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La concepción del poder La imagen del princeps en época flavia.

EL PODER POLÍTICO A LO LARGO DEL ALTO IMPERIO ESTADO Y MINERÍA

4.2. La llegada al poder de la dinastía flavia

4.2.1. La concepción del poder La imagen del princeps en época flavia.

La guerra civil de los años 68-69 d.C., evidenció cómo la nueva aristocracia provincial podía crecer hasta alcanzar el poder suficiente para competir por el gobierno imperial. La consecuencia más inmediata fue el reajuste en las relaciones entre el emperador y la aristocracia, un reajuste por otra parte necesario para mantener el juego de poderes que llevó a la gens Flavia a gobernar durante casi tres décadas.

Vespasiano contó con dos factores principales que le sirvieron para apoyar la sublevación. Por una parte la promesa dinástica representada en sus dos hijos. Por otra, este aspecto dinástico era matizado haciendo énfasis en la selección de Vespasiano gracias a sus propios méritos. Estas líneas fueron seguidas también por sus sucesores,

estudiados en conjunto y que, salvo algunas excepciones, se haga referencia en general a las medidas o políticas flavias, sin precisar a qué emperador concreto se debieron.

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que potenciaron su posición para colocarse por encima del resto de la oligarquía, fraguando un nuevo concepto de poder (Plácido, 2002-2003). Con ello se configuró un concepto de princeps, basado en el apoyo recibido por sus acciones y no sólo en la genealogía.

En esta línea se ha entendido la lex imperio Vespasiani (CIL VI 930; Crawford, 1996: 549), un decreto senatorial dictado tras la batalla de Cremona y que definió los nuevos poderes del princeps (Nicolet, 1988b: 844ss). Dejando al margen ciertas discusiones sobre el objeto del decreto (Brunt, 1977: 95-116), parece que la lex fue una formalidad con la que el Senado confirmó la autoridad de Vespasiano y legitimó su posición (Levi, 1975: 187; Brunt, 1977: 106; Wells, 1984: 173), puesto que el poder real residía en el emperador y en su respaldo militar (Campbell, 1984: 381). De cualquier forma, la lex de imperio confirmaba las líneas políticas que iba a desarrollar el emperador, orientadas a asentar su autoridad ante el Senado, las grandes familias de Roma y la sociedad provincial, a la vez que mantenía y acentuaba su inspiración augusta. Para ello, Vespasiano intentó evitar la ruptura con la alta administración romana, manteniendo las listas del consilium principis y a algunos personajes de la época neroniana. Por otra parte, las listas de los adlecti de Vespasiano y Tito muestran que los Flavios concedieron el ascenso al Senado a las aristocracias municipales, tanto itálicas como provinciales.

Respecto al orden ecuestre, los Flavios lo promocionaron y le confiaron parte de la administración. Cuando murió Nerón había 45 procuratelas ecuestres conocidas, y después de Vespasiano eran 55, de las que 22 fueron para itálicos y 19 para provinciales (Pflaum, 1950). Esta ampliación de las competencias del orden ecuestre se hizo a costa de la pérdida de importancia de los libertos imperiales y de la adlectio al orden senatorial de ecuestres (Le Gall y Le Glay, 1995: 311ss).

Las medidas estuvieron encaminadas a integrar en el orden político y administrativo a los equites y a las elites municipales itálicas y provinciales que detentaban el poder económico y deseaban participar en el gobierno. Por esta razón, se introdujeron en altos cargos y en el Senado a personas de origen oriental, africano o hispano. Un ejemplo lo representa el caso de Agrícola, nombrado por su valía personal, no por su origen familiar, puesto que, según Tácito, Agrícola tenía imperatoriam virtutem… ducis boni (Ag. 39, 2). La consecuencia fue la creación de una aristocracia encargada de la administración y la consolidación del poder imperial con unas bases sociales más amplias y que permitían asegurar la fidelidad al emperador y a la dinastía.

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Al mismo tiempo, se procuró el restablecimiento de la imagen pública del ejército, que sufrió una completa depuración con ayuda de Muciano (Jacobo Pérez, 2003: 47). Vespasiano acentuó entonces el reclutamiento de provinciales legionarios e itálicos pretorianos, que se hicieron más frecuentes (Goldsworthy, 2005: 58). La creación de dos nuevas legiones y la formación de nuevas unidades auxiliares con peregrini a los que se premió con la ciudadanía romana, completaron el nuevo ejército. Todas las legiones fueron enviadas a las fronteras, con excepción de la legio X Fretensis, que permaneció en Judea y la legio VII gemina, que se quedó en la Citerior (Goldsworthy, 2005: 65; Palao, 2006; vid. Cap. 8). Con ello se logró un limes fortificado y se consolidaron las fronteras, en vez de ampliar el territorio conquistado.

Estas medidas flavias ampliaban relativamente las bases sociales sobre las que se iba a detentar el poder imperial, pero su objetivo no fue el de facilitar la integración de las clases más populares en el poder. Como bien argumenta Plácido (2002-2003: 10), en realidad representaron una política dirigida a fortalecer al emperador y establecer un nuevo control del territorio, destinado a impedir que aristocracias locales llegasen a alcanzar el poder imperial: al ampliar las bases sociales sobre las que detentar el poder, se complicaba la lucha interaristocrática y se hacía más complejo que un único grupo se hiciera con el Imperio. Esta política está en consonancia con la configuración de las nuevas formas de relación entre la aristocracia y el príncipe, gestadas tras la guerra civil. Cualquier aspiración aristocrática al Principado, quedó suprimida por las políticas imperiales flavias que se tradujeron en un deseo de centralización o de control férreo sobre ciertos asuntos del Estado. Ejemplo de estas actuaciones es el establecimiento de la vigilancia de los ediles por parte de tribunos de la plebe; o el incremento del control sobre los magistrados de la urbs y de las provincias que relata Suetonio (Dom. 8, 2-3). Del mismo modo se puede considerar un rasgo de agudización del poder personal el establecimiento de la censura vitalicia (Dio. Cas. 67, 4, 3), desde el año 84 d.C.

En general, los Flavios intentaron fortalecer su poder a través de la búsqueda de apoyos militares y la ampliación de sus redes clientelares en las provincias, al mismo tiempo que acompañaron esta política con un programa ideológico y propagandístico que giró en torno a la difusión del culto imperial, la celebración de juegos, la realización de construcciones monumentales, la composición de obras literarias y teatrales, etcétera (Plácido, 2002-2003: 13-16).

Los acontecimientos de la guerra civil habían demostrado que, apoyándose en una red de dependencias clientelares apropiada, cualquiera podía alcanzar el poder

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provincial y difundir su influencia hasta llegar a ser emperador. Frente a esta amenaza a la continuidad dinástica, parte de la legislación flavia se encaminó a favorecer que las redes clientelares confluyeran en la figura del emperador, desplazando a otras familias aristocráticas. Por tanto, el programa político de estos emperadores, se correspondió con la necesidad de encauzar la formación de una nueva base social para apoyar al príncipe. Esto se logró fomentando la lucha interaristocrática, creando tensiones en el seno de los posibles aspirantes al poder imperial y reforzando la imagen del emperador como cabeza de ese sistema, en el que todas las dependencias convergían en su figura. Las medidas y las reformas flavias deben de ser entendidas dentro de este proceso de configuración de la imagen del princeps y de la articulación de las relaciones de poder a escala imperial, puesto que fueron el resultado de una estrategia política orientada a consolidar el poder de esta dinastía.

Así pues, a pesar de la importancia específica que tuvieron la guerra y las circunstancias históricas que llevaron al poder a los Flavios, los cambios desarrollados en este período no deben de ser entendidos de forma aislada, como una respuesta a unos hechos coyunturales, sino que se imbrican en un proceso complejo en el que se fueron perfilando cambios relacionados con la concepción del poder y con los mecanismos imperiales para hacerlo efectivo. Por tanto, las medidas flavias, orientadas a captar