• No se han encontrado resultados

No se trata de crear más riqueza para que por la ley del embudo le llegue algo al pueblo, sino de cambiar las

bio estructural.16 Incluso los países nórdicos no solo

que han eliminado casi completamente la pobreza, sino que tienen un gran nivel de equidad social en- tre la población, pero no se advierte ni se acepta ninguna idea de salida del capitalismo dentro del pueblo;17 por el contrario, ponen mayor distancia

con el socialismo o con algo contrario al sistema reinante.18 Por otro lado, se presenta a este capita-

lismo del bienestar como mejor que el capitalismo tercermundista, sin darse cuenta del costo ambien-

tal planetario por el excesivo consumismo que con- lleva al materialismo y al individualismo con altas tasas de suicidio,19 de todo lo cual hay críticos al interior y exterior de dichos países.

En resumen, el peligro mayor para el capita- lismo no ha sido la izquierda ni la centro-izquierda

sino la extrema-derecha, y paradójicamente para el

pueblo ha sido la izquierda nacionalista y reformista. Por tanto, la receta para que el capitalismo se pro- longue en el tiempo y el espacio es un nivel de re-

16 La perspectiva socialdemócrata oficial afirma que el modelo

sueco es un proyecto de socialismo democrático reformista que pretende aprovechar el potencial de desarrollo económi- co del capitalismo para lograr pleno empleo y altas cotas de justicia social y distributiva a través de la intervención activa del Estado. Su intención última de alcanzar el socialismo es tanto más discutible cuanto más avanzamos en su evolución

histórica. La perspectiva marxista crítica afirma que el mode-

lo sueco es un mecanismo de maximización de la eficiencia

del sistema económico capitalista a través de la actividad am- pliada del Estado, que protege las condiciones básicas de

existencia del capitalismo y trata de superar sus contradic- ciones internas a través la intervención activa en la econo- mía, la legitimación democrática. Mario del Rosal Crespo, Los límites del socialismo reformista: el caso de Suecia. 17 La verdadera preocupación es que Suecia y otros Estados

providencia han alcanzado un punto donde es imposible con- vencer a las mayorías de cambiar el sistema, a pesar de sus pésimos resultados. Obviamente, si usted depende del go-

bierno, dudará en reducir su tamaño y coste. Una clase media

con pocos márgenes económicos se vuelve dependiente de la seguridad social. Eso fue el plan de Bismarck cuando intro- dujo un sistema que volvería a aquellos que dependan de él

“más contentos y mucho más fáciles de manejar”. Johan Nor- berg. Modelos suecos.

18  Es importante notar que el modelo de bienestar escandinavo

es un concepto abrazado en consenso tanto por partidos po- líticos de derecha como de izquierda. En ocasiones el nivel de

beneficios es discutido, pero rara vez los beneficios en sí…

Ninguno de los partidos mayores de Suecia propone disolver ese Estado de bienestar, dado que tal propuesta seria profun- damente impopular con la población, que en general es es-

céptica de propuestas de los extremos tanto de derecha como

de izquierda. Diccionario Wikipedia.

19  “El presente estudio reveló que, curiosamente, los países que

ocupan las primeras posiciones del ranking de Forbes, como

Dinamarca, Canadá, Estados Unidos, Islandia, Irlanda y Sui- za, entre otros, son también los que registran las tasas más

altas de suicidio” La Razon, 2 de junio de 2011.

distribución, el cual no modifica las estructuras exis- tentes del modo de dominación capitalista sino que

más bien las afirma. Claro que esto no quiere decir

que los ultra-conservadores hayan aprendido –aun- que algunos si parece que lo han hecho–, pero sí de- bería aprender la izquierda que sigue creyendo en la progresividad y su cambio por evolución o por caída

propia. Esto no significa que estemos de acuerdo en

acentuar la pobreza –como plantearía otra izquierda

extremista– para acentuar las contradicciones que

conllevarían a un cambio violento, pero tampoco en que hay que satisfacer algunas necesidades para de- jar de lado el proyecto de fondo, que es lo que está haciendo la revolución gatoparda de restauración del capitalismo por parte del correísmo.

Si se acaba la dependencia colonial se acaba la pobreza y el capitalismo, y no a la inversa, como plantea la izquierda. Acabar con la dependencia im- plica una descolonización para acabar con las es- tructuras que sostienen al capitalismo y al patriar-

calismo en general. Terminar la dependencia o ex- plotación hacia los medios y formas de producción

colonial (revolución agraria, minera…) es la “inde-

pendencia” real y profunda, en palabras marxistas.

El colonialismo capitalista se mantiene por la irri- gación de recursos materiales (naturales, humanos, trabajo) desde la periferia; si esta continúa se cae el

sistema-mundo moderno/colonial en su conjunto. Si esto no está claro se cae en el sofisma de pretender acabar el extractivismo con más extractivismo, es morderse la cola infinitamente hasta terminar des- quiciado y nunca acabar con el sistema.

En otras palabras, los “capitalistas salvajes” acumulan capital mediante la sobreexplotación la-

boral, los “capitalistas humanistas” lo hacen a tra- vés de producir técnicamente más (sociedad del conocimiento), pagando mejor a sus trabajadores (redistribución) y hasta cuidando el medio ambien-

te (desarrollo sostenible y sustentable). Ese el “ca-

pitalismo verde”20 que se va instalando en Europa

y que será el capitalismo del futuro, del cual quiere

ser parte la “revolución ciudadana”.

Dice Correa que quiere acabar con el subde- sarrollo para entrar al desarrollo, propósito que también lo plantean los países desarrollados, pues su propósito es estructurar a nivel mundial un ca-

20  “La moda de lo ‘verde’ (desarrollo sustentable) no es una moda anticapitalista sino procapitalista: su fin es hacer sos-

pitalismo desarrollado, moderno, global y fuerte, para que este sistema tenga una vida eterna. El in- dianismo no aspira pasar del subdesarrollo al de- sarrollo capitalista (pos-desarrollo) sino saltar más allá del desarrollo piramidal (trans-desarrollo) para construir un sistema de reciprocidad complemen- taria que equilibre y armonice a todas las fuerzas participativas. No se trata de construir el desarrollo de unos sobre el subdesarrollo de otros, aunque la brecha no sea tan amplia como en los países nórdi- cos. El indianismo no concibe la idea del desarrollo, pues a lo único que este conduce es a la inserción plena de la alteridad en el capitalismo y el eurocen- trismo. Los indígenas saben muy bien que es una trampa, pues al desarrollarse occidentalmente pier- den su sistema propio (Sumak Kawsay), por lo que no han caído en el teatro del correísmo, que quiere convencerles de que el desafío actual es desarrollar- se sin perder su identidad.

En este sentido, el asunto está entre los que buscan hacer los cambios que permitan la perenni-

dad del capitalismo-patriarcalismo a pretexto de la

transición, y los que quieren un cambio total, raigal y estructural. Los capitalistas humanistas lo entien- den muy bien y saben que el asunto es no llegar a

los extremos de los “salvajes” neoliberales, tal como

enseña la historia en otras crisis anteriores, como las protagonizadas por los conservadores frente a los li- berales en la época republicana, o la de los invasores españoles en la etapa colonial contra los indígenas.

Recordemos que ante la ambición desaforada de los primeros conquistadores españoles, los reyes católicos se vieron obligados a dictar las denomina-

das “capitulaciones de la Reina” con el propósito de evitar que la mano de obra indígena sea extinguida y así evitar su muerte por el abuso y sobreexplo- tación de la que eran objeto. No fue su sensibili- dad hacia los indígenas sino la conciencia de que se estaban quedando sin manos que produzcan más

riqueza lo que les llevó a frenar a los “salvajes” con- quistadores, a través de la disminución de las horas laborables, una mejor alimentación y una mayor atención en salud (lo mismo que hace el correísmo).

Esto permitió que el capitalismo incipiente se ins-

tale definitivamente en Amaruka (América) y desde

entonces perviva hasta nuestros días. Sin esos cam- bios el capitalismo y la invasión se hubieran caído. En este tiempo se han producido varias rebe-

liones contra el sistema, pero que a la final han ter- minado en reformas que más bien han logrado mo-

dificar o corregir ciertas desviaciones del régimen,

y con ello reencauzarle para que no desfallezca. Hoy en día Correa hace lo mismo: administra ade- cuadamente el capitalismo liberal frente a lo hecho anteriormente por la derecha conservadora, a tra- vés de una serie de reformas que no revolucionan al sistema sino que, por el contrario, le han hecho

más vigoroso y en proceso de excelencia (capitalis- mo de Estado).

Es decir, desde hace 500 años se han venido

haciendo algunos cambios, todos ellos humanistas,

populares, cristianos, cultos… Cambios que han fre-

nado la sobreexplotación y la avaricia desaforada de “salvajes” codiciosos, pero que paradójicamente

han logrado apuntalar al mismo sistema primige- nio. Todo cambio que no se mueve como parte de la gran transformación, simplemente está acomodan- do al mismo sistema que dice combatir. Cambiar las ramas y no cambiar las raíces es podar al árbol para

que esté más firme y robusto.

En concreto, no hay mayor diferencia entre lo

que aspira Correa y el FMI, BM, BID, UE, NNUU,

CEPAL, muchos de los cuales lo aplauden21 y has-

ta emulan algunas de sus políticas. Incluso algunos gobernantes de derecha han comenzado a aplicar algunas de sus tácticas22, especialmente las de cri-

minalización de la protesta social (Rajoy en España). Correa se ha convertido en el más grande mentali- zador y propulsor mundial de cómo se deben apagar sutilmente los reclamos populares.

21  Jürgen Beerfeltz, viceministro de Desarrollo de Alemania del derechista gobierno de Angela Merkel, calificó a la eco-

nomía correísta como “el jaguar latinoamericano”.

22  En Argentina, sectores de derecha quieren impulsar el mis- mo esquema de control del correísmo a las universidades.

Todo cambio que no se mueve como parte de la gran

transformación, simplemente está acomodando al mismo

sistema que dice combatir.

Cambios cosméticos

Según Rafael Correa, los logros de su Gobier- no están en la cantidad de carreteras, escuelas y hospitales construidos. Pero el asunto no está so- lamente en los elementos per se –que son muy relativos–, sino para qué sirven o dentro de qué camino se inscriben: la consolidación del capita- lismo o la catapulta a un trans-capitalismo, no hay

más posibilidades. Es obvio que las “lindas” carre-

teras serán más beneficiosas para el gran capital, que podrá explotar en mayor medida los recursos

naturales, que a un pueblo que básicamente viaja por tierra y que tan solo ya no saltará en el asien- to del bus. Siendo esa su mayor ventaja y no la

“esperanza” como dice Correa, pues las grandes

carreteras son una bella ilusión que, como todo delirio, luego se transformará en desesperanza y frustración, como las tantas que se ha vivido en la historia del Ecuador.

De lo que se trataba era de terminar con los caminos que conducen al desarrollo del capitalismo y más bien abrir las compuertas para que el Sumak Kawsay se expanda y reverdezca en todo el terri- torio, esto es, invertir los recursos en el empodera- miento del pueblo a través de su organización eco- nómica y política en forma de mancomunidades, para que ellos construyan las lindas carreteras que permitan consolidar la vida plena. Pero el correísmo hace todo al revés, pues estas carreteras no condu- cirán ni siquiera al socialismo sino a la restauración

de la acumulación del capital, privado o de Estado,

es decir, a lo mismo. “Se trata, por tanto, del capita- lismo del siglo XXI. Hablar del socialismo del siglo XXI, es por el momento, y en el mejor de los casos,

un objetivo lejano” (Santos, 2014).

Es obvio que primero hay que cambiar los ci- mientos para que cambie todo lo demás, es decir, de abajo hacia arriba y no desde los ricos hacia los po- bres (distribución de la riqueza). Se trata, entonces, de concepciones integrales y procesos sistémicos, y no solamente de valores macroeconómicos y proce- sos lineales y acumulativos. En otras palabras, una

“serie de políticas sociales e infraestructuras esen-

ciales para el desarrollo del país”, lo que vale decir

del capital. Pues no hay país ni patria sino un terri- torio que en su mayoría es de unas cuántas familias,

por lo que es falso que la “Patria ya es de todos”. Eso

solo será cuando se haya restituido el comunitaris- mo en todo el territorio.

Entonces, el correísmo está conduciendo una

serie de cambios paliativos, que a la final son pre-

textos para no asumir responsablemente los asun- tos estructurales, desviándose de los cambios pro- fundos por cambios de maquillaje que no alteran al sistema sino que le reacomodan y le estabilizan más sólidamente. Hacer una serie de cambios con la esperanza de que algún día se pueda hacer el gran cambio, es puro y simple gatopardismo.

Por ejemplo: ¿quiénes han construido las “in-

teligentes” obras de la revolución ciudadana y de

dónde han provenido los recursos invertidos? Estas

“brillantes obras” han sido construidas por grandes

empresas capitalistas nacionales y transnacionales, que como en todo negocio obtienen grandes ganan-

cias, lo que significa que se fortalecen los mismos grupos monopólicos. ¿Qué empresa mediana e in- cluso grande podría ganar una licitación a estos in- mensos pulpos que controlan el mercado nacional y mundial? De ahí que son las mismas empresas las que siempre ganan estos proyectos, lo que impli- ca seguir optimizando el sistema de acumulación del capital. A mediados de 2013, la Subsecretaría de Inversión Pública de la Secretaría Nacional de

Planificación y Desarrollo (Senplades) presentó al sector metalmecánico el estudio denominado “El rol

de las compras públicas en el cambio de la matriz

productiva del Ecuador”, en el cual concluye que el 52% de lo comprado por el Estado no tiene insumo

local. El resto de importaciones cuenta con algún porcentaje de compuesto local, aunque también in- cluye insumo foráneo. El documento concluye que

hasta el año 2012 el 88% de las compras públicas ha

sido básicamente componente importado.

Todo lo cual no construye un socialismo sino

que fortifica al capital, por más que Correa repita

sórdidamente que en su Gobierno se privilegia a los seres humanos sobre el capital, para tan solo con-

vencer a la “izquierda boba” –como algunos la han calificado–. En la cumbre G77 de Bolivia, José Mu- jica les respondió a los gobiernos desarrollistas de Bolivia, Ecuador, Venezuela, entre otros:

Me quedé pensando mucho hermano Evo (Morales), en tu forma de decir que traes algo ancestral de los pueblos indígenas, pero lo ancestral es lo eterno, el amor a la vida que no puede estar separado de la sencillez, de la fraternidad y de la solida- ridad elemental. Pero si me educo y nos formamos en la cultura del despilfarro in-

necesario, para que el capitalismo siga acu- mulando, porque si uno mete la cultura del despilfarro, pierde la fuente esencial de la acumulación. Si seguimos en esa trampa, es posible que logremos desarrollo material, pero no lograremos desarrollo humano.

Un gobierno indianista del Sumak Kawsay tam- poco concentraría todo en el Estado con el propósito de que los recursos se queden en el mismo órgano burocrático –como propugnarían otros socialistas–, sino que organizaría al pueblo a diferentes niveles e instancias para que se hagan cargo de estas obras. Así, motivaría a miembros de las comunidades y grupos para que unan capitales, capacidades e ins- trumentos, para que con el aval del Estado puedan contratar servicios profesionales, y poniendo la mano de obra procedan a la construcción de una carretera, un camino, un puente, una escuela, un hospital. Si la obra es de mayor envergadura, el go- bierno llamaría a pequeños empresarios para que se unan, y posteriormente se desintegrarían para así evitar la concentración del capital. Aunque también cabría por cierto tiempo que el Estado monte una empresa y luego sea vendida a sus propios trabaja- dores, con el propósito de que sean paralelamente dueños y empleados, y así consolidar varios grupos, pero como una actividad sectorial para que no aca-

paren todo el mercado nacional… Los mecanismos

y formas serían discutibles, pero lo importante será generar un mecanismo que evite que los recursos se vayan acumulando solo en ciertas manos (como si- gue pasando con Correa) y se propenda a una redis- tribución de los ingresos por el trabajo propio y no sobre la base de altos impuestos o bonos, como actúa el paternalismo de izquierda y su Estado benefactor.

Aquí valga anotar el caso interesante del grupo

Adonay. Sus miembros eran beneficiarios del bono

de desarrollo y decidieron unirse y formar una mi- croempresa de limpieza. Para ello solicitaron el apo- yo del Estado para poder empezar. Afortunadamente fueron atendidos por ciertas instancias del Gobierno (MIES, IEPS) que les apoyaron. Este es uno de los

pocos casos que refleja el poco interés de Correa por

convertir esto en una política pública masiva. Otra cosa sería si el Gobierno motivara y apo- yara la conformación de asociaciones de limpieza,

guardianía, alimentos… para que luego firmen con-

tratos con el Estado. Y así dejen de ser explotados

por empresarios o por el Estado sino que ellos mis- mos sean sus propios jefes y no dependan de nadie

(comunitarismo). De esta manera se terminaría con este bono de la vergüenza y paralelamente con va- rios paternalismos y clientelismos (estatismo), para generar un sistema de vida comunitario que con- traponga y contrarreste la acumulación del capital en pequeñas familias. Eso sería verdaderamente re- volucionario para terminar con el capitalismo y no para restaurarlo. Fortalecer al Estado centralista y vertical es fortalecer al capitalismo.

En cuanto a los institutos educativos del co- rreísmo estos siguen respondiendo a la misma ló- gica, estructura y pensamiento del capitalismo pri- mermundista. Todo está diseñado y sigue la pauta

objetivista, extractivista, cosificadora del capitalis- mo sustentable, con sus mismas pedagogías, currí-

culos y hermenéuticas. Por ejemplo los “cuatro ce-

rebros” que dirigen el Yachay vienen de la Caltech,

el Instituto Tecnológico de California que quiere reproducir el eurocentrismo paradigmático en el Ecuador. Lo que se pretende enseñar es la misma educación colonialista del capitalismo con su pensa-

miento logocrático, tecnomórfico, hedonista y ano-

réxico. Si en los mismos Estados Unidos y Europa

hay quienes cuestionan a todo el posmodernismo cartesiano y abogan por otra ciencia y tecnología menos positivista y reduccionista, el correísmo se propone integrar al Ecuador a la élite del capitalis- mo del bienestar y del patriarcalismo desarrollista.

Esto significa que el asunto central no es de edificios bonitos y de equipamientos sofisticados, con excelentes profesores y últimas pedagogías

(escuelas del milenio), sino de lo que se enseña y hacia dónde va dirigido todo ello: al neocolonialis- mo capitalista o a una descolonización integral. En otras palabras, el correísmo es un fenómeno monu- mentalista o elefantístico que construye enormes

edificios, grandes carreteras, reservas eléctricas y

demás, pero todos vaciados de identidad y de em- poderamiento comunitario. Cambios cosméticos que por afuera dejan ver lindas obras para ciertos

sectores y para que vean los extranjeros, pero que por adentro no modifican las estructuras existentes.

Outline

Documento similar