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1.3 P ERSONAJES INTELECTUALES Y FRACASADOS : CORAJE INTELECTUAL Y

1.3.3 E NRIQUE O SSORIO

En el primer capítulo de la novela, la voz narrativa de Renzi describe ciertas características de Enrique Ossorio, el personaje que desencadena varios acontecimientos que trascenderán tanto en el tiempo como en el espacio, afectando las vidas de los demás personajes de la novela (Ángel Alzate 43).

Es hijo de un coronel de las guerras de Independencia y uno de los fundadores del Salón Literario12. Hacia 1827 se vuelve secretario privado de Juan Manuel de Rosas, pero once

12 En 1837 surgió un grupo de jóvenes entre los que se encontraban Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López, que se identificaban con la clase política que había protagonizado el proceso independentista hasta la organización unitaria de 1824, y adherían a las ideas del

años después hará parte de un complot clandestino en contra del dictador. Cuando el complot es descubierto Ossorio huye a Montevideo donde es considerado por los exiliados un espía doble. En 1848 viaja a los Estados Unidos y se instala en Nueva York, ciudad en la que escribe su autobiografía y planea una novela utópica del porvenir. Dos semanas antes del destierro de Rosas, derrotado por Justo José de Urquiza13 (1801-1870) en la batalla de Caseros14 (1852), Ossorio se pega un tiro en la cabeza. Tras su muerte, será su esposa Amparo y parte de su familia los que conserven por más de cien años los documentos

inéditos, “los papeles, los recuerdos de la infamia” (Piglia, Respiración artificial 28), que luego serán trabajados por Maggi y posiblemente publicados por Renzi.

Por otro lado, Ossorio es el historiador utópico, el historiador del porvenir que desde el exilio habla del lugar de la verdad. Ossorio es muy posiblemente la representación de Juan Bautista Alberdi, el gran desterrado de la historia argentina del siglo XIX, el que “se embarca en secreto, como un extranjero, con el baúl donde lleva sus papeles” (Piglia, Crítica y Ficción 43). Ambos, en medio del destierro y la distancia política acceden a la verdad y escriben acerca de ella, anticipando los debates futuros y el desventurado porvenir de la República Argentina. En sus últimos años de vida, ambos envían cartas a amigos y

destinatarios desconocidos, dejando plasmado en sus documentos “los sueños muertos de la patria” (44).

Enrique Ossorio es el suicida y el traidor, pero también es el héroe utópico, confuso y desdichado que lucha por el progreso y la felicidad de la patria. Sacrifica su propia vida por

la causa política y la libertad de su país, “una libertad que, sin embargo, no ha de llegar”

(Piglia, Respiración artificial 69). En el exilio se vuelve el historiador del porvenir, el hombre que visualiza en el destierro los signos que anuncian el trágico destino de la Argentina; un destino colmado de disensiones, divergencias, luchas, así como interminables

romanticismo europeo y la democracia liberal. Ellos crearon el Salón Literario, que fue cerrado por la dictadura de Juan Manuel de Rosas.

13 Justo José de Urquiza (1801-1870). Federalista y opositor de Rosas. Fue varias veces gobernador de la provincia de Entre Ríos y presidente de la Confederación Argentina 1854-1860. Permaneció 18 años el poder. 14 El 3 de febrero de 1852, se enfrentaron 24 mil hombres de Urquiza contra 23 mil de Rosas en la batalla de Caseros. Fue la batalla más grande de América del Sur, ganada por Urquiza.

“asesinatos, masacres, guerras fratricidas” (70). Él sabe que nada cambiará, que la historia

argentina no será más que un error insensato del cual no se podrá retroceder.

Ante la desolación por el destino de su patria, Ossorio se propone escribir una utopía, una

“novela escrita en el exilio y por él” (85). Aunque sabe que las cosas no van a cambiar

desea plasmar sus esperanzas, escribir lo que imagina será el porvenir de la nación. Él, al

estar “en una posición inmejorable: desligado de todo, fuera del tiempo, un extranjero,

tejido por la trama del destierro” (70), es capaz de ver la presencia de la ficción en la realidad, de imaginar su patria en cien años. Por eso, escribe una novela utópica “donde

sólo se presenten los posibles testimonios del futuro en su forma más trivial y cotidiana, tal

como se le presentan a un historiador los documentos del pasado” (83). El protagonista de su novela es un “historiador que trabaja con documentos del porvenir (ese es el tema). El

modelo es el cofre donde guard[a] [sus] papeles” (84).

Según Victoria Ángel, para Enrique Ossorio:

el pasado y el futuro se conectan directamente a partir de la utopía que proviene de fuentes diferentes: del exilio, que es el presente desde el que escribe; del otro como materialización de la ambición, y por último de la traición, ya que al inventar la historia el escritor la reescribe, y por lo tanto, la traiciona. Para este conspirador, la utopía no se sitúa en un lugar imaginario, sino es un tiempo futuro, que resulta ser el tiempo presente del relato de Renzi. (Ángel Alzate 127).

Así, desde el exilio, desde el borde de las tradiciones del siglo XIX, el traidor, el conspirador, planea una novela utópica titulada 1979, no como parte de la escritura de una obra que narre la historia argentina tal cual ha sido, sino como reescritura imaginaria de una obra maestra del porvenir utópico, que permita anunciar el porvenir de la sociedad argentina. Sin embargo, es posible pensar que Ossorio nunca haya concebido esa novela utópica, sino que haya sido una creación de Maggi para poder hablar del presente de inhumanidad de la dictadura militar, como parte de una pesadilla visionaria del pasado.