también en los pequeños espacios posibles, en las brechas de Internet y en los pequeños grupos de cada escuela.
3. Cultura del silencio. En el silencio participativo de Internet se genera una cultura en la cual están las semillas para la movilización popular que permite “dejar de ser la sombra de los otros”. Así, colocar la propia página web en Internet, decir la propia palabra, manifestarse en un
chat o foro de discusión, proponer la propia identidad visual y cultural,
es un acto político.
4. Metodología: es aquella construida con estrategias específicas de la es- fera virtual por los hombres en colaboración, sujetos cognoscentes en su realidad-situación real-virtual.
5. Pronunciamiento. Pronunciar la propia palabra permite a los hombres y mujeres la lectura de la realidad y la alfabetización política. La tarea más digna de Internet es darse existencia como espacio ciudadano de comunicación y formación y no permitirse venir a ser un depósito si- lencioso de datos y textos.
6. Relación entre texto y contexto. El texto no puede realizarse desvincu- lado de la realidad. Leer es un acto que permite al hombre y a la mujer tomar distancia de su práctica (codificarla) para conocerla y volver a ella para transformarla y transformarse a sí mismo en su existencia. Y, haciendo, el sujeto se hace y rehace.
Los cursos en la esfera virtual construidos a partir de esos principios pue- den volverse dispositivos pedagógicos planetarios constitutivos de la pedagogía de la virtualidad. Se puede decir que la Internet y los cursos en red adquieren esa magnitud porque posibilitan procesos educativos inéditos mediados por la historia y por la cultura de cada sitio, también, porque la red, en sus distintas dimensiones, orienta conexiones cargadas de simbolismos y no simples contac- tos. La fortaleza de cada curso está en el poder de conexión de pequeñas comu- nidades entre sí y con otros cursos-comunidades significativas de formación, en el espacio virtual.
Se percibe, en la convivencia presencial o virtual con equipos de produc- ción, que el elemento humano es indispensable para un proyecto de formación a distancia por la web. Desde su idealización hasta la producción de un curso,
puede existir algo no confortable inicialmente en las relaciones por tener que decidir en un equipo multidisciplinar, por tratarse de personas relacionadas con el proceso educacional, con formación específica y experiencia acumulada. Pero es el trabajo de un equipo multidisciplinar con conocimientos de pedagogía, de
design, de webdesign, de webmaster, de ingeniería de sistemas informáticos,
que respalda proyectos dialógicos de educación a distancia. Para eso es preciso que los miembros del equipo estén abiertos para trabajar en la alegría, pero tam- bién de manera inconfortable y tener que decidir en el transcurso del proyecto y continuar enganchado en otras prácticas educativas.
En el reconocer que la cultura digital va más allá de las fronteras de las es- cuelas, está la posibilidad de enganchar prácticas educativas orientadas para la apropiación crítica de los recursos digitales para la formación continuada. Pero no se trata de pensar en grandes espacios y sí en pequeños espacios virtuales posibles. La cultura del silencio de las pequeñas comunidades puede ser supe- rada con la democratización del acceso y de la cultura digital, sustentada en el hacer de los hombres y mujeres en relación, y en el ser y estar en el mundo y con el mundo. Siendo así, la posibilidad de volver a escribir la historia en la esfera virtual puede ser revolucionaria.
Otras varias dimensiones y aspectos, no obstante, compenetrarán las diver- sas experiencias de la educación a distancia. En la pluralidad de las propuestas pedagógicas y de los principios filosóficos para la realización de un proyecto de educación a distancia pueden ocurrir desacuerdos por las diferentes visiones teó- ricas y pedagógicas. Se puede disentir, en principio, de la visión estandarizada de algunos softwares que traen comprimidas orientaciones para uniformizar-ho- mogeneizar los proyectos en su dimensión metodológica y epistemológica. Aún más, cuando algunos pretenden sustentar la idea de que una cierta propuesta educativa pueda adecuarse para todos los cursos y que los dispositivos son neu- tros en su uso.
Se puede decir que en las estrategias metodológicas de mediación dialógica y de diseño participativo encontramos elementos potencialmente educacionales para planear cursos web, al rechazar de modo ingenuo el montaje de escenarios para el turismo intelectual en red.
El diseño participativo de cursos, como principio metodológico, orienta el proceso de creación, pues los integrantes que organizarán ese espacio pueden
hacer sus opciones estéticas sin imposiciones, si actúan en instituciones abier- tas a nuevos aprendizajes.
La calidad ocurre por la comunión de ideas, en el sentido freireano, por la producción multidisciplinar de personas dispuestas al diálogo y por la fragmentación de conocimientos y experiencias. Así, los conocimientos, las percepciones, los sentimientos y miradas sensibles al aprendizaje estético y ético son comprometidos en ese nuevo hacer. Los grupos que observaron esos principios pueden superar la simple reflexión visual y traer una contribución social y pedagógica específica al permitirse una experiencia ética-estética sin- gular que involucra al equipo de producción y a las personas que participan del desarrollo.
Los participantes que se permiten ir más allá de sus condicionamientos para enseñar y aprender dejan operar, como dice Freire (1999a: 28),
...la fuerza creadora del aprender de que forman parte la comparación, la repetición, la constatación, la duda rebelde, la curiosidad no fácilmente satisfecha, que supera los efectos negativos del falso enseñar.
En el oír, en el sentir, en el reconocer los saberes y valores del otro emer- ge un compromiso que sólo “existe en el entrelazamiento con la realidad, de cuyas ‘aguas’ los hombres verdaderamente comprometidos quedan ‘moja- dos’, ensopados” (Freire, 1994: 19).
En los proyectos de educación por medio de la web se percibe también que los dispositivos de la informática se caracterizan por ser parte de las máquinas semióticas y pueden ser desvirtuados en su propuesta original y resignificados en su uso. Por eso, pueden ser dimensionados con relación a los participantes, las estrategias y los contenidos detallados para facilitar el trabajo cooperativo. Las ofertas tecnológicas y las propuestas teóricas deben ser estudiadas de manera contextualizada, antes de optarse por una de ellas para el diseño y la entrega del curso web.
En el design y desarrollo de cursos web son utilizados softwares que requieren formación específica por parte del equipo de producción. Para el éxito de un proyecto es necesario el estudio, el uso y también el conocimiento de su orientación pedagógica. Un cuidado especial merece el estudio de los
dispositivos orientados para la producción de aplicativos en multimedia (tex- to, imágenes, sonido, movimiento e interactividad).
Percibimos que las prácticas-productos de acuerdos dialógicos entre los diferentes miembros de un equipo de producción, especialmente entre las organizaciones intervenientes, es fundamental. Una de las primeras caracte- rísticas a destacarse en las prácticas pedagógicas en la esfera virtual es la ges- tión colaborativa y compartir aprendizajes específicos sobre las herramientas en el ambiente de la Internet y sobre los procesos pedagógicos de mediación y de design.
Se constata, así, lo que Paulo Freire dijo hace mucho tiempo: el primer instante de la palabra es terriblemente perturbador, pues presenta el mundo en la conciencia y, al mismo tiempo, lo distancia. Se crea y se conoce de ma- nera inconfortable, por la paradoja, pero siempre en el diálogo crítico.
En este sentido, los conocimientos adquiridos y acumulados por los miembros del equipo de producción no pueden ser dispensados, pues al ser reapropiados en el contexto específico de la creación práctica, hacen la dife- rencia y permiten que el proyecto de educación continua funcione. Es en la reflexión crítica de esos conocimientos que creamos lo nuevo.
Por lo tanto, uno de los principios básicos de la pedagogía de la virtuali- dad es la reflexión sobre el conocimiento adquirido, sobre la propia práctica y la aceptación de aprender en comunión permanentemente. O sea: revisar lo viejo para crear lo nuevo, que se actualiza en la reflexividad virtual y que nos permite la existencia-presencia en la web.
En ese principio están implícitas la voz, la palabra y la desmitificación de los conocimientos acabados y cristalizados, pues es en el diálogo y en la reflexión que se reinventan. Para ocurrir eso se deben dejar fluir los conoci- mientos, no de manera endulzada y sin crítica, sino con la responsabilidad necesaria para que no interfieran ni perturben el acto de creación y aprendi- zaje. Es necesario dejarlos circular, cumplir su ciclo en el proyecto ontológico del ser más del hombre.
La calidad de la educación en red está en la socialización y solidaridad entre las dimensiones técnicas, humanas y de conocimiento, que permiten al educador proyectarse, manifestarse y darse existencia en la esfera virtual, un espacio de habla, lectura, escritura, deliberación y realizaciones.
La expresión “pedagogía de la virtualidad” se va formando en las distin- tas dimensiones que se compenetran. Son niveles teóricos y prácticos, que se involucran en realizaciones y trayectorias educativas en el espacio virtual. Se entiende que en las prácticas de los educadores, mediadas por la historia, por la cultura y por la ideología, la constitución de las subjetividades, el poder y la política adquieren significación, pues cuanto mayor sea la relación entre dife- rencia y alteridad en la esfera virtual, mayor será la posibilidad de volver a los sujetos críticos, situados y contextualizados en su devenir.
La oportunidad de escribir la historia de las prácticas educativas reali- zadas en la esfera virtual constituye una acción emancipadora de aprendices, pues con una nueva visión de mundo planetarizado pueden ir ocupando ese espacio virtual de realización.
Este movimiento converge en la pedagogía de la virtualidad crítica y re- flexiva, pues busca sintetizar un proceso interno de construcción, integrado a una acción externa de realización social de bien común, que expresa de di- versas maneras lo más creativo y original que existe en la práctica docente, la búsqueda de la humanización de los hombres en la cibercultura.
En el contexto de la planetarización educativa, al concederse una dimen- sión humana, técnica y ético-política a la red, se crea un ambiente que implica realizaciones y trayectorias de los educadores y educadoras de libre pensa- miento. El pensamiento en red, rizomático y creativo surge de la autonomía de los sujetos para una acción que ayuda a educar a los hombres para la libertad, en un mundo globalizado. La utopía de la formación libertadora es hallar el punto de intersección en el acto educativo para dejar acontecer los buenos en- cuentros, pues, como ya dijimos, ni todo es conexión ni todo es educativo en esa red.
Para no dejarse enredar por la dudosa facilidad de la navegación virtual, se debe educar sujetos que puedan participar en la organización, en el diseño y en la deliberación de las prácticas en esta esfera. En la pedagogía de la vir- tualidad, las prácticas, por no ser hegemónicas, rompen con lo rancio de la visión tradicional de educación encajonada, de diseño curricular y de proyecto pedagógico pronto.
La creación de los cursos deberá ser una experiencia contextualizada que deje más preguntas que certezas, pero a partir de las cuales osemos producir
algunos elementos para reflexionar y actuar en la pedagogía. La pedagogía de la virtualidad “está siendo” en la multiplicidad de prácticas educativas en la esfera digital y no procede necesariamente por consejos o recetas, y sí por la praxis.
Con algunos dispositivos en la mano (y algunas certezas), esta pedagogía propone caminos de aprendizajes, un proceso en devenir e inacabado. En el desdoblamiento de cada texto, de cada imagen, de cada sonido o animación, o ambos, o conversación on line, ella tendrá que hacerse y rehacer en las prácti- cas educativas de las instituciones y en la reflexión sobre saberes que permitan conocer ese nuevo dominio.
Por eso la creación de puentes en la Internet se vale de los dispositivos tecnológicos reconvertidos en pedagógicos por el uso específico. El carácter educativo es logrado por la convivencia, por el uso y por la transformación que de ellos se puedan hacer. En esa convivencia percibimos que algunas dimensio- nes presentes en el planeamiento de los cursos web se compenetran y se abren para otras, constituyendo la pedagogía en la esfera virtual, que pueden ser así expresadas:
1. La dimensión filosófica: el concepto de educación como comunica- ción y diálogo sustenta conexiones y no contactos, pues dura en la permanencia-mudanza de las acciones y prácticas del educador, que al hacer se va rehaciendo.
2. La dimensión ontológica, de “ser más”, lleva al hombre a operar los dispositivos pedagógicos en busca de la necesaria realización, y a re- conocerse “más” en la práctica educativa, constitutiva de su ser real- virtual.
3. La dimensión antropológica: considera la territorialidad o dominio digital como lugar del hacer, o sea, los lugares fluctuantes del hacer, ser, estar y devenir del hombre en la red.
4. La dimensión gnoseológica: remite al sujeto a nuevos espacios de po- der relacionados con el saber y el conocimiento de la esfera virtual en una sociedad planetaria, que diseña la cultura y el conocimiento. 5. La dimensión de la subjetividad: considera la manera por la cual el
educador se relaciona y se encuentra consigo mismo y con el otro en la esfera digital-virtual.
6. La dimensión político-pedagógica: considera la Internet como un apropiado dispositivo pedagógico planetario, no neutro, que nos hace enfrentar con cierta autonomía las construcciones teóricas y prácticas inéditas que vamos realizando con metodologías específicas. 7. La dimensión ética y estética: remite a la reflexión sobre el diseño
del conocimiento y sobre el estar en la red, sobre reeducar el acto de mirar, permitiendo pensar la práctica para los incluidos y, funda- mentalmente, para los excluidos y los diferentes.
8. La dimensión tecnológica: alerta para no moldear los cursos a un soporte tecnológico desconsiderando la comunidad participante, y para el trabajo a partir de una propuesta viable y sustentable. 9. La dimensión rizomática: integra las multiplicidades de sujetos y
dispositivos en la red educativa, resultados insólitos entre elementos que hasta podrían parecer diferentes y antagónicos.