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La unidad de la forma y el

2.3.1.2. La limitación del conocimiento

Con respecto a la limitación del conocimiento, y su prolongación en la acción, Deleuze recoge las dos direcciones presentes en el texto spinoziano.

Según la primera dirección Spinoza afirma que antes de conocer una parte de Dios, o mejor dicho, sus atributos, nuestra alma es en sí misma una parte del entendimiento infinito de Dios. No tenemos potencia de comprender o de conocer

sino en la medida en que participamos de la potencia absoluta de pensar que corresponde a la idea de Dios.

«Nous n’avons une puissance de connaître, de comprendre ou de penser que dans la mesure où nous participons à la puissance absolue de penser. Ce qui implique à la fois que notre âme est un mode de l’attribut pensée, et une partie de l’entendement infini.» (S, 127)

Pero aunque por esta razón estamos limitados en nuestro conocimiento a Deleuze también le interesa subrayar la otra otra “fuente” de limitación: la que viene dada por nuestra natural y espontánea posesión de ideas inadecuadas. Según Deleuze, Spinoza interpreta los límites, o con más precisión, la limitación de nuestro conocimiento como privación de conocimiento.

«Fruits du hasard et des rencontres, servant à la recognition, purement indicatives, les idées que nous avons sont inexpressives, c’est-à-dire inadéquates. L’idée inadéquate n’est ni privation absolue ni ignorance absolue : elle enveloppe une privation de connaissance.» (S, 133)

Recordemos que la idea adecuada es la idea que expresa su propia causa y que se explica por nuestra propia potencia de conocer. La idea inadecuada, por su parte, es la idea inexpresiva y no explicada: la impresión que aún no es la expresión, la indicación que no es aún explicación. La fórmula empleada por Spinoza con más frecuencia es la siguiente: nuestras ideas de afecciones indican un estado de nuestro cuerpo pero no explican la naturaleza o esencia del cuerpo exterior147. Es decir, las ideas que tenemos son signos, imágenes indicativas impresas en nosotros, no ideas expresivas y formadas por nosotros, percepciones o imaginaciones y no comprensiones. En un sentido más preciso la imagen es la huella, la traza o la impresión física, la afección del cuerpo mismo, el efecto de un cuerpo sobre las partes fluidas y blandas del nuestro. En un sentido figurado, la imagen es la idea de la afección que sólo nos hace conocer el objeto por su efecto. Pero un conocimiento así no es un conocimiento “auténtico” sino, a lo más, un reconocimiento.

Dos caracteres derivan de la indicación en general. Lo primero que es indicado no es nuestra esencia sino un estado momentáneo de nuestra constitución variable. Lo indicado secundariamente (indirectamente) no es la esencia o naturaleza de la cosa externa sino la apariencia que únicamente nos permite reconocer la cosa a partir de su efecto y, por lo tanto, afirmar de ella la simple presencia, equivocadamente o con razón. Que la idea inadecuada envuelva una privación de conocimiento significa

que el conocimiento del que estamos privados es doble: privación del conocimiento de nosotros mismos y privación del conocimiento del objeto que produce en nosotros la afección de la que tenemos idea.

«Nous sommes naturellement dans une situation telle que les idées qui nous sont données sont nécessairement inadéquates, parce qu’elles ne peuvent pas exprimer leur cause ni s’expliquer par notre puissance de connaître. Sur tous les points, connaissance des parties de notre corps et de notre corps lui-même, connaissance des corps extérieurs, connaissance de notre âme ou de notre esprit, connaissance de notre durée et de celle des choses, nous n’avons que des idées inadéquates.» (S, 133)

Dice Spinoza que mientras miramos el sol imaginamos que está alejado de nosotros unos doscientos pies más o menos, error que no consiste en esa sola imaginación sino en que, mientras imaginamos, ignoramos tanto su verdadera distancia como la causa de esa imaginación. En este sentido la imagen es una idea que no puede expresar su propia causa. Por ello Spinoza dice que la imagen, o la idea de afección, es como una consecuencia sin sus premisas (por cierto, hay dos premisas, material y formal, cuya imagen engloba la privación de conocimiento)148. Llegados a este punto, Deleuze insiste en afirmar que en Spinoza no existe tanto una inquietud “metafísica-gnoseológica” por el origen de las ideas inadecuadas sino, más bien, una profunda preocupación operativa, formativa, práctica, que se puede expresar en la pregunta siguiente: “¿cómo podemos llegar a formar ideas adecuadas?”.

«Notre problème se transforme donc. La question n’est plus : Pourquoi avons-nous des idées inadéquates ? Mais au contraire : Comment arriverons- nous à former des idées adéquates ? Chez Spinoza, il en est de la vérité comme de la liberté : elles ne sont pas données en principe, mais apparaissent comme le résultat d’une longue activité par laquelle nous produisons des idées adéquates, échappant à l’enchaînement d’une nécessité externe.» (S, 134)

Según Spinoza existe un encadenamiento (ordo y concatenatio) de las ideas inadecuadas que se opone al orden y encadenamiento del entendimiento. Las ideas inadecuadas se encadenan según el orden en el que se imprimen en nosotros. Es el orden de la Memoria149. Y es precisamente en este contexto en el que Deleuze localiza

148 Cf. S, 134 y Sp, 68-69.

149 En Deleuze constatamos cierto interés por el asunto filosófico de la Memoria a partir de la lectura de Nietzsche (revalorizando el olvido), Bergson (relacionándola con el tiempo y haciéndola cosmológica) y Spinoza (convirtiéndola en sulbalterna de la imaginación). Spinoza, en el Escolio de la proposición XVIII de la segunda parte de su Ethica, define así la memoria: «En efecto, no es otra cosa que cierta concatenación de ideas que implican la naturaleza de las cosas que están fuera del cuerpo

en Spinoza una especie de “inspiración empirista”, entendiendo por tal una formulación específica del punto de partida del problema del conocimiento. Según Deleuze el empirismo plantea el conocimiento verdadero como una meta (alcanzable) y no como un punto de partida (presupuesto).

«Un des paradoxes de Spinoza, et ce n’est pas le seul cas où nous le verrons s’exercer, est d’avoir retrouvé les forces concrètes de l’empirisme pour les mettre au service d’un nouveau rationalisme, un des plus rigoureux qu’on ait jamais conçus. Spinoza demande : Comment arriverons-nous à former et produire des idées adéquates, alors que tant d’idées inadéquates nous sont nécessairement données, qui distraient notre puissance et nous séparent de ce que nous pouvons ?» (S, 134-135)

Según Deleuze, para entender este punto de partida en la formulación spinoziana, hay que distinguir dos dimensiones en la idea inadecuada150. En la primera dimensión la idea inadecuada envuelve la privación del conocimiento de la causa. Pero en la segunda dimensión la idea inadecuada también es un efecto que envuelve esa causa de alguna manera. Bajo su primer aspecto la idea inadecuada es

falsa, pero bajo el segundo contiene algo positivo, por lo tanto algo de verdad.

Volvamos al ejemplo anterior en el que imaginábamos que el sol está distante a doscientos pies. Esta idea de afección no está en condiciones de expresar su propia causa puesto que no explica la naturaleza o la esencia del sol. Únicamente podemos decir que envuelve la esencia del sol en la medida en que el cuerpo es afectado por ella. Por mucho que conozcamos la verdadera distancia del sol éste continuará