Toda política implementada en el ámbito interno de los Estados “menores” 261, tendiente a producir transformaciones que los lleven a modificar su status internacional implicará, por lo menos, tres alternativas básicas:
1ra Hipótesis: Se produciría un desequilibrio, como consecuencia del triunfo de fuerzas sociales internas progresistas que pugnan por el establecimiento de un modelo político que satisfaga en un plazo relativamente corto, las aspiraciones y necesidades esenciales. Modelo que sustituye al practicado tradicionalmente por la élite dirigente que ha perdido posibilidades de continuación.
260 El modelo desarrollado por Japón luego de la segunda guerra mundial hasta llegar a lo que es en
nuestros días. Lo mismo con Corea del Sur. No obstante ello, esto implica no sólo proyectos concretos, sino también una disciplina muy dura que, resulta muy dudoso que los pueblos de los países latinoamericanos estén dipuestos a aceptar, mucho menos si requiere de gobiernos represivos como el coreano por ejemplo.
261 Con Estados "menores" quiero significar a aquellos que no tienen capacidad de decisión
internacional, sea porque no pueden ser generadores de reglas del juego o modificadores de éstas en beneficio de una mejor inserción. Esto, en todos los ejes de las relaciones mundiales: el económico-financiero-tecnológico, el estratégico-militar y el político. De esta manera entraría una gran gama de Estados, de diferentes grados de estratificación, pero que responden al parámetro básico de incapacidad de generar reglas o, al menos, modificarlas.
No obstante ello, el mantenimiento de un status quo que beneficie a la élite doméstica tradicional, está asegurado por el interés de las fuerzas de la élite internacional, directamente beneficiaria del equilibrio interno y externo existente dentro del actor en cuestión, garantizando de esta manera la estabilidad, o un cambio “gatopardista” 262. Es previsible que, en buena medida, la nueva élite del actor menor, recientemente sacudido por el fenómeno revolucionario, encontrará difícil conciliar sus mejores propósitos e intereses 263, con el orden externo imperante, correspondiente y correlativo al orden interno ya superado. En estas condiciones, es muy probable que los nuevos dirigentes tiendan a buscar dentro del proceso externo, actores capaces de apoyar las posiciones domésticas en curso de implantación. De esta manera impugnan el status quo 264.
En los últimos tiempos, con la tendencia creciente al surgimiento de ONG’s que buscan defender derechos e intereses de diferentes sectores -derechos humanos, la mujer, etc.- se produce un fenómeno “desestatalizado” de resolución de conflictos -por diferentes vías-, entre grupos que buscan el cambio para mejorar su situación y grupos tendientes al mantenimiento del status quo.
2da Hipótesis: Contrariamente a lo anterior, se supone el triunfo de las fuerzas políticas tradicionalistas en el escenario de los actores menores, trayendo como consecuencia la neutralización de las fuerzas sociales progresistas y el consecuente mantenimiento, no sólo del status quo, sino del correspondiente equilibrio interno y externo 265.
262 Por ejemplo el caso de Noriega en Panamá, hombre de confianza del gobierno norteamericano,
hasta que adoptó conductas que podían perjudicar los intereses de ese país; por lo que intervinieron y lo juzgaron bajo la ley norteamericana, acusándolo de narcotraficante. Otro caso, es el de Haití, en el que los militares se tornaron molestos al gobierno norteamericano, ya que generaban situaciones de tensión, al punto de que migraban “balseros” haitianos hacia las costas estadounidenses. Este no era como el caso de los balseros cubanos, que podían encontrar apoyo en los cubanos de Miami, sino gente pobre, sin recursos y de los que tenía que hacerse cargo el propio gobierno de EUA. Por otra parte, las presiones del presidente derrocado Aristide, hicieron que el gobierno norteamericano interviniera, para poner fin a una situación molesta; en ningún momento, para que se hiciera justicia o se resolvieran los problemas de desarrollo. Un caso diferente, es el de “Chiapas” en México, en que la élite gobernante del perpetuado PRI busca negociar con el EZLN, pero tratando de resolver la situación de conflicto, no de resolver la problemática social.
263 En el caso en que se presenten fracturas entre los nuevos dirigentes, por ejemplo: caso
Nicaragua con la Junta sandinista de coalición en 1979.
264 En el caso cubano, la carencia de oportunidades de encontrar un apoyo dentro del bloque
occidental a su postura autonomizante, obligó a Castro a volcarse hacia el bloque oriental, ingresando en la esfera de influencia soviética, bajo la condición impuesta de tener que adoptar la doctrina marxista. En el caso nicaragüense, potencias intermedias como las europeas, Canadá y los Estados que componen el Grupo de Río -o de los 8-, prestaron apoyo al proceso bajo ciertas condiciones que garantizaron el no ingreso de este país en el bloque oriental, más allá de las relaciones que su gobierno mantuvo con el bloque oriental.
265 Este es el caso de la caida de Arbenz en Guatemala (1954), por un golpe de Estado provocado
por Castillo Armas con intervención de Honduras, Nicaragua y EUA. También el caso de la "disolución" de la revolución peruana en 1968, con la asunción de Morales Bermúdez luego de un golpe de Estado palaciego. Entran también dentro de este esquema, la mayoría de los golpes de
3ra Hipótesis: La menos probable; que la élite imperante en los Estados “menores”, lleve a cabo iniciativas que conduzcan o desemboquen en una vía de contínuo progreso evolutivo que, al cabo de varias décadas produzca ciertas transformaciones que mejorarían el status interno e internacional del actor 266.
Tradicionalmente, las élites de las potencias dominantes, han buscado imperativamente restablecer el equilibrio interno, parcial o gradualmente alterado por la acción disidente de algunos actores situados en su área de influencia, dando apoyo y satisfacción a los poderosos grupos internos que le son adictos en los demás Estados “menores” de dicha área y obligándolos a prestar su apoyo o consecuente neutralidad en el momento en que avancen las impugnaciones del status quo 267.
Los dominantes cuentan con estrategias tendientes a impedir los riesgos de autonomización de sus dependientes y de su absorción por otros dominantes. La estrategia básica es la satelización (“divide et impera”) 268, o fragmentación de acuerdo con Galtung.
Esto es típico en América Latina, Asia y Africa, en que el dominante monopoliza las relaciones -militares, económicas, culturales, etc.- con cada dependiente, en tanto éstos quedan aislados hasta de sus propios codependientes 269.
De esta manera, el dominante genera subsistemas políticos respaldados por tratados internacionales, mediante los que delimita su zona de influencia en la que otros dominantes no pueden introducirse 270 y, a su vez, está dispuesto al recurso de la
Estado hechos por las fuerzas armadas latinoamericanas, con el "visto bueno" o el apoyo de EUA, a los gobiernos civiles. Actualmente, es el caso de la “ola” neoliberal imperante.
266 No obstante, esto se dio en el denominado "milagro japonés". Excluyo de esta alternativa a casos
como el de Corea del Sur, ya que el desarrollo se llevó a cabo a costa de un alto grado de represión.
267 Este es el caso de las presiones norteamericanas a Honduras, El Salvador, Costa Rica y otros
Estados del área centroamericana, en relación con el conflicto de Nicaragua. Sobre un análisis profundo respecto de estas hipótesis presentadas, ver González Aguayo, Leopoldo, Equilibrios y Desequilibrios en el Orden Internacional, en "Relaciones Internacionales", Enero-Julio 1979, Vol. VII, N
o
24/25, págs. 39-45.
268 Ver O'Donnell, Guillermo y Link, Delfina, Dependencia y Autonomía, (Buenos Aires, Amorrortu,
1973), pág. 49.
269 Esta situación de aislamiento, en un sistema multipolar, donde la variable ideológica es
secundaria, se hace a través de la monopolización de los vínculos económicos y la generación de lazos que hagan que el dependiente se vea imposibilitado de tener relaciones profundas con otros actores, que les permita llevar a cabo proyectos autonómicos que los independice del dominante; en un sistema bipolar, donde la ideología es el "factor catalisador del sistema de relaciones" el aislamiento se efectiviza generando un régimen de sanciones a los que transgredan la variable ideológica. Estos son los casos de Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Grenada en (1983), Hungría (1956-1958), Checoeslovaquia (1968), etc.
270 Doctrina Monroe por ejemplo; Sistema Interamericano institucionalizado por TIAR (1947) y OEA
(1948) y una Resolución anticomunista lograda por el gobierno norteamericano en la X Conferencia Panamericana, (Caracas 1954); actualmente la creación de un ALCA (Area de Libre Comercio Americano), etc.
violencia física para sancionar y encausar al “descarriado” 271 o a los condicionantes económicos 272.
Por ende, en la medida en que los dependientes superen el aislamiento en que los ha colocado su dominante (alianza contra el dominante 273), pueden “pensar” en común sus recursos de poder y, con ello, introducir un cambio fundamental en su situación. Esto se podrá lograr sólo a partir del reconocimiento por parte de los dependientes, de su condición de tales y de su posición débil.
Los dependientes, ya tienen suficientes principios aprobados en el seno de los foros internacionales. Del mismo modo que ya han intentado y conocen -al menos teóricamente- la mecánica de las estrategias autonomizantes. Para salir de la situación de dependencia -si es que la élite dirigente, realmente está interesada en hacerlo-, necesitan salir del terreno de la declamación y, fundamentalmente, de la “autofragmentación”.
CONTRAESTRATEGIAS
Es evidente que frente a todas las estrategias que se intenten llevar a cabo, surgirán contraestrategias por parte de las potencias dominantes. Creer que los problemas de los países “Sur” se solucionarán despertando la buena voluntad de los dominantes, es caer en el terreno de la ingenuidad, a la vez que no comprender la naturaleza de las relaciones mundiales.
Las contraestrategias generalmente están orientadas en tres sentidos: 1) Tratar de mantener el sistema de aislamiento satelizado.
2) La aplicación de severas sanciones (incluso por vía militar) contra aquellos sectores o naciones que jueguen un papel protagónico en la promoción de la alianza de dependientes.
3) Una contraestrategia menos obvia, es la del establecimiento de un Estado “proconsular” o aliado preferencial. La nación proconsular adquiere una posición particularmente dependiente respecto del dominante, pero a la vez, y en función de ello, comienza a ejercer una dominación relativa sobre sus “codependientes” 274 en una actitud funcional respecto de la potencia hegemónica.
271 Sistema de Reuniones de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores en el Sistema
Interamericano convocadas mediante el TIAR o la Carta de la OEA.
272 Bloqueo a Nicaragua o al Panamá de Noriega por EUA, bloqueo a Argentina por la CEE durante
la guerra de las Malvinas o a Irack por la comunidad internacional por la invasión a Kuwait; presiones norteamericanas -atendiendo a la demanda de las empresas- sobre los gobiernos para que adopten una Ley de Patentes; etc.
273 Esto no significa, necesariamente, una política de oposición conflictiva -como muchos con
bastante escasa imaginación aducen-, sino la realización de alianzas que permita a los dependientes maximizar la capacidad de desempeño en relación con el dominante.
274 El Japón actual, en sus primeras épocas; Brasil durante el período Nixon-Kissinger; México con el
Hasta ahora, sólo existe un conjunto de principios de política que, per se, no constituyen una política internacional de los países “Sur”, debido fundamentalmente a la falta de coordinación de sus políticas, lo que impide que esos principios sean operativos.
Por el otro lado, las estrategias autonomizantes aplicadas históricamente, han tenido el defecto de verse debilitadas, fundamentalmente, por la falta de voluntad política de los decisores de los países “Sur” de sostener posiciones conjuntas o de afrontar, en cierta medida los costos de aplicación de estas estrategias frente a los costos de la dependencia misma 275. Parece haber una pérdida o una inexistencia de confianza en el esfuerzo propio conjunto de los países “Sur”, frente al poder del “Norte”.
La orientación de las políticas de los Estados “Sur” -al menos en el terreno individual- pone más el acento en las diferencias metodológicas que en las diferencias de orden sustantivo respecto de las potencias dominantes. De esta manera, en realidad se está jugando a sacar la mayor ventaja de la situación dependiente que a buscar una vía autonómica.
Las transformaciones mundiales resultantes de la finalización del sistema bipolar y el surgimiento de esta gran ola neoliberal que actualmente impera, provocan que los principios alcanzados por los países “Sur” no sólo se debiliten y pierdan vigencia frente a los nuevos acontecimientos, sino que los propios Estados -gobiernos- vuelvan a fragmentarse volcándose hacia los nuevos polarizadores o se vean debilitados por el proceso de transnacionalización.