9Jacques Lacan, 1901-1981, psiquiatra y psicoanalista francés, extrajo de la lingüística saus-
Nos preguntamos, entonces, cómo se inicia una relación en la Internet. De hecho, no hay propiamente una previa presentación formal para que haya una conversación entre dos personas o un grupo de personas. Tal encuentro puede acontecer a partir de un interés común y con los más diversos interlo- cutores: hombre, mujer o niño, ciudadanos de diferentes culturas, religiones o profesiones. Además del intercambio de datos de los más variados tipos, ha surgido con mucha fuerza el noviazgo virtual, llegando algunas veces al matri- monio. Asimismo, el llamado “sexo virtual” ha sido aprovechado bastante por el mercado en la venta de sitios restringidos, estableciéndose una vía erótica de relaciones, por donde cruzan saberes, afectos, actividades profesionales, juegos y conocimientos.
En esas relaciones, la identidad puede ser escogida en el momento. La persona puede asumir la propia identidad del día a día o hacerse pasar por otra persona, puede cambiar de nombre, de e-mail, de sexo, de orientación política y así conseguir más estatus y prestigio en el espacio virtual.
En las relaciones parece existir también cierto anonimato peculiar a la in- teracción en la red, ya que cada uno no es su rostro, aunque sea un semblante que, en la multidiversidad de personas interactuando, debe afectar el proceso de constitución de las subjetividades e identidades.
Por otro lado, las relaciones de poder traspasan la constitución de los su- jetos y sus identidades. La cuestión de la identidad y de la subjetividad con re- lación al poder en red es un tema estudiado por varios investigadores interesa- dos por los vínculos en la Internet. Portillo y Hartza (2000: 11) entienden que las identidades virtuales, cortas o largas, son constituidas por la visión política que se tenga de la realidad. Un ejemplo típico puede ser visto en la estructura de una dirección electrónica institucional, diferenciada de un hotmail:
En la dirección electrónica se repite el mito de la diferencia entre el individuo y la familia. De hecho, en “[email protected]”, el nombre individual va antes de la arroba, y el nombre familiar (la Universidad Politécnica de Madrid) va atrás. Por último, la familia es situada en un clan mayor que es el Estado (en el caso, España). Los simples mortales terminan su di- rección con una raíz racional: es, fr, it, etcétera. Sólo los dioses pueden transgredir esa nor- ma: hay raíces excepcionales como.com (donde se agrupan las empresas estadounidenses y las multinacionales). El único país que no tiene raíz racional es Estados Unidos. La arroba
(@) cumple un papel de separación entre la identidad individual y la identidad grupal, entre individuo y sociedad. Un grupo se puede constituir en torno de un secreto o en torno del lenguaje, que es una manera de cifrar.
Conectados a la Internet, los sujetos, para relacionarse, salen de sí mis- mos, se abren al mundo con posibilidad de múltiples identidades, interactuan- do por medio de sus habilidades y de los procesos mentales. A pesar de ser reveladas algunas dimensiones del día a día en la red (Turkle 1997), no existen investigaciones suficientes sobre la vida en el espacio virtual que muestren cómo se está reaccionando de manera individual y social en la web.
Incluso reconociendo que los encuentros entre las personas pueden ocu- rrir cuando menos se espera, un hecho es cierto y debe ser considerado: en- trando en la red, es difícil para la persona encontrar la salida. Las personas toman caminos diferentes y la certeza es que se van a encontrar donde menos esperan. Ante ese hecho, podemos cambiar la certeza de que en la red somos lo que pensamos, por aquella otra de que somos donde no pensamos.
La Internet, constituida en la interacción de personas, máquinas y datos, se volvió un ejemplo de sistema de codificadores y decodificadores de la ciencia que deseaba aproximar la máquina al hombre para así dar dimensiones hu- manas a la red de computadoras. Eso puede ser entendido como una síntesis del delirio de la mente humana, alcanzada sólo por el deseo de producir del investigador, subvirtiendo la idea de que él no desea, aunque su deseo sea un espejo y un testimonio.
Así, la Internet puede ser entendida como una réplica de lo que puede constituir el ideal de las personas. La Internet parece ser el reflejo de un de- seo de la humanidad de dejar de soñar la escena de la vida para pasar a vivir la escena digitalizada, una escenificación de la vida. Por la simbolización, con la preponderancia de la imagen digital, de la programación lógico-matemáti- ca traducida en números, códigos y letras, el sujeto puede ver la alucinación del otro.
La vertiginosidad en la red parece olvidar que la Internet fue diseñada por humanos y para humanos, y aunque la web parezca ser un espejo perfec- to, no se concibe como existencia en sí misma. ¿Será que el hombre acabará tornándose en la imperfección de ese diseño y programación? Y, como espejo,
¿conseguirá realizar el deseo de conseguir ser el controlador de las imágenes de los otros que circulan por la red?
La cuestión del lenguaje adquiere relevancia en la constitución del am- biente en la Internet y nos parece ser un campo de estudio muy fértil para la aplicación de los registros del imaginario, de lo simbólico y de lo “real”, pues se opera allí un proceso de identificación, proyección y fantasía, compenetrado por el lenguaje digital y por la tecnología. La Internet nos “engancha” en una red interior en la cual podemos liberarnos o pulverizarnos.