LAS INVASIONES GERMÁNICAS Y LA CAÍDA DEL ESTADO IMPERIAL EN LA GALIA
5. EL FIN DEL IMPERIO EN LA GALIA
La escasa notoriedad del golpe de Estado de Odoacro (que sin embargo, no pasó inadvertido para Sidonio Apolinar279) no radica en la pretendida continuidad de la vida social y política en los territorios occidentales con posterioridad al año 476, sino en que representa un momento más en el proceso de mediana duración que condujo al quiebre de las estructuras estatales antiguas. En esta breve exposición ha quedado claro que el imperio dejó de existir en diferentes fechas según las regiones.
En el centro-sur de la Galia –excepción hecha de Aquitania– la caída sobrevino entre los años 468-476, acelerada por una fuerte disidencia interna frente a un gobierno central moribundo. El ejemplo más destacado de defección fue el de Arvando, quien inmediatamente después del fracaso de la expedición al África de las fuerzas de Antemio intentó convencer a Eurico de no pactar la paz con el imperio y negociar un
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Jones 1964, 243-246; Wolfram 1990, 188-189; Heather 2006, 538-542.
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Harries 1994, v.
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Patronazgo rural, dependencia y sociedad de base campesina en la Galia meridional (c. 400-c. 550). Pablo Sarachu
reparto territorial de la Galia con los burgundios280. La opinión entre los terratenientes galos estaba dividida, pues otros se aferraban a la ilusión de un porvenir dentro de las estructuras imperiales, como Sidonio y su círculo281. Pero no parece probable que el apoyo a los bárbaros se diera a partir de un cálculo de costo-beneficio por parte de los poderosos locales en su conjunto, según el cual resultara conveniente vivir bajo dominación de los bárbaros282. ¿Qué ventajas suponía para la aristocracia como clase subordinarse a un rey que pretendía mantener la estructura estatal imperial, incluido el aparato fiscal? Probablemente haya que analizar los comportamientos atendiendo más a los constreñimientos inmediatos de los actores y a la configuración de las luchas entre facciones por el poder local que en perspectivas estratégicas de conjunto. En este sentido, es importante tener presente que el control de la curia entrañaba el de la gestión del impuesto al nivel de la civitas. De todos modos, la razón principal que debió de inclinar a parte de las elites galas a desprenderse del gobierno imperial fue la indefensión frente al avance territorial de los poderes externos (visigodos y burgundios sobre todo). En esas circunstancias, la decisión más atinada para una facción aristocrática podía ser la de facilitar la conquista para ganarse el favor de quien sin dudas sería el próximo soberano. Esta fue la situación que empujó a parte de los ciudadanos de Clermont a apoyar la conquista de Eurico, mientras Sidonio y los suyos se mostraban leales en apariencia, pues es probable que con el agravamiento del asedio visigodo estos últimos comenzasen a negociar una rendición a los burgundios283. Otros, finalmente, abandonaron la arena pública para refugiarse en sus propiedades rurales284.
El imperio cayó entonces como consecuencia de la incapacidad para hacer frente a un peligro externo que visto en retrospectiva puede parecer menos dañino de lo que terminó siendo. El imperio no fue simplemente asesinado285. El número total de invasores armados rondó los 110 a 120 mil efectivos, un número bastante inferior al medio millón que según un cálculo conservador tenía el ejército romano para el siglo
280
Sid., Ep., 1.7.5. También tuvo resonancia el caso de Seronato, subprefecto de la Galia que fue ejecutado al ser encontrado culpable en 475 de haber facilitado la entrega de territorios galos a Eurico (Sid., Ep., 7.7.2, año 474/475).
281
Harries 1994, 226-227; Heather 2006, 529-530.
282
Como sugiere Alföldy (1987, 287).
283
Harries 1994, 229-236; Sid., Ep., 3.3 (año 474).
284
Sid., Ep., 1.6 (año 467) y 7.15 (c. 470). De todos modos parece que la residencia urbana continuó siendo una característica del sur galo (Wickham 2005, 667-668).
285
Piganiol 1947, 422.
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IV286. A esto debería añadirse una superioridad militar leve, pero cierta, de los ejércitos romanos sobre los germanos287. Sin embargo, los números resultan engañosos en la medida en que buena parte de esos efectivos debían destinarse a la protección de otros frentes potencialmente peligrosos, de modo que al comenzar las invasiones el ejército de campaña de occidente no contaba quizás con más que 80 mil soldados. La respuesta a porqué el gobierno central no respondió a esta desventaja numérica fortaleciendo su aparato militar es la que desnuda las limitaciones internas del sistema. Sencillamente fue incapaz de incrementar los ingresos fiscales por encima de lo que lo había hecho desde fines del siglo III, ya sea porque no supo o no quiso presionar más a las aristocracias cuando aún controlaba buena parte del territorio occidental o porque cuando se vio obligado a hacerlo la base contribuyente ya se había reducido considerablemente tanto por el avance de los enemigos como por las devastaciones que provocaban las guerras288.
Por otro lado, la misma reflexión que adoptásemos para pensar la defección o lealtad de las aristocracias romanas frente al avance de los bárbaros sirve para pensar las acciones de los emperadores y generalissimos occidentales del siglo V. Estos personajes se vieron con frecuencia obligados a responder a problemas inmediatos que surgían desde distintos frentes –no solo externos sino también internos– con los recursos disponibles coyunturalmente. En este punto, resulta difícil sostener tanto que el asentamiento de los germanos fuera un proyecto que se le fue de las manos al gobierno romano (Goffart), como que el imperio “se suicidara accidentalmente” como producto de un cúmulo de decisiones erróneas adoptadas por personajes que no pretendían que tal cosa sucediese (Halsall)289.
Es necesario concluir este capítulo con una reflexión en torno a la situación económica de la región del centro y sur de la Galia hacia los años de la caída final del imperio290. Como tendremos oportunidad de ver más adelante, la arqueología demuestra evidencias contundentes de retracción de la cultura material en la región. Las guerras frecuentes habían contribuido mucho a dicho empobrecimiento y continuarían
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Lee (1998, 220) estima entre 500 y 700 mil el número de efectivos romanos. Heather (2006, 562) excluye de la cuenta de los invasores a los anglosajones que ocuparon Britania, pues estos no fueron la causa de la crisis del orden romano en dicha provincia.
287 Ward-Perkins 2005, 34-38. 288 Ward-Perkins 2005, 40-43; Heather 2006, 563-564. 289 Halsall 2007, 282-283. 290
Estas cuestiones serán analizadas más ampliamente en los capítulos 4-6. [77]
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haciéndolo. En el cierre del periodo aquí analizado, Sidonio escribía a Paciencio de Lyon que
cuando las incursiones de los godos terminaron, y todos los cultivos fueron quemados por el fuego, tú distribuiste de tus propios recursos el grano entre los desposeídos a través de toda la tierra arruinada de la Galia, aunque hubiese sido suficiente alivio para nuestra población hambrienta que el grano les llegase no como un regalo, sino por los canales usuales del comercio291.
El mercado acusaba para entonces una ralentización en el flujo de los intercambios como consecuencia de la merma en la capacidad consumidora de las aristocracias y del Estado. La relativa continuidad en las actividades comerciales de un puerto como el de Marsella no contradice el panorama global.
La razón principal que se hallaba detrás de la caída de la producción y el empobrecimiento de las aristocracias era la progresiva incapacidad de estas últimas para mantener los lazos de dominación tradicionales. El fenómeno, que comenzaba a manifestarse con fuerza al promediar el siglo V, era una consecuencia directa de la crisis político-militar de la región. Aunque solapadamente, se percibe en la documentación del periodo la existencia de servi y coloni que huían o se rehusaban a ser explotados. No parecen meras exageraciones las observaciones de Sidonio Apolinar en torno a la inseguridad de los tiempos que le había tocado vivir292. Los peligros en los caminos entorpecían la fluidez del intercambio epistolar293. La inestabilidad política general constituyó el medio más adecuado para la germinación de este tipo de rebeldía, así como la que encarnaron los contribuyentes frente a los restos del aparato fiscal.
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Sid., Ep., 6.12.5 (año 474): “post Gothicam depopulationem, post segetes incendio absumptas peculiari sumptu inopiae communi per desolatas Gallias gratuita frumenta misisti, cum tabescentibus fame populis nimium contulisses, si commercio fuisset species ista, non muneri”.
292
Sid., Ep., 6.4 (c. 472) y 8.11 (c. 480).
293
Sid., Ep., 7.10 (año 474), 7.11 (año 473), 9.3 (c. 477) y 9.5 (c. 477). Ello no quiere decir que el intercambio epistolar no siguiera siendo posible (Ep., 9.4, año 473).
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