• No se han encontrado resultados

Fuerza que afirma su diferencia, que hace de su diferencia un

objeto de placer y afirmación.

Las fuerzas no serán determinadas concreta y completamente si no se atienden simultáneamente estas tres parejas de caracteres. Además hay que tener en cuenta que la voluntad de potencia debe manifestarse en la fuerza en tanto que tal. El estudio de las manifestaciones de la voluntad de potencia ha de ser muy atento y cuidadoso ya que de él depende la descripción ajustada del dinamismo de las fuerzas. Según Deleuze la voluntad de potencia posee un doble aspecto: por un lado

determina la relación de las fuerzas entre sí, desde el punto de vista de su génesis o

de su producción, y por otro lado está determinada por las fuerzas en relación, desde el punto de vista de su manifestación. Por eso la voluntad de potencia es determinada al mismo tiempo que determinante, cualificada al mismo tiempo que cualificadora. La voluntad de potencia se manifiesta como el poder de la fuerza de ser ella misma afectada.

«Mais, que signifie : la volonté de puissance se manifeste ? Le rapport des forces est déterminé dans chaque cas pour autant qu’une force est affectée par d’autres, inférieures ou supérieures. Il s’ensuit que la volonté de puissance se manifeste comme un pouvoir d’être affecté. Ce pouvoir n’est pas une possibilité abstraite : il est nécessairement rempli et effectué à chaque instant par les autres forces avec lesquelles celle-ci est en rapport.» (NPH, 70)

Deleuze sugiere que en este punto es difícil negar en Nietzsche la inspiración de Spinoza45. Observa Deleuze que Spinoza pretendía que a cualquier cantidad de fuerza le tenía que corresponder un poder de ser afectada. Un cuerpo tenía tanta más fuerza cuanto podía ser afectado de un mayor número de maneras. Este poder era el que

45 Cf. NPH, 70 y el Prefacio a la edición norteamericana de NPH donde escribe: «Nietzsche a toujours maintenu le rapport le plus profond du concept et de l’affect, à la manière spinoziste.» (DRF, 191).

medía la fuerza de un cuerpo o el que expresaba su potencia46. Por una parte, este poder no era una simple posibilidad lógica sino que a cada instante era efectuado por los cuerpos con los que estaba en relación. Por otra parte, este poder no era una pasividad física ya que sólo eran pasivas las afecciones de las que el cuerpo considerado no era causa adecuada. Añade Deleuze que, si su interpretación de Spinoza es adecuada, Spinoza se percató antes que Nietzsche de que una fuerza no era separable de un poder de ser afectado y este poder expresaba su potencia. No obstante, según la exégesis deleuziana, Nietzsche critica a Spinoza por no saber elevarse hasta la concepción de una voluntad de potencia al confundir la potencia con la simple fuerza y concebir la fuerza de forma reactiva, como pone de manifiesto el concepto de conatus entendido como mera conservación. En todo caso Deleuze reúne a Nietzsche y Spinoza para hacerlos pivotar sobre un asunto que le preocupará a lo largo de toda su obra filosófica: la afectividad47.

«[…] le pouvoir d’être affecté ne signifie pas nécessairement passivité, mais affectivité, sensibilité, sensation. C’est en ce sens que Nietzsche, avant même d’avoir élaboré le concept de volonté de puissance et de lui avoir donné toute sa signification, parlait déjà d’un sentiment de puissance : la puissance fut traitée par Nietzsche comme une affaire de sentiment et de sensibilité, avant de l’être comme une affaire de volonté. Mais quand il eut élaboré le concept complet de volonté de puissance, cette première caractéristique ne disparut nullement, elle devint la manifestation de la volonté de puissance. Voilà pourquoi Nietzsche ne cesse pas de dire que la volonté de puissance est “la forme affective primitive”, celle dont dérivent tous les autres sentiments. Ou mieux encore : “La volonté de puissance n’est pas un être ni un devenir, c’est un pathos”. C’est-à-dire : la volonté de puissance se manifeste comme la sensibilité de la force ; l’élément différentiel des forces se manifeste comme leur sensibilité différentielle.» (NPH, 70-71)

Quizás Deleuze intuye que a través del concepto de voluntad de potencia se puede trabajar en la dirección de ir más acá de las distinciones entre sensibilidad y entendimiento, por una parte, y razón y naturaleza por la otra, no para suturarlas, disolverlas o superarlas, sino para remontarnos hacia su co-generación a partir de

46 Poder: pouvoir; potencia: puissance. En NPH, 70 Deleuze los distingue expresamente.

47 A pesar de que Zaoui encuadra la “identidad” deleuziana entre Nietzsche y Spinoza en un asunto tan espinoso como «l’amour de la vie sans besoin de réciprocité, l’amour du réel sans besoin d’être aimé en retour» parece que también quiere dejar indicada, aunque de un modo diferente al nuestro, la importancia de lo que nosotros denominamos afectividad: «C’est même là le sol commun du conatus spinoziste et de la volonté de puissance nietzschéenne : il n’y a pas de puissance d’affecter qui n’aille sans puissance d’être affectée, il n’y a pas de puissance de création qui n’aille sans puissance de sensation et de destruction. Autrement dit, être actif est tout le contraire d’être insensible ou indifférent : c’est savoir être au plus haut point sensible, savoir être affecté par le plus grand nombre de modes possibles et savoir se composer avec eux, c’est-à-dire les aimer.». Cf. Zaoui “La «grande identité» Nietzsche-Spinoza : quelle identité ?” en Philosophie, nº 47, 1995, pp. 70 y 71, respectivamente. Sobre

una afectividad primordial. O dicho de otro modo: a partir de los avatares, que no figuras, de la potencia (avatares como encarnaciones, metamorfosis). Esta importancia de la afectividad como punto pivotante del pensamiento deleuziano irá apareciendo progresivamente a lo largo de sus escritos. Pero sigamos con la glosa del texto que nos ocupa.

Las afecciones de una fuerza son activas en la medida en que la fuerza se apropia de lo que se le resiste, se hace obedecer por fuerzas inferiores. Las afecciones son pacientes, o mejor, activadas, cuando la fuerza es afectada por fuerzas superiores a las que obedece. Obedecer es una manifestación de la voluntad de potencia. Dadas dos fuerzas, una superior y otra inferior, se observa cómo el poder de cada una de ser afectada es necesariamente colmado. Este poder de ser afectada está directamente vinculado con un “devenir sensible de la fuerza” que Deleuze secuencia en cuatro momentos:

«[…] 1º force active, puissance d’agir ou de commander ; 2º force réactive, puissance d’obéir ou d’être agi ; 3º force réactive développée, puissance de scinder, de diviser, de séparer ; 4º force active devenue réactive, puissance d’être séparé, de se retourner contre soi.

Toute la sensibilité n’est qu’un devenir des forces : il y a un cycle de la force au cours duquel la force “devient” (par exemple, la force active devient réactive).» (NPH, 71-72)

Toda la sensibilidad no es sino un avatar más de la potencia (de ser afectado). No basta con colocar paralelamente ni oponer los respectivos caracteres de la fuerza activa y la fuerza reactiva. Así no se entendería nada. “Activo” y “reactivo” son cualidades de la fuerza que derivan de la voluntad de potencia.

«[…] la volonté de puissance elle-même a des qualités, des sensibilia, qui sont comme des devenirs des forces. La volonté de puissance se manifeste, en premier lieu, comme sensibilité des forces ; et, en second lieu, comme devenir sensible des forces : le pathos est le fait le plus élémentaire d’où résulte un devenir. Le devenir des forces, en général, ne doit pas se confondre avec les qualités de la force : il est le devenir de ces qualités elles-mêmes, la qualité de la volonté de puissance en personne. Mais justement, on ne pourra pas plus abstraire les qualités de la force de leur devenir, que la force, de la volonté de puissance : l’étude concrète des forces implique nécessairement une dynamique.» (NPH, 72)

Pero, según Deleuze, el estudio de esta dinámica de las fuerzas48 conduce a una conclusión desoladora: el triunfo de las fuerzas reactivas. Pero ¿en qué consiste realmente este triunfo?

48 Coincidimos con Mengue “Présentation de Nietzsche et la philosophie” en Beaubatie (2000: 181) en que la mejor puerta de entrada al pensamiento del Nietzsche deleuziano es el estudio de esta dinámica.

2.1.2.2. El triunfo de las fuerzas reactivas

Cuando la fuerza reactiva separa a la fuerza activa de lo que puede, ésta deviene reactiva. Las fuerzas activas devienen reactivas en una intervención triunfal de la reacción merced a la afinidad de la reacción con la negación. Una negación que hay que entender como una cualidad de la voluntad de potencia, cualidad que cualifica a la voluntad de potencia como nihilismo o voluntad de nada, cualidad que constituye el devenir-reactivo de las fuerzas. La fuerza activa no deviene reactiva porque las fuerzas reactivas triunfan sino que las fuerzas reactivas triunfan porque al separar la fuerza activa de lo que puede la entregan a un devenir-reactivo o voluntad de nada.

«C’est pourquoi les figures du triomphe des forces réactives (ressentiment, mauvaises conscience, idéal ascétique) sont d’abord les formes du nihilisme. Le devenir-réactif de la force, le devenir nihiliste, voilà ce qui semble essentiellement compris dans le rapport de la force avec la force.» (NPH, 73)

El triunfo49 de las fuerzas reactivas, el éxito de la negación dentro de la voluntad de potencia, el dominio del “no” sobre el “sí”, no sólo se pone de manifiesto en la historia del hombre sino también en la historia de la vida y la Tierra, al menos la de la cara habitada por el hombre50. La vida, en su devenir-reactivo, se convierte en adaptativa y reguladora, reduciéndose a formas secundarias, derivadas, que denotan un persistente y progresivo agotamiento vital. Los criterios de la lucha por la vida, de la selección natural, ya demuestran que están dirigidos a favorecer una vida reducida a sus procesos reactivos o, en terminología de Nietzsche, a una promoción de los enfermos, los débiles y los degenerados. Aún así, aunque las fuerzas reactivas triunfen, no por ello dejan de ser reactivas y se convierten en otra cosa. En el caso específico del hombre las fuerzas reactivas no se alzan con el triunfo por su fuerza numérica, su adición de fuerzas o su aplastante presencia. Su triunfo no viene dado por la composición de su potencia sino más bien por su poder de contagio, por la inoculación de su naturaleza a las fuerzas activas, por una transmisión de tipo infeccioso de sus rasgos. Y si decimos “infeccioso” es porque parece existir como una