2 LA MIRADA HISTÓRICA Y EL ORIGEN DEL
2.1 L A HISTORIA ARGENTINA EN SUS RESTOS
2.1.7 E L RETORNO Y EL DERRUMBE DEL P ERONISMO : 1973-
Yo en el 73 interpretaba la realidad impulsada más por la emotividad que por la lógica política. Hoy mi visión del pasado es totalmente distinta. Vivíamos el fanatismo ideológico. Creo que la revisión no tiene que ser a partir de estos últimos años, sino que va mucho más allá. Crecimos a partir de una cultura política y una conciencia civil equivocada. Tuvimos que pasar por esa hecatombe para darnos cuenta del valor de la vida y el respeto de la democracia.
Ricardo Piglia. La ciudad ausente
El 25 mayo de 1973 sube a la presidencia, después de 18 años, un gobierno peronista, encabezado por Héctor Cámpora, el cual además de proponer un proyecto nacional y popular opuesto al imperialismo, firma un decreto de indulto a todos los presos políticos de la dictadura de la llamada Revolución Argentina. La fórmula del nuevo presidente reafirma el descenso de los sindicalistas y el auge de la izquierda peronista, a través de la dirección de las provincias y universidades más importantes, así como de cargos públicos y bancadas en la Cámara de Diputados. Dentro de su gabinete de ministros es designado Ministro de
Bienestar Social José López Rega, más conocido como “El brujo” -por su interés en la ciencia esotérica- de orientación derechista.
Mientras los sectores populares radicalizados en la “Juventud Peronista” esperaban que el peronismo acelerara su proyecto, los sectores conservadores del peronismo -sindicalistas y empresarios-, promovían el Pacto Social que establecía un modelo moderado en el aumento
de salarios, posterior congelamiento y “suspensión de los mecanismos de negociación colectiva salarial por un plazo de dos años y su reemplazo por un compromiso del Ejecutivo de implementar las medidas necesarias para mantener el poder adquisitivo del
salario […] El Pacto Social incluía también medidas en otras áreas de política económica,
además de la distribución del ingreso y el control de precios” (Jelin, Conflictos laborales en la Argentina. 1973-1976 8).
El 20 de junio de 1973, día en que Perón vuelve definitivamente a la Argentina, es organizada una bienvenida en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Sin embargo, esta terminó en el enfrentamiento entre el peronismo conservador vinculado a López Rega y la Juventud Peronista, dando lugar a la llamada “Masacre de Ezeiza”, que dejó más de 200 muertos.
En su primer discurso, Perón hace caso omiso de lo sucedido en la Masacre, generando molestia en los sectores de izquierda. De ahí en adelante los discursos de Perón se centran
en “la necesidad de privilegiar la participación organizada y canalizada a través de los causes “naturales” por sobre las movilizaciones populares inorgánicas y reafirmar los preceptos tradicionales de la doctrina justicialista en detrimento de las temáticas del socialismo nacional y a las cuales Perón había prestado eco a menudo durante los últimos
años de su exilio” (Cavarozzi 69).
En Respiración artificial, una de las cartas interceptadas por Arocena hace referencia a alguien que se hace llamar Enrique Ossorio, le escribe a Marcelo Maggi, acerca de la posible llegada de Perón a la Argentina. Una mujer llamada Raquel, quien se hospeda en un hotel en la ciudad de Nueva York, dice que espera un contacto, pero que si hay problemas, le envíen un telegrama que diga felicidades Raquel:
No hay novedades. Espero el contacto […] Si hay dificultades y tengo que volver,
Arocena sigue aplicando las técnicas para descifrar la carta y luego de dos horas de trabajo, reconstruye el mensaje oculto:
Raquel llega a Ezeiza el 10, vuelo 22.03
Miró la frase. Estaba ahí, escrita en el papel. Raquel llega a Ezeiza el 10, vuelo 22.03. ¿Y si no fuera así? ¿Quién podía confiar? Raquel: anagrama de Aquel. Escribió Aquel
en una ficha. La dejó aparte […] Cada palabra podía ser un mensaje. Cada letra. […]
¿Quién llega? ¿Quién está por llegar? A mí, pensó Arocena, no me va a engañar. (101, 102).
Es posible que la reducción de “Raquel” a “Aquel”, haga referencia a los intentos de Perón por volver a la Argentina, tras su exilio en España. Según algunos críticos, entre ellos Daniel Balderston y Marta Morello-Frosch, Aquel “era una manera velada de referirse a Perón en el período previo a su regreso del exilio” (Balderston 176).
Al mes del regreso definitivo de Perón, el 13 de julio de 1973, Cámpora renuncia a su mandato y se convoca a nuevas elecciones. El 23 de septiembre de 1973 con más del 60% de los votos, Juan Domingo Perón es elegido nuevamente presidente, junto con su compañera de fórmula y esposa, María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabel Perón. Respecto a la figura de Perón y lo que representaba para los argentinos, Luís Alberto Romero señala que:
La figura simbólica de Perón, una y muchas a la vez, había llegado a remplazar a su figura real. Para todos, Perón expresaba un sentimiento general de tipo nacionalista y popular, de reacción contra la reciente experiencia de desnacionalización y privilegio. Para algunos esto se encarnaba en el líder histórico, que, como en 1945, traería la antigua bonanza, distribuida por el Estado protector y munificente. Para otros, Perón era el líder revolucionario del Tercer Mundo, que eliminaría a los traidores de su propio movimiento y conduciría a la liberación, nacional o social, potenciando las posibilidades de su pueblo. Inversamente otros, encarnando el ancestral anticomunismo del movimiento, veían en Perón a quien descabezaría con toda la energía necesaria la
hidra de la subversión social […] Para otros muchos, Perón era el pacificador, el líder descarnado de ambiciones capaz de encausar los conflictos de la sociedad, realizar la reconstrucción y encaminar al país por la vía del crecimiento. (Romero 34)
Con la victoria de Perón, la izquierda peronista es excluida del movimiento, mientras los sectores conservadores fortalecen su poderío encabezado por José López Rega, quien controla el gabinete ministerial. Dos días después de las elecciones, la organización
conservadores del peronismo, comenzando con el asesinato del Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT) y mano derecha de Perón, José Ignacio Rucci. El Congreso por su parte, promueve varias reformas entre ellas, la ley sindical y el código penal que sanciona las protestas y las actividades de los grupos considerados subversivos. Esto produce la renuncia de gobernadores, intendentes y legisladores cercanos a la
“Juventud Peronista” y “Montoneros”.
Durante 1973, las Fuerzas Armadas se mantuvieron por fuera de los conflictos nacionales,
“cultivando la imagen de la paciencia de los militares. Pero tras el asesinato del jefe de policía, Alberto Vilar, deciden intervenir y empezar a liquidar a la guerrilla, ya que se consideran la única fuerza capaz de enderezar el destino de la nación que, ante sus ojos, se
hunde” (Girona Fibla 29). El movimiento de guerrillas urbanas Montoneros”, fue uno de los pretextos del golpe del 24 de marzo de 1976, en nombre de la “guerra contra la subversión” y la “Seguridad Nacional”.
El 19 de enero de 1974 se produce el ataque a la guarnición militar de Azul provincia de Buenos Aires, por parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), quienes tenían las intenciones de: demostrar que Perón era defensor de las Fuerzas Armadas, demostrarle a los trabajadores que podían conducirlos a la revolución social y conseguir armamento necesario para guerra. Perón por su parte, acusó de “tolerancia culposa” al gobernador de la provincia de Buenos Aires, haciendo que éste renunciará a su cargo. Poco después, Perón promueve un golpe a la provincia de Córdoba provocando la destitución de su gobernador, Obregón Cano.
El 1 de mayo en conmemoración al Día del Trabajo, en medio de su discurso, Perón expulsa de la Plaza de Mayo a “Montoneros” y a la izquierda peronista, refiriéndose a ellos
como “imberbes y estúpidos” (Cavarozzi 167). Para ese entonces, López Rega crea la Alianza Anticomunista Argentina “la triple A”, una fuerza de represión paramilitar dedicada a la persecución, el secuestro, la tortura y la eliminación de la izquierda argentina, llevando a cabo cientos de asesinatos entre ellos a subversivos, líderes políticos, curas e intelectuales.
El 1 de julio de 1974 a sus 78 años de edad, muere Perón. El gobierno queda en manos de su esposa Isabel Perón y el poder político en las de López Rega, lo que obliga a la organización “Montoneros”, principal blanco de “la triple A” a salvaguardarse en la clandestinidad y aumentar su accionar armado. A comienzos de 1975 se rompen las relaciones entre el gobierno y la Confederación General del Trabajo (CGT), la central sindical más importante de la Argentina, por lo cual, Isabel Perón recurre al apoyo de las Fuerzas Armadas y de los empresarios. Como consecuencia, el gobierno firma un decreto que autoriza al ejército a eliminar a la subversión, marcando así un importante y a la vez devastador acontecimiento en la historia del gobierno peronista, ya que “las fuerzas
armadas recuperaron nuevamente la iniciativa política, y junto a ellas, los sectores de la gran burguesía que habían quedado a la defensiva desde 1973. A partir del tercer trimestre
de 1975, los militares […] empezaron a manejar el tiempo de la política en función de un proyecto de liquidación del régimen democrático que iba mucho más allá de la
coparticipación que, cada vez más desembozadamente, les ofrecía Isabel Perón” (Cavarozzi 72).
A la crisis política se le suma la crisis económica. El recién nombrado Ministro de Economía, Celestino Rodrigo, lanza un plan de ajuste conocido como el Rodrigazo, el cual entre algunas otras cosas, devalúa la moneda a más del 100% y sube el precio del combustible y de los servicios públicos, sin aumentar los salarios. Esto hace que la CGT promueva un plan de lucha con huelgas generales, movilizaciones y reclamos salariales, desestabilizando al gobierno y generando la renuncia del Ministro López Rega, quien abandona el país y se exilia en España.
Hacía 1975 varios sectores de la sociedad argentina fueron capaces de percibir, a través del devenir histórico y el núcleo mismo de la sociedad, las tensiones secretas del poder político y los militares. En marzo de 1975, un año antes del golpe de 1976, Piglia fue capaz de percibir en la coyuntura del presente las líneas básicas de la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional. En una carta dirigida a los directores de la revista Los Libros, Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano, aclara que, por las diferencias existentes en cuanto a la caracterización de la coyuntura política de la Argentina, decidía renunciar a la participación de la revista. Según el escritor, “la política represiva, reaccionaria y antipopular de Isabel
Perón […] favorece el golpe de estado y alienta a los personeros del imperialismo yanqui
que trabajan por la restauración”:
Nuestras diferencias respecto a la caracterización de la coyuntura política nacional se han agudizado en los últimos meses. Nunca pensamos que la revista debía ser el resultado de una coincidencia absoluta y desde el principio existieron discrepancias y diferencias de opiniones. Estas diferencias no entorpecían el trabajo en el comité de dirección porque se daban en el marco de un acuerdo de fondo: la revista, coincidíamos, debía definir su lugar en el campo cultural en relación con la contradicción principal que ordena hoya las distintas fuerzas en pugna en la sociedad nacional. Es decir, la revista debía tratar de definir su práctica específica en función de la lucha del pueblo con el enemigo principal de nuestro país: el imperialismo norteamericano.
Resolver a partir de esa contradicción principal la colocación y las tareas de Los Libros
en el campo cultural significa, de hecho, definir el carácter y la relación de las fuerzas en juego en la sociedad. Creo que hoy nuestras discrepancias son de fondo porque suponen dos modos distintos de concebir esa relación de fuerzas. El eje de nuestra discrepancia es la evaluación del gobierno de Isabel Perón. Caracterizar a este gobierno como nacionalista y tercermundista significa, a mi juicio, no tener en cuenta que el sector de la gran burguesía hegemónico en él avanza cada día más en su política de claudicación y abierta conciliación con el imperialismo norteamericano, traicionando así los objetivos de la liberación en defensa de los cuales el pueblo luchó contra la dictadura militar. Este gobierno no representa de una manera directa los intereses del imperialismo y en este sentido identificar su política con la política de la dictadura militar proyanqui es confundir al enemigo principal. Pero apoyar a Isabel Perón y pensar que la presidenta resiste la ofensiva golpista es no tener en cuenta que la política represiva, reaccionaria y antipopular de Isabel Perón, en verdad, favorece el golpe de estado y alimenta a los personeros del imperialismo yanqui que trabajan por la restauración (Piglia, A mis compañeros Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano).
Finalmente, durante el tiempo transcurrido entre el Rodrigazo y la caída de Isabel Perón, las Fuerzas Armadas se veían a sí mismas como el único sector capaz de cambiar radicalmente tanto a la sociedad como a la política argentina. En noviembre de 1975, cuatro meses antes del golpe, el teniente general Jorge Rafael Videla anunció “que si para matar a un guerrillero tenían que matar a 500 inocentes, así lo iba a hacer” (Girona Fibla 29). Y así lo hizo.
2.2
“E
LP
ROCESO”
Y LA DESARTICULACIÓN CON EL PASADO Y LA VERDAD DE LOS HECHOSEsperamos de la historia cierta objetividad, la objetividad que le conviene; nos lo demuestra la forma con que la historia nace y vuelve a nacer; siempre procede de la rectificación de la manipulación oficial y pragmática del pasado por las sociedades tradicionales.
Paul Ricoeur. Historia y Verdad
La dictadura que inició el 24 de marzo de 1976 con el golpe liderado por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier, Orlando Ramón Agosti estableció en la Argentina un proyecto totalitario centrado en la desarticulación entre la narración de los hechos y la verdad, la falta de diferenciación entre lo humano y lo inhumano, el silenciamiento de miles de voces sociales, la anulación de lo ético y lo político, la desintegración de la sociedad, la manipulación de una narración común centrada en el relato estatal y por tanto, la construcción de una memoria artificial.
El 24 de marzo de 1976 se inicia en la Argentina el llamado terrorismo de Estado, que a diferencia del Estado militar15, construye su poder militarizando la sociedad y desarticulándola a través del terror, el control, la intimidación y la eliminación física de miles de personas, acompañada con la desarticulación de estructuras y mediaciones políticas y sociales. Esto llevó a que gran parte de la sociedad perdiera la capacidad de entender la realidad y por tanto, de darle sentido a la pesadilla del presente, a la experiencia del horror y la represión. Según el presidente de facto, el teniente general José Rafael Videla, la sociedad argentina enferma y caótica, motivó el trastrocamiento de los valores tradicionales y llevó a la subversión, incluso de los valores esenciales del orden y del ser nacional (Cavarozzi 247).
El autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”16 desarticuló los proyectos sociopolíticos del pasado argentino, delimitando al individuo a un ente netamente privado:
15 Militarización de la sociedad.
16 Presidentes de Facto del Proceso: Jorge Rafael Videla (24 de marzo de 1976 - 29 de marzo de 1981); Roberto Viola (29 de marzo de 1981 - 11 de diciembre de 1981); Leopoldo Galtieri (22 de diciembre de 1981 - 17 de junio de 1982); Reinaldo Bignone (1 de julio de 1982 - 10 de diciembre de 1983).
desprovisto, desposeído, privado de voz, privado de presencia pública. Se monopolizó la verdad de la historia, en cuanto la retórica estatal “garantizaba el restablecimiento de la degradada situación en que cayera el gobierno anterior y aseguraba la posterior instauración de una democracia republicana. La emergencia de la situación y la transitoriedad de las medidas adoptadas justificaban el autoritarismo y la severidad con que iban a ejercerse”
(Girona Fibla 28, 29).
Partiendo de una fuerte crítica al sistema político democrático y a la debilidad de los Estados preexistentes, que se ataban a demandas populares, la dictadura sometió los derechos y las garantías de la sociedad civil en favor de la guerra contra la subversión, redefiniendo al país en términos de exclusiones. La Argentina fue caracterizada “como una
sociedad en guerra, con lo que se configuraban como prioritarias las tareas militares de
extirpación del cáncer subversivo en todas sus ramificaciones” (Cavarozzi 80). Las Fuerzas Armadas se autodefinieron como responsables del destino y del orden nacional fundando el alma del totalitarismo en el cual se construye un “Uno”–el Estado- y un “Otro” peligroso - la subversión-, que debe ser perseguido, controlado y finalmente eliminado para lograr el saneamiento social.
El orden se transformó en la necesidad de acabar con el “otro”, el cual era definido de tantas maneras que cualquiera podía convertirse en ese otro que debía ser eliminado:
[…] toda acción clandestina o abierta, insidiosa o violenta que busca la alteración o la
destrucción de los criterios morales y la vida de un pueblo, con la finalidad de tomar el poder o imponer desde él una nueva forma basada en una escala de valores diferentes. Es una forma de reacción de esencia política ideológica dirigida a vulnerar la el orden político-administrativo existente que se apoya en la explotación de insatisfacciones e injusticias, reales o figuradas, de orden político, social y económico. (Comisión de Educación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos 20, 21).
Todo individuo que pretende trastornar los valores fundamentales es un subversivo, un enemigo potencial de la sociedad y es indispensable impedirle que haga daño.
La Subversión es un fenómeno psicótico que, enmascarado en una ideología, se crea en el campo político. (23).
Una de las estrategias fundamentales de la dictadura fue la intimidación. En mayo de 1977 por ejemplo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, el general Ibérico Saint Jean pronunció un discurso en el cual la intimidación fue la principal maniobra:
Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores,
después […] a sus simpatizantes, enseguida […] a aquellos que permanecen
indiferentes y finalmente mataremos a los tímidos. (Comisión de Educación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos 23).
El mismo día del golpe, salió el Comunicado N° 19 de la Junta Militar que establecía a la represión como el medio necesario de reorganizar al país, en cuanto a las relaciones económicas, sociales, políticas y culturales:
Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales (Junta de Comandantes Generales).
Con la idea de conducir el destino de la Nación y establecer el orden, el autodenominado Proceso no se reconoció en el pasado de la Argentina, para facilitar la desarticulación con respecto a los atroces hechos del presente, eliminando la diferenciación entre lo humano y lo inhumano y deslegitimando cualquier forma de intervención, que obstaculizara
“inventa[r] una memoria artificial y una vida falsa” (Piglia, Formas Breves 52).
Fue así como los militares instalaron un plan deliberado, que profundizó radicalmente el esquema de persecución y exterminio iniciado por la “Triple A” de López Rega, a través de una amenaza contundente contra las luchas sociales y contra cualquier tipo de articulación que diera la posibilidad de entender y conocer la verdad de la historia.
La dictadura del Proceso, al igual que varias de las dictaduras latinoamericanas de la época, respondió a factores internos y externos generados durante el contexto de la guerra fría, así como al interés por acaparar la riqueza en pequeños sectores de la sociedad17, junto al auge