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LA FORMACIÓN DEL CUERPO DE LUZ

En niveles más profundos

LA FORMACIÓN DEL CUERPO DE LUZ

Cuando esté seguro de controlar esta posi- ción, podrá empezar el trabajo. Ponga al guar- dián del templo en posición de «protección», es decir, para que le defienda mientras se halla en trance . Adopte la posición y relájese, dejando que la respiración encuentre el nivel apropiado. Quizá pase de un trance ligero al sueño al final de la sesión; es algo normal e indica que el cuerpo se ha ajustado bien y se relaja a su manera. Proyecte en la mente la imagen de las columnas orientales y «evoque» la entrada a su reino interior.

Posición de reposo Posición de forma divina

Posición de juez real Posición de Osiris Posición de ofrenda

Posición de rey sacerdote Posición de suplicante

Figura 34 Otras posiciones de meditación

Al cabo de unos momentos, la mente sub- consciente proporcionará una imagen de la puerta. Deje que se forme, sin intentar entrar todavía. Véala crecer y tomar forma. Cuando se haya formado plenamente, memorice los deta- lles y crúcela, llegando al paisaje que hay de- trás. En la distancia verá una forma que se aproxima hacia usted, que se va acercando más y más hasta que puede verla claramente. Puede ser un animal, real o imaginario, o un ser hu- mano; en cualquier caso, se trata del guardián de la puerta, y es leal hacia usted. Salúdele y pida que le devuelva el saludo. Mire ahora a la parte superior de la puerta y, mediante un acto de voluntad, grabe en el dintel el símbolo que eligió para la parte anversa de su pantacle. Con ese acto habrá afirmado que la puerta es suya. Dé a esta entrada el nombre de puerta real. Puede volver ahora al templo y recuperar ple- namente la conciencia.

En cuanto haya bebido algo y haya cerrado completamente la meditación, haga un dibujo de su puerta real y póngalo en su diario mágico. Pocos días después repita el ejercicio con el altar en el sur, y situado de cara a esa dirección. Siga las instrucciones como antes y deje que se forme la segunda puerta. Será muy distinta de la primera, pero una vez formada, y cuando usted y el guardián hayan intercambiado salu- dos, grabe su símbolo en el dintel, déle el nombre de puerta del templo, vuelva al templo, dibuje la puerta y salga.

Repítalo en el oeste y el norte, dándoles respectivamente los nombres de puerta de la estrella y puerta de la búsqueda. Asegúrese de que todos los guardianes le conocen y de que todas las puertas llevan su símbolo. No forme las cuatro puertas en un período de tiempo demasiado breve. Una puerta cada tres o cuatro días es suficiente. Cuando lo haya hecho, estará ya preparado para entrar en su reino. Siéntese de cara al este y forme la puerta y su guardián. Cuando esté dispuesto, cruce la puerta real. Recibirá un manto y un cayado. Con ellos puede iniciar la exploración. Recuerde que aún no gobierna en esta tierra y que primero ha de ser probado. Resista todas las tentaciones de encandilarse con esta parte de su entrenamien- to. No es un video-juego ni una película de fantasía... está mirando un paisaje que refleja el estado de su ser interior. Si hay monstruos, criaturas malignas, volcanes y eriales es porque así es su ser interior. Tendrá que aprender a transformarlo.

¿Cómo transformarlo? Tendrá que aprender a hacerlo. Yo puedo llevarle hasta las puertas de su ser, pero no puedo cambiar ese paisaje,

sólo usted puede hacerlo. Trabaje en todas las puertas, lentamente y con precaución. Hágalo durante un mes, déjelo un tiempo, para que todos los cambios que ha logrado se filtren hasta este nivel. Cuando aparezcan en el nivel físico, tome las notas pertinentes y póngalas con las demás.

Al trabajar de este modo está utilizando el cuerpo astral, y ya sabe que su personalidad mágica se ha estado fortaleciendo tranquila- mente con el trabajo de cada mes. Pero hay otra forma que utilizan algunos magos: el cuerpo de luz. Algunos piensan que es lo mismo que el cuerpo astral, pero en realidad es muy distinto. El astral es una forma etérica común a todos, la personalidad mágica se ad- quiere mediante la práctica y la concentración. El cuerpo de luz es construido deliberadamente para un fin, y otro término que se utiliza para designarlo es el de «cowan». No se forma fácilmente, algunos no lo consiguen nunca, o al menos no plenamente, y una vez que se ha formado puede ser perturbador y necesita ser controlado.

Siéntese en la posición de la forma divina, como si fuera a meditar, La formación es mejor realizarla en el templo, para evitar así que el «cowan» deambule por ahí. Cierre los ojos y forme delante de usted, con tanto poder y concentración como pueda, la forma de una figura con túnica y capucha. Fórmela fuera y de espaldas a usted, pero con la intención de que sea un simulacro de sí mismo dentro de la túnica. Fórmela lenta y cuidadosamente, sin precipitarse en el proceso, unos cuantos minu- tos cada vez y todos los días sin excepción, hasta que sea tan claro como pueda. Puede tardar varios meses, o aún más, pero lo más importante es que lo haga lenta y cuidadosa- mente. Una vez que la figura sea clara, inicie la segunda fase. Centre la atención en la parte posterior de la cabeza. Imagine ahora un del- gado haz de luz que sale de su frente y se extiende lentamente hacia el punto focal de la figura. Cuando le llegue, vea el haz de luz. Haga esto tres o cuatro veces al día como máximo. Cuando resulte fácil, puede proseguir.

Unase al «cowan» como de costumbre, pero en esta ocasión deje que una diminuta semilla de conciencia recorra el haz de luz y entre en la cabeza del «cowan». Sienta como si usted estu- viera dentro de la figura, pero siga con los ojos cerrados. Retírelo ahora. Hágalos dos o tres veces al día como máximo. Finalmente, cuando se sienta capaz de enviar y retirar a voluntad la semilla de conciencia, estará preparado para la fase final. Cuando la semilla haya entrado en el

cuerpo de luz, deje que actúe como un sentido extendido del ser, procure abrir los ojos de la figura y mire lo que hay delante de usted desde el punto de vista del «cowan». Si siente vértigo cierre los ojos e inténtelo de nuevo unos minu- tos más tarde. Construya gradualmente la sen- sación de estar en dos lugares al mismo tiempo; pero repito, vaya lentamente.

Un cuerpo de luz plenamente operativo puede enviarse a largas distancias, como un mensajero para aquellos que lo ven. Es una técnica muy utilizada en el Tibet por los lamas de alto nivel, y hay muchas notas que indican que han utilizado esos «cowan» como medio de comunicación. Puede parecer fantástico, pero se puede hacer. Sin embargo, pocos magos occidentales han sido capaces de dominar ple- namente esta técnica. No hay ningún motivo para que por lo menos no la pruebe. Unas palabras de advertencia. Con la implantación constante de la conciencia, por muy pequeña que sea la cantidad utilizada, el «cowan»acaba obteniendo una mente medio consciente pro- pia. De hecho, lo habrá animado parcialmente En ese punto es casi seguro que le pedirá la libertad. Eso no debe usted permitirlo, pues carece de protección contra las fuerzas oscuras, quien lo tomarán y lo utilizarán contra usted e incluso contra aquellos con quienes está impli- cado. Pensarán que es usted y se fiarán de las apariencias, por tanto, en el momento en que el «cowan» se vaya creciendo, déle una buena sacudida psíquica y recuérdele, en términos nada vagos, quién es el que manda. Retírele todo contacto y no intente construirlo por lo menos durante un mes lunar. Eso le bajará los humos. No empiece a sentir pena por él, de- jándole hacer lo que quiera, pues se estaría poniendo en las manos de fuerzas oscuras que posiblemente no conoce.

mitología, tendrá un «mapa» con el que podrá orientarse en los niveles astrales.

Cuando trabaje con estados alterados de la conciencia, se encontrará con formas y símbo- los del mundo antiguo, los cuales pueden ser valiosos si se les asigna su valor correcto en el esquema. La obra monumental de Frazer, The

Golden Bough (N. del T.- Hay una versión redu-

cida traducida en la editorial F.C.E.) es la mejor fuente de material, pero en su estado original se compone de varios volúmenes. Sin embargo, hay varias versiones reducidas que le propor- cionarán todo lo que necesita. Sólo una mirada le bastará para entender lo semejantes que son todas las religiones. Hay una verdad básica que las recorre a todas; parece haber un punto central de verdad absoluta, de la que emana toda fe. A cada raza le llega el profeta, o el sabio o el dios sacrificado que más conviene a sus necesidades del momento.

Conforme vaya leyendo empezará a ver los ecos de las religiones de los misterios en las feses actuales del mundo. Los viejos mitos no son historias de hadas que se contaban cuando el mundo era joven, sino pequeños fragmentos de verdad que han sido muy distorsionados con el transcurso de eones, pero la partícula que permanece en el centro es tan verdadera como lo fue siempre. Muchos relatos «continuistas» como los trabjos de Hércules, la historia de los Argonautas, los viajes de Ulises y la historia de Teseo y el Minotauro son siempre ciclos de iniciación. Representan los múltiples niveles por los que ha de pasar un sacerdote o sacerdo- tisa antes de llegar al más alto nivel de su vocación. Siempre que encuentra el sufijo «eus» o «eo» puede estar seguro de que el portador de ese nombre es en realidad un hombre o mujer sometidos a pruebas de natura- leza larga y severa. Este «eus» es el nombre del rey de los dioses, Zeus, y a su sabiduría y cualidades divinas aspiraban los sacerdotes.