Las evidencias descritas anteriormente suelen ser indicadoras inequívocas del transcurso de una avenida reciente, tanto sobre los terrenos donde aparezcan representadas como aquellos conectados dinámicamente a ellas, siendo el conjunto representativo del DPHP. No obstante, dichas evidencias son indicadores mínimos a tener en cuenta en esta delimitación, ya que no tienen por qué aparecer representadas a lo largo de todo el ámbito del cauce, debiendo realizarse análisis adicionales para establecer sus límites. De forma genérica, se entiende que los límites del cauce serán aquéllos que separan los terrenos más deprimidos e irregulares de aquellos ligados a la llanura aluvial, más elevada, plana y homogénea. Deben englobarse dentro del cauce aquellos terrenos con evidencias de alta actividad fluvial, tanto las efímeras, ligadas a las crecidas habituales, como las topográficas, ligadas a formas erosivas y sedimentarias de alta nitidez y frecuentemente colonizadas por vegetación de ribera. El conjunto se caracteriza por presentar la mayor concentración de altas pendientes e irregularidades topográficas, ámbito fácilmente reconocible con el modelo digital de pendientes y elevaciones del LIDAR, en marcado contraste con el resto de la zona inundable (Figura 132). Ante sistemas fluviales caracterizados por un único canal, con trayectoria recta o sinuosa y trazado bastante estable en las últimas décadas, los límites morfológicos del cauce suelen ser bastante evidentes, con orillas nítidas con altas pendientes o ligeramente graduales (Figura 133 y Figura 134), permitiendo separar los ámbitos fluviales claramente diferentes.
Ante trazados meandriformes o trenzados, o incluso canales rectos o sinuosos que han variado su posición en las últimas décadas, el ámbito del cauce actual no suele restringirse a las zonas más inmediatas al canal o canales de estiaje, incluso aunque en las últimas décadas se haya producido el parcial abandono de canales secundarios o el encajamiento del canal principal (Fernández y Anadón, 2010). En estos casos, la transición entre el canal de aguas bajas y la llanura aluvial puede abarcar una franja de terrenos más amplia (Figura 135).
En ocasiones, las orillas del cauce muestran signos evidentes de erosión. Estas orillas erosivas representan generalmente taludes de elevada pendiente en contacto con la zona más activa del cauce, mostrando claras evidencias de inestabilidad como desprendimientos, escasez de cubierta vegetal, sedimentos expuestos, etc.
Figura 131.Arriba se señala con círculo amarillo la ubicación de las fotos adyacentes. En ellas se muestran detalles de evidencias ligadas al tránsito de avenidas recientes. Aparecen dispersas a lo largo de la zona arbolada, en relación con canales secundarios. En este caso, la zona arbolada forma parte del DPHP.
Siguiendo las premisas que se están barajando en el SNCZI, debe valorarse la posibilidad de incluir previsibles migraciones del cauce en un futuro cercano, bien en la delimitación del cauce
o bien en la delimitación de la ZFP, hecho que dependerá de las circunstancias de la zona (migración de meandros, orillas erosivas móviles, avulsiones recientes, etc.).
Figura 132.En rojo, terrenos identificados como DPHP, caracterizados por la elevada irregularidad topográfica de sus terrenos y por presentar evidencias efímeras reconocidas en los trabajos de campo. Río Guadarrama en Madrid a la izquierda (fuente: INDUROT, 2009b) y río Saja en Cantabria a la derecha (INDUROT, 2011).
Figura 133.Aspecto de orillas graduales próximas al canal de estiaje, relacionadas con depósitos fluviales activos con escasa cubierta vegetal. En la imagen de la derecha se observa cómo el depósito (línea amarilla) entierra parcialmente el escarpe de orilla (línea roja). Río Sella (Asturias) a la izquierda y río Danubio (Rossatz, Austria) en el centro y derecha.
Figura 134. Imágenes de la misma orilla pero con diferentes perspectivas. A priori, observaciones preliminares pueden conducir a ubicar el límite del cauce por el talud inferior y más pendiente, abarcando sólo las evidencias de actividad fluvial reciente más claras (línea amarilla). Sin embargo, se observa que otro talud menos inclinado pero más extenso prosigue hacia la llanura aluvial. La coronación de este talud es el que separa la zona más deprimida del medio fluvial de las márge- nes. El afloramiento de depósitos de cantos en el talud es, en este caso, un apoyo al límite del cauce por la línea naranja.
Figura 135. A la izquierda, fotografías aéreas del año 1957, en el medio, del año 2003 y a la derecha, fotos de campo actuales donde se reconoce un talud correspondiente al límite del cauce histórico.
Hay que tener en cuenta que una orilla puede permanecer aparentemente estable durante dé- cadas, y en un sola avenida movilizarse varios metros. Realizar un pronóstico sobre la previsi- ble migración de una orilla resulta, en muchas ocasiones, un análisis complicado. Por este mo- tivo, y salvo que existan estudios más detalla- dos al respecto, cabe destacar las siguientes recomendaciones:
• Identificar aquellas orillas que muestran signos evidentes de erosión. Esta identificación puede ejecutarse durante el recorrido del cauce en los trabajos de campo, aunque otras herramientas, como las fotografías aéreas, pueden permitir el reconocimiento previo de estas situaciones (Figura 136).
• Englobar dentro del cauce las zonas donde el socavamiento fluvial esté induciendo pe- queños movimientos del terreno, manifestados por grietas u otras señales de inestabilidad evidentes.
• Cuando los terrenos en contacto con la orilla erosiva y las zonas claramente inestables no hayan sido definidos dentro del cauce histórico, estudiar con especial detalle la posible pertenencia de la franja inmediata a la ZFP.