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3 MEMORIA: REVERSO DE LA HISTORIA OFICIAL Estamos atravesando por todos los derrumbes de los

3.1 L A MEMORIA COMO SENTIDO DE ORIENTACIÓN Y ARTICULACIÓN NARRATIVA

No se debe permitir que nos cambien el pasado. ‘Haced que el país antes orgulloso de él no lo insulte ahora’, decía Pophan.

Ricardo Piglia. Respiración artificial

“La verdad no se nos escapará”; esta frase, que

procede de Gottfried Keller, designa el lugar preciso en que el materialismo histórico atraviesa la imagen del pasado que amenaza desaparecer con cada presente que no reconozca mentado en ella.

Walter Benjamin. Tesis de filosofía de la historia

Según Piglia, el Estado argentino a lo largo de la historia ha construido ficciones. “El Estado narra”, dice Piglia, “y el Estado argentino es también la historia de esas historias. No sólo la historia sobre los cuerpos, sino también la historia de las historias que se cuentan para ocultar esa violencia sobre los cuerpos” (Piglia, Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades) 23). Varias novelas argentinas, entre ellas Respiración artificial, construye historias opuestas, en tensión con las historias del Estado.

Para Piglia durante la época de la dictadura, esas ficciones del Estado, estaban centradas en

un relato “quirúrgico, un relato que trabajaba sobre los cuerpos. Los militares manejaban una metáfora médica para definir su función. Ocultaban todo lo que estaba sucediendo pero, al mismo tiempo, lo decían, enmascarado, con un relato sobre la cura y la

enfermedad” (23). Decían que la Argentina era un cuerpo enfermo, que tenía un cáncer –la subversión- y que los militares tenían la función de extirpar como médicos más allá del bien y del mal. Los militares adoptaron la metáfora médica del cáncer para desgarrar y mutilar a los enemigos del orden y del progreso para salvar. Existía en ese relato “dos

historias, una intriga doble”, dice Piglia, “por un lado el intento de hacer creer que la

Argentina era una sociedad enferma y que los militares venían desde afuera, eran los técnicos que estaban allí para curar, y por otro lado la idea de que era necesario una

Todo lo que estaba oculto aparecía en ese relato médico del cáncer. Por un lado la enfermedad de la sociedad argentina, el cáncer que se estaba propagando cada vez más y por el otro, los militares como los únicos médicos capaces de curar y extirpar el cáncer

mediante una cirugía drástica. “Es necesario operar hasta el hueso y sin anestesia”, decía el

general Videla, extirpar el cáncer de la subversión. Ese discurso, dice Piglia “era propuesto

como una suerte de versión ficcional que el Estado enunciaba, porque decía la verdad de lo que estaban haciendo, pero de un modo a la vez encubierto y alegórico” (24).

Como se vio en el capítulo anterior, la relación entre secreto y poder cruzó prácticamente toda la historia de la República Argentina, incluso desde sus orígenes. Sin embargo, esa relación no sólo estableció al Estado, sino también a los sectores dominantes, las Fuerzas Armadas e incluso la sociedad argentina en cuanto tal. Solo hasta 1976 la relación entre secreto y poder llegó al límite, creando un sistema en donde la ficción estatal era la única verdad y el secreto era el fundamento de su poder.

Durante la dictadura la noción de verdad fue establecida por la voz del Estado, que narraba una realidad en la que existía un sistema de estimulación y de causalidad, una forma de explicar una red social ininteligible y contradictoria, que desarticulaba los hechos reales. Eran como soluciones compensatorias, historias con moraleja, narraciones inteligibles, pero a la vez eran historias de terror (Piglia, Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades) 25).

Frente a la desarticulación del pasado, la falta de entendimiento, el cambio de sentido y la manipulación, Piglia publica su primera novela. El escritor argentino al igual que Kafka

supo “oír, por debajo del murmullo incesante de las víctimas, las palabras que anuncian

otro tipo de verdad” (Piglia, Respiración artificial 214), y construyó una novela que entre líneas le da sentido a la experiencia “el horror del presente” (193). La novela de Piglia surge entonces, como “resistencia de lo real o de su opacidad” (32), para trabajar una tensión con las maquinaciones del poder y articular el presente de la dictadura con el

“sentido general de la historia argentina” (43).

En contraposición al relato estatal que desarticula el pasado, manipula la memoria colectiva y la identidad de la sociedad, Respiración artificial busca descubrir el secreto que el Estado

manipula, revelar entre líneas esa verdad que está suprimida (Piglia, Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades) 21), poniendo en tela de juicio, la posibilidad de establecer “la verdad” de la historia oficial, a través de una memoria cifrada que articula narrativamente la multiplicidad de hechos del pasado y del presente de inhumanidad.

La memoria cifrada de los personajes que “viven para hablar, para comentar, para

reflexionar, escribir y leer en una forma u otra” (Morello Frosch 152), es la encargada de darle sentido a la pesadilla del presente, a través de huellas y vehículos de reconocimiento del pasado. La novela narra de una voz a otra, de un relato a otro, de un testigo a otro, una memoria paralela a “la maquinaria anónima del […] totalitarismo” (Piglia, Respiración artificial 216), articulando narrativamente la trama perdida con “el horror del presente”

(193), a través de las diversas interpretaciones de la historia por cada uno los personajes marginados y fracasados. Las muestras documentarias que están consignadas en la novela,

no sólo deben ser interpretadas por los personajes sino por “todos los lectores de la historia”, quienes como dice el senador Luciano Ossorio, “podrán leerlas […] en el momento indicado” (47).

La articulación narrativa del pasado con el horror del presente, parte de la búsqueda de una verdad que finalmente nunca es revelada, pero que sin embargo sirve “como modelo y

representación de las glorias perdidas del pasado” (126) y como dignificación simbólica de las víctimas del totalitarismo, no necesariamente desde sus sufrimientos, sino desde sus ilusiones, luchas, causas y resistencias.

Según Daniel Balderston, “hay una verdad en la historia, una verdad que […] puede ser

conocida parcialmente en vez de cabalmente. La dedicatoria1 de Piglia también oscila entre un derecho de acceso a la verdad de la historia universal o a una verdad más específica

(probablemente argentina)” (Balderston 174). Así, los personajes y su insinuación acerca de otras versiones de la historia, da la posibilidad de saber que también hay versiones que confrontan la historia oficial: “Hay otras versiones que tendrás que conocer” (Piglia, Respiración artificial 17) le escribe Maggi a Renzi; “ya nos veremos (por fin), charlaremos

1A Elías y a Rubén que me ayudaron a conocer la verdad de la historia. Según Daniel Balderston, Piglia le

interminablemente hasta dejar bien aclaradas nuestras respectivas versiones de la historia”

(91), le escribe Renzi a su tío en una de las cartas censuradas por Arocena.

Maggi a su vez insiste que Enrique Ossorio es la figura histórica simbólica de la Argentina, debido a su vida como traidor, exiliado y visionario del futuro (el presente de los demás personajes), por lo cual considera su vida excéntrica como un testimonio, “el reverso de la historia” (29). Según Daniel Balderston ese reverso de la historia implica que:

la verdad como es a veces ‘vislumbrada’ es lo que está ausente, lo que está suprimido u

oculto, o lo que no está expresado en un documento histórico o ficticio. Esta oscura, excéntrica opinión sobre la verdad histórica coexiste en la novela con el ejemplo de los

personajes principales, cada uno de los cuales daría su ‘verdad de la historia’ […]

Piglia y sus personajes no desisten del intento por determinar la verdad, pero sus

intentos por alcanzarla atestiguan […] la noción de que la verdad preside nuestro

mundo desde un lugar remoto, quizá finalmente inalcanzable. (Balderston 176).

La novela gracias a su tono elusivo “que se contradice a sí mismo y por su aproximación

fragmentada a la verdad, sugiere de una manera muy poderosa la presencia de la persecución o un estado mental inquisitorial en el país en que fue escrita, y muestra cómo un escritor ingenioso puede eludir a los inquisidores” (176).

La memoria se manifiesta para significar los hechos reales del presente y mostrar una verdad parcial de esos hechos. La memoria cifrada de los personajes es en Respiración artificial la que permite hablar de forma fragmentada de la verdad de los hechos. En el capítulo dos por ejemplo, la memoria es el eje que concentra la tensión de la novela, a través de la vida del senador Luciano Ossorio. Según Susana Zanetti, la importancia de vincular la literatura con la memoria, se manifiesta según las formas de significación de lo real:

la Historia se transforma en memoria y esta memoria se construye a partir de la mezcla de voces y discursos, de restos, de fragmentos que dan nueva dimensión a lo anónimo y colectivo de los sujetos […]. La fragmentación o la dispersión del acontecer histórico o de sus actores es una de las perspectivas fundamentales […]; la otra, es la conjetura.

Quien enuncia interpreta o fabula, conjetura, cede la palabra o se desdobla, asume diversos lenguajes. (Zanetti 10).

Tanto la memoria como la historia son aspectos que según Susana González convergen en el senador Luciano Ossorio, quien representa la memoria, el testigo de la muerte y enlaza su genealogía con la historia. Ha sido testigo de varios hechos a lo largo de su vida, pero su

angustia radica en no poder expresar con palabras esos hechos, es decir, no poder dar

testimonio, “en llegar a perder el uso de la palabra. […] Llegar a concebirla, […] y no poder expresarla” (Piglia, Respiración artificial 47). Susana González afirma que en el segundo capítulo, la novela enlaza dos fuerzas contrapuestas:

Por un lado, el exceso de palabras que se manifiestan en la abundancia de relatos, historias, testimonios, biografías, cartas, documentos que recorren toda la novela; y por otro, el vacío que define la alocución de Ossorio ante la posibilidad de la pérdida de la expresión en sus distintas formas. Emilio Renzi es el elegido para ser testigo. […] Es el

que desea enterarse, para contar; y eso es el historiador: testigo para dar testimonio. Si bien el principal narrador es otro personaje, Tardewski, su interlocutor es Emilio. (González Sawcsuk, Ficción y memoria: narrador y estrategias discursivas en la literatura hispanoamericana contemporánea 107).

El senador a pesar de estar postrado en un silla de ruedas por más de 50 años de no poder expresar con palabras la verdad de los hechos, no está vencido, pues como él mismo afirma, ha resistido, su convicción se basa en “aprender a resistir” (Piglia, Respiración artificial 45). Él resiste para contarle a su único interlocutor, la historia que no ha olvidado y borrar de su memoria aquello que quiere mantener alejado de sí mismo. Por eso, desarrolla de forma incoherente, a través de la voz de su testigo –Renzi-, una especie de censo de las víctimas de la historia y con este, los sucesos del pasado como responsables del horror del presente.

Por otro lado, la ilusión del senador es derrocar junto con Maggi y con “el pueblo soberano” a los dominadores. Maggi por su parte, el posible desaparecido de la dictadura,

“el hombre de la persistencia de los principios de justicia y verdad […] capaz de ser fiel en la vida al rigor de sus ideas” (225) y del que “no hay nada que se pueda decir” (222), lucha sin importar los riesgos, por dejarle los documentos que él ha venido trabajando a Renzi. Con la intermediación de Tardewski, Maggi finalmente alcanza su objetivo y Renzi al final de la novela recibe los documentos. Al respecto dice Tardewski en la voz narrativa de Renzi:

Por eso, sin duda, el profesor lo ha enviado a usted a verme. Porque yo soy el que no puede decir nada sobre él.

Por eso creo, dijo Tardewski, el profesor me ha dejado lo único de lo que necesitaba desprenderse para quedar libre. Desprendido de todo lo que en realidad tenía, ahora, él, esté donde esté, el profesor, ahora ya no tiene nada que temer.

Por eso, dijo Tardewski, él me dejó a mí esos papeles para que se los entregara. Si no ha venido es porque, en el fondo, ya no es necesario. Más importante, dijo, fue dejar esos papales, decidirse a abandonarlos y elegirlo a usted para que los recibiera. (224).

En ese sentido, los documentos que llegan a manos de Renzi, un sujeto que no ha experimentado personalmente los acontecimientos del pasado y no le interesan los del presente de inhumanidad, ya que solo piensa desde la literatura, conforman la memoria histórica de Respiración artificial. Siguiendo lo dicho por Paloma Aguilar, la memoria histórica que construye la novela a través de la interpretación de Renzi, es una “memoria

prestada de los acontecimientos del pasado que el sujeto no ha experimentado personalmente, y a la que llega por medio de documentos de diverso tipo” (Aguilar Fernández 44). Esos documentos de diverso tipo, son en la novela la correspondencia entre Maggi y Renzi, las citas de Tardewski y los documentos que conforman el archivo de Enrique Ossorio.

La memoria es entonces, la estrategia utilizada por Piglia para enfrentar la maquinaria estatal y la historia oficial, y así dotar de sentido a “todos los lectores de la historia” (Piglia, Respiración artificial 47). La memoria no necesariamente es siempre recuerdo de lo

ocurrido, sino también “otra memoria” (Piglia, Respiración artificial 55), impuesta que se encarga de desarticular el pasado con respecto al presente.

Respiración artificial es una “restitución suicida del silencio” (222), pues además de contraponer las “palabras saturadas de mentiras y de horror” (221) creadas por esa “otra

memoria” impuesta, destaca la importancia de tematizar, buscar y conocer, así sea de forma fragmentada, la verdad de la historia que se ajuste a los hechos reales del horror del presente y al sentido general de la historia argentina.

La necesidad de buscar y conocer la verdad de la historia, empieza por encontrar a través de imágenes del pasado, la materia con la que está construida la “otra memoria” (55), esa memoria de la que el senador dice que ha tratado de soltarse durante años, que lo “ha tenido

atado a las mareas del pasado, a sus corrientes subterráneas”, y que para no ahogarse en ellas está “obligado a reflexionar; no ver eso que flota y se hunde, no dejar que se acerque”

(55). Esa “otra memoria”, dice el senador a través de la voz de Renzi, enlaza “de un modo

embargo, gracias a “esa memoria […] que está hecha de palabras y mensajes cifrados” (55)

puede reflexionar y comprender “que la muerte y el dinero están hechos […] de la misma

sustancia corruptora” (56) y que son la causa del horror del presente, de la última la dictadura militar.

Frente al relato estatal que inventa una memoria artificial, existe una memoria cifrada que articula la multiplicidad de hechos del pasado con el presente como dotación de sentido (Antequera Guzmán 35). La novela construye una memoria cifrada y común que le da sentido al horror del presente, como parte de una experiencia que aunque es vivida subjetivamente por las víctimas, es compartida y compartible social y culturalmente a

“todos los lectores de la historia” (Piglia, Respiración artificial 47) a través, de palabras sueltas y mensajes cifrados. En la novela, es posible entender gracias al personaje que representa la memoria, el senador Luciano Ossorio: “yo soy la muerte; soy su testigo, su memoria” (Piglia, Respiración artificial 49), que la memoria y él como su representante, es

“el eslabón que no se ha perdido, que nunca se perderá”, por tanto, ese esfuerzo “por

retomar esa coherencia lógica, esa propiedad perdida que viene del pasado” (57) y que permite entender “el presente del presente” (193).

Respiración artificial trabaja entonces, con la tensión entre la “otra memoria” construida por los dominadores y vencedores de cada época que omite la verdad de los hechos y excluye la posibilidad de una memoria común, y con esa “memoria […] hecha de palabras y mensajes cifrados” que permite recuperar el sentido de orientación que articule narrativamente lo que se ha perdido, sin disociar la verdad factual, ni lo político de lo simbólico (Gómez Muller 13). Pero la verdad en la novela, es una verdad fragmentada e indirecta, se busca y se tematiza, pero a la vez se lucha, se construye y se registra entre líneas. “Una noción de verdad que escapa a la evidencia inmediata, que supone primero desmontar las construcciones del poder y sus fuerzas ficticias y por el otro de rescatar las

verdades fragmentarias, las alegorías y los relatos sociales” (Piglia, Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades) 30).

De ahí la importancia de Kafka en Respiración artificial, pues en él los proyectos

un mundo convertido en una inmensa colonia penitenciaria” (Piglia, Respiración artificial 215). El Proceso releído por los lectores de la historia y del “Proceso de Reorganización Nacional”, no es solo la acumulación del terror y la represión, “sino una condena de la

memoria: el crimen más hediondo de K. es no acordarse de su crimen” (Avelar 211).

Respiración artificial al igual que El Proceso, se construye contra el olvido y la

desarticulación. La “otramemoria” construida por el relato estatal, “no es más que una cita

en la inmensa biblioteca del burócrata estatal: memoria que deviene impersonal, impura

sucia, hecha de citas” (Avelar 211).

La memoria cifrada, “ese sentido tan difícil de captar. Opuesto en apariencia al

movimiento histórico” (Piglia, Respiración artificial 30), es la que permite recuperar la capacidad de entender, articular y enfrentar el terror y los efectos generales del sometimiento, como reivindicación simbólica frente a las prácticas represivas (Antequera Guzmán 39). Esta memoria se percibe en la novela cuando se elude el contenido, el sentido literal de las palabras y se busca el texto dentro del texto, es decir, el mensaje cifrado que está debajo de lo escrito, eso que según el narrador heterodiegético está “encerrado entre

las letras, como un discurso del que sólo pudieran oírse fragmentos, frases aisladas, palabras sueltas en un idioma incomprensible” (Piglia, Respiración artificial 98), a partir del cual se reconstruye el sentido mismo de la novela, así como el sentido general de la historia argentina.