LA GALIA ROMANO-GERMÁNICA HASTA c
5. LA GUERRA PERMANENTE
En este apartado analizaremos las consecuencias sociales que tuvieron los conflictos militares mencionados, particularmente en la región y periodo de nuestro interés. A tal efecto, es oportuno retomar en primer lugar a Georges Duby, quien señaló hace ya varias décadas que el mundo de la temprana Edad Media estuvo dominado por el hábito del saqueo y por las necesidades de la oblación, y que la principal misión del rey o del jefe militar era la de conducir a su ejército a la obtención de botín, estuviese compuesto este de alimentos, esclavos, tierras u objetos suntuarios. El producto de la guerra debía compartirse para reforzar el vínculo de reciprocidad entre quien detentaba la autoridad y quienes lo secundaban417, aunque eventualmente los reyes podían reservarse tajadas más importantes, por ejemplo para ser dadas a las iglesias con el fin de congraciarse con Dios418. Pero la práctica del don se extendía más allá del estricto reparto del botín, pues a cambio de lealtad se esperaba del rey una generosidad constante. Las relaciones de don y contra-don animaban el sistema político, obligando a los soberanos a reanudar periódicamente la maquinaria bélica so pena de ver vaciados sus tesoros y, consecuentemente, diluido su poder sobre los hombres419.
Este orden de cosas puede observarse en los reinos de la Galia del siglo VI. Ni los reyes ni los aristócratas atesoraban con fines acumulativos o para invertir productivamente, sino para poder obsequiar, buscando con ello generar obligaciones420. Se consideraba un buen monarca aquel que daba bienes y honores. Por el contrario, uno que expropiaba tierras de sus súbditos en lugar de obsequiarlas o no se mostraba generoso era visto negativamente421. Esta dinámica impulsaba tanto la guerra hacia
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Analizaremos en el capítulo 5 el proceso de militarización de las aristocracias.
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Obsérvese en este sentido el famoso episodio en el que Clodoveo reclamó a los miembros de su séquito armado un vaso perteneciente a la iglesia de Soissons que había sido obtenido como producto de la guerra con Siagrio. El pedido implicaba violar el principio de reparto equitativo del botín, pero solo uno de los soldados se opuso al rey, rompiendo el objeto en señal de defensa del uso tradicional. Clodoveo se vengó finalmente partiéndole la cabeza de un hachazo (Greg. Tur., Hist., 2.27: “Dehinc adveniens Sexonas, cunctum onus praedae in medio positum, ait rex: ‘Rogo vos, o fortissimi proeliatores, ut saltim mihi vas istud’ –hoc enim de urceo supra memorato dicebat, –‘extra partem concidere non abnuatis’. Haec regi dicente, illi quorum erat mens sanior aiunt: ‘Omnia, gloriose rex, quae cernimus, tua sunt, sed et nos ipsi tuo sumus dominio subiugati. Nunc quod tibi bene placitum viditur facito; nullus enim potestati tuae resistere valet’. Cum haec ita dixissent, unus levis, invidus ac facilis, cum voce magna elevatam bipennem urceo inpulit, dicens: ‘Nihil hinc accipies, nisi quae tibi sors vera largitur’”).
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Duby [1973], 61-72; más recientemente Smith 2005, 198-214. Consúltese Halsall 2003, 30-31 y 36-39 para la relación entre guerra y política.
420
Greg. Tur., Hist., 7.3.
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Greg. Tur., Hist., 3.25 y 6.46; Fred., Chron., 4.60. [104]
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fuera en busca de botín, como el saqueo y las confiscaciones dentro del propio territorio. Lógicamente esta última vía alimentaba los conflictos internos, pero a la vez podía transformarse en el corto plazo en un arma más efectiva de promoción individual de las elites (a través del desplazamiento de rivales directos) y de consolidación del poder de los reyes (mediante la promoción de la lucha facciosa interaristocrática) 422.
Es importante tener presente esta característica central de la dinámica política para comprender el carácter dual de la guerra durante el periodo, a la vez como estabilizadora de los vínculos entre reyes, aristócratas y soldados en el corto plazo y como perturbadora del orden social en la larga duración, dada su frecuencia. Nos será de suma utilidad para el abordaje de esta última cuestión retomar algunas líneas argumentales de un reciente estudio de Guy Halsall dedicado a la guerra en Europa occidental en el periodo c. 450-c. 900. En dicho trabajo, el autor se aleja de las perspectivas más tradicionalistas de la historiografía militar para estudiar el problema bélico en su íntima vinculación con el más amplio contexto socioeconómico, sociopolítico y religioso423.
Halsall coincide con Duby en destacar la omnipresencia de la guerra. Sostiene además que los conflictos bélicos variaban en escala e incluso en sus objetivos inmediatos, pero que en la generalidad de los casos los jefes militares planificaban campañas de corta duración en busca de botín424. Recordemos en este sentido las apreciaciones de James sobre la empresa de conquista de Clodoveo, edificada a partir de muchas pequeñas batallas. Por otro lado, Halsall señala dos cuestiones de suma importancia: por un lado, el arraigo en las comunidades temprano medievales de formas de violencia “menores” como robos, peleas y otros delitos abundantemente tratados en los códigos legales; por otro, la fuerte presencia de bandas armadas que en tiempos de guerra formaban parte medular de los ejércitos, pero que en tiempos de “paz” podían actuar como salteadores425. Ambos fenómenos aparecen reflejados en la documentación del siglo VI en la Galia. El Liber Constitutionem está plagado de referencias a delitos
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Devroey 2003, 180-186 y 246.
423
Halsall 2003, 10. Conviene destacar que el análisis del autor parte de una caracterización general del periodo y de las regiones analizadas en su estudio similar a la sostenida por Wickham (2005). Vale decir que en su opinión se trató de una época de fuerte contracción económica, que se originó primero en las antiguas provincias romanas del noroeste (c. 400) y que posteriormente se dio en las regiones meridionales de Hispania, Italia y Galia del sur (c. 550) (Halsall 2003, 125-128 y 160-161). Como quedará claro a lo largo de esta tesis, estamos de acuerdo con esta postura rupturista, aunque con matices.
424
Halsall 2003, cap. 7 (esp. 140-143).
425
Halsall 1998; 2003, 15.
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menores426. Para Provenza contamos con el testimonio de Cesáreo de Arlés, varios de cuyos sermones versan sobre robos y conflictos cotidianos427. Finalmente, la ubicuidad de las bandas armadas queda patente en los Decem libri historiae428. Aunque muchas de las menciones a las mismas que hace Gregorio de Tours pertenecen al periodo posterior a c. 550 y abarcan la totalidad de la Galia, consideramos que son extrapolables al periodo y región tratados en esta tesis, para el que contamos con un puñado de referencias en las cartas de Sidonio Apolinar y algunas leyes imperiales429.
Es probable que los ejércitos del periodo fueran reducidos en comparación con los tardo-romanos430. Sin embargo, esto no iba en desmedro del poder de hacer daño a la población civil, tanto urbana como rural. Además de los casos ya referidos en los apartados anteriores, Gregorio de Tours menciona otros posteriores que dan una idea clara del perjuicio que podía causar el simple paso de una comitiva armada por el territorio franco: matanzas, robo de animales, quema de edificios, etc431. El área rural sufría incluso las consecuencias de las operaciones militares enfocadas en la captura de ciudades, pues la estrategia más utilizada para conseguir su rendición o forzar que el enemigo guarecido intramuros presentase batalla era el saqueo del área circundante432. Podemos ilustrar esto con una referencia concerniente a la campaña de conquista de Clodoveo sobre el reino burgundio. Gregorio de Tours narra la invectiva de Gundobado y un hombre de su confianza, Aredio, para evitar que el rey franco continuase asediando la ciudad de Aviñón en la que estaban refugiados. Simulando ofrecerse como servidor, Aredio le sugirió a Clodoveo que en lugar de continuar con una expoliación que estaba
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Véanse por ejemplo los títulos 4 (robos), 5 (golpizas), 6 (fugas), 12 (raptos), 15 (peleas), 20 (robos hechos por fugitivos), 25 (robos y actos violentos) y 30 (violaciones). También abundan las referencias a delitos menores en el Pactus legis salicae, aunque estas nos interesan menos en tanto nos informan sobre la realidad del norte y noreste de la Galia.
427
Caes., Serm., 13.2-3, 14.2, 16.3, 19.3, 50.3, 51.2, 60.2 y 154.2.
428
Greg. Tur., Hist.,3.35, 4.13, 4.36, 5.18, 5.49, 6.4, 6.11, 6.16-17, 7.3, 7.19, 7.22, 7.29, 7.33, 7.47, 8.18, 8.32, 9.10, 9.19, 9.35, 9.40-41, 10.5, 10.12 y 10.15.
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Sid., Ep., 1.6, 3.3, 4.20, 6.4 y 8.6; C. Th., 7.18.14 y 9.14.2; Nov. Val., 9.1.
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Halsall 2003, cap. 5. Según sus cálculos, el número de soldados de un gran ejército de los siglos VI- VII en el mundo franco debió de haber rondado los 5.000 o 6.000 hombres, es decir, una cifra muy menor a la de la época tardo-romana (p. 132).
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Greg., Tur. Hist., 4.42, 5.4, 6.45, 7.24, 7.35, 7.38, 8.30, 9.12 y 10.3.
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Halsall 2003, 137-140. El fenómeno del asedio a ciudades fue particular del periodo merovingio, pero no porque las ciudades fueran prósperos centros económicos, sino a causa de que muchas de ellas continuaron siendo centros administrativos en tanto capitales de civitates. Muchas veces se buscaba forzar la lealtad de la región a través de la sumisión de las autoridades de su cabecera.
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arruinando los campos exigiese un tributo anual a Gundobado. Los saqueos durante este acontecimiento se ven corroborados por una carta de Avito de Vienne433.
Hemos mencionado anteriormente que el sitio de Vienne del año 500 finalizó con una matanza de su población urbana. En la generalidad de los casos, sin embargo, este no era un objetivo buscado en los asedios, que como se dijo pretendían forzar la derrota del enemigo a través de la negociación o de la lucha en el campo de batalla434. Esto explicaría para Halsall la aparente paradoja de que en una época en la que el ataque a las ciudades estaba a la orden del día las murallas estuviesen tan descuidadas. Sin embargo, en su interpretación la contracción económica y el desinterés por la toma de las ciudades aparecen como factores coadyuvantes del descuido de las fortificaciones435. Más bien habría que pensar que la incapacidad para movilizar mano de obra limitó tanto las posibilidades de las autoridades urbanas de mantener unas defensas adecuadas como la capacidad de los ejércitos de poner en práctica sistemas de asalto más complejos, aunque en el fondo la contracción económica del periodo había convertido a las
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Greg. Tur., Hist., 2.32 (“Auctis adhuc Chlodovechus rex viribus post Gundobadum abiit, ut eum de civitate extractum interemeret. Quod ille audiens, pavore perterritus, metuebat, ne ei mors repentina succederet. Habebat tamen secum virum inlustrem Aredium, strinuum atque sapientem, quem ad se arcessitum, ait: ‘Vallant me undique angustiae, et quid faciam ignoro, quia venerunt hi barbari super nos, ut, nobis interemptis, regionem totam evertant’. Ad haec Aredius ait: ‘Oportit te lenire feritatem hominis huius, ne pereas. Nunc ergo, si placit in oculis tuis, ego a te fugire et ad eum transire consimulo, cumque ad eum accessero, ego faciam, ut neque te neque hanc noceant regionem. Tantum ut quod tibi per meum consilium demandaverit implere studias, donec causam tuam Dominus prosperam facere sua pietate dignetur’. Et ille: ‘Faciam’, inquid, ‘quaecumque mandaveris’. Haec eo dicente, vale dicens Aredius discessit, et ad Chlodovechum regem abiens, ait: ‘Ecce! Ego humilis tuos, piissime rex, ad tuam potentiam venio, relinquens illum miserrimum Gundobadum. Quod si me pietas tua recipere dignatur, integrum in me famulum atque fidelem et tu et posteri tui habebitis’. Quem ille prumptissime colligens secum retinuit. Erat enim iocundus in fabulis, strinuus in consiliis, iustus in iuditiis et in conmisso fidelis. Denique Chlodovecho cum omni exercito circa murus urbis resedente, ait Aredius: ‘Si dignanter, o rex, gloria celsitudinis tuae paucos humilitatis meae sermones vellit accepere, consilium licet non egeatis, tamen fide integra ministrabam; idemque vel tibi congruum vel civitatibus erat, per quas transire diliberas. Cur’, inquid, ‘retines exercitum, cum loco firmissimo tuus resedeat inimicus? Depopularis agros, prata depascis, vineas dissecas, olivita succidis omnesque regiones fructus evertis; interim et ille nocere nihil praevalis. Mitte potius legationem et tributum, quod tibi annis singulis dissolvat, inpone, ut et regio salva sit et tu tributa dissolventi perpetuo domineris. Quod si noluerit, tunc quod libuerit facies’. Quo consilio rex accepto hostem patriae redire iubet ad propria. Tunc missa legationem ad Gundobadum, ut ei per singulos annos tributa inposita reddere debeat, iubet. Ad ille et de praesenti solvit et deinceps solviturum se esse promittit”); Av., Ep., 50 (“Verum tamen peculiarem sibi mercedem suam sermo meus fuerat vindicaturus recolens utique tempus illud, quo inter saevissimas perturbationum procellas confecti operis firmam soliditatem quasi gubernatores invicti ad de dicationis portum, circumstridentibus undique naufragiorum casibus, impune duxistis, me, ut ex communi necessitate recolitis, pro gaudiis lacrimas dependente: cui tum ipsum praematurae invocationis ardore, causarum actione librata, non minus congerere suadeo, quam plangere: quia non ut nuptae tali sponso, cui pacta fuerat, qualiter cumque iungendae, etsi satis desiderabantur strumenta cultuum, plus tamen formidari oportuit tela raptorum”).
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La matanza y la esclavización de los habitantes de las ciudades parecen haber sido prácticas más comunes en la parte oriental del imperio romano durante la antigüedad tardía (Lee 2007, 133-138).
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Halsall 2003, cap. 10.
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ciudades en pálidos reflejos de lo que otrora fueran, perdiendo de esta forma atractivo para quienes buscaban botín436. Quizás por ello resultara de mayor interés saquear los campos a la espera de una decisión del enemigo.
A. D. Lee ha advertido que cuando se daban conflictos bélicos reiterados o cuando la guerra coincidía con alguna catástrofe natural o con el brote de una enfermedad, se hacía difícil para las regiones afectadas recuperarse de los estragos437. Incluso el mero paso de un ejército podía producir grandes daños en las producciones rurales, como ocurrió durante el viaje de la comitiva de Rigunta desde París a Toledo. El obispo compara el hecho en cuestión con un desastre natural438. Otros pasajes de su obra plantean escenarios similares439. Su exageración no desmiente una realidad efectiva, pues cuando se terminaban los suministros los ejércitos en campaña se dedicaban a las requisiciones más o menos legales o al saqueo llano440. Debe tenerse en cuenta que el mantenimiento de los soldados demandaba enormes cantidades de víveres441. Finalmente, parece que el mantenimiento de la disciplina en los ejércitos fue una tarea particularmente difícil de lograr en el periodo analizado442.
A la hora de evaluar el impacto económico de la guerra, es necesario atender asimismo a lo señalado anteriormente en cuanto al pillaje al que se dedicaban las bandas armadas durante los interludios “pacíficos”. Cesáreo de Arlés pone de relieve el peligro
436
Liebeschuetz (2001) defiende la idea de fuerte contracción urbana desde el bajo imperio, con referencias al caso galo. Guyon (2001) analiza en particular las transformaciones de las ciudades en la Galia durante los siglos IV-V; especialmente en las pp. 574-576 se pone en evidencia el empobrecimiento del estilo de vida aristocrático, aunque el autor prefiere hablar de “mutaciones” en lugar de contracción. Véase también el número 63 de la revista Gallia, dedicada a la ciudad gala meridional entre los siglos III y VII.
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Lee 2007, 117. Téngase en cuenta, por otro lado, que en 541 comenzó una pandemia que se desplegó desde Constantinopla a través del Mediterráneo. Gregorio de Tours da cuenta de su impacto en la Galia en Glor. Mart., 50 (“Galli episcopi oratione depulsa est, et in súbita contemplatione parietes domorum atque eclesiarum signarentur atque caraxarentur”); V. Pat., 6.6 e Hist., 4.5. Se refiere a posteriores brotes epidémicos y plagas en Hist, 4.16, 4.31-32, 5.34, 6.14-15, 6.33, 6.44, 7.1, 8.39, 9.13, 9.20-22, 10.1, 10.23 y 10.30.
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Greg. Tur., Hist., 6.45: “Denique haec de Parisius progressa, octavo ab urbe miliario tenturia figi praecepit. Surgentes enim quinquaginta viri de nocte, ad prae hensis centum equitibus optimis totidemque frenis aureis ac duobus catenis magnis, ad Childeberthum regem fuga dilapsi abierunt. Sed et per totum iter cum labi quis potuisset, effugiebat, ferens secum quae arripere potuisset. Apparatus quoque magnus expense de diversis civitatibus in itenere congregatus est; in quo nihil de fisco suo rex dare praecepit, nisi omnia de pauperum coniectures […] Per quam via tanta spolia tantaequae praedae factae sunt, ut vix valeant enarrare. Nam hospiciola pauperum spoliabant, vineas devastabant, ita ut incisis codicibus cum uvis auferrent, levantes pecora vel quicquid invenire potuissent, nihil per viam quam gradiebantur relinquentes”).
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Greg. Tur., Hist., 7.24, 7.35, 8.30 y 10.3
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Halsall 2003, 126-128. Sobre el efecto de las guerras en el área rural véase también Lee 2007, 138- 141. 441 Véase el capítulo 1. 442 Halsall 2003, 152. [108]
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real de la esterilidad de los campos en un sermón en el que compara la perdición del alma con el saqueo y la desidia de los cultivos443. Varios pasajes del Decem libri historiarum indican que el tránsito de los civiles por los caminos a menudo resultaba inseguro444, hecho que lógicamente debió de perjudicar el flujo de los intercambios, aun cuando la contracción del comercio obedeciera principalmente a la incapacidad de las aristocracias de sostener un consumo distintivo445.
Sin embargo, esto no debe llevar a confundir las realidades socioeconómicas de las regiones al norte y al sur del Loira. Aunque no sea objeto de nuestro particular interés, es importante señalar que la desestructuración de la sociedad tradicional en Galia septentrional fue muy anterior a la meridional. La mayoría de los autores coinciden en señalar los años 350-400 como el periodo de su inicio, de modo que el impacto de los procesos que estamos describiendo se produjo sobre un escenario relativamente distinto en el norte y en el sur446.
443
Caes., Serm., 6.6: “Praecidis de vite tua quod malum est: incide de anima tua quod iniquum est. Quomodo qui vitem suam uno anno putare noluerit, ipso anno abundantius exhibet, et postea sine fructu sterilis remanebit; sic et qui malas cogitationes et mala desideria non tollit de anima sua, videtur afferre fructum de rapinis et fraudibus in anno vitae suae quo vivit in hoc mundo, sed postea remanebit sterilis in aeternum”.
444
Greg. Tur., 5.25, 6.11, 6.45 y 9.32. Véase también Doehaerd 1974, 177-179.
445
Véase el capítulo 6.
446
Wickham 2003; 2005, 794-803; Devroey 2003, 28-31 y 37; Van Ossel 2010. Wickham parece exagerar la prontitud de la recuperación del norte de la Galia (ya en el siglo VI).
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