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El futuro de la educación o la educación del futuro

La idea de diseñar el conocimiento surge, de manera polémica, en un mo- mento en que los medios involucran comunidades en un proceso global de información, y el éxito de la economía depende, según las empresas, de la capacidad del capital intelectual para ofrecer soluciones eficientes para el aprendizaje. Se vive un proceso de reflexión del conocimiento sobre qué es lo real y pretendemos acortar distancias por medio del lenguaje. La tecnología, la biología, la economía y las ciencias cognitivas están llevando a la humani- dad por ese camino de reflexión, y la Internet parece ser un espejo perfecto.

En la sociedad multimediática, el diseño de máquinas implica el diseño de los conocimientos. Se trata de una idea polémica, por ser un proceso de construcción que usa codificadores para generar y revelar los procesos de la cultura. Esa elaboración, generada en una cultura preocupada con la codifica- ción0-descodificación de la imagen, ha llevado a la reinvención de las prácti- cas profesionales.

Con la utilización de la Internet en la educación, se han generado y re- creado miles de profesiones. Así, el designer educativo (de) revela un profe- sional resignificado con la emergencia de la Internet. Se trata de una profesión

constituida en el entrecruzamiento de la educación, del arte, de la tecnología y del marketing. Para que la práctica educativa pueda ocurrir en el espacio vir- tual, de manera dialógica, el designer educativo, profesional genérico y espe- cializado en el área de la planeación educativa, utiliza el diálogo como principio organizador a partir del cual va desarrollando su arte de crear condiciones para los encuentros educativos.

El trabajo educativo en red se actualiza de modo gradual y constituye el es- pacio donde el de y el grupo de producción exploran condiciones para el autodi-

dactismo, la flexibilidad curricular, la creatividad y la autonomía pedagógica. Y, por tener una clara percepción de la complejidad, adquirida al ser incorporada en una amplia gama de tecnologías, es que él se abre al diálogo interdisciplinar para la construcción del proyecto pedagógico.

Como un arquitecto proyecta una casa, la construcción del diseño, analo- gías, metáforas o el uso de simulaciones permiten una cartografía de nexos que dejan sueltas las amarras de la imaginación y de la creatividad. Hay que con- siderar que la alfabetización y la educación mediadas por el diseño ocurren en diversas esferas sociales, e incluyen lenguajes y códigos específicos, la creación de imágenes, la construcción de páginas remisibles y el uso de mapas de nave- gación, que posibilitan escenarios educativos con la potencialidad de anticipar situaciones de aprendizaje.

La creciente digitalización de las actividades sociales, de las educativas en especial y la necesidad de nuevos conocimientos en todo momento y lugar, oca- sionó un retorno a la educación a distancia. Podemos ver cómo la educación vía Internet, requiere día a día una mediación y un designer específicos sustentados en principios pedagógicos. Son nuevos espacios que permiten actualizar las prác- ticas en una esfera amplificada. Se procura la comunicación educativa, utilizando la imagen digitalizada, la reflexibilidad en la gran red, las pantallas con límites aparentes y los espacios, al mismo tiempo comprimidos e infinitos, que confunde lo “real” con lo “virtual”, en los cuales la representación del objeto parece ser más importante que el objeto mismo.

Existen críticas a la educación a distancia por medio de la Internet. Entre otros argumentos, se dice que la sociedad está despolitizada y privilegia el turis- mo intelectual, la comercialización de la educación y la individualización corpo- rativa. Por otro lado, hay una nueva comprensión de lo que son las propiedades y

los valores del nuevo espacio global y virtual. En una conversación entre Seymour Papert y Paulo Freire, realizada en la Pontificia Universidad Católica de Sao Pau- lo en 1995, Freire destaca que con el uso de la informática se percibe el sentido del conocimiento geométrico, de la conciencia social con relación a los otros y de la propia naturaleza. O sea, la nueva topología, el espacio global-local, el medio donde trabajamos, exige reconocer la red como medio para explorar los derechos de ciudadanía.

Se debe preguntar, como ya lo hizo Michel Serres (1995), si las relaciones, re- cuperando la flexibilidad y la fluidez, conseguirán alguna libertad. Él acredita que esas proyecciones cartográficas, ese perfil móvil y volátil, el mapamundi de las comunicaciones, son válidos para cualquier institución virtual (escuela, empresa, banco, bolsa, iglesia, cualquier representación o espectáculo). El mapamundi de la enseñanza virtual se funde con el mapamundi virtual universal, como conjunto de las partes de la red. Para él, el “archipiélago de la utopía” es la tierra de formas fluctuantes en el océano abierto. Esa nueva topología está preocupada con las relaciones espaciales que conectan, en la red, la parte al todo, y la división de los espacios está estrechamente relacionada con el poder territorial o virtual.

Esos son desafíos que mueven al designer educativo en una nueva territoria- lidad para diseñar su propuesta, donde procura no ser devorado por el mercado globalizado. Un universo fractual, volátil, que promueve el pensamiento geomé- trico abierto a interfaces amigables e implica el tratamiento de imágenes y el uso de modernas herramientas de la informática.

El espacio o red social con proyección geométrica revaloriza la idea de esfera e invita al designer educativo a trabajar sobre las mediaciones simbólico-comu- nicacionales construidas para presentarlas e interferir en el mundo educacional. Y la mayor intervención es la expresión de la responsabilidad personal y colecti- va. La aproximación entre educadores, teniendo como objetivo una mejor com- prensión del espacio global, a la internalización y al uso de los objetos culturales digitalizados, va a depender de la mediación.

El designer educativo, sin embargo, no es un trabajador solitario. Por su calidad de trabajador colectivo, él intentará integrar esos elementos en su diseño, con la participación del propio educador. La dimensión ética de este trabajo se da en la globalización de los bienes y recursos, de lo mejor de lo que está siendo realizado culturalmente y no sólo del consumo de contenidos.