Gaitán Villavicencio
Licenciado en Sociología Urbana y Diploma Especial en Desarrollo por la Universidad de Lovaina, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Guayaquil, columnista del diario Expreso, exvocal nacional del CONEA.
Se dice popularmente que en la guerra y el amor todo está permitido, inclusive aquello que no es tolerado cotidianamente por ningún motivo. En
esta perspectiva es necesario situar el conflicto his- tórico, no resuelto hasta la fecha, en formaciones sociales como la ecuatoriana, en donde las élites dominantes han conformado dos poderosos cen- tros territoriales de poder a nivel nacional, como
es el caso de Quito y Guayaquil. En esta bicefalia
urbana, lamentablemente con la ausencia mayori- taria del pueblo, se construyó en la dinámica social
una estructura de poder que domina y hegemoniza, pero que en ciertas circunstancias históricas siem- pre impulsa el relevo de estos grupos sociales y de presión como parte del cambio social general, como ha resaltado toda la tradición sociológica iniciada por Pareto, Gramsci y estudiosos como Dahrendorf y Bobbio1.
1 A nivel nacional se inserta con los trabajos de Sociología Po-
lítica de Agustín Cueva, Rafael Quintero, Luis Verdesoto, en- tre otros.
En esta perspectiva de pensamiento estamos
situando las conflictivas relaciones que se han de-
sarrollado, desde 1830, entre Guayaquil y Quito
como los articuladores del modelo de desarrollo del Ecuador y regional, particularmente en sus momen-
tos agroexportador y petroexportador2. Es en este
escenario que debemos situar los enfrentamientos coyunturales de casi un decenio, lo que nos permi- te dimensionar las nuevas dinámicas políticas y los
intereses existentes en juego.
Históricamente debemos reseñar que desde el militarismo de Flores hasta el populismo reformista del Nacional-Populismo de Correa se han presen- tado graves desavenencias entre el poder central,
situado en Quito como sede de la administración
del Estado y del Gobierno, y el poder local de Gua- yaquil, debido a su calidad de principal puerto ma- rítimo internacional y por su fortaleza –en declina- ción– económica y empresarial3. Desde Rocafuerte
hasta Abdalá Bucaram y Guillermo Lasso, todos los líderes locales que han logrado una alta función pública –a dedo o por elección popular– se sienten casi como predestinados, por decisión de las divini-
dades oligárquicas y/o del ego personal, a ocupar el
Palacio de Carondelet, más allá de la decisión de las tiendas partidistas o de la voluntad del Soberano4.
Es en este contexto situacional donde debemos
analizar los enfrentamientos políticos que desde el 2007 y hasta la fecha se vienen (re)produciendo, de manera recurrente, entre el correísmo, representan- te de la Revolución Ciudadana (RC), y la administra- ción edilicia Social Cristiana-Madera de Guerrero (PSC-MG) de Jaime Nebot, cuyos últimos capítulos son: el tema del busto de Febres Cordero –que no lo merece moral ni nacionalmente por su irrespe- to a los derechos humanos, aunque sí en términos
locales como exalcalde–, en su segundo episodio; 2 Recomendamos el trabajo de Rafael Quintero y Ericka Silva,
El Ecuador: Una nación en ciernes, Tres tomos. Particularmen- te todo lo relacionado con la constitución y fortalecimiento del Estado, las luchas interoligárquicas por el reparto del po-
der y del excedente y su hegemonía sobre la clase dominante.
3 Ninguno de los estudiosos de la realidad nacional pone en
duda el poder de Guayaquil, como parte de la bicefalia urba-
na, en el contexto del país y su papel jugado en la interacción entre agroexportación, con el cacao y banano, y el proceso de
urbanización de la economía nacional; hoy la discusión es cuál es el poder real de Guayaquil en la actualidad.
4 Meritan destacarse en el caso de Guayaquil, en este último
período constitucional, los casos de León Febres Cordero, Gustavo Noboa, Alfredo Palacio, Álvaro Noboa, Alberto Dahik, entre otros.
las discutibles enmiendas constitucionales con la
reelección indefinida e inmediata, y la limitación de
ciertas competencias de los GAD, entre otros en- frentamientos de esta coyuntura.
Esta confrontación política puede tener una doble lectura, a saber: (i) como una estrategia políti- ca y electoral para asegurar votos, ya que el manejo
del poder ahora se lo mide únicamente/preferente- mente por los resultados electorales por parte de ambos líderes; y, (ii) para los sectores democráticos y progresistas, lamentablemente no para la oposi-
ción, significa evitar que se cometan atropellos a
la institucionalidad, a la Constitución y a las leyes
vigentes por parte del poder político, a pretexto de
una campaña electoral que se inicia con mucha an- telación –la de 2017–, y que todas las tiendas par- tidarias, antiguas fortalecidas, renacientes o recién conformadas, quieren aprovechar pero compren- diendo cómo vota nuestro elector y por qué asume esa conducta electoral.
El proceso de urbanización reciente, 1980-2014
Desde los años ochenta hasta la fecha, se ha venido produciendo en la aglomeración una cier- ta especialización, o marcaje, de los sectores de la urbe, especialmente en el norte, a partir de los ejes viales5, en particular de ciertas vías arteriales,
ampliadas o nuevas, que han condicionado y con- llevado cambios de usos de suelo y el crecimiento
significativo de la planta urbana, como en el caso de la Víctor Emilio Estrada, en Urdesa, zona rosa de es- parcimiento y servicios pero también residencial; la Garzota, con la avenida Guillermo Pareja, donde se han asentado comercios y servicios formales, con- juntamente con viviendas; el caso del barrio Orella- na, que está cambiando de uso residencial al de ser-
vicios, en particular oficinas y comercio. También
debe incluirse aquí lo que se ha impulsado por parte de la promoción inmobiliaria privada, en la avenida Francisco de Orellana hasta el cruce con la Tanca
Marengo, llamada también Kennedy Norte, como
un distrito de negocios y para el terciario superior
5 Ver al respecto el PowerPoint de Armando Orellana sobre
“Los planes urbanos de Guayaquil, desde 1994”, DASE/CER- G-MIMG, Plan Regulador de Desarrollo Urbano, vigente des-
de julio de 2000; y Esquema Urbano de Guayaquil, R.O. No. 846, 20 de julio de 1995.