Esa organización política que hemos esbozado correspondía a un de terminado desarrollo socioeconómico: precisamente el indicado como inmediato posterior a la descomposición de la comunidad gentilicia, con fuertes supervivencias de esa organización comunitaria.
La economía rómana de la monarquía es todavía, en lo fundamental, doméstica. En ella comienzan a abrirse pequeñas brechas de mercanti lismo, impulsado por el creciente desarrollo de la apropiación privada y de la productividad del trabajo esclavo.
Es evidente que el romano fue durante mucho tiempo —y muy par ticularmente en esta etapa—, un pueblo agricultor. El suelo del Lacio, húmedo y ondulado, era propicio a los cultivos poco profundos, aun que ya durante la monarquía comenzaron a ser producidos el trigo, la vid, frutales y olivos. Paralelamente, el pastoreo formaba parte esen cial de la vida económica romana.
Como han destacado los diversos romanistas, esta condicion cultora del pueblo romano no dejó de tener repercusión en su vida política y social. “Fue el romano individuo de caracter recio, sobrio, perseverante, conservador e individualista, rasgos naturales en quien tenía que librar el sustento cultivando un suelo no muy feraz y luchan do en un medio no muy propicio”, dice al respecto Ernesto Dihigo.
El desarrollo de la esclavitud a la sazón era sin duda incipiente y no se elevaba de su etapa patriarcal. Apenas entonces el comercio comien za a abrirse paso a través de las nundinae(mercado), reuniones celebra das cada nueve días en el forum (la plaza) y a las cuales acudían los ciudadanos a vender sus escasos plusproductos.
Sin embargo, esas nundinaeserian el embrión de un poderoso desa rrollo ulterior del cambio mercantil, y ya desde entonces constituirían un elemento fundamental en la fusión de las distintas aldeas del Lacio en el Septimontium. Cuando la monarquía adviene como primera for-
8 Ernesto Dhigo: Apuntes de derecho romano, Editorial Lex, La Habana, 1951, t. 19, p. 19.
ma de organización política, ya Roma es tal; y se sustenta sobré una economía que tiene fuertes elementos de urbanística, pues el acerca miento etrusco ha logrado sus desarrollos. Al conjuro de ese avance economico, Roma, ya inquieta en su pujanza económica, no solo au menta sus relaciones mercantiles internas, sino que pugna por extender estas mas alia del Lacio. Ha comenzado a desaparecer el aislamiento que Francisci señala concurrente en la llanura del Lacio durante más de dos siglos, es decir, hasta la invasión etrusca.
En el orden social, es preciso consignar que la organización gentilicia se ha quebrado en su medula económica, con las primeras manifesta ciones de organización política; pero está aún muy lejos de haber desapa recido sin dejar huellas. En realidad, las gens subsisten en la Roma monárquica. Sin embargo, la organización gentilicia está en franca ban carrota, al punto que su liquidación acelerada hace que los escritores del siglo ii de nuestra era ya hablen de ella como algo hundido en un remoto pasado.
Claro que las gens existentes durante la monarquía romana han per dido sus atributos esenciales. Están minadas por el desarrollo de las clases sociales, divididas interiormente en familias ricas y pobres, y ese elemento —la familia— comienza a constituir un polo generador de explosivas contradicciones internas. Por otro lado, del exterior, la or ganización gentilicia esta en franca oposicion histórica con la organiza ción política. Por ello no son desacertadas afirmaciones como las de Bonfante y De Ruggiero que, perdiendo de vista la esencia de la gens, afirman sin embargo que, en esta época que analizamos, constituyen una verdadera unidad dentro del Estado.
Pero ya la familia se abría paso dentro de la gens como el núcleo central de la vida social romana. Esa familia era patriarcal, pero como advierte Engels, monogámica formalmente. Lo fundamental en ella no era la unión del hombre y la mujer, sino la potestad del jefe de familia sobre todos sus integrantes, incluidos los esclavos, los clien tes, etcétera.
Como una evocacion del orden gentilicio del que se desprendía y por su carácter eminentemente patriarcal, la familia romana no descansaba en el parentesco de sangre, sino en el hecho de estar sometidos todos sus integrantes a la potestad de un mismo pater.Este tipo de parentesco, que se oponía al de sangre (cognación) se denominó “de agnación”.
Si fuera posible sintetizar en dos rasgos tipificadores el núcleo cen tral de las contradicciones socioeconómicas de Roma en estos primeros momentos de su organización política, diríamos que estas contradiccio nes no están determinadas por las oposiciones de esclavistas y esclavos, sino por las existentes entre patricios y plebeyos, y por la lucha en pos de la tierra.
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En general es fácil señalar que la sociedad romana estaba dividida a la sazón fundamentalmente en patricios y plebeyos, más que en escla vos y esclavistas, pues la condición patriarcal de los primeros —y su escaso núm ero- hacía insignificantes las contradicciones sociales en
torno a ellos. . . . , ,
Mucho se ha especulado entre los romanistas acerca del origen del patriciado y el plebeyado: algunos como Frank, lo atribuyen a la crea ción del senado por el rey Rómulo. Según ese criterio, fueron patricios
{paires) únicamente los senex (miembros del senado) y plebeyos todos los demás ciudadanos. Otros autores como Fustel de Coulanges en tienden que la diferencia está dada por las luchas de dominación libra das entre las distintas tribus. Así, los plebeyos serian os latinos dominados por los etruscos o los sabinos dominados por los latinos. Algunos en fin, como Mayr y Marc Bloch, atribuyen la diferencia a razones económicas, de forma tal que los patricios serian los terrate nientes ricos y los plebeyos serían los jornaleros, agricultores, artesa
nos, entre otros. ,
En realidad alguno de estos criterios pueden tener sus elementos de verdad y solo se trataría de conjugarlos dentro del contexto de los
sucesivos desarrollos economico-sociales de Roma. ^
Engels advierte inteligentemente que de las gens primitivas debió destacarse una cierta nobleza militar y terrateniente que posiblemente formó, con las familias más ricas, una élite con acceso especial a las magistraturas. Pero en el medio gentilicio serían patricios todos los miembros de las primitivas gens, no obstante lo cual, como afirma: la población de la ciudad de Roma y del territorio romano ensanchado por las conquistas fue acrecentándose, parte por la inmigración, parte por medio de los habitantes de las regiones sometidas, en su mayoría latinos. Todos estos nuevos súbditos del Estado vivían fuera de las antiguas gens, curias y tribus y, por tanto, no formaban parte delpopulas romanus, del pueblo romano propiamente dicho. Eran personalmente libres, podían poseer tierra, estaban obligados a pagar el impuesto y hallábanse sujetos al servicio militar; pero no podían ejercer ninguna función pública ni tomar parte en los comicios de las curias ni en el reparto de las tierras conquistadas por el Estado, formaban la plebe,
excluida de todos los derechos públicos”.9 .
Claro que esto no significaría dar la razón totalmente a las tesis de Coulanges, pues no es imposible que los etruscos, al dominar el Lacio, organizaran nuevas gentes y se arrogaran derechos gentiles; es decir, la condición de patricios, que además no podía negarse a los primitivos latinos y mucho menos a sus gentes y familias poderosas. 1 or otro
Ro m a: s u sin s t i t u c i o n e sp o l í t i c a s. . . ______________________________________
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lado, no es totalmente desacertada la tesis de Mayr y Bloch, pues sin duda también esos patricios romanos pronto devinieron terratenientes trente a los cuales se elevaba esa plebe que, sin embargo, en el desarrollo del comercio y la artesanía llegaría a adquirir un tremendo peso econó mico dentro de la vida romana.
Otro elemento polémico de la sociedad romana durante la monar quía y la república lo es la clientela. Los clientes estaban adheridos a la lamilla romana, incorporados al poder del patercon una dependencia casi absoluta, aunque conservaban su condición de libres. Como dice Dihigo: La clientela creaba verdaderos lazos entre las partes. El cliente estaba obhgado a ciertas prestaciones para el patrono (...) Este, por su parte, tema el deber de protegerlo y defenderlo ante los tribunales y solía darle tierra para que la cultivase a su nombre. El cliente participa ba del culto familiar, y sus relaciones con el patrono estaban protegi das por la religión, al extremo de que el señor que faltaba a sus deberes para con el era declarado sacer(execrable) y podía ser asesinado por cualquiera impunemente...”10
Sobre el origen de la clientela se han manifestado igualmente innu merables teorías, y el mismo Engels elude brindar opinión al respecto. . embargo, sin pretender sumar una nueva tesis a la ringlera de las ya existentes, entendemos que la clientela pudo tener un origen compues to: podía surgir de la condición del esclavo manumitido y, asimismo de la protección -p o r supuesto interesada- que brindaran algunos paterlamillas a plebeyos desposeídos. Incluso no resulta improbable que los primeros clientes fueran descendientes de una misma gens y pertenecientes a familias arruinadas que fueran admitidas a la protec ción de otros familiares gentiles, los cuales, sin embargo, formaban parte de familias poderosas. De cualquier manera, la clientela constitu yo un elemento social no despreciable en el desenvolvimiento de las luchas políticas sucesivas.