LOS DATOS PROBLEMAS METODOLÓGICOS
3.2. Las fuentes documentales.
3.2.1. Las aportaciones de la documentación literaria antigua.
Aunque la lectura parcial de los textos de los autores antiguos desvinculada del resto de informaciones del Noroeste, ha sido causante de la repetición de ciertos tópicos en la investigación, una correcta interpretación de los textos clásicos que tenga en cuenta su naturaleza y que los relacione con el resto de fuentes disponibles, puede aportar una valiosa información.
En primer lugar, varios autores antiguos se refieren al relato de la conquista del Noroeste. Existen distintas versiones de los episodios bélicos por parte, fundamentalmente, de Dion Casio, Floro y Orosio, que han dado lugar a múltiples propuestas historiográficas entre las que se pueden destacar a modo de ejemplo las de Syme (1970), Tranoy (1981: 125-143), Orejas y Sánchez- Palencia (1999) y la más reciente revisión en la obra coordinada por Sánchez- Palencia (2000: 111-112). Estas informaciones escapan a los límites cronológicos de este trabajo, aunque pueden ayudar a comprender la conquista
75
y los primeros momentos de dominio imperial del territorio, cuando se articularon mecanismos que se desarrollarán con posterioridad.
Por otro lado, es posible contar con geógrafos, etnógrafos y compiladores que ofrecen abundantes datos referentes al Noroeste. Entre ellos destaca en primer lugar Estrabón. Aunque la redacción de su obra tampoco se encuadra dentro de los límites cronológicos que establece este estudio, no hay que dejar de mencionarlo, pues es un autor clave a la hora de comprender algunos aspectos del Noroeste y de aproximar la configuración ideológica del Imperio. Como puso de manifiesto hace décadas Clavel- Lévêque (1974: 79) y han desarrollado otros autores (Plácido, 1987-1988; Sastre, 2004c; Plácido, 2014), a través de la lectura de Estrabón se entienden mejor las relaciones establecidas entre Roma y los pueblos sometidos y las formas de explotación de los territorios conquistados. Junto al planteamiento descriptivo de la Geografía de Estrabón, quien además recoge informaciones más antiguas fundamentalmente de Posidonio, subyace un planteamiento que trata de resaltar los cambios producidos por la intervención imperialista y justifica las expectativas de sumisión de los conquistados bajo el poder romano.
Por otra parte, Estrabón es, junto con Plinio y Diodoro, uno de los principales autores que se refirieron a las minas de oro explotadas mediante tecnología hidráulica18. Diodoro, sin embargo, se centró en las minas en primario de Egipto en las que el agua no participaba en el proceso de extracción (Sánchez-Palencia, 1983)19. Por su parte, Plinio dedicó amplios
18 Traducciones sobre el texto de Plinio hay varias. Además de las mencionadas en el Índice de Fuentes
Literarias, que aparece al final de esta tesis, hay que destacar las de Zehnacker (1983) y Domergue (1990: 492-494). Para este trabajo se ha seguido, principalmente, la reciente transcripción y traducción de Plácido y Sánchez-Palencia (2014: 19-22) quienes además realizan un comentario sobre las técnicas mineras recogidas por el naturalista y aportan varias versiones y traducciones del texto en la bibliografía. También para la descripción de las labores mineras a través de Plinio, están los trabajos de Domergue (1972-1974) y Healy (1986).
Sobre la descripción de los sistemas de explotación aplicados en el Noroeste, destacan los trabajos que ha desarrollado Sánchez-Palencia desde la publicación de su tesis doctoral en 1983. Sirvan como ejemplo para el Noroeste Sánchez-Palencia (1983, 1989), Sánchez-Palencia y Sastre (2002), Sánchez-Palencia et
al. (2006) y la obra reciente editada por Sánchez-Palencia (2014). En concreto para la zona arqueológica
de Las Médulas, Sánchez-Palencia, 2000 (dir.), Bordes y Domergue (2007) y para la minería en la cuenca meridional de los ríos Sil y Miño, Sánchez-Palencia et al. (2009). Para la zona minera de Pino del Oro (Zamora), Sánchez-Palencia y Currás, 2010. Para las zonas mineras lusitanas de El Cabaco, Sánchez- Palencia y Ruiz del Árbol (2000) y de Penamacor-Meimoa, Sánchez-Palencia y Pérez (2005). Para la zona asturiana, Villa (2005 y 2010) y Sánchez-Palencia y Suárez (1985).
19 Aunque a ello no haga referencia Diodoro, el empleo de dispositivos de lavado también está
documentado en las minas del Egipto ptolemaico (Wilson, 2002: 5). En ellos se separaba el material más denso, que quedaba depositado en el fondo, del menos denso y estéril, que era evacuado por el flujo de agua.
76
pasajes a las explotaciones peninsulares, por lo que su obra se ha convertido en una referencia fundamental en muchos de los trabajos posteriores.
Además de ser una fuente fundamental en cualquier estudio sobre las técnicas de explotación minera, Plinio es un autor imprescindible en concreto para este trabajo, por ofrecer datos sobre la organización de la Península. Cronológicamente la redacción de su Naturalis Historia se encuadra en el inicio del período que abarca esta tesis. Además, frente a Estrabón, que nunca pisó la Península y proporciona información de otros autores como Posidonio, Plinio conoció directamente parte de Hispania, ya que desempeñó parte de su cursus honorum en la Citerior bajo el mandato de Vespasiano (Syme, 1969). A través de su obra son conocidos ciertos procesos jurídicos o administrativos que debieron de afectar al Noroeste en época flavia y que se irán analizando a lo largo de este trabajo. Uno de los que más debate ha suscitado es el Imagen 8.- Fragmento de De
Re Metallica de Agrícola
(1565), donde el tratadista recogió entre sus técnicas mineras alusiones a las descritas por Plinio.
Aliqui fabricantur aream non diſſimilem linteis extenſis contectæ, minus tamen longam. Linteorum aut loco ceſpites continenter collocant: arenam in areæ caput coniectam aqua immiſſa lauant: quo modo auri ramenta reſi- dent in ceſpitibus, limus & arena ſimul cum aqua deferuntur in lacum uel ca- nalem ſubiectum: qui munere perfecto recluditur: poſtquam omnis aqua ef- fluxit, arena & limus auferuntur, et iterum iſto modo lauantur. Ramenta ue rò quæ ad ceſpites adhæſerunt, maior aquarum uis, per canaliculum in aream immiſſa defert in lacum uel canalem: ibi tandem collecta in alueo lauatur. Hanc
auri lauandi rationem Plinius non ignorauit: ulex, inquit, ſiccatus uritur, & cinis eius lauatur ſubſtrato ceſpite herboſo, ut ſidat aurum.
Areæ caput A. Canaliculus per quem aqua in areæ caput influit B. Ceſpites C. Lacus areæ ſubiectus D. Vas in quo lauantur ceſpites E.
77
relacionado con la concesión de la ciudadanía latina a Hispania, noticia de la que se tiene constancia gracias a una breve referencia que realiza el autor (Plin. NH. 3, 30).
Por otra parte, Plinio aporta datos concretos sobre comunidades de la Tarraconense, algunas de las cuales son conocidas gracias a él. Aunque se ha propuesto que su obra pudiera reflejar datos de época de Augusto (Binder, 1987; Nicolet, 1988a; Christol, 1994; Murphy, 2004: 50; García Fernández, 2009), Plinio menciona algunas comunidades (Plin. NH, 3, 28) que ocuparon el Noroeste a lo largo del siglo I d.C. tal y como ha confirmado la epigrafía20. La finalidad de la obra pliniana era conocer e inventariar los recursos del Imperio y por ello ofreció datos selectivos no sólo geográficos o técnicos, sino también sociales y políticos (White, 1986: 14ss; Nicolet, 1988a y 1991; Espinosa, 2013: 677).
Resulta interesante comparar las informaciones del naturalista con los datos que proporciona Ptolomeo, otro autor imprescindible en el siglo II d.C., con el fin de detectar posibles cambios y continuidades entre la redacción de las dos obras. No obstante, hay que tener en cuenta que las informaciones recogidas por el autor alejandrino se inscriben en una obra con características distintas, que resulta de una relación de datos acerca de la posición en el espacio de diversos elementos geográficos entre los que se cuentan las poleis. De acuerdo a algunos estudios (e.g. Gómez Fraile, 1997), este aspecto puramente descriptivo y geográfico, aleja a Ptolomeo de las obras anteriores, especialmente de la de Estrabón, fuertemente cargada ideológicamente y de la de Plinio, quien se centró también es aspectos administrativos.
Las informaciones de Plinio o Ptolomeo pueden ser completadas con los datos que proporcionan las fuentes relacionadas con el sistema viario, entre las que destacan para este trabajo, el Itinerario de Antonino y el Anónimo de Rávena, a las que se puede añadir el Itinerario de Barro de Astorga (Fernández Ochoa et al. 2012).
Una lectura global de estos documentos, junto con fuentes epigráficas, ha permitido documentar la existencia de varias comunidades, muchas de las
20 Este es el caso de los Gigurri, mencionados por Plinio (NH. 3, 28) y que aparecen en una inscripción de
San Pedro de Trones (Puente de Domingo Flórez) (ERPL 12) y en otra de A Cigarrosa (A Rúa de Valdeorras) (CIL II 2610). Lo mismo puede decirse de los zoelas, los cuales son mencionados por Plinio (NH, 3, 28) y aparecen también en la tábula de Astorga (CIL II 2633).
78
cuales estuvieron relacionadas con la gestión y explotación de las zonas mineras: en plena comarca del Bierzo, Bergidum Flavium (Ptol. 2, 6, 28; CIL II 4248; It. 425, 4, 492 y 431, 1; Ravenn. 4, 45, 30; Rodríguez González et al. 2002). Algo más al oeste, el territorio de los Gigurri en torno a las poblaciones de O Barco y A Rúa de Valdeorras (Plin. NH. 3, 28; Ptol. 2, 6, 37; ERPL 12; CIL II 2610; HEp 7, 1997, 378; It. 428, 7; Ravenn. 4, 45, 29-30; Menéndez Llorente et al. 1998; Pérez Losada, 2002: 210) y en la zona del Limia, los Limici (CIL II 5353; CIL II 2516; CIL II 2517). Al Este de la Sierra de El Caurel los Lougei (HEp 1, 1989, 458; IRPLu 55) y Susarri (HEp 7, 1997, 378; IRPLu 55), éstos últimos de ubicación imprecisa. Siguiendo hacia el Este, Interamnium Flavium (Ptol. 2, 6, 28; It. 429, 3, 431, 2; Ravenn. 4, 45, 31; Sánchez-Palencia et al. 1996; Álvarez González, 1997). Los Amaci en las proximidades de la capital Asturica Augusta (Ptol. 2, 6, 28) y un poco más al Sur, aunque con muchas dudas, los Orniaci (Ptol. 2, 6, 30-31; CIL II 2633). Los Bedunienses se situarían cerca de la actual Bañeza (Ptol. 2, 6, 30; ERPL 306, 307, 308, 309, 315; It. 439, 7), limitando con los Luggoni en la cuenca del Eria (ERPL 310 y 311). Mientras, en las cuencas mineras de la Asturia transmontana occidental, es posible identificar la civitas Ocelon (Ptol. 2, 6, 22- 27), entorno al Chao Samartín, en la cuenca del Navia-Eo. En las cuencas del Navia y el Nalón, se ha reconocido la civitas de los Paesici (Plin. NH. 3, 28; Ptol. 2, 6, 4).
Sin embargo, es necesario evitar una aproximación meramente descriptiva y estática para abordar el objetivo de este trabajo y buscar cambios en el desarrollo de estas comunidades a lo largo del tiempo. Es sabido que los límites entre unas y otras civitates no se mantuvieron inmutables, y lo mismo puede decirse de las relaciones entre unas y otras comunidades, tal y como revelan el Edicto del Bierzo (HEp 7, 1997, 378) y el Pacto de los Zoelas (CIL II 2633).
79
Imagen 9.- Pacto de los Zoelas (CIL II 2633).
A estos documentos, hay que añadir la información que suministran las obras técnicas, especialmente la de los agrimensores.
El Corpus Agrimensorum Romanorum se trata de una recopilación heterogénea tanto por cronología como por contenido, pero proporciona datos imprescindibles para entender la territorialización del suelo provincial21. Así, aunque algunos agrimensores se interesaron casi exclusivamente por Italia y las colonias de ciudadanos romanos (como Sículo Flaco e Higinio Gromático) o
21 Las dos ediciones más consultadas del Corpus son las de Lachmann (1848) y Thulin (1911). De forma
más reciente se han realizado nuevas ediciones de varios volúmenes del corpus, entre las que destaco por el interés que tiene el autor en este trabajo, la traducción de Frontino por parte de Behrends et al. 1998. Una edición completa del Corpus Agrimensorum se encuentra disponible online gracias al Institut des
Sciences et Techniques de l’Antiquité de Besançon <http://ista.univ-fcomte.fr/index.php/ed-
src/gromatiques>.
Entre los trabajos sobre el corpus a modo de ejemplo cito los de Von Cranach, (1995), Castillo (1996), Campbell (2000) y Orejas (2002a).
80
por cuestiones técnicas (Balbo), otros aportaron valiosas referencias para suelo provincial, en especial Frontino, Higinio y Agenio Urbico. La redacción de sus obras debe de situarse entre los Flavios y Trajano, aspecto que los hace aún más interesantes para este trabajo. No obstante, hay que tener en cuenta que las tareas de los agrimensores se referían a la ordenación de territorios, la resolución de controversias técnicas y la respuesta a consultas en el marco de la mensura oficial. Por tanto, los textos elaborados por ellos son documentos técnicos, no jurídicos, que se limitan a reflejar el punto de vista del mensor, aspecto que hay que tener muy presente a la hora de analizar el corpus.
Frontino es uno de los autores más relevantes por ser el que más información ha suministrado. Iulius Sextus Frontinus desarrolló una intensa carrera política bajo los Flavios y escribió, entre otras obras, cuatro textos sobre agrimensura entre los años 75 y 82 d.C., recogiendo conocimientos prácticos que había adquirido en el desempeño de su cargo: De agrorum qualitate, De controversiis agrorum, De limitibus y De arte mensoria (Th. 1- 19). Su obra representa un hito esencial en la normalización de la enseñanza teórica y práctica de la agrimensura (Orejas, 2002a).
Higinio, al que no hay que confundir con Higinio el Gromático, presenta más dificultades y existen algunos problemas en la atribución de textos. Es autor de tres documentos de agrimensura redactados probablemente en época de Trajano: De limitibus, De condicionibus agrorum y De generibus controversiarum (Th. 73-98). Ha sido considerado como un compilador de tratados anteriores, quizá ante la necesidad de recopilar y actualizar información para la realización de nuevas intervenciones sobre suelo provincial.
Por último, apenas se sabe nada de Agenio Urbico. En su edición del Corpus Agrimensorum, Lachmann lo consideró un comentarista tardío de las obras de Frontino. Thulin, por su parte, le atribuyó la redacción de De controversias agrorum, tratado para el que pudo basarse en Frontino. Esto, más sus referencias a las intervenciones de Vespasiano sobre los subsiciva, ha hecho pensar que, independientemente del momento de su redacción, Agenio utilizó fuentes de época flavia (Orejas, 2002a: 349, n. 9).
81
Imagen 10.- Fragmento del Corpus Agrimensorum Romanorum.
Aparte de estas obras de carácter técnico, existen otros textos con información jurídica. El problema de estos documentos es que se refieren al ius civile, dejando al margen aspectos que podrían afectar a las comunidades peregrinas, ajenas al derecho civil. Incluso cuando existen referencias a comunidades no romanas, éstas siempre se realizan desde el punto de vista del ordenamiento jurídico romano. Además, estas fuentes deben de ser leídas con ciertas precauciones pues el Derecho, como cualquier otra manifestación de la vida de las comunidades, es parte de las formaciones sociales y, por lo tanto, no es inmutable, ni puede entenderse de manera aislada de los procesos históricos.
A pesar de ello, el estudio de los documentos jurídicos ofrece en ocasiones informaciones muy útiles. Entre los juristas cuyas obras se conocen y son relevantes para este trabajo, es posible destacar las Instituciones de Gayo y algunos fragmentos de la obra de Ulpiano, fundamentalmente insertos en pasajes del Digesto.
Respecto a Gayo, es conocido que vivió en el siglo II d.C., probablemente entre los mandatos de Trajano y Cómodo. Aunque también han llegado referencias suyas a través del Digesto, se conoce el texto casi íntegro de su obra
82
gracias al hallazgo de un manuscrito del siglo V d.C. encontrado en Verona22. No obstante, su obra presenta un problema cronológico de fondo, pues se duda de si es coherente con el pensamiento jurídico-político del siglo II d.C. o si por el contrario hace referencia a una época anterior. En este trabajo Gayo resulta fundamental por un aspecto concreto: la definición que realiza del dominium populi Romani vel Caesaris (Gai. 2, 7) y su relación con las formas de propiedad provincial.
También las compilaciones jurídicas tardoantiguas son imprescindibles, por contener información sobre la organización y gestión de los metalla. Destacan en este sentido el Código Teodosiano y el Justinianeo.
Por último, existen referencias a diversos autores que ayudan a conocer distintos aspectos significativos para algunas cuestiones aquí tratadas y a los cuales se hará referencia a lo largo del texto. Ejemplos fundamentales son Suetonio o Tácito, y para algunos aspectos concretos, Estacio. También de especial relevancia, son la Historia Augusta y sobre todo la obra de Dion Casio, autor imprescindible para el estudio de los procesos que afectaron al Imperio en el siglo II d.C. y a comienzos del siglo III d.C., especialmente bajo el gobierno de Caracalla. En su obra, Dion Casio realiza un relato de las medidas fiscales de este emperador, incidiendo en su visión antiseveriana en general y en contra de Caracalla en particular (González Fernández, 2006).
De acuerdo a los planteamientos de este trabajo, hay que valorar la importancia de estos textos dentro de la Arqueología del Paisaje, enfoque que no sólo toma como fuente materiales arqueológicos, sino que de acuerdo a su visión integral, tiene en cuenta la documentación literaria de forma paralela al resto de informaciones. De acuerdo con este planteamiento, los documentos literarios tienen importancia en el presente estudio en varios sentidos. En primer lugar, porque contienen información relacionada directamente con la organización espacial. En segundo lugar, porque presentan datos referentes a relaciones de poder y políticas que tienen que ver con las formas de administración y gestión del territorio. Por tanto, los textos constituyen un
22
Son varias las ediciones de las Instituciones de Gayo. Para la elaboración de este trabajo he manejado la de D’Ors, 1943.
83
elemento fundamental para entender las formas ideológicas de control, dominación y explotación de los territorios mineros. Por último, los textos forman parte del paisaje cuando éste es abordado globalmente como registro en el que tan importantes son los restos materiales como los inmateriales y las percepciones (las cuales son transmitidas por la documentación escrita e iconográfica). Es necesario por tanto, integrar las fuentes escritas en este estudio, pues tanto lo visible como los elementos intangibles interactuaron en la construcción del paisaje (Orejas, 2008).