, gracia fundamental que Jesús instaura cuando acoge a los discípulos en la mesa y los discípulos replican en su vida. Dicha hospitalidad se determina a nivel relacional y evangélico y, por consiguiente, constituye uno de los valores inherentes a la experiencia

70 pascual, porque mueve al creyente a abrirse a sí mismo y salir de su egoísmo para privilegiar la relacionalidad para-con-el-otro.

Estos dos movimientos hacen parte constitutiva de la nueva relacionalidad pascual, como fruto de la fe entre el Señor Resucitado y los discípulos. Así mismo, la nueva relacionalidad pascual se efectúa mediante los signos pascuales de la nueva comensalidad que narra el relato bíblico de Emaús (Lc 24, 13-35). El gesto de explicar las Escrituras y de partir el pan con los discípulos, es la muestra fehaciente del modo como Jesús subvierte las tradiciones de la época e instaura los valores pascuales, propios de la nueva relacionalidad pascual, tales como: la esperanza, la alegría, la hospitalidad y la inclusión de las personas en la mesa. La nueva relacionalidad pascual que Jesús funda, implica, pues, un nuevo modo de relación con las personas, con la comida y con la realidad en general. Por esta razón, tal como puede identificarse en este relato neotestamentario, la nueva relacionalidad pascual es un acto sacramental que la comunidad creyente realizó en los primeros siglos de nuestra era y que, hoy, continúa actualizando cuando celebra la liturgia de la palabra y de la eucaristía en nombre del Señor Resucitado.

Dadas estas consideraciones iniciales, el presente capítulo pretende presentar la nueva relacionalidad pascual, como una alternativa cristiana, que hoy desentraña un nuevo orden de valores, en función de la inclusión y dignidad del ser humano. Actualizar la nueva relacionalidad pascual en la celebración eucarística de hoy, presenta una doble referencia: por una parte, hace presente el pasado del memorial celebrativo y por otra parte, anticipa el futuro de dicha celebración134. En definitiva, tal actualización, implica la tarea por recuperar la realidad de la palabra y del pan en la mesa eucarística de hoy, del mismo modo, que cuestiona la relación que el hombre contemporáneo establece con su entorno y con la comida en general.

Estos temas, aunque valiosos al momento de desentrañar riquezas de tipo exegético, en pleno siglo XXI, se encuentran suplantados por valores y fenómenos alternativos de corte

134

71 más superficial y transitorio, propios del mundo contemporáneo, tales como: el individualismo, la globalización, el mercado y la perniciosa dinámica del consumismo. Estos elementos invierten, fragmentan y amenazan, radicalmente, el sentido comunitario del sacramento de la eucaristía. Por esto, nace la imperiosa necesidad de recuperar su verdadero sentido en el contexto actual y la vigencia del valor de la comensalidad de Jesús en la celebración eucarística de hoy. Al mismo tiempo, el creyente está llamado a repensar e integrar su relacionalidad con la celebración del sacramento eucarístico aquí y ahora.