• No se han encontrado resultados

Persona, comunidad, naturaleza

1.6. Factores desencadenantes de la resistencia

En la búsqueda de reparación y la prevención del daño ambiental un factor clave es la movilización colectiva. Esta tiene características y modalidades dife- rentes, según el desarrollo de las actividades productivas, el contexto local, el grado de información, la conciencia sobre el impacto ambiental y la cohesión comunitaria.

En varios de los casos analizados, las demandas de los sectores afectados surgieron de momentos de crisis en los que se dio un cambio o una movilización social al- rededor de los problemas socioambientales. Algunos factores desencadenantes de estos procesos de resistencia han sido:

16WRM. Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales. Boletín Nº 118. mayo de 2007. www.wrm.org.uy/boletin/118/Ecuador.html La iniciativa de organizar caficultores de la zona de Intag y comercializar el café del Rio Intag fue propuesta inicialmente de DECOIN, aunque ahora indepen- diente, fue una de las respuestas sustentables al modelo de desarrollo basado en la minería.

1.6.a. La conciencia del impacto negativo en la salud o la vida

En las discusiones sobre desarrollo y proyectos productivos o extractivos frecuente- mente se plantea una disyuntiva entre el “desarrollo” y el cuidado del medio ambien- te o la salud de las poblaciones afectadas. En algunos de estos casos, la conciencia del impacto que dichos modelos de desarrollo estaban teniendo en la salud o la vida, ge- neró una ruptura de esa pretendida disyuntiva en la que en general siempre pierden los mismos. En dichos casos un cuestionamiento de esos modelos industriales, de la tecnología utilizada o de la manera en cómo se han relacionado con la población cer- cana han situado en la agenda problemas considerados hasta entonces como “nor- males” o como el precio que hay que pagar por el “desarrollo”.

El proceso de toma de conciencia de los impactos a la salud o al ambiente se ha dado con diferentes medios, unas veces con investigaciones, otras con intercambios. Por ejemplo, tanto en el caso de La Oroya (Perú), como en las comunidades del río Corrientes (Perú), los estudios científicos realizados demostraron impactos invisibi- lizados, concretaron situaciones de ansiedad colectiva previa sobre los riesgos para la salud, manifestando problemas que ya habían sido denunciados por la gente.

Empezamos a trabajar en la Oroya hace más de 10 años, en realidad lo co- menzó a documentar una científica. Ella empezó a mirar cuáles eran los sitios más contaminados en Latinoamérica. Legó a La Oroya y empezó a revisar las mediciones de contaminación de plomo y otros parámetros en el aire. Entonces empezó a levantar la información científica en un momento en el que todo lo que hacia la empresa era aplaudido, estaba perfecto, no se discutía nada. As- trid Puentes, abogada AIDA Américas. La Oroya (Perú)

En el caso de los Pueblos No Contactados, la resistencia al contacto de basa en el miedo a las consecuencias negativas del mismo, a las masacres y a toda una histo- ria de persecución y de muerte que han significado experiencias traumáticas para dichos pueblos.

Parte de los Huaorani, incluso de los contactados, se han resistido al contac- to porque no han visto una mejora en la calidad de vida sino para ciertas personas, en ciertos momentos y lugares. En el caso de los pueblos aislados ha habido muchos factores y entre ellos uno muy importante: el miedo. Tie- nen miedo al contacto, a ser exterminados por el contacto y su miedo se fun- damenta en que en muchos momentos de la historia han sufrido atentados contra su vida. Hay indicios históricos de que se formaron grupos armados para ir a perseguirlos y matarlos. Eduardo Pichilingüe, biólogo, respon- sable de las Medidas Cautelares del Ministerio del Ambiente en Caso Pueblos No Contactados (Ecuador).

1.6.b. Cuando las consecuencias ya son un hecho: no aguantamos más

En otros casos, la toma de conciencia o la movilización comunitaria se da cuando se supera la percepción de impotencia colectiva, cuando el daño ya se sufre y es un hecho que desborda la capacidad comunitaria.

El daño percibido de los impactos, el de los enfermos por cáncer, la falta de comida, no poder tomar el agua, la enfermedad, lo desconocido que los cha- manes no podían solucionar… la gente acabó por decir: “Estamos cansados de tanta contaminación, ya no aguantamos más, queremos que se cierre ese pozo. Alexandra Almeida, bioquímica, Acción Ecológica (Ecuador). En el caso de la represa Urrá (Colombia) las comunidades Embera afectadas por su construcción tenían al inicio una actitud negociadora o de una cierta aceptación crí- tica del proyecto y, cuando fueron conscientes de la gravedad del problema, la repre- sa ya estaba construida. Se centraban entonces en la compensación con proyectos de desarrollo por los impactos y pérdidas que suponía, hasta que se dio un factor de cri- sis que cambió la actitud de la gente frente al riesgo para la supervivencia colectiva.

Lo que irrumpe como un factor de crisis en la valoración de la gente sobre la construcción de la represa es que el pescado -que era más del 50% de la dieta de los Embera- deja de subir; porque son peces que suben a desovar a la zona fría y eso es lo que garantiza que haya una gran cantidad de pesca- do en la zona. Cuando construyen la obra y devuelven el río a su cauce na- tural los peces no suben y la gente empieza a pasar hambre. Desde mi pun- to de vista, este fenómeno más que el incumplimiento de la empresa, marca el cambio en la percepción de la comunidad. De ser una obra criticada, aceptada de forma difícil y luego de diversas movilizaciones, se transforma en una obra odiada. Todas las dudas que podía tener la gente se resolvieron ahí y la gente se puso en una postura de oposición. Es en ese contexto donde se da la sentencia. Juan Houghton, ex asesor de los Cabildos Mayores Embera Katío del Alto Sinú.

Sin embargo, esta toma de conciencia es en muchas ocasiones un largo proceso, especialmente porque los mensajes oficiales tratan de invisibilizar los impactos negativos o construyen falsas expectativas. Los proyectos son presentados como oportunidades de rehacer sus vidas y tener un desarrollo personal o familiar posi- tivo. Dada la conflictividad socioambiental en muchos de estos proyectos, las em- presas cuentan en la actualidad con personal orientado a enfrentar estos conflic- tos, como sociólogos, antropólogos o mediadores sociales. Sin embargo, la acción de los mismos no tiene por qué estar asociada a mayor claridad o tener una inter- vención más respetuosa con la gente. Su rol es velar por los intereses empresaria-

les, y esto puede pasar por encima de la veracidad y el respeto o las formas de re- solución de conflictos de las comunidades.

CEDEGE17trasladó a cada recinto facilitadores y comunicadores que se en- cargaron de engatusar a la gente para que no ofreciera resistencia. La moti- vación para la resistencia por el desplazamiento de familias, pero hasta ese momento no se preveían los impactos ambientales. Somos básicamente des- plazados que llegan y colonizan. La gente dijo: “de aquí no me voy”, pero les dijeron “si no te vas te ahogas”. Llegaron los facilitadores a decirnos que con el embalse íbamos a poder movilizarnos por el lago y cruzar fácilmente. Di- jeron que nos beneficiaríamos con las obras, que esto sería un paraíso turís- tico. Jimmy Pérez. Consejo de Pueblos Montubios afectados por el em- balse Daule Peripa (Ecuador).

1.6.c. Conciencia del engaño y subordinación

En varios de los casos analizados el factor movilizador ha sido la conciencia del engaño a las comunidades afectadas. Por ejemplo, en el caso de Carrizalillo (Mé- xico). Según la información del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, la empresa engañó a los ejidatarios al establecer los convenios individuales de explo- ración, pues les dijo que eran contratos de compra venta de las tierras, por lo cual los ejidatarios durante varios años pensaron que habían vendido sus tierras a la minera, por una cantidad de 1,475 pesos (100 euros) por hectárea. Sin embargo estos convenios18suponían una renta anual por la exploración y no por la explo- tación de las tierras.

No hubo ningún proceso de consulta si tomamos los términos estrictos de lo que eso significa. Fue un engaño. Es muy fácil engañar a un órgano ejidal debilitado, con escasa información… al inicio pensaron que habían vendi- do la tierra a la empresa, que el pago que recibían era un pago de finiqui- to. Pensaban que las habían vendido como si fuera una propiedad privada. Ese es el trabajo que nosotros hicimos con ellos, entender que sus tierras tie- nen una protección especial por ley. Imagínate los términos que negociaron las mineras. Básicamente compran a dos o tres personas, los niveles de edu- cación son bajos, y es muy fácil engañar a la gente. Ahí es donde se ve la co- rrupción de las autoridades que deberían hacer este trabajo, de defender los

17Comisión de Estudios para el Desarrollo de la Cuenca del Guayas de Ecuador.

18Dicha operación de compra venta legalmente no podría haberse establecido, pues si bien la legislación aprobada en 1992 permite el arrendamiento de las tierras a sociedades empresariales, solo permite esta- blecer contratos de compra venta entre ejidatarios del mismo núcleo agrario. Informe del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, 2009.

derechos de la gente frente a los intereses empresariales. Roberto Gamboa Vázquez, Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan (México).

En este mismo caso, a su llegada en 2005, la empresa Luismin (filial de Gold- Corp) realizó una serie de promesas a los ejidatarios paralelas a la explotación mi- nera como la garantía del acceso a la salud, a la vivienda, a la educación y un ni- vel digno de vida a través de obras como la pavimentación de caminos, agua potable, construcción de una clínica de salud o la construcción de aulas a nivel preescolar y la instalación de un centro de computo. Pero a pesar de que a lo lar- go del 2006, los ejidatarios del Carrizalillo solicitaron reiteradamente reuniones de trabajo con la empresa no obtuvieron respuesta. En enero de 2007, el pueblo del Carrizalillo se organizó en Asamblea Permanente de Ejidatarios y Trabajado- res del Carrizalillo e inició un plantón que tuvo cerrada la empresa por tres me- ses. Dos años después los acuerdos seguían sin cumplirse, y de nuevo se produjo una toma de las instalaciones de la empresa por la comunidad. En esta segunda toma, después de 12 horas se llegó a un acuerdo definitivo, en un claro ejemplo de resistencia, por parte de la empresa, al cumplimiento de una reparación efecti- va. Esta es una tendencia que se ha dado en otros muchos casos analizados.

Las empresas van a hacer lo imposible para no pagar los daños ambientales y sociales provocados. La esencia del sistema capitalista radica en maximi- zar utilidades, minimizar costos para que esas utilidades sean cada vez más grandes. La empresa, per se, no va a interiorizar los costos ambientales. Hay un problema de fondo, que está en la esencia misma del capitalismo. Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente, Ecuador. Los casos y conflictos socioambientales se dan por ello en contextos de relaciones enormemente asimétricas respecto al poder de “las partes”. El ejemplo de Carrizalillo también es una muestra de la importancia de la movilización y la determinación co- lectiva como la fuerza más importante que llevó finalmente a la empresa a negociar.

Considero que en este caso se ha roto esa relación, de subordinación. No es totalmente equitativa pero por lo menos es menos asimétrica. Lo que rom- pió la asimetría es la revaloración de la gente de su territorio. Revalorizar- se como dueños del territorio en colectivo. Que en colectivo se iba a luchar para recuperar su territorio. Y la decisión de llegar hasta las últimas conse- cuencias, incluso cerrando la minera. Hubo dos veces que eso se dio una en 2007 y otra en 2009. En 2009 bastó un día de cierre. La empresa estaba cerrada en que no iba a dar más de 18000 pesos por hectárea, ahí se hizo una toma de nuevo. Fue como demostrar que la comunidad estaba

dispuesta otra vez a cerrar tres o seis meses la mina, perder sus empleos si fuera necesario, o lo que fuera. En 12 horas de plantón la empresa cedió en el acuerdo de las cosas más importantes. El resto de las cosas más pequeñas se terminaron de negociar después. Roberto Gamboa Vázquez, Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan (México).