• No se han encontrado resultados

Los intentos por buscar el enigma de la vida de Enrique Ossorio, así como encontrar el origen de la desventurada República Argentina, quedan interrumpidos en la primera parte de la novela. En la segunda parte titulada Descartes, el relato central es el dialogo intelectual entre Renzi y Tardewski en torno a la figura de Marcelo Maggi.

Renzi y Tardewski como voces narrativas y como personajes, se mueven como afirma María Cristina Pons, “en un límite ambiguo, oscilando entre ser meros personajes cuyas

palabras son reproducidas en estilo directo y/o indirecto, y ser narradores secundarios que

cuentan su historia” (Pons 61). Como personajes, son capaces de oír durante horas las palabras que anuncian otro tipo de verdad y que se contraponen a la historia oficial; como voces narrativas reproducen esa verdad de forma fragmentada y confusa.

Por eso, las voces narrativas de Renzi y Tardewski atribuyen su discurso a otras voces y unen la narración del uno con el otro, como si fueran una sola voz. A su vez, reproducen las

conversaciones en las que estuvieron como testigos, es decir, narran lo que alguna vez oyeron y no necesariamente lo que alguna vez dijeron. Así, en toda la segunda parte de la novela las historias narradas no son expuestas de la fuente directa, sino a partir de la subjetividad de Renzi y Tardewski como oyentes y testigos. Por ejemplo:

Eso, pero dicho de un modo mucho más bello y enigmático, fue lo que dijo la mujer, contó Marconi, me cuenta Tardewski. (Piglia, Respiración artificial 167).

Renzi y Tardewski como voces narrativas, no interpretan hechos o discursos pues sus intervenciones son meramente atributivas. Los que interpretan, reflexionan o analizan tanto el pasado, la pesadilla del presente y los discursos, incluyendo los de ellos mismos, son los personajes.

Aunque el tema central del dialogo entre Tardewski y Renzi es la vida de Marcelo Maggi, la imagen y el destino de este son interrumpidos por historias y digresiones que aparentemente evaden las referencias directas en torno al contexto represivo de la dictadura militar. Tardewski es el encargado de narrar la historia de las digresiones para no hablar de Maggi:

Como usted ha comprendido, dice ahora Tardewski, si hemos hablado tanto, si hemos hablado toda la noche, fue para no hablar, o sea, para no decir nada sobre él, sobre el profesor. Hemos hablado y hablado porque sobre él no hay nada que se pueda decir. (222).

Para no hablar de Maggi, la voz de Tardewski se centra en las experiencias vividas por algunos personajes que frecuentan el Club Social de Concordia, como las de un ex conde ruso llamado Antón Tokray y la un ex nazi llamado Rudholf Von Maier. Antón Tokray, cuenta Tardewski es el hijo natural de un noble ruso, que sufrió todas las desventajas de la revolución, al nunca recibir siquiera alguna compensación (118). Tokray aprovechando las alteraciones producidas por la historia, decide salir de Rusia y luego de infinitas penurias

llega a la Argentina, instalándose en la ciudad de Concordia, donde abre “un salón,

dedicado a propagar por medio de la enseñanza personal, los ritos, modales y maneras de la sociedad distinguida de la Rusia zarista. Tardewski cuenta que esa forma de trabajo le

funcionó muy poco, porque “el peronismo le tiró el negocio a la mierda con su populoso desdén por la observancia y conservación de las virtudes aristocráticas” (119).

Maier por su parte, es un ex nazi que al igual que muchos alemanes, nunca se enteró de la

existencia de los campos concentración hasta “los procesos de Núremberg, a los que siguió, según dice, con atención horrorizada pero ya en Buenos Aires […] Ni siquiera participó en

la guerra: su colaboración bélica consistió en ordenar archivos y la biblioteca científica de

una sección especial de los SS dedicada a la investigación genética” (119).

Maier en una conversación que oyen Tardewski y Renzi, habla acerca de la frenología,

“una de las pocas ciencias casi exactas que se pueden aplicar a la moral”. La frenología

dice Maier, viene de:

freno, de frenar, del latín: detente César, o sea control. Logia, de logia, en latín, primera acepción: sociedad secreta; lógica en su segunda acepción, o sea conocimiento. Ciencia lógica del control. Se controla a los criminales, a los inadaptados. Se los clasifica según la forma del cráneo. Es básica, dice Maier, la forma

del cráneo. La maldad siempre ha obedecido una estructura geométrica […] Círculo

vicioso: como sucede siempre en las expresiones sediméntales en el lenguaje se decanta ahí una vieja sabiduría (120, 121).

Siguiendo la lógica de la narración cifrada de Respiración artificial, las historias de estos dos exiliados europeos, narran una historia oculta. El exilio, la experiencia del desterrado y la ignorancia de la sociedad civil frente a los campos de concentración, hacen parte de la historia oculta; pero también la verdad social hace parte fundamental de esa historia secreta. Si existe una ciencia lógica del control que controla a los criminales, a los inadaptados,

según su propia clasificación, existe entonces una sociedad secreta, que desde la “acepción, o sea conocimiento” busca la verdad social, a través de las experiencias vividas en medio del horror, “la maldad” y la represión (120). La sociedad secreta a su vez, usa “el lenguaje, toda esa distinción natural que la marea de la historia no ha borrado”, para conservar y preservar la memoria, para darle sentido a la experiencia, no como “una afrenta, ni una

colaboración abierta con el régimen” (124), sino como una forma de resistir y luchar, como “el movimiento de conciencia que […] lleve a la derrota del régimen y a la restauración” (125) y logre la “representación de las glorias perdidas del pasado” (126).

Hay otras historias aparentemente no muy relevantes narradas por Tardewski, como la de un hombre que mata accidentalmente a su esposa mientras limpia una escopeta, o la de unos enfermos que se pelean en un hospital por la única cama que da hacia una ventana.

También está la historia de un hombre que mata a sus cinco hermanos, así como la historia de una mujer extremadamente fea, que le escribe hermosas cartas al poeta Bartolomé Marconi. Luego vienen dos historias mucho más significativas: la primera tiene que ver con una discusión entre Renzi y Marconi sobre el papel de Borges y Roberto Arlt en la literatura argentina; la segunda tiene que ver con un descubrimiento que hace Tardewski acerca de las relaciones entre el nazismo y la obra de Franz Kafka.

La historia del posible encuentro entre Hitler y Kafka es un café en Praga es reproducida por la voz narrativa de Renzi en la segunda parte del cuarto capítulo. Renzi es el encargado de narrar la vida de Tardewski, diferenciando la reproducción del discurso del senador Luciano Ossorio en la segunda parte del primer capítulo, por el uso de las comillas. Sin embargo, en el discurso de Tardewski la voz de Renzi interviene constantemente cumpliendo una función alegórica y conservando siempre su voz narrativa:

¿Se sirve más vino? Dijo entonces Tardewski y de a poco empezó a retomar el relato de su vida. Si le he hablado de todo esto, dijo, es porque yo mismo, claro, soy un fracasado. Quiero decir un fracasado en el verdadero sentido, es decir, dijo, alguien que ha desperdiciado su vida, que ha derrochado sus condiciones. He sido, dijo, lo que suele llamarse un joven brillante, una promesa, alguien frente a quien se abren todas las posibilidades. (169).

En la primera parte de la novela, Si yo mismo fuera el invierno sombrío,la voz de Renzi se desplaza constantemente confundiéndose con otras voces. En la segunda parte, Descartes, como afirma Susana González, “Renzi más que dispersar, condensa; más que abrir

instancias caóticas del relato, sobresale su intento por organizar, por ordenar. Aunque mayormente no narra, su foco se concentra en un relato y en unos pocos personajes. Un

narrador en primera persona: Tardewski, da lugar a los enunciados de Renzi” (González Sawcsuk, Ficción y crítica en la obra de Ricardo Piglia 148).

Las historias y las digresiones narradas tanto por Renzi como por Tardewski, son formas de

expresión oblicuas, es decir, formas de evadir las referencias directas “y de crear un discurso agónico que se resiste a ir al grano” (Fornet, El escritor y la tradición. Ricardo Piglia y la literatura argentina 89).

Únicamente hasta la mitad de la segunda parte, Tardewski narra su último encuentro con el profesor Marcelo Maggi. Sin embargo, lo hace desde la reproducción de citas, haciendo que la voz narrativa de Tardewski al igual que la de Renzi, se muestre más como un testigo que atribuye discursos. Como dice María Cristina Pons, “Esta similitud de estilos entre ambos

narradores crea el efecto de un relato continuado a cargo de una sola voz, efecto que se ve reforzado por el perfecto empalme, en cuanto a la secuencia de acontecimientos narrados,

de una narración con la siguiente” (Pons 62).